Thursday, December 18, 2008

Fin de año

Enderezar algo más la espalda, las manos sobre el teclado.
Replegarse ante ese mail; vacilar. Ah, esa horrible veta política.
El café debería haber estado algo más suave, y hoy nada de alcohol.
Correr con más de 35 es contra natura. Años y grados.
Luchar por la ortografía cuando todo esté perdido.

Vamos de nuevo, mentirme minuciosamente: no más 42km.
Los niños nunca aprenderán. Padre tirano agazapado en los años.
Seguirá el contrato, o tal vez no. Aceptar con aquiescencia.
Seguir arrojando por la borda todas esas estúpidas seguridades.
Pues se es cool justamente cuando no se busca serlo.

No desconfío del Facebook, sí de las personas.
Ese rostro serio es mío; se ve en el monitor cuando hay apagón.
No me importa si es tu casa o es la mía. Tampoco los regalos.
Quisiera ver mis vértebras como en un cuento de Bradbury.
Paranoiquemos juntos en rituales paganos: fumemos Australes.

La espalda más recta. Nadar más. Operación de omóplatos?
Irse a Centinela del Mar donde sólo hay mar y no centinelas.
Y espero que haya sombra -odiar esa nueva fobia al sol-.
Mis vértebras estarán cuando yo haya muerto.
Feliz año nuevo. Felisa me muero. Philippe es aqueo.

Thursday, December 11, 2008

Oh my God

Poco que decir.
Los aliens existen, y están aquí debajo?

Monday, December 01, 2008

Hot-Sport


Y ahí va tu vida, con algunas hipóteisis más o menos triviales: que haya luz, que haya agua, que haya banda ancha. Pero claro, no vivís en una burbuja y lo poco que le pedís a la vida puede ser mucho. Puede ser que haya apagón en tu casa. Puede que ese apagón se combine con trombas marinas. Pero con un entusiasmo casi escolar, vas a un bar cercano a intentar conectarte.

Y sin embargo, puede ser que aún en ese bar también haya problemas. En uno de ellos tampoco hay luz. En un segundo bar, Fibertel no anda. Un cliente me dice que tuvieron un apagón y que “parece” que hay señal en los hotspots pero no hay. Nos miramos desconfiando mutuamente de nuestras explicaciones.

Al tercer bar la sospecha es que el fin del mundo está cerca. De tanto insistir tanto la laptop como el celular piden carga. Hay que avisar al trabajo, al otro lado del mar, que a esa call conference tan importante no llegarás. El fijo no suena, y no es extraño pues también depende de la electricidad. Pienso en llamar a Edenor para quejarme, pero para llegar al Call voy a tener que usar el teléfono negro de baquelita e intentar pulsos con la horquilla. Podré? En paralelo mi paranoia me dice que Edenor tiene el OK del gobierno para bloquear el 0800, y de esta forma negar la crisis energética.

Por suerte los SMS del celu parecen llegar a tiempo. En el cuarto bar –y esto ya no es hotspot sino Hot-Sport: buscar conectividad en medio del calor- hay un alguito de banda ancha que te permite engancharte al Skype y a la Call. Para recargar la laptop salís corriendo a una ferretería a buscar un adaptador. La call conference va por la mitad y el mundo parece sonreír. A la vuelta, en cada todavía no hay luz., y huyo al club llevando todos los cargadores –aún los de la afeitadora-. Id, sedientos del mundo, llenad vuestra caramañola de bits, cual nuevos rabdomantes. Ya vendrán las lluvias.


Tuesday, November 25, 2008

Madrid y la crisis

Una semana en Madrid en un otoño casi invierno, sumergido en dos campos hipnóticos: un suburbio tecnológico en las afueras con mi hotel repleto de chinos buscadores de negocio hispánico, y un sometimiento aceptado a 12 horas de trabajo. Fantástico.

Me prometí olvidarme del NH en Alfonso Martínez que no fue, y de Gran Vía, y de frecuentes runnings por el parque de Retiro. Esta vez no iba a ser así. Y ya desde el principio las extrañas tuberías de la terminal T4 –ese anfiteatro digno de Teletubbies que montó Iberia para recibirnos- parecían presagiar algo raro, que las valijas tardaran una hora y que las carreteras dieran tantas vueltas para llegar al mismo sitio. Joder tío, esto es la hostia.

Crisis? Dicen los madrileños, pero atiborran los bares a toda hora, y el H&M desborda en ofertas que harían empalidecer al Palermo Soho, y se quejan de llenos, tanto que apenas sí ven la victoria en el tenis –y yo sufriendo por Web o por SMS-. Ver la Davis de visitante fue metáfora de argentinidad, ver esos cubos llenos de gente que puso Telefónica en el desierto también parece tener un mensaje, pero no es más que otro avasallamiento, otra muestra de autoridad. Si todo esto es para montar un centro comercial entre los doce cubos, y para que todos salgan corriendo al café o al restaurant… quién va a venderle a los chinos? Me pregunto, mientras el hotel se vacía en el fin de semana y Las Tablas es un desierto donde alguien comprará esos condominios, y yo hago el verdadero raid madrileño, ese frenesí de tapas, plazas, parque, pinchos, bares, charla y demás monosílabos que constituyen la hispanidad.

Ahora ya es Barajas y yo estoy con la última caña, ese otro bisílabo que importa..

Wednesday, November 19, 2008

Lágrimas medidas (Alicia Dujovne Ortiz)

Recomiendo el excelente artículo de Alicia Dujovne Ortiz de La Nación de hoy, del cual extraigo algunos párrafos.

GRANADA.- "Estoy desesperado, ps, m´hijita, esto no es vida. Se van los meses, se van los años y yo acá. No, ps, m´hijita, para Navidad no puedo volver, la aceituna termina en marzo, ps. En cuanto cobre me yegreso, ya se lo he dicho muchas veces pero ahora créame, ps, m´hijita, esto se acabó, en España están todos parados y a los que no tienen papeles quién va a tomarles, ps. No hay trabajo, m´hijita. En Bolivia tampoco, ia lo sé. Qué yemedio nos queda, si Dios nos quiso pobres así ha de ser nomás. El dinero no es nada, ps. Yo lo que quiero decirle es que estoy muy orgulloso de usted, m´hijita, porque se queda sola estudiando y no anda con novios... ¿Ah, sí? ¿Y qué edad tiene? -la voz sonó súbitamente preocupada-. ¿Y es yesponsable?"

Pero el fenómeno sobrepasa el perímetro de esas cuatro paredes transparentes, donde un papá desesperado, aceitunero acaso clandestino en un país "parado", que ve aumentar el desempleo minuto a minuto, quedaba tan visible como audible. En todas partes el locutorio le sirve al inmigrante para mantener la ilusión: mientras pueda hablar, no habrá cortado el hilo, como sí lo hacían nuestros abuelos al subirse al barco.

En España acaba de salir un libro de una pedagoga argentina, Nora Rodríguez, titulado Educar desde el locutorio y destinado a un nuevo tipo de inmigración, sobre todo latinoamericana: la de las madres. Como para el trabajo doméstico y el cuidado de niños no hay desocupación, cada vez más mujeres, tan desesperadas como ese padre del domingo lluvioso, deciden cruzar el charco en busca de fortuna. Para citar a María Antonia Sánchez Vallejo en El País de Madrid, estas mujeres "revolucionan el modelo patriarcal al convertirse en sostén de sus hijos y asumir a distancia la desgarradora relación con los niños desde otro continente".

El locutorio encierra trampas, debidas a la frustración que cada charla provoca y, a la vez, permite mantener la relación familiar (...) Es por eso que en su libro, nuestra compatriota pedagoga propone una serie de diez consejos para "ser madre por teléfono".

En primer lugar, se trata de reemplazar las órdenes, que la distancia vuelve caducas, por los simples deseos ("sería bueno que" en lugar de "tenés que"). En segundo, no cantarle muchas loas al país de acogida para que el hijo no se engañe pensando que la madre, o el padre, están en el paraíso. En tercero, jugar: canciones, adivinanzas o trabalenguas pueden ser telefónicos. En cuarto, reír. En quinto, no llorar, o abreviar el llanto lo más posible si no se logra esquivarlo por completo. En sexto, dar consejos pero no cargar al nene o al adolescente con una retahíla abrumadora por el estilo de "los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera". En séptimo, no vivir comparando la vida de antes, cuando estaban juntos, con la separación de ahora porque es muy triste. En octavo, decir y repetir palabras de amor. En noveno, no exagerar con los regalos para no mostrar que a uno la culpa lo carcome. Y en décimo, elogiar al hijo y asegurarle, como lo hacía instintivamente el boliviano de mi cuento, "estoy orgulloso u orgullosa de vos".

Tuesday, November 04, 2008

Ya vendrán caras extrañas

Durante un interludio en sus estudios de esoterismo, física y deportología, Pablo Lugüercio (aka "el Payaso", aka "el bufón de ultramar") sufrió el episodio del reencuentro con una camada de viejos compañeros. Siempre reacio a reunirse con masas hostiles -así llamaba él a cualquier foro de más de tres personas- , aceptó a regañadientes la invitación. Sus extrañezas pudieron más que él: concurrió luciendo el extraño atavío que se aprecia en la foto -un disfraz de mujaidín árabe, a todas luces impresentable-.

Al llegar se quedó cerca de la entrada y sintió aprensión al verlos. Le sucedió lo que a muchos, suponer que el paso del tiempo reflejado en esa plétora de papadas, calvas y barrigas debía haberle afectado del mismo modo, sólo que la propia psiquis y el tedio de la continua repetición en el espejo nos impide darnos cuenta. Durante un buen rato se mantuvo al margen, contemplando esa marea de Humpty Dumptys avanzar por la mesa de postres. Hacia el final de la velada su curiosidad y su fascinación por el pasado pudieron más.

Fue hasta el proscenio, se quitó su estúpido disfraz y sin agregar otra palabra, se presentó. "Soy Lugüercio", aventuró en el silencio apenas poblado del rebotar de cucharitas contra los platos. Tras unos segundos sus compañeros estallaron en una risotada general. Lo que para él era la angustia y la necesidad de significado resultó sólo una farsa para la masa. Tras el exabrupto logró quedarse diez minutos hablando casi con normalidad con aquellos que creía reconocer. Pero al hablar los veía como impostores y se le superponían sus rostros del pasado, como en el tracking vacilante de un mal video. Harto de la situación, se deslizó hacia la salida; más tarde se dió cuenta de que sólo retendría de sus ex-compañeros la imagen de sus años de juventud, y no esas muecas deformadas por el embate del tiempo y de las islas flotantes.

Monday, October 27, 2008

Orhan Pamuk - The black book


Como dos mareas cuyo flujos se entremezclan, estos días estoy perdido -en el buen sentido- entre el final de "The Black Book" (Orhan Pamuk) y las consecuencias de los vaivenes financieros, en particular el asunto de las AFJP en Argentina.

Pamuk añora los viejos maniquíes turcos, llenos de expresión, reemplazados por los occidentales. Cristina pone sus zarpas sobre las pensiones. Pamuk parece aludir a rostros, palabras, e influencias, pero por debajo habla de identidad, memoria y de significado. La dinastía K, en cambio, nos provoca la revisión del mero concepto de la propiedad. En la Turquía del libro flota la idea de la oportunidad perdida al haber traicionado a la propia identidad. Hace falta ahondar en la analogía?

Algo se nos escapa, nunca vamos a entender la secuencia de destrucción que liga democracias incipientes, inseguridad y apropiación. La Argentina parece una mala traducción de algo, al igual que la traductora de "Black Book" se queja en el prefacio acerca de la dificultad de reflejar los vaivenes del idioma turco en el Inglés.

No intento -como en el libro- que el lector suplante el autor. Lo que quiero decir sobre Argentina ya lo ha dicho Pumak al referirse a museo de viejos maniquíes: "Once upon a time, they had lived all together, and their lives had had meaning, but then, for some unknown reason, they had lost that meaning, just as they’d also lost their memories. . . "

Monday, October 20, 2008

Mad Dog Wallace y la clandestinidad

A una semana del marathon de Buenos Aires, los recuerdos van sedimentando como la lluvia de aquel domingo. Quedará como otra marathon lluviosa, teñida del naranja de las remeras de Adidas. Pero un azar de mails y situaciones semejantes -Octubre, un partido de fútbol, una foto- permite que el recuerdo de Mad Dog Wallace se imponga.

Wallace tiene más de 60 años, y corrió unas 300 marathones por todos los continentes. En 2005 tenía agendado correr en Buenos Aires y en Colonia dos marathones (42 km, si cabe la aclaración) en forma consecutiva. Un mes antes del evento, el Boca-River del 2006 impidió que se concretara la carrera por cuestiones logísticas. Ocurrió lo que no pasa en ninguna parte del mundo: la carrera fue pospuesta 3 semanas, para perjuicio de los atletas que venían de afuera y que ya tenían todo pago. "You know what soccer means in Argentina" aclaró Mad Dog en su blog.

Fue entonces que la gente de El Kilómetro realizó la Marathon Clandestina, para ofrecerle a estos atletas la posibilidad de correr tal cual lo previsto. Saliendo 7AM del Rosedal, Wallace tomó buena nota de los travestis ofreciendo sus servicios: "As we drove into the park I noticed many ‘working’ girls on the sides of the roads displaying their merchandise at 6:30 am?". Cuando comenzó el asunto, unos treinta corredores locales corrieron junto con los extranjeros el camino previsto, con camioneta y bicis dando cierto apoyo. La foto me inmortaliza corriendo con Wallace bien temprano por la Costanera Sud, siendo observados por elementos hostiles y en patas. Si bien sólo corrí 30 km como parte del entrenamiento para la "verdadera" carrera tres semanas después, el marco de travestis y cerveza la hacen la marathon más extraña en la que tomé parte.

Mientras tanto, Mad Dog no es inoxidable. Piensa descansar algo, cambiar algunas piezas en su entrenamiento y estar mejor a los 65. En sus palabras, "... expect to reach peak condition next spring when I turn 65. I plan to kick ASS next year in my new Age Group!"

Monday, October 13, 2008

Natalio Ruiz -versión verde-

"Y cuando pasó el tiempo
Alguien se preguntó
A dónde fue a parar Natalio Ruiz,
El hombrecito del sombrero gris."

Wednesday, October 08, 2008

Fitter Happier


"Fitter, happier, more productive, comfortable, not drinking too much
Regular exercise at the gym, 3 days a week
Getting on better with your associate employee contemporaries at ease
Eating well, no more microwave dinners and saturated fats
A patient better driver, a safer car, baby smiling in back seat
Sleeping well, no bad dreams, no paranoia
Careful to all animals,
never washing spiders down the plughole
Keep in contact with old friends, enjoy a drink now and then
Will frequently check credit at moral bank, hole in wall
Favors for favors, fond but not in love
Charity standing orders on sundays ring road supermarket
No killing moths or putting boiling water on the ants
Car wash, also on sundays,
no longer afraid of the dark or midday shadows
Nothing so ridiculously teenage and desperate nothing so childish
At a better pace, slower and more calculated, no chance of escape
Now self-employed, concerned, but powerless
An empowered and informed member of society, pragmatism not idealism
Will not cry in public, less chance of illness, tires that grip in the wet
Shot of baby strapped in back seat, a good memory still cries at a good film
Still kisses with saliva,
no longer empty and frantic like a cat tied to a stick
That's driven into frozen winter shit,
the ability to laugh at weakness
Calm fitter, healthier and more productive
a pig in a cage on antibiotics"

"Fitter Happier" - OK Computer (Radiohead, 1997)

Once años después, podría ser el himno del nihilismo actual.
Y luego nos asombramos de que caigan los mercados.

Friday, October 03, 2008

Tríada

Se sabe que debajo de los pequeños palazzos aledaños al Foro de Roma hay ruinas enterradas que nadie se atreve a exhumar, por distintos motivos. Los augustos dueños no lo hacen para que la propiedad no sea expropiada por monedas; y el gobierno, para no congestionar más el tráfico de la ciudad eterna.

Cada vez que abro el Facebook hay gente que supuestamente debo conocer, que me mira desde el margen derecho del monitor. Supongo que a ellos les ocurre lo mismo cuando lo que emerge es mi foto. Lo inevitable, lo que los cráneos del DataMining de Facebook jamás aprenderán: la mutua mirada de monitor a monitor no autoriza la familiaridad del contacto. No insistan.

La obra cotidiana tiene de marco el tedio laboral de la oficina, donde la personalidad se diluye en la uniformidad del cierre de ejercicio y en hectolitros de café. Pero por debajo se puede entrever otro drama, el de los Smithers que declaman estar "tapados de laburo" mientras miran el costado derecho del Facebook. Allí aparece el gif de un gerente de Recursos Humanos que les pide por favor, aceptame el contacto, quiero saber cuáles son tus ruinas romanas.

Monday, September 29, 2008

What If

Desde hace un par de miles de años tenemos como hipótesis que esos papelitos llamados dinero, que a menudo la gente guarda en los bancos, significa algo. Uno entrega esos papeles -o su equivalente electrónico- y se recibe algo a cambio. What if... qué pasaría si esta hipótesis dejara de existir?

Con la crisis financiera de US y Europa y con la caída de algunos bancos, uno se podría preguntar esto, como un ejercicio de ciencia ficción, sin ruborizarnos por sospechar hipótesis que no demasiado comprobables. Después de todo, lo único divertido en la vida es imaginar alguna alinealidad dentro de los escenarios lineales.

En el corto plazo, habría grandes corridas e incidentes en todos los centros urbanos. Los grupos que detentan la fuerza (policía, militares) sacarían provecho de la confusión. Los grupos minoritarios esperarían en sus casas tras haber hecho acopio en los supermercados de víveres, a precios insostenibles.

Con los días se volvería al trueque, primero en grupos cerrados donde hubiere alguna confianza en el mutuo bienestar (familias) y luego en ámbitos mayores (recordar las asambleas barriales del 2002 en Argentina). Toda la estructura social (escuela, trabajo, comunicación, etc) iría cayendo como en un castillo de naipes. Sólo la subsistencia tendría sentido. Muchos habitantes sufrirían grandes crisis por la falta de dos actores principales: TV e Internet. La radio es más barata y podría subsistir un tiempo más.

Los gobiernos podrían llegar a carecer de sentido si no pudiesen ofrecer alguna sensación de seguridad. La información sobre la actuación de las instituciones sería pronto algo estéril: el cuarto poder deja de existir cuando no tiene insumos (papel, banda ancha, ondas de radio). La noción de "lo que está pasando" comenzaría a ser un rumor barrial, tal como era en el medioevo.

Las instituciones de la inmediatez serían las ganadoras: aquellos gremios que ofrezcan lo básico de la pirámide de Maslow a los individuos: salud y alimentos. La noción misma de propiedad -esta casa es mía- no tendría demasiado sustento. En las zonas más fértiles y ricas de los países volverían a existir feudos donde el terrateniente usaría a la plebe como mano de obra barata a cambio de seguridad.

En el corto plazo (seis meses, un año) las instituciones paramilitares que hubieren tomado el poder negociarían su mutua hegemonía con las naciones vecinas o con estos feudos del interior. Probablemente se alzarían nuevos bloques, donde el mayor poder lo tendrían los dueños de los commodities (Brasil, Rusia) y los perdedores serían las naciones burócratas de los últimos siglos (Suiza) pues ya nada habría que controlar.

Pero claro, son meras conjeturas. Ud va al banco mañana, y la plata está allí.
O no?

Friday, September 26, 2008

Wicked guy, wise guy

First glimpse. A week ago, in Rome, after the birthday party of Peter C –a wise PhD from Sheffield, 65, a very ironic man indeed-. Dinner had been fabulous, plenty of pasta and fish as it could be in Italy: primo piatti, secondo piatti, contorni, and of course this strange mix of white and red wine that trattorias may offer your. The waiter was quite similar to Stanley Tucci, and somehow we felt very much like in the “Big Night” movie. Good times eventually need an end, and there were we saying goodbyes on the corner of the restaurant, each one staring at the other, reckoning how many years it would pass till the next conference. I shaked Peter´s hand, the man on his forties patronizing the man on his sixties, and said to him “Peter, be good”. He immediately would snarled: “what for?”. Turn around, and began walking towards Termini.

A week after that, back in Buenos Aires. There´s some business with people in three continentes and usually we meet over the Skype. In any case, these people -no matter sex, race or religion- would tremble and burst in tears about this guy controlling the whole operation. Let´s call him T. –for I don´t even dare to type his name-. What`s more strange: even the customers of this guy would panick about his opinions while we approach monthly report deadlines or committees. I don´t know T. personally, eventually I will, but in the meantime I come to think that being a wicked guy was a wise way of improving a career. In spite of all that "Thou shalt love thy neighbour as thyself" so biblic we´ve deeply learned, somehow, this guy is driving mad a bunch of people. And I´m not sure the business is improving at the same rate as hate.

So when I eventually would meet T, I expect myself to avoid this fear I sense in the other people. I´d be curious about if he is really mean or if he is only pretending to be; I´ll aproach the court with the work done. But I do have this stupid side -which I am proud of, this insane side of me that turns Arian fonts in Trebuchet fonts, this stupid rage about gesturing while audioconferencing- where I really expect T. to appear disguised as Darth Vader, turning lights off, and asking for my immediate surrender.In this very moment of trial, I will understand a couple of facts about Life, and maybe I´d ask to be part of the Dark Side as well.

Tuesday, September 09, 2008

Julio Cortázar y Roma

Siempre que viajo pienso en un libro que se vincule con el lugar al que voy, para disfrutar ya desde el avión -más allá de mapas, conferencias y vales de gastos-. En cuanto a novelas, ya pasé por las "Memorias de Adriano" de Yourcenar, así que el elegido será el "Yo, Claudio" de Graves.

Pero si se tratara de cuentos cortos...

Las hormigas se comerán a Roma, está dicho. Entre las lajas andan; loba, ¿qué carrera de piedras preciosas te secciona la garganta? Por algún lado salen las aguas de las fuentes, las pizarras vivas, los camafeos temblorosos que en plena noche mascullan la historia, las dinastías y las conmemoraciones.

Habría que encontrar el corazón que hace latir las fuentes para precaverlo de las hormigas, y organizar en esta ciudad de sangre crecida, de cornucopias erizadas como manos de ciego, un rito de salvación para que el futuro se lime los dientes en los montes, se arrastre manso y sin fuerza, completamente sin hormigas.


Primero buscaremos la orientación de las fuentes, lo cual es fácil porque en los mapas de colores, en las plantas monumentales, las fuentes tienen también surtidores y cascadas color celeste, solamente hay que buscarlas bien y envolverlas en un recinto de lápiz azul, no de rojo, pues un buen mapa de Roma es rojo como Roma. Sobre el rojo de Roma el lápiz azul marcará un recinto violeta alrededor de cada fuente, y ahora estamos seguros de que las tenemos todas y que conocemos el follaje de las aguas.


Más difícil, más recogido y silencioso es el menester de horadar la piedra opaca bajo la cual serpentean las venas de mercurio, entender a fuerza de paciencia la cifra de cada fuente, guardar en noches de luna penetrante una vigilia
enamorada junto a los vasos impereiales, hasta que de tanto susurro verde, de tanto gorgotear como de flores, vayan naciendo las direcciones, las confluencias, las otras calles, las vivas. Y sin dormir seguirlas, con varas de avellano en forma de horqueta, de triángulo, con dos varillas en cada mano, con una sola sostenida entre los dedos flojos, pero todo esto invisible a los carabineros y a la población amablemente recelosa, andar por el Quirinal, subir al Campodoglio, correr a gritos por el Pincio, aterrar con una aparición inmóvil como un globo de fuego el orden de la Piazza della Essedra, y así extraer de los sordos metales del suelo la nomenclatura de los ríos subterráneos. Y no pedir ayuda a nadie, nunca.

Después se irá viendo cómo en esta mano de mármol desollado las venas vagan armoniosas, por placer de aguas, por artificio de juego, hasta poco a poco acercarse, confluir, enlazarse, crecer a arterias, derramarse duras en la plaza central donde palpita el tambor de vidrio líquido, la raíz de copas pálidas, el caballo profundo. Y ya sabremos dónde está, en qué napa de bóvedas calcáreas, entre menudos esqueletos de lémur, bate su tiempo el corazón del agua.


Costará saberlo, pero se sabrá. Entonces mataremos las hormigas que codician las fuentes, calcinaremos las galerías que esos mineros horribles tejen para acercarse a la vida secreta de Roma. Mataremos las hormigas con sólo llegar antes a la fuente central. Y nos iremos en un tren nocturno huyendo de lamias vengadoras, oscuramente felices, confundidos con soldados y con monjas.

Julio Cortazar, "Instrucciones para matar hormigas en Roma" (Historia de Cronopios y de Famas, 1962).

Wednesday, September 03, 2008

Joseph Brodsky

"Permítame que repita algo: el agua es igual al tiempo y proporciona un doble a la belleza. Hechos en parte de agua, nosotros servimos a la belleza de la misma forma. Al rozar el agua, esta ciudad mejora la imagen del tiempo, embellece el futuro. Ése es el papel de esta ciudad en el universo. Porque, mientras nosotros nos movemos, la ciudad es estática. La lágrima es prueba de ello. Porque nosotros partimos y la belleza permanece. Porque nosotros miramos hacia el futuro y la belleza vive en un eterno presente. La lágrima es un intento de permanecer, de quedarse rezagado, de fundirse con la ciudad. Pero eso va contra las reglas. La lágrima es una vuelta atrás, un tributo del futuro al pasado. O es el resultado de sustraer lo mayor a lo menor: la belleza al hombre. Lo mismo sucede en el amor, porque nuestro amor es también más grande que nosotros mismos."

Joseph Brodsky, "Marca de Agua" (1992).
Casi no hace falta agregar que Brodsky amaba Venecia, y que a su pedido yace enterrado allí.

Tuesday, August 26, 2008

Medida por medida

Hay un deporte formativo en las escuelas. Hay un deporte profesional sujeto a federaciones en cada país. Y hay un deporte olímpico para las elites. No siempre hay correspondencia entre estos tres grupos. Como tampoco los números de un medallero pueden reflejar lo que ocurre en los países.

El medallero tras Beijing 2008 puede sugerir que el ganador fue China por cantidad de oros, o que fue Estados Unidos por cantidad total, o que fue la Comunidad Europea si se agrupan sus países, o que fue Jamaica con sus tres oros en relación a la cantidad de habitantes. O se puede hilar aún más fino y no hallar correlación alguna, sobre todo si se compara el medallero olímpico con el Human Development Index liderado por los países escandinavos.

Este desacople entre realidad y olimpismo es ilustrado por Fernandez Moores en su nota "La Fiebre del Oro" en La Nación de hoy. "Los Juegos, se sabe, celebran a élites deportivas, que pueden ir de los músculos hipertrofiados del nadador francés Alain Bernard a los cuerpos condenados a no crecer de la gimnasta china He Kexing, que pesa apenas 33 kilos. O a un Michael Phelps obligado a consumir 12.000 calorías diarias, nadar 70.000 metros por semana y dormir 9 horas por día. Un talentoso robot cuya vida, según él mismo la describió, consiste en “comer, nadar y dormir”.



Monday, August 18, 2008

David Lynch, la decadencia y los 21 km

La media marathon de la Costanera fue para mí una película de David Lynch: el personaje cambia varias veces, no se entiende mucho, pasa todo al revés de lo esperado, y sin embargo uno se retira diciendo "qué película interesante".

Cinco minutos antes de largar mi entrenador me desliza un papel con el tiempo al cual debía correr. Ante mi mirada azorada veo un cifra digna de kenyata (salir a 4:25? yo?). el papel se autodestruye y agentes de la KGB contemplan la escena con aquiescencia. El entenador diluye todo con una sonrisa enigmática. Ambos nos estamos evaluando: él se pregunta qué tan chapita soy, yo me pregunto qué tan chapita es él. Me alejo en silencio hacia la meta, imaginando un plan de carrera a mitad de camino entre mi bilardismo y su optimisimo.

epur si muove. Salgo a 4:30 y a los 5 km estoy quemadísimo. En esos km mortales me asaltaron una serie de pensamientos negativos, que al menos me dejaron las llaves del auto. Quién tiene la culpa de esto, me decía? Lo atribuí a...
a) el viento
b) se me desató un cordón (jamás me había pasado antes)
c) me saludó una chica con un toque pitoniso ("te conozco") y me dejó atrás
d) el viento
e) perros buscaban carne humana entre los corredores
f) pensé en abandonar en el km 10
g) el viento
h) el duro entrenamiento del mes anterior.

Por el km15 me reagrupé con gente de la STAA que me fue llevando. Más perros hambrientos, más olorcito a choripan, menos incidentes memorables. Terminé boqueando, en 1h38, y me arrojé en el muro de piedra al lado del mar de pastizales. Eso es lo bueno de correr en Costanera, podés arrojarte a morir al final de la carrera sin que nadie repare en tus despojos.

En la conferencia de prensa posterior atribuí todo a la hipótesis h). Mis palabras fueron "las mitocondrias no agarraron el entrenamiento aún, son lentas". Lo que sí me pregunto es si el tipo que clavó 1h35 en una media marathon hace 3 años era yo, o era otro tipo de una película de David Lynch.

Friday, August 15, 2008

Portishead - The Rip - Live on BBC 2008

No se va a llamar mi amor, diría Charly.
Ni será jamás tema de Marley, Suar o Tinelli.
Sus ex-managers no querrán saber por qué volvieron.
Ni sus fans podrán soportar otro desengaño.
Están de vuelta con el mejor tema del 2008.
Son una Otredad, musical, y hacen juego con todo el Inventario.

Monday, July 21, 2008

21 de Julio: Día de la Indiferencia

“Si los hados tienen sus fechas antagónicas en Noviembre, por qué los mortales no deberíamos poseer algo parecido en Julio?”. Así comienza la obra “Fechas, fractales y fisonomías” del pensador Pablo W. Lugüercio, donde alude a casualidades (causalidades) del calendario y su correspondencia con el pensamiento de Occidente.

Lugüercio sostenía que Halloween, Día de los Santos y Día de los Muertos constituyen una tríada de festividades contiguas en Noviembre “a la que deberían corresponderse el 19 de Julio con el Día de los Enemigos, el insoportable 20 de Julio del Día de los Amigos, y el 21 de Julio como Día de la Indiferencia.” Los detractores de la obra de Lugüercio hallaron esta encíclica particularmente odiosa, y aprovecharon esto para convocar al marathonista y pensador a un ágape teñido de crueldad el 21 de Julio de 1968. La velada transcurrió en el restaurant “La Aguada” del centro de La Plata. Allí se le concedieron a Lugüercio falsos premios, se invitó a periodistas para su escarnio, y se lo emborrachó completamente. El final quedó registrado en fotos del diario “El Día” de la ciudad platense: el pensador coronado con una calabaza, cumpliendo la analogía con los ritos de Halloween, y rodeado por sus detractores, que se mofaban de él.

Hay varias interpretaciones sobre el tercer día, que celebramos hoy. Respecto a las fechas de Noviembre no hay proceso más abarcativo que la muerte: allí caen también los santos, los fantasmas y nosotros. De igual modo, hay más gente que nos es indiferente, que amigos o enemigos. Levantemos la copa, pues, por este 21 de Julio que nos toca a todos, y en el cual no hay que hacer exactamente nada: sólo contemplar esa marea de otredades que vaga bajo la lluvia, desde un bar de Niceto Vega, y sospechar que la indiferencia es un poco la antesala de esa pluralidad borrosa que es la muerte.

Wednesday, July 16, 2008

Partícipe necesario

La parte estúpida de mí mismo bate palmas mientras aprieto el "Send" y el informe de gastos comienza a uploadearse. Cumplo así en tiempo y forma con lo requerido con la CFO, a pesar de que hay mil cosas más importantes. La sensación es semejante a la de Lost in Trebuchet, y la forma le gana por goleada al fondo: puedo estar atrasado con una serie de cuestiones, pero siento que debo cumplir con la burocracia.

Hay un antecedente. Hace veinte años solventaba mis estudios trabajando en NCR como técnico de Banelcos. Los gerentes de los bancos palidecían al verme llegar: debo haber sido el peor técnico de cajeros automáticos de la historia. A la vez me negaba sistemáticamente a trabajar los fines de semana. Pero finalmente no me echaron por ser el peor técnico ni por preferir el voley los fines de semana, sino por no entregar jamás a tiempo los informes de gastos.

No me queda mucho de aquella época: un par de destornilladores, un traje que pronto pasó de moda, las bolsas antiestáticas color azul metálico, y la indemnización que me permitió terminar la carrera. O tal vez queda algo más, esa pequeña derrota con la burocracia que se agiganta con los años.

Tuesday, July 08, 2008

Banalidades y Bradburydades

Los pensamientos que uno tiene frecuentemente son banales. Son cursilerías del tipo "nadie más se da cuenta del ruido a dentista que hay en Florida y Córdoba". O son reflexiones nimias sobre por qué el remisero se queda esperando mientras entrás a tu casa, y se atribuye esto a i) te cuida por si te van a chorear (gratitud), ii) se fija si te olvidaste la llave (otro viaje, maximización de ARPU, o iii) está en combinación con quienes efectivamente te van a chorear (partícipe necesario del hecho delictivo). Hasta ahí llega uno.

Para combatir esto, hoy encontré un librito de primaria con un Bradbury puro y duro de hace cincuenta años, mirando a esta sociedad -la de ahora- usando las palabras de Etiil -el de Marte-. Una bradburydad, vea.

"Querida Tylla: Pensar que en mi ingenuidad pensé que los terrestres contraatacarían con fusiles y bombas. No, no. Cometí un triste error.

Hay rubios robots de rosados cuerpos de goma, reales, pero de algún modo irreales; vivos, pero de algún modo automáticos, que viven en cuevas. Tienen, además, una mirada fija, inmóvil, por haberse pasado innumerables horas mirando películas. Sólo tienen músculos en las mandíbulas: mastican incesantemente unos trozos de goma
...

Y no sólo eso, querida Tylla, toda la civilización terrestre es algo semejante. Y hemos sido arrojados en esta civilización como un puñado de semillas en una mezcladora de cemento. Ninguno de nosotros podrá sobrevivir. Nos matarán a todos, pero no con una bala, sino con un amable apretón de manos. Nos destruirán a todos, pero no con un cohete, sino con un automóvil (...)

Preveo que esas jóvenes brujas y esas gomas de mascar aplastarán, contaminarán, atraparán a nuestro ejército en los cines. Uno de estos días trataré de escapar e ir a Marte. Tendrá que ser pronto. Las mujeres de este malvado planeta están ahogándose con una marea de sentimentalismo, de falso romance. Buenas noches, Tylla. Deséame buena suerte, pues moriré probablemente tratando de escapar. Besos a los niños.


Llorando en silencio, Ettil dobló la carta y se prometió a sí mismo llevarla más tarde al correo del cohete."


Ray Bradbury, "La mezcladora de cemento" (1955)

Wednesday, July 02, 2008

Running Cadillac

Y puede ser que no todo esté perdido, y que un post en Facebook te haya alertado, y que lo que iba a ser una corrida tranquila atravesando el frío de Palermo se convierta en algo muy raro.

Se sabe lo que es un mito urbano (una mentira con mucha divulgación), pero un recital sorpresa es lo contrario, una especie de happening de entrecasa propagado por vías informales . Ocurre un poco como con las SmartMobs de Rheingold, y los PacMan van auto-organizados, avanzando como zombies de Michael Jackson sobre Figueroa Alcorta. Entonces la sensación es distinta, ir corriendo alrededor del Planetario, siendo un testigo distante, mientras se escucha el recital y se trata de esquivar la horda que se lanza sobre la avenida.

A la vuelta, las fieritas que pasaron por el Rosedal dejaron perfumada la milla del óvalo. Entonces hay que revisar el concepto de LSD del post anterior. Fue una corrida estimulante, cuando menos.

Monday, June 30, 2008

El "Pequeño Corredor Ilustrado"

En otro vano intento por ser comprendido, el académico, erudito y corredor Pablo Lugüercio estableció un pequeño canon sobre la correspondencia entre el lenguaje coloquial español y la jerga de los corredores. La obra fue llamada "Pequeño Corredor Ilustrado" y consta de un extenso glosario en un híbrido de español e inglés.

Es llamativo que el adjetivo "ilustrado" parece ser una autorreferencia, pues el volumen carece de ilustración alguna. Este hecho parece darle razón a los intelectuales contendientes de Lugüercio, que en numerosos cónclaves lo tildaron de "payaso arrogante". La obra tiene su origen en los vanos intentos del autor de comunicarse con el mundo no atlético, a quienes se refería como "esos malditos sedentarios".

Como fuere, he aquí parte del legado de Lugüercio, que por brevedad y hartazgo limitaremos a unas pocas entradas del glosario. La obra, como era previsible, pasó desapercibida para la crítica y el gran público.
  • LSD: "long slow distance", corrida larga y lenta -en comparación con los ritmos de carrera- que es la clave para las carreras de 21 y 42 km.
  • Paso: una cierta velocidad característica. "voy a cuatro " significa que se recorre un kilómetro en cuatro minutos. Esto, para el neófito, significa quince kilómetros por hora.
  • Pacer: corredor que lleva un paso constante, guiando a un grupo hacia un objetivo.
  • Intervalo: una repetición de cierta velocidad -típicamente en pista- seguida de un trote más lento para recuperarse.
  • DNF: "did not finish", una manera elegante de decir que no se pudo terminar una marathon.
  • Carboload: ingesta de pastas los días anteriores a la carrera. Uno de los momentos más gratos en la vida del corredor.
  • Corredor Chapita: corredor obsesivo o compulsivo para quien la vida "es todo eso que ocurre cuando no se está plainificando una corrida, corriendo o elongando". Ver más.
  • PR o PB: mejor marca personal para una cierta distancia.
  • RICE: "rest, ice, compression and elevation", una suma de remedios caseros ante afecciones musculares que evita la ida al médico.
  • Pared ("bonk") límite de cansancio total y sensaciones negativas que ocurre cuando el cuerpo se queda sin glucosa, típico en el km30 de una marathon.

Wednesday, June 25, 2008

Diario de un Pace-Maker II

Igual, puede ser que tus hijos te miren y te digan: "por qué te disfrazaste de Inspector Gadget?"
(gracias Laura por la foto).

Monday, June 23, 2008

Diario de un Pace-Maker

Para esa gente sedentaria que aún no lo sabe, un pace-maker es un tipo que va en una marathon (42 kilómetros y monedas) corriendo a un cierto ritmo predecible y constante, en aquello que los viejos maestros del secundario llaman movimiento rectilíneo uniforme. Corre con un banderín bien visible y algo ridículo -un inspector Gadget auspiciado por Gatorade- para ayudar a los corredores más novatos a llevar un ritmo parejo; de otra forma, esto después de los 30 km se paga caro.

Uno, el pacemaker podría ir más rápido, pero no debe. Dos, a veces está tentado de ir más despacio, pero no puede. Esa distancia entre el ser y el no ser es la que atenaza la existencia del tipo. No corre su carrera, sino la del resto, y se entrega a ese hecho, con la mente plagada de planillas y la glucosa en descenso.

Ahí va él, como su indiscreta banderita señalando el tiempo que lo separa entre largada y llegada. Le duele algo? Nada. Le preguntan cosas? Él responde parcamente, porque no le sobra mucho aliento. O sí, cada tanto musita alguna respuesta. Y nada de trampas: no puede ir más rápido, e ir disminuyendo a medida que el objetivo está seguro, pues eso comprometería al grupo. Abjura de la aceleración, para él sólo existe la velocidad constante.

Le preguntan, “maestro, vas a ir a 5:20 el kilómetro?” Y él responde que sí. Y lleva anotado en un brazalete sus monótonos tiempos parciales. Y tiene calor en la largada, y le pide al grupo que le ayuden a sacarse esa remera amarilla que le puso el sponsor. Y el grupo ayuda, como quien viste y desviste a un actor. Y descubre que por ser pacemaker está siempre en el centro del enjambre, y no le llegan las ayudas del agua ni al Gatorade. Y el grupo le pasa todo lo que necesita. Y descubre malhumor en la gente que pasa al final, y él les dice: “corré acá al lado” y no dicen más. Él tiene un poder que no comprende sobre el resto. Hace calor, Rosario de pronto hierve. Se tira el agua que le sobra en la nuca y se sorprende cuando el banderín roza un árbol. Pregunta, lo tengo todavía? Y le dicen que sí. Y piensa que en el km 32 o el 33, hay que acelerar un toque. Pero el camino está lleno de subidas y bajadas imperceptibles que hacen todo más difícil. Pasa las horribles rotondas del km 37 y gira hacia la barranca como un toro herido, llevando el estandarte del tiempo en su lomo.

Le puede pasar al pace-maker que haya tenido algo de gripe esa semana, y que en el km38 se diga “no puedo más” y haya pensado en pasarle el banderín a alguna otra víctima propiciatoria. Pero le queda media glucosa para pensar, y arma el grupo de tres en tres contra el viento y se pone él en el medio, y aguanta. Ellos no lo saben, pero los pacemaker son ellos, y él por un par de kilómetros es sólo un impostor llevando un banderín... pero a lo lejos, cerca del Monumento, ya se ve la llegada. Y el cronómetro dice 3:44:50, y sólo quedan unos pocos metros. El grupo finalmente llega como un ramillete marchito y húmedo, arrojándose a la meta, lo abrazan (él se pregunta por qué), le sacan fotos (pero no vieron que yo estaba muerto?) y todo termina.

Debuté de pace-maker en la marathon de Rosario.
Prometí tres horas cuarenta y cinco. Hice tres horas cuarenta y cinco.
Y fue casi mejor mejor que bajar mi propia marca.

Monday, June 16, 2008

En memoria de Marcelo

Así, en rápida enumeración, recuerdo que Marcelo tenía exactamente diez años más que yo, y era pelado pero de un modo prolijo. Sus buenas facciones hacían juego con el don de ser gentil con los chicos pero sin ponerles pilas extras. Se podía tomar un café con él en la barra del Newbery y hablar acerca de libros, películas, socios decadentes o chapitas, con la vaga neutralidad que permite una amistad distante: uno siempre podía ser uno. Recuerdo que Marcelo solía quejarse con cierto humor del estudio de arquitectura donde trabajaba; no le pagaban mucho, pero continuaba allí por su cercania al club. Llegaba en bicicleta o en el 34, pues le habían robado en su momento su discreto Taunus verde.

Lo conocimos en la añeja Gimnasia Danesa del central, pero la amistad se trasplantó al Newbery sin esfuerzo. Lo veíamos en complemento o en la pileta, en verano. Hace unos tres años, al ver que estaba desaparecido, le envié dos o tres mails a su casilla de Hotmail, pero nunca hubo respuesta. La búsqueda en Google fue igualmente en vano. Luego, probablemente me olvidé, o lo juzgué como otro socio que buscaba un cambio de aires. En virtud de la discreción de la amistad no pregunté mucho.

Hace un par de años me encontré con Larry -otro habitué del gimnasio-. Se abrió la puerta de una casa en venta en la calle Aguirre, y para mi sorpresa él era el vendedor. La casa estaba contrahecha y era cara, en seguida quedó fuera de tema. Hacia el final de la visita Larry me dijo "pero vos sabés lo que pasó con Marcelo, no?". Y ahí supe. Hoy, leyendo un post muy lindo de Charlotte, lo recordé y sigo sin poder creer que él ya no esté. Casi me alegro de no haber recibido respuesta alguna de su Hotmail.

Thursday, June 12, 2008

Tell me why I don´t like emoticons

De nuevo, este es otro tema en la twilight zone entre Otredades y Snark, que a veces son blogs paralelos y a veces creo que son la misma cosa. Digámoslo de una vez: me enferman los emoticons en los chats y en los txt, sobre todo viniendo de gente grande.

Se me dirá: éste es otro de tus problemas de actitud. Yo asentiré levemente y dirigiré al lector hacia el banner de entrada. Este blog está fuera del "established order", ok? Dicho esto, pensemos por un instante en un sujeto del segmento profesional (30;45) que es un serial killer de los emoticons. Pongámonos en su dudosa piel. Por qué lo hace?
  • No puede escribir con corrección, o cerrar una frase.
  • Duda con la ortografía y envía la frase al corner.
  • No está seguro de lo que realmente quiere decir
  • No se siente libre de poder ir al fondo con sus pensamientos.
Las dos primeras aluden a problemas de forma -sobre lo que podemos discutir un rato-. Las dos últimas denotan una especie de vaguedad adolescente (pero con canas y arrugas en vez de acné juvenil), una tibieza a toda prueba les impide ir al fondo del asunto. Es, en definitiva, un osito de peluche del teclado.

Otras anomalías: no discuto a los fundamentalistas de la "k" (no sé ké kieren decir) pero desfallezco con quienes terminan cada frase con jjejejeeje, a quienes les preguntaría, a punto de boxearlos, "de qué te estás riendo"?

Queda dicho, el camino del infierno está sembrado de mensajes de texto con emoticons

Saturday, June 07, 2008

El payaso corredor

Sumergido en la vasta obra de Pablo Lugüercio (aka “el Payaso”, aka “el último Ecléctico") figura un tratado que combina la presupuestación en negocios masivos, la cultura pop y el marathonismo –el pensador acaba de finalizar con éxito la marathon de Boston-. Es así que en uno de los primeros capítulos de la obra se sugiere la mentira aviesa a los Call Centers como medio ideal para cumplir objetivos anuales, exagerando las metas de meses intermedios para llegar tranquilos al probable bajón de Noviembre-Diciembre “tal como se corre una marathon, apurando el paso en los kilómetros intermedios”. Nada más alejado de la realidad, pues el veradero marathonista apura el paso recién en el km 30 cuando debe atravesar “el muro” donde las reservas físicas se han agotado y “se corre con los huevos”, según la desafortunada frase del citado artista.

Más adelante en su obra se indaga sobre cuál es la música que debe acompañar al atleta en su mp3, y en ese punto Lugüercio es enigmático al enunciar que prefiere “buscar las bandas intermedias, entre la L y la P”. Cita como ejemplos a Lou Reed, Madonna, Massive Attack, Miranda y Placebo –aportando más evidencia a su proverbial eclecticismo-. En cierta oportunidad se le preguntó porqué no editaba los tracks interponiendo un número y se abstenía de buscar relaciones causales entre ritmo musical y nombre de bandas, a lo que contestó: “busco la trama oculta del universo, y las marathones son como la música: voy corriendo a una semicorchea por latido de mi corazón”. Ante el silencio ominoso de los periodistas, Lugüercio espetó “acaso ustedes correrían escuchando a Abba o a Zucchero?”.

Monday, June 02, 2008

Y todos tienen esas camionetas grandes

-Tito, viste cómo viven en China?
-...?

El vestuario del primer piso era testigo del diálogo entre el bueno de Martín –cuidador, sabedor de todo, recolector de candados y secretos, y gran tifón paranoiqueante de noticias- y Tito, socio en desnudez. pero también víctima de las últimas noticias de Martín.

-Me lo contó Marcelo, el que se cambia acá, que llegó recién de ChenSén o YenSén, o algo así. Mirá que Argentina tiene sus problemas, pero yo esto no lo cambio por nada. Parece que viven en cuevas pero tienen todos tienen esas camionetas grandes como la de Tinelli viste, que te pasan por arriba. Cómo se llaman, Jumer o Jámer, no sé, bueno, esas grandes. Ah, y los que no, tienen BMW y Mercedes, pero todos negros. No compran otro color los chinos, jah.

Tito escuchaba inmóvil, sosteniendo la toalla en una mano y el jabón en la otra, sin más argumentos que su desnudez para salir corriendo hacia la ducha ni bien pudiera.

-...además no ven el cielo porque está todo contaminado. Claro, son ciudades más chicas que Buenos Aires pero todas tienen 4 o 5 millones de personas. De chinos, claro. Y Marcelo dice que estuvo cuando pasó el terremoto, y que se murió mucha más gente, pero no lo quieren reconocer. Sabés por qué?

Tito desplazó su peso de un pie a otro, y aún mudo, levantó apenas el mentón inquiriendo, como quien enfrenta el pelotón de fusilamiento.

-Porque el gobierno cuida la imagen hasta las Olimpíadas, pero después... se pudre todo! Mirá vos, la Chila milenaria... son todos unos hijos de puta, allá.

Thursday, May 29, 2008

Tú también, Bruto?

Este post pertenece al "no man´s land" entre Snark y Otredades. Decir que Dell se subió al tren de las ultraportátiles con una lindísima laptop de 9 pulgadas de pantalla suena a Snark. Pero pensar en las "fads", en las modas que se adoptan no se sabe bien por qué motivo, en las luchas de poder entre grandes popes que hacen negocio, que muestran en la industria el carnet de machos alfa, y que tratan de mezclarse en lo cool y rentable, bueno, eso ya es una otredad.

En pampas argentas la secuencia de fads fue: pool / kiosco / canchas de paddle / parripollo / cabañas en la costa / construcción de 2amb / taxi. Todos colapsando sobre la misma idea, unos frente a otros, todos arruinándose. En la tecnología ocurre lo mismo, hasta que alguien encuentra el precio justo (300 USD en mi opinión) y el diseño exacto (esta Dell es muy cool), eso significa éxito. Pero vuelvo al aquí y al ahora para imaginar que un objeto así no puede viajar en el Sarmiento ni captar Wi-Fi en la popu de Nueva Chicago. Se corren grandes riesgos como el descripto hace unos meses. No estaría mal enlazar así los fads o las laptops. Como decía Julian Barnes, "la vida es una maldita cosa detrás de la otra".

Wednesday, May 21, 2008

Onomástico

"Observo extrañado a mi alrededor que la gente festeja sus cumpleaños con minuciosidad. Si se me pide un juicio al respecto, diría que la cuestión es geoespacial: el sujeto X celebra que la Tierra se encuentra en la misma coordenada respecto al Sol que cuando nació. Aún así, esto es relativo, pues todo el Sistema Solar se ha desplazado hacia la constelación de Hércules. Además -fuera de tecnicismos- esto es como festejar que la calesita ha dado una vuelta con éxito.

Sospecho además que en la reversión de comunicaciones y de obligaciones -familiares y amigos que llaman, trabajo que se aliviana, promesas de dulces- yace una trampa. La dispensa que se le hace a quien festeja ese día no hace más que acentuar la opresión y la amenaza de los 364 días restantes. "

("Yoko Ono, onanistas y onomásticos", Pablo Lugüercio, 1970)

Monday, May 19, 2008

Escila y Florida

Hay una analogía algo trillada: es la que se establece entre la vida personal a través de los años, y el pasaje dificultosos por caminos más o menos arriesgados. El peligro de muerte ante enemigos o los azares de un viaje –que alimenta los viejos clásicos y en particular al cine- se parece a la posibilidad de destinos adversos, aún en vidas más o menos tranquilas. La duda de Ulises frente al doble peligro de Escila y Caribdis es épica e inspira metáforas, pero el hombre común y argento no regresa de Troya hacia Itaca, sino que camina por el microcentro porteño para darse de baja en American Express. Y allí se topa con la calle Florida.

Ahí voy yo deslizándome entre una muchedumbre que parece caminar siempre en sentido opuesto, y para la cual los semáforos dejan de existir. Los autos vacilan y quedan en medio: eso provoca el enojo de la misma gente, ya enardecida de antemano por otros obstáculos interpuestos -quioscos de diarios, vendedores de cuero, cambistas, mutilados, estatuas vivientes y falsos ministros-. El ruido es atronador: toda la gente habla, entre sí, o con su celular, en diferentes lenguas mayormente berretas. Los derviches de la nueva religión ofrecen dólares baratos, camperas de cuero, préstamos a sola firma o celulares, sin distinción. Los mendigos dan doble pena, la de siempre y la adicional por implorar en ese medio hostil. Un vendedor arroja al aire un jueguecito espantoso que hace un dyshhhhhh al subir. Asumo que un depredador del cretácico bramaría de un modo más amistoso.

Algún preclaro intendente la hizo peatonal hace cuarenta años y el principio estuvo bien -Harrods, la vieja y oscura Galería Pacífico de una planta, el Florida Garden y el Richmond-. Luego, arreció la fealdad y se convirtió en un no-lugar repleto de oportunistas. Ningún turista medianamente avisado debería pasear por la calle Florida, nadie debería comprar cueros alli, ningún dólar que se encuentre es verdadero: hemos logrado reunir a los peligros de Escila y a la fealdad de Caribdis en una sola calle.

Por suerte, son sólo diez cuadras, y la belleza de la Plaza San Martín provoca el olvido.

Tuesday, May 13, 2008

Mutuas extrañezas

“... y asi, en entornos concurridos como pasillos de subtes o fiestas populares, es frecuente que dos personas crean reconocerse y luego –a veces con desazón- caigan en la cuenta de que todo no ha sido más que un error semejante a las Incertezas de la física cuántica.

Así, la persona A cree reconocer a B por unos instantes. En la mirada de A surge el indicio de extrañeza y la esperanza de ser reconocido: esto se manifiesta con un arqueo de cejas, una expresión más abierta, quizás hasta con un gesto con la mano. En medio de la muchedumbre, lo que B observa es un completo desconocido que realiza gestos alarmantes; lo más probable es que B se inquiete y esquive el contacto, para desconsuelo y vergüenza de A.

Pero a veces ocurre que B cree ver en A otro conocido, llamémosle A', y hasta sobrevenga una charla entre ambos. Allí A se dará cuenta de que B no es más que un B' cualquiera, y no el B originalmente reconocido. Tanto aquí como en la primera alternativa, la desolación de A es considerable. Aún más perturbador es sospechar que A' y B' sí se conocen, y que generan un campo atractor de mutua extrañeza en A y B.

Todo esto explica por qué la gente opte por no reconocerse.”

("Heisenberg, y los campos de extrañeza", Pablo Lugüercio, 1971)

Tuesday, May 06, 2008

Feria del Libro de 2002

Miro mi billetera y tengo un verde, pero de cinco pesos. Es domingo y la crisis que se precie de tal merece continuar en otoño. Vuelvo en la bici del club mientras pienso eso, caen hojas amarillas en la avenida Sarmiento –sabrá Sarmiento, querrá renunciar también, será que no lo dejan- y fluyen cientos de autos quién sabe adónde; qué es esto, de veras hay Feria del Libro?

Freno ante la columna. Como cada año, la gente acude en tropel y se siente perfectamente culta en la Feria, como quien pretende excomulgarse de un año de televisión. Tal vez –meditan las masas en sus vehículos-, todo se trata de frotarse con una emulsión para curarse una dermatitis. Sigo la analogía, la Feria del Libro es un dermaglós que cura un eczema cerebral, una crema eficaz para superficies del hipotálamo –pero dámela con receta, tengo un 60%, dame una entrada gratis, pero ah los libros son tan caros, mirá JarriPoter, entonces para qué, ni patis había en la Feria, vámono gorda, vámono al Rosedal que está fenomeno-.

Esquivo la columna yendo a contramano: es la manera más civilizada que tengo de andar en bici por Sarmiento. Sólo debo esquivar otro tipo de bestias, los caballos en sus mateos (sabrá Mateo, recaudador de impuestos, habrias abjurado de proponer su nombre para esos carros de escaso folklorismo). La bosta equina se yergue adusta en montículos precisos; de algún modo esto me autoriza a tomar en contramano la calzada circular y bajar por Santa Fé. Me admiro de la nueva arquitectura bancaria, con su estética de persianas bajas que hacen más inútiles los Banelco, presas del metal. Llamen al arquitecto pero para qué, si debe estar en la Feria del Libro.

Sigo hasta el microcentro un rato después, ya habiendo dejado la bici y agarrado el auto. El tránsito hasta Nueve de Julio es fluído, y el microcentro está lleno de peregrinos bancarios. Siete cajeros inútiles en el Boston Central al unísono desafian todas las leyes probabilísticas, aduciendo un único cartel "cajeros con problemas". Me digo que debería buscarme un cartel semejante para mi persona, y le digo algo al vigilante, algo que pretende ser una ironía, pero ya no estamos ni para registrar variaciones. El tipo esperaba una puteada y se alza de hombros. En las paredes del microcentro desierto sobrevivien dos propagandas que me apresuro a anotar: "Bansud: viva el presente con nosotros" y "Citibank: donde el dinero toma vida". Sumo ambas frases miembro a miembro y me da "Libres pero en bolas". Me gusta más, en recuerdo de un estilo orgulloso, perdedor y radical.

Me estoy por quedar sin nafta y soy un elegido pues a) Hay nafta, b) Aceptan tarjetas. Miro con fruición la tarjeta de débito de mi vieja y quisiera transformarme en Savio María para poder usarla, o al menos parecer una vieja de setenta por algunos minutos. Vacilo ante explicaciones varias: "en realidad me llamo Carlos María Savio, pero claro, esta gente de las tarjetas, usted sabe". Al ritmo de la crisis tal vez logre parecerme a una vieja, y no haga falta más.

Sigo con cinco pesos.

Dos días después, camino por el microcentro con Sylvie y Daniel. Nos abalanzamos sobre un cajero despoblado de gente y de letreros adversos. Al momento, se forma una cola atrás nuestro. "Y, da pesos o no da pesos?" Nos preguntan. Nosotros les hacemos hombritos, inmunes o temerosos a cualquier contacto con seres del Planeta Microcentro. Un instante después, se descifra la trama celeste. Mi saldo es de 4.20$, y todo mi esfuerzo del fin de semana por conseguir algún cajero útil no es más que una farsa, igual que lo que ocurre en el país, igual que la Feria del Libro, pero con un viso (Visa) mayor de realidad. Mientras tanto mi gerente se enoja, Remes Lenicov renuncia y yo quiero mi capita de Harry Potter para desaparecer.

(Abril de 2002, de la serie "El país y los estas(h)idos)

Sunday, May 04, 2008

El hermano de Meteoro

El hermano de Meteoro vive en un coqueto duplex de Colegiales, posee un auto importado que vacila en dejar en la puerta de su cosa –se sabe que en Buenos Aires ya no hay cocheras y sí hay ladrones-. El hemano citado convivía con una novia pequeña, llamativa y silenciosa, en ese orden riguroso. Notemos que el uso del pretérito imperfecto en el verbo convivir sugiere cambios.

En el presunto apogeo de la primera madurez sin hijos, y en la apariencia pelatus in extremis del sujeto –lo veo y creo verlo a Wainraich- subyacía una cierta modernidad, manifestada principalmente en la música dance que se escuchaba a todo lo que da los domingos a la mañana. Pero no mucho más. Nada de deportes, amigos que frecuentasen, o saludos con sus vecinos. Sólo encuentros circunstanciales con él a propósito de indeseables, valor de las expensas, búsqueda de garage o fenómenos atmosféricos. Las trivialidades nos condenan y nos hermanan a la vez.

Ocurrió que la chica desapareció hace cosa de un mes. Los hechos señalan que desde entonces el hermano de Meteoro le pregunta a sus vecinos sobre los ruidos de la bomba de agua, ya no se escucha música al regresar de la disco, y se ve su auto tirado en la puerta del duplex. La tesis pacata es que el amor pone sensible a la gente. Mi sensación es que al cruzar una frontera como la del abandono, ciertos individuos pueden rescatar alguna sensibilidad y encontrar matices donde antes no los había. Todas estas conjeturas absurdas se derrumbarán cuando la chica retorne, yo me la cruce, y le diga, solemne, “nena, me cagaste el post”.

Monday, April 21, 2008

Ashes to ashes

Se ha hablado de gestos del pasado, y de objetos desaparecidos. El episodio del humo sobre Buenos Aires provocó el retorno de un olor olvidado, y es el de los viejos quemadores que la municipalidad obligó a retirar de los edificios hace más o menos un cuarto de siglo.

En cada piso de los edificios “modernos” del Buenos Aires setentista habia una falsa puerta que ocultaba un pequeño conducto a los avernos. Era un espacio pequeño –menos de un metro cuadrado- donde los propietarios arrojaban su basura tras abrir una tapa metálica vertical de unos veinte centimetros de lado. Tirando de una manija se abría esta puerta trampa, por la que apenas pasaban las bolsas de basura. Al hacerlo surgía un olor muy semejante al de estos días; las mentes infantiles y alarmadas confundían esto con sitios infernales. Recuerdo que al arrojar las bolsas de residuos a esos pozos, era posible escuchar el paff lejano unos cuantos segundos después, en función de la altura del piso. No había evidencia de Infiernos, sino más bien de que las leyes de la cinemática se cumplen a rajatabla.

De chico no lo sabía, pero miles de avernos semejantes estaban conectados al exterior por chimeneas que asomban en las terrazas. En la práctica, esto significaba un géiser perpetuo de hollín que ennegrecía la ropa de quienes se animaban a tenderla en la terraza. Era una época rara: la gente tomaba sol hasta carbonizarse, no existía la protección solar, y probablemente no había blanqueadores ni secarropas. Imagino que entonces, en la ciudad, habría un olor semejante al de estos días. Entonces era algo común; estos días, Crónica lo señaló como el Apocalipsis.

La cruzada absurda del gobierno sería simular más incendios, atribuirlos a la gente del Campo, y ponerse a cantar a lo David Bowie:

“Ashes to ashes, funk to funky /
We know Major Tom’s a junkie”.

Friday, April 11, 2008

Apariciones

Hace un tiempo me refería en este blog acerca de los gestos que se pierden en el tiempo, por cambios en las costumbres o en las condiciones de vida. Dos ejemplos son el gesto de acomodarse los anteojos y la forma en que se guarecía la llama de la vela de eventuales vientos. Podría decirse que hay una desaparición anterior, y es la de los objetos.

Ayer estaba terminando de leer un buen cuento de Kurt Vonnegut acerca de los problemas inmobiliarios y sociales de gente que vive eternamente. En medio del desenlace apareció la palabra de un objeto precioso y perdido: un yunque. La palabra era levemente distinta (“paperweight”) pero mi cabeza fue más susceptible a la imagen del yunque. Doy un rodeo: un paperweight puede ser una bola de cristal –algo bastante feo que medra en los escritorios-, pero el yunque (en estricto inglés, “anvil”) es un objeto hermosoy absolutamente perdido.

El yunque quedó como objeto decorativo en memoria de las viejas herrerías y las fraguas. Como todo parece haber mudado a acerías industriales de modelos replicables, sólo debe haber yunques y fraguas en alguna herreria artesanal.

Podría existir la antítesis, los objetos que surgen de la nada y que generan nuevos gestos a sus poseedores, a su vez susceptibles de ser repetidos por otras personas, seducidos a la vez por las maneras modernas de los dueños de estos objetos. Qué es, sino, la tendencia de los celulares tipo “clamshell” donde se pretende tener poder sobre la comunicación al concluirla con un “clap”. Hay discusión en los foros, hay fans de los clamshell de los otros. Pero los celulares son los objetos de poder de este tiempo, y cada tanto inauguran un gesto.

Pancarta para piquete: “En este blog se defienden los pisapapeles de tipo yunque, los celulares Sony Ericsson de formato tradicional, y la aparición de objetos que inauguren costumbres, sin que esto signifique afectación de sus dueños”.

Tuesday, April 08, 2008

Bioy, el personaje

La figura de Bioy Casares como escritor y personaje crece con los años y se impone por lejos al resto en esa categoría exquisita de “escritor casi sin quererlo, en los ratos libres”. Preguntémonos si hay en estos días un personaje tan ecléctico, y la respuesta es no. Bioy era un bon vivant y un excelente deportista. Se me dirá que siempre tuvo el beneficio de una familia acomodada; tal vez sí, pero hoy en la clase alta argentina medran los personajes fashion y ajenos al talento. Pues si hace un siglo la intelligenzia porteña miraba mesmerizada el ejemplo de Europa, hoy las nuevas elites alumbradas al calor del rugby, la figuración y la Play Station sólo garantizan cierta tosquedad intelectual.

Bioy fue distinto y supo aprovechar las ventajas de su condición. Además fue bendecido en otro sentido. Nunca tuvo la presión odiosa de la página en blanco pues su propia vida le proveía de escenas y de personajes. Los personajes de un cuento ejemplo como Nóumeno, que combina lo fantástico con los diálogos costumbristas, están en su círculo íntimo. Lo mismo con cada uno de los ejemplos de Historias Prodigiosas o Historias Desaforadas, pero dejo las recomendaciones para la abundante referencia en Internet. Es igualmente interesante advertir que las referencias sobre la obra rivalizan en cantidad con las anécdotas sobre el autor.

Prefiero rescatar al personaje. Regidos por la información, en esta década somos todos espectadores. Nuestra definición social de “hacer algo” en el tiempo libre es ir al cine o mirar "Fútbol de Primera". En el trabajo la mitad de la tarea es enviar mails. Si hace quinientos años había conflicto, había que sacar la espada: hoy nuestra migaja de violencia es asistir crispados sobre el monitor a un mail enojoso. En ese contexto es que sobresale aún más la figura del Bioy-hacedor: campeón de tenis, sobresaliente en otros deportes, aficionado a los círculos intelctuales más reservados, y –last but not least- mujeriego incansable. Un día más o menos interesante en la vida de Bioy Casares comenzaba con deporte, seguía con un romance y terminaba en una cena con Borges. Subyace la implicación de que para escribir bien se necesita una vida plena: en ese caso el porvenir de la literatura es francamente negro.

Monday, March 31, 2008

Lost in Trebuchet

Hay momentos en que mi mayor preocupación se refiere a que las planillas y documentos en l0s que estoy trabajando lleven el font Trebuchet. Claro, esta es mi cruzada absurda de Abril: convencer al resto acerca de la necesidad de este cambio de formatos, aunque esto deba avasallar ciertos bastiones corporativos.

Puede ser que cuando el contenido falla atravesemos una pasión repentina acerca de los formatos, y nos embarquemos en ciertas obsesiones estúpidas para preservar a nuestro yo de reales preocupaciones. Puede ser. Pero veamos: la misma palabra "caracter" se refiere tanto al tipo de letra como a la personalidad. Y más: la grafología establece idas y vueltas entre lo que ocurre en nuestra cabeza - nuestra necesidad de que nos entiendan, o no- y la escritura. Y no tanto, porque ahora manda el monitor y no tanto nuestra bonita letra. Y Trebuchet fue catalogado como uno de los diez fonts seguros de la web... porque tiene buena definición en cualquier browser de cualquier PC o Mac.

Todo se complica más si se considera que se llamaba trebuchet a un tipo de catapulta originada en Bizancio y adoptada más tarde por los franceses; y aún más cuando se descubre que el tipo de letra diseñado por Vincent Connare en 1996 responde a una jodita escuchada en los cuarteles de la Microsoft Corporation . La pregunta fue "can you make a trebuchet that could launch a person from main campus to the new consumer campus about a mile away? Mathematically is it possible and how?".

No quiero catapultarme. No aún. Pero cada vez Trebuchet me gusta más.

Friday, March 21, 2008

Cajas chinas

Hay ciertas regiones de mis hijos que me están vedadas, a las que nunca llegaré. Hay otras -como el juego o la lectura- donde aún soy bienvenido. Enumero: construir espirales con autos, o entregarles mis Matchbox, jugar al whist o al TEG, hacer las diez preguntas de La Nación, armar duplas de voley mientras mi espalda resista, son buenos ejemplos de esa frontera que existe entre pasarla bien con los hijos y ser Ned Flanders. El mejor indicador es la risa genuina.

Pero. Cuando mi entrada no está permitida, en cambio, detecto un común denominador. Lo que me enoja de ellos es reconocer precisamente mis defectos transplantados de generación en generación. Me enoja ver mis propias limitaciones en ellos, e intuyo lo que habrán de sufrir. Me sorprendo dándoles consejos de mis viejos, e intuyo cierta responsabilidad de las generaciones pasadas, como si el material genético no hubiese variado un ápice, distribuyendo cuotas partes de bipolaridad e intolerancia a lo largo de eones.

Y así estamos inmersos en las cajas chinas del material genético, que termina venciendo por goleada a todos los intentos de sociabilización. Los veo, me veo a mí y recuerdo a mis padres, todo en el mismo momento. Los cuarenta años tienen eso, la equidistancia. Y así somos tan modernos y tan medievales a la vez, a medias entre los portazos y los msg, unos necesitando correr treinta kilómetros para estar bien, y otros encerrándose en su cuarto.

Friday, March 14, 2008

El espejo y los gestos

En el fondo del reloj aguarda la muerte, decía Cortazar. Y en el fondo del vestuario del Club está el espejo rajado, que me hace pensar en el paso del tiempo. Porque tengo mi locker allí hace años, porque allí aprecio como va cambiando un grupo estable de gente a lo largo de los años, o por cuestiones de vana pertenencia.

Hay una idea muy buena de Kundera: ciertos gestos que se van perdiendo con los años. El gesto de proteger la llama de la vela del viento, algunas clases de saludos, o algo tan personal como mi gesto de acomodarme los anteojos –sin sentido al dejar los lentes tras la operación de la vista-. Qué hacen los que se mesaban los cabellos cuando se quedan calvos?

Sumo miembro a miembro ambos párrafos. Hace treinta años los hombres no se estrechaban la mano. Pasó el tiempo, y ahora el beso masculino es la norma, en todos lados -aún en ambiente de empresa, para escándalo de nuestros HLA-. Creo que el péndulo está empezando a ir para el otro lado. Esta semana vi a grupos de chico en rugby y en natación estrechándose la mano, con la misma pretendida seriedad que nosotros en los setenta. Y hoy, junto al espejo de la foto, vi una escena similar entre chicos de catorce. Los besos entre hombres son otro gesto que se está perdiendo, que se está yendo al otro lado del espejo.

Monday, March 10, 2008

Otoño

El sol ilumina la pileta olímpica de Newbery. El observador a lo Rock Taylor en la máquina del tiempo vería algunos cambios notorios cada seis meses: de Abril a Noviembre hay un gran techo inflable –los más entusiastas lo llaman Globo- que cubre con éxito los 50 metros y los seis andariveles. En los días de semana, salvo que entrene el Equipo, casi no hay gente. En la película rápida Rock apreciaría que el apogeo del club ya pasó y sólo quedan años de decadencia.

Durante los meses fríos hay un sistema complejo de calefacción que permite nadar con algo más de cero grados y contemplar desde el agua algo del mundo exterior. Imaginemos Palermo diez mil años antes de Cristo, con estalactitas, estalagmitas y algún mamuth rondando el Rosedal: eso es lo que se siente. Pero los viejos del Club son animales de sangre fría que se sobreponen, y dada la existencia del carnet de vitalicio, medran en el lugar. Se mueven con slips raídos como augustos camalotes por los andariveles del centro, supuestamente destinados para nadadores rápidos. Quedan inaugurados nuevos estilos de espalda con braceo doble –golpeando eventuales nadadores incautos, a ambos lados, que detienen su nado para contemplar el camalote agresor-. Desde fuera, los jóvenes miran con extrañeza el espectáculo. Esto, desde la galería que da a Paleta, munidos de convenientes cafés cortados.

En el resto del año los viejos subsisten, sí, hasta que mueren; pero si el andarivel está más o menos vacío queda el consuelo siguiente: nadar sin el Globo en atardeceres cálidos, la brisa rozando la cadencia del brazo que hiende las aguas, la mirada fija a través de las antiparras que busca el contorno rojo del disco que cae en el Oeste. Todo esto disuelve las penas. Y se sabe, el Otoño comienza cuando el sol golpea el andarivel Uno al mediodía y la pileta ya está casi en sombras, aguardando su destino. Entonces algo enciende el Otoño, y se queman las hojas esperando la Pascua, y afuera sigue el mundo, ya sin mamuths pero con estúpidos mails y stress.