Friday, December 10, 2010

Liderazgo pincha y crème brûlée


Un día antes del último partido del campeonato, habíamos pactado el encuentro con el Payaso Lugüercio, en la mítica "Aguada" del centro de La Plata. Los tres temas se habían entretejido en la conversación: la canción grabada a beneficio por el equipo de Estudiantes, la guerra entre vecinos de Soldati, y algo más esencial: por qué es que cada quien es hincha de cada equipo.

"Vos no elegís; Estudiantes te elige a vos" espetó el Payaso, docto y monacal pese a estar vestido aún con el jogging de entrenamiento. A sabiendas de que lo iba a aburrir, le conté por enésima vez cómo fue que me hice hincha de Estudiantes: tenía cinco años, y estaba hablando de fútbol con mi vieja mientras ella barría el living; eso fue todo. Por debajo de las palabras estaba el anhelo estúpido de empatizar con el antropólogo-futbolista; él movía las miguitas contra el mantel, y yo continuaba mi argumentación. El punto es que siempre había estado en minoría: el único hincha, en Primaria, en el Secundario, y en la Universidad, cuando en general todos eran -o son- de Boca o de River. "Creo que eso, de algún modo, me formó", dije con pretendida contundencia. El Payaso, como concediéndome el punto, tomó el pingüino para servirse algo más del tinto de la casa.

Pedimos los postres. Lugüercio clavó la vista en un banderín rojiblanco que había en el fondo del salón, y -aunque nadie hablaba- asentía levemente. "Los chicos de ahora se cambian fácil de equipo. Ayer vi uno de Independiente, el primero en diez años. Pero si sos del Pincha no cambiás". En la televisión TN pasaba los incidentes en el sur de la ciudad, como si se tratara de una ventana a otro planeta. La gendarmería separaba grupos de vecinos. La mayoría tenía camisetas de River, Boca, o San Lorenzo. "Igual, lo que vos decís no tiene mucho que ver: Sábato era de Estudiantes, sin ningún motivo.

Cambié de tema, y le pregunte qué pensaba de lo de Soldati. El Payaso te mira fijo cuando lo corrés con un tema político, pero con los cafés se dejó llevar. Hablamos de modelos de país, de la defensa de lo nacional, de repensar ciertas barreras a la inmigración. Mientras se escuchaban las detonaciones en el televisor, me explicó por qué habían caído en desgracia los clubes "grandes". Según él, el sentirse superiores los condena al fracaso, y la única excepción a esto parece ser el Barcelona, cuyo verdadero motor no son ni Xavi ni Iniesta, sino la "necesidad de resaltar la superioridad catalana", y dicho lo cual le pidió al mozo una crème brûlée, por supuesto inexistente en ese bar. Luego hablamos de la entrega de San Lorenzo en los ochenta, de cómo vendió el estadio a Carrefour, y terminó mudándose a una zona de villas bolivianas. Y mientras tanto -resalté yo-, el equpo campeón de Estudiantes había tenido tiempo para grabar una canción y recaudar fondos para hospitales. Le aseguré que lo mío no era xenofobia, sino que me negaba a darle nada gratis a la gente. "Este equipo debería ser un ejemplo, porque es solidario, trabaja, y todo le cuesta. Nada le llega gratis".

Lugüercio jamás te dice que tenés razón. Pero aún tenía una sorpresa. "Lo que sí, no creo para nada en eso de la Mística Copera" tiró el Payaso. "Creo en el laburo cada día, creo en futbolistas hijos de otros que se pasan los genes (Verón, Galleti, Romeo, etc), y en no hablar demasiado con la prensa. Creo en los técnicos casi mudos. Por eso nunca me gustó el Cholo Simeone, tenía un perfil muy alto". Un mozo que pasaba oyó el comentario, e hizo el gestito del DT corriendo dando saltitos ante cada gol. Nos reímos un poco, y el Payaso volvió a hundirse en los abismos de las miguitas de pan.

Al final, brindamos por partido que se venía, y se fue. Nunca le llegué a preguntar qué estaba haciendo él ahora, jugando en Racing. Tampoco hicimos pronósticos sobre quién sería el campeón al día siguiente. Pero en la lista de postres figuraba crème brûlée, algo borroneado.

Friday, December 03, 2010

Peligrosa certidumbre

Nabokov tiene razón, todo es bostezo y olvido. Julian Barnes, más acá, también la tiene cuando acuña que la vida es una maldita cosa detrás de la otra. Y cuando las citas son abrumadoramente reales, uno ni siquiera usa comillas. En cambio, parapetado contra el fin de año, yo sigo acumulando evidencia en contra de toda esta gente brillante y segura de sí misma, nítida, casi en relieve contra el claroscuro de la vida.

Hubo viajes, de distinto signo. Hubo otro DF, otra Caracas, y una Cartagena decadente, unidas por un calor envolvente de 35C; pero también un París para compensar, y un Madrid para promediar, ambos gélidos. En todos estos lugares, la gente estaba segura de sus opiniones, y yo los miraba desde la antesala de mí mismo, como haciendo con mi alma ese gesto itálico del montoncito. Pero hubo una excepción contra tanta certidumbre.

En un rincón de Paris, frente a Notre-Dame está la Shakespeare & Co, una librería donde se refugiaba Hemingway y donde se encontraban los libros prohibidos en los años 30. Allí, como en otros sitios parisinos, lo único cierto es la belleza serena de los anaqueles repletos de libros; no hay pregones, no hay frases rimbombantes, ni necesidad de establecer superioridad moral, de negocios, frente al otro. De allí rescaté un buen Galactic Pot-Healer, de Philip Dick, otro que no se la creyó mucho, donde se reescribe la fábula del pequeño y humilde que resulta ser grande. Otro Keyser Soze, otro Mulo. Los antecedentes en distintas ramas del arte son demasiados.

Lo que quiero decir es que uno ya es grande para jugar al nihilista, y que debe aceptar que el resto del mundo espera pequeñas certidumbres de uno, y que tal vez -como en la novela de Dick- lo que uno hace en diversos ámbitos es más importante de lo que parece. Aunque bien pueda ser que deba reescribir esta basura, y me arroje de lleno en la procastinación y en la fascinación por mi propia inseguridad.

Tuesday, October 05, 2010

Yanificación y después

Hay tres ámbitos que se entremezclan estos días, como esas esferas diabólicas de la mala película de Sci-Fi “Event Horizon”. La primera esfera se refiere a la interacción cotidiana con la gente. Me interesan los cambios en el lenguaje cotidiano, y anoto conmovido esta lista de ítems, sin orden particular: las afirmaciones se reemplazaron por “dale”, la vacilación por “ponele”, la adjetivación en exceso se combina con sujeto tácito y todas las frases adquieren doble sentido - “este año le entro a cuanta (carrera) chica se me cruce”-. Me interesa algo menos el uso distorsivo de posesivos, que revierte la carga de la acción (“me viste esa película?”) y la forma en que las mujeres de treinta vocalizan como perras en celo, o se operan como si la mueca del alma debiera reflejarse en el rostro. Me desespera, finalmente, el estilo desganado de los casi varones en Chacalermo, que arrastran las palabras y carraspean, y dicen “m´tendés?”, se compran zapatillas cool con deditos, y dejan flotando en el aire su duda perpetua de uf, dejar a mamá y emanciparse a los uf, treinta y siete.

En una segunda esfera, más allá de los diálogos y del país Fort hay un país Yan donde la gente se entierra cada semana en una ciénaga distinta, para paranoiquear acerca del caso particular y no discutir el caso general. A la hora de pensar y debatir en cada edificio se libran batallas menores pero importantes: Vecina 1 habla de “su seguridad” y de que “en su lista de prioridades no entran las ratas”, pero huye de los problemas reales del consorcio. Vecina 2 es falsamente artista, y nos sacude a toda hora con ritmos étnicos impropios, en nombre de un arte que espero no esté subvencionado por un gobierno claudicante. Vecino 3 es reciente esposo y todas las noches pac, pac, pac aplasta milanesas y mira fijo el ténder mientras su esposa mira la tele (“mirá, de nuevo Romina Yan”) pero él pac, pac, pac deja finitas las milanesas y nadie le avisó que se puede pedir en el comercio un corte más fino. En fin, la excesiva yanificación del país se debe a “la extensión del ámbito privado en los medios masivos”. Y me acabo de citar a mí mismo, autoproclamando mi autoridad en la materia, con la fuerza de quien achata milanesas para lograr el coito mensual. El fenómeno parece potenciarse cuando el acontecimiento pertenece a algo que hemos visto desde pequeños, y que esto “nos sumerge en un plural de amistosa concordancia”, y lo hice de nuevo, me cité por segunda vez. Y cuando estoy por hablar sobre la tercera esfera, anoto mentalmente que quiero evitar esa mirada despectiva que esgrimen los pasajeros de Business cuando ingresa al avión la masa que va a Economy. Realmente, no hallo el punto medio: temo que el país Yanifique (así solito, sin partículas reflexivas) ante la muerte inesperada de un integrante del elenco de Montaña Rusa, por caso.

La tercera esfera es la meritoria, es la de un país que vive solo en mi imaginación donde mi cruzada absurda permanente es hallar el sentido (Pamuk otra vez?) de acontecimientos crudamente desvinculados. Imagino al Payaso Lugüercio frustrado por el fútbol y las marathones y yendo a jugar a un equpo de nombre rimbombante, como Tanque Sisley de Uruguay, e imaginar al Payaso desvelado por la etimología del nombre de su equipo. O tal vez sea la máquina de Coca Cola, tan argentina en su operación, tan permeable al segundo intento de pago a pesar del letrero “sin cambio”, y los vestigios del accionar de un programador local que planeó el detalle, tal vez olvidando un módulo de voz que dijera “está bien” ante la persistencia del cliente.

O quizás cuando escucho el “Love me tender” de Elvis Presley en la musiquita de los contestadores telefónicos, sentir que eso es un Evento Lindante con la Mayor Boludez Posible (ELMBP), por esas varias notas levemente iguales que se traducen en un “píiiiiiiiiiiiiiii” insoportable. Ese debería ser el himno de mi país, uno que tuviera muchos Tanques Sisley de etimología improbable, que aboliera de sus símbolos, confesara su inutilidad, y le comunicara a sus ciudadanos que “no habrá más Rominas Yan, no habrá más vecinos, háganse cargo de Uds mismos, que nosotros nos vamos a alguna isla del Mar Jónico”.

Tuesday, September 14, 2010

Lugüercio desencadenado

Apocado por la prensa y por el declive racinguista en la tabla de promedios, mi amigo el Payaso Lugüercio se propuso incursionar en el atletismo mientras alternaba sus esporádicos partidos en primera división. Fue una pasión otoñal, como la son todas. Por unos años su vida tuvo sentido al amparo de un Excel dictatorial, que le ordenaba kilómetros y ritmos. El Payaso obedecía y entrenaba, acatando con mansedumbre el rigor del entrenamiento. Creía en este Excel más que en sus directores técnicos; creía, en fin, que mejoraría con los años.

Pasó
minuciosamente por cada decepción posible en la vida del corredor. Pronto descubrió su falta de velocidad en los eventos de pista: con una convicción insana se dijo que lo suyo era lo opuesto, la resistencia, y se volcó a la distancia madre de 42 km. Fue más allá, averiguó sobre ultramaratones. Se anotó en el Espartatlón de 240km para abandonar meses antes. Se cocinó lentamente en el infierno de los atletas sobreentrenados, y comenzó a inventar distancias intermedias donde no tuviera registros a mejorar. Se confesó ante sus amistades: “soy recordman en los 12,5 km”. En fin, enchapiteció.

Lo que lo convertía en ejemplo de sus compañeros de Racing –y en motivo de escarnio por parte de sus amigos de Estudiantes- lo limitó aún más como jugador, si tal cosa era posible. Hizo con las críticas lo que sugeria Nabokov con sus libros: bostezar y olvidar. Cuando entraba en los segundos tiempos chocaba contra rivales y se cansaba rápido en los piques cortos, que corría a anotar prolijamente a su Excel como “pasadas de 50 metros con recuperación variable”. Fue separado del plantel y ofrecido en préstamo sin cargo a un oscuro club de Oruro, Bolivia. Le dijo a sus íntimos que “había aceptado este préstamo para poder entrenar en la altura”.


Algunos libros de texto de Fisiología del Deporte rescatan la curva del declive atlético que acompaña esta nota. Lacónicamente, tiempos obtenidos en eje Y, años en el eje X. Rápido apogeo, lenta declinación y feroz desencanto: todo en el Payaso es metáfora del decaimiento atlético del ser humano, y de la desangelada epopeya racinguista. Toda nuestra vida es, finalmente, bostezo y olvido.

Saturday, September 04, 2010

La madama literaria

Qué era lo que decía Julian Barnes? Que la vida era una maldita cosa detrás de la otra? Algo de eso le escuché decir en su charla hace dos años en el Malba. Hoy por caso fui a ver una charla de escritores, en el marco del Filba, y me encontré conjeturando acerca del violento final de la madama de pelo bordó que regentea el bar (librería?) "Clásica y Moderna".

(La mujer se mueve, inquieta. No le cierra el negocio. Esta gente amante de libros no va a consumir más que café. Se dice, amargamente, para qué cerró con Filba a tan bajo precio... y encima a esta hora juega Boca, y me cayeron las amigas. Y, les tengo que hablar, total estos escritores qué saben... pero las acomodo en las mesas de adelante y quedo como una reina.)

Ella se acomodará la melena, mientras departe con las chicas a viva voz. Pero seguían en lo suyo Olguín, Cross y Piñeiro, la de los countries. Porque la vida es un maldito country después de otro. Cross estuvo bien: por cinco minutos habló de ghost writers a lo largo de la historia. Un escritor que se olvida de sí mismo por un instante: una novedad. Yo no podría, sé que tengo pasta de escritor.

Apenas por sobre el volumen de la madama (por qué me sushea ese tipo?), en el estrado se seguía hablando sobre libros por encargo, como la prostitución, como el crimen. La analogía es feliz: podría matar a la madama, podría convertirme en la eterna promesa incumplida que se pudre en la cárcel, y encargarle a Olguín que escribiera el libro. El guión es fácil: él tipo no sabía qué era: si físico, si corría marathones, o si debía hacer marketing o negocios. Hasta quiso escribir, mirá. Tenía pasta. Pero no puede, porque terminó en la cárcel, porque la madama hablaba mucho, y porque la vida es una maldita cosa detrás de la otra.

Monday, August 23, 2010

Flandes espera

En la quietud de las aguas y en la piedra de sus calles centenarias, Flandes espera. Se agita inquieto en ese gran patio trasero entre Francia, Alemania e Inglaterra; sopesa tensiones que mudan a través de siglos. Produce milagros como Brujas, aunque el marketing de los canales se lo lleve Venecia; y el de los polders, los holandeses. Soporta batallas mundiales en el Somme, alberga tumbas de cientos de miles de soldados en sus playas, inaugura armas químicas en Ypres, y recuerda a sus vecinos derrotas inesperadas, como en Waterloo.

Soy testigo ocasional. En vez de quedarme en el laboratorio de Hasselt, me pasean en un Porsche Carrera por la llovizna en la noche de un extremo a otro: Antwerp, Gent, y finalmente Brujas. El conductor -el gurú techie que me debe explicar la vida- me habla de Carlos V y de la inquisición, de los pintores flamencos y la cámara obscura, y de por qué la Wallonia francesa es una carga indeseada. "They don´t work at all", me dice, y salta en la butaca cada vez que suena en los woofers ese nuevo berrido tech de "Panamericano". Bélgica es un sueño de muelles y resortes, una necesidad, una gema pequeña y molesta incrustada entre las coronas de Europa.

Llegamos a Brujas y tengo tiempo de salir a correr a través de un bosque y su bruma matinal, y de toparme con el Kastel van Tillegem, sin un testigo, sin una presencia. Ante mi pregunta, la gente del hotel preguntará "which castle?", extrañada, y mi contraparte belga los denostará: son todos inmigrantes incultos. Le cuento al belga la historia de "The night watch", la venerable canción flamenca de King Crimson inspirada en la pintura de Rembrandt, y la desconoce, pero me retrueca con el paso de Einstein por Ostende y Solvay, y con anécdotas desdeñosas sobre Carlos V. "He wouldn´t speak Spanish at all", mientras ahora casi todos los turistas son españoles, a pesar de la Crisis.

"So many years we suffered here
Our country racked with Spanish wars
Now comes a chance to find ourselves
And quiet reigns behind our doors
We think about posterity again".

Luego hay reuniones, hay un Excel que se agita, y hay cervezas en algún orden secreto, mientras el Porsche rueda por los adoquines y sigue sonando "Panamericano". La gente desaparece en el atardecer, aterrados por la posiblidad de quedarse sin cena. Casi parece escucharse el solo de guitarra de Fripp al final de la canción, resonando frente al Belfort. Los mercados de piedra, los puentes y las iglesias emergen de ese témpano de niebla que es el tiempo. Flandes, de algún modo, espera.

"And so the pride of little men
The burghers good and true
Still living through the painter's hand
Request you all to understand."

Wednesday, August 18, 2010

Kasteel van Tillegem


Y qué pasa si uno sale a correr por un bosque al sur de Brujas, espera completar 10K decentes por alguna carretera, encuentra un bosque con perfectos senderos y eucaliptos, y en medio de la niebla matinal, uno se encuentra con este castillo?

Tuesday, August 17, 2010

High Tech en Hasselt


Jamás puedo dormir en los aviones, no importa lo que haga. Esta vez no fue la excepción. La parada de cuatro horas en Barajas significó la vuelta a un primer mundo de señalética, gestos y costumbres distintas; pero la llegada a un destino imprevisto fue mucho más interesante.

Hasselt es un lugar de tecnología inusual en pleno Flandes. La gente habla flamenco tal como en Barcelona o en Quebec la resistencia pasa por el idioma. Bélgica es una país-buffer que separa Holanda de Francia y de Alemania, aunque más de un siglo después nadie se sienta belga, y en cambio se digan flamencos. La gente se queja del clima y de la lluvia, pero a los costados de la carretera los campos se ven de un verde eterno y cultivado.

Desde lo alto de un Radisson new-tech se advierte el techo de la catedral y un fervor religioso que hace demasiado fácil el chiste de Flanders y Flandes. En los alrededores florecen las industrias de IT y del Contenido. A cien kilómetros, en el Somme, todavía se encuentran ecos de ambas guerras. Bélgica siempre fue el patio de atrás donde se pelean los chicos. Tal vez pensando en esto, en guerras e identidades, la gente bebe cervezas con 10% de alcohol. Mientras me entrego al ritual, vislumbrando Argentinas fragmentadas, sin lugar para belleza ni para tecnología. Más allá del cristal sigue lloviendo.

Tuesday, July 20, 2010

Eterna cadencia de la ciencia ficción

Tomo todas las actividades relacionados con la lectura como mi perfecta cruzada absurda. Cada uno de estos eventos que acechan, torcidos, en los bordes de la agenda -casi demorados en horas cansinas o en lugares raros- hubieran sido tachados de "poco profesionales" por cualquier mentor de los Recursos Humanos, esos de los que supe desprenderme. Ese saboteo minucioso donde la maldita Blackberry es arrojada al foso del bolsillo, es la perfecta evasión.

Esta vez se trató de un debate sobre Ciencia y Literatura, en Eterna Cadencia, guiado por Diego Golombek y Martín Hadis, en la intimidad de un living con luna incluida a través del techo vidriado. Había no más de diez personas, si debo incluir a tres minitas que supieron llegar tarde. Enumero los temas: Oliver Sacks y su mujer-sombrero, Borges y la falsa verosimilitud, la memoria de Funes, las naves de los Ramanes de Clark, la ficción más infantil de Volpi y Ebly, los nexos entre ficción y ciencia, los papers bien escritos, la absurda necesidad de seres antropomorfos en Sci-Fi, y la base científica de los Memento y de los momentos de epifanía.

Me quedé pensando en mi necesidad del hilo conductor. Tal vez eso, mi búsqueda de significado (a lo Pamuk, a lo Saer) pudiera servir para resumir. Cuando estudiaba Física trataba de entender sin fricción, casi deseando que la Ciencia fuera fácil -y no se puede-. Suponía que entender todo en un parpadeo era una especie de magia que nos estaba vedada, y que debía existir un significado preciso. Ahora, cuando leo o escribo, veo que cada cual infiere lo que puede o lo que quiere. Y si tuviera que proponer un ejercicio de Sci-Fi, lo haría muy de entrecasa, agregando una chispa alineal a una situación banal en Burzaco. Mientras escribo me desanima un poco darme cuenta que esto lo hizo Bioy Casares, entre mujeres y partidos de tenis, casi a desgano.

Volví a casa y miré el estante donde se amontona el Nacional B de la sci-fi: los Le Guin, los Bester, los Farmer, los Dick tempraneros, los Gene Wolfe más recientes. En medio estante de arriba gobierna el triunvirato Clark, Asimov y Bradbury, junto a un pelotón intermedio e indisciplinado. Me pregunto si ellos habrán sentido esa necesidad de escaparse a los barrancos de la ficción, no necesariamente con marcianitos ululantes, y qué habrán hecho con su propia necesidad de sentido.

Thursday, July 15, 2010

Ventajas y desventajas de ir al teatro


Luego del agotador "Don Giovanni" de anteanoche -tres horas quince de las que aún no me repongo- van madurando sensaciones. Me encanta haber vuelto a visitar el Teatro Colón, que de alguna manera es jugar a ser turista en la propia ciudad. Pero no disfruté la obra, y mientras se iban turnando calambres en los pies -por la estrechez del recinto- y contracturas varias en nuca y espalda, me hundí en mí mismo para contemplar alrededor a algunos personajes cercanos, perfectamente dignos de estar en el escenario.

Detrás de nuestros asientos, una fila de hombres parados. En el piso inmediato superior, se repetía la fila, pero de mujeres. Un código preconciliar rige este orden para evitar tocamientos innecesarios, me contó la acomodadora luego. Durante el entreacto escapé escaleras abajo para estirar las piernas. La calle Tucumán estaba desierta y absolutamente fría, bajo la luz de la luna. Mirando hacia el palacio de Tribunales iluminado, la sensación era la de estar en el primer mundo, idea que fue rápidamente mitigada por la huída en tropel de un grupo de franceses, puteando en diversas lenguas. Al subir para el segundo acto me demoré en los cafés de los pisos sucesivos; al contrario que el descenso a los infiernos del Dante, a medida que subía iban desapareciendo los "tuxedos", y aparecía gente interesante -si vale el adjetivo-. Peldaño tras peldaño, el buen observador hubiera recolectado una buena síntesis de la sociedad argentina, desde una oligarquía inexpresiva hasta una inteligentzia kitsch, algo pendiente de la mirada ajena.

Vuelvo con mi recuerdo al escenario. Serán las actitudes previsibles de los actores, esa gestualidad evidente transportada del siglo XVII? Será la reiteración de frases musicales, esos diálogos a-lo-Pimpinela? O habrá sido la incomodidad de la butaca? Todo esto fue nivelado por el aria "Dalla sua pace" (final del primer acto) y por la increíble nota de Hugo Becaccece acerca de Lorenzo da Ponte, el escritor de Don Giovanni, que le termina dando sentido a este descenso a los avernos opertísticos. Querido lector, abandona este blog y concluye a tu vez tu aventura, yendo directamente a la lectura de esta nota.

Wednesday, July 07, 2010

El lento reflujo post mundialista

La luz pálida e invernal tras la lluvia se acompasa con el viento en despejar las calles y augura que los próximos días serán espectrales. Desde el bar veo unos viejos con pasos tambaleantes, que llevan maletines augustos, como portando sus últimos enseres hasta un destino muy próximo y definido: sólo unas cuadras, sólo unos meses. A mi alrededor, la actividad lentamente renace, sólo que en la peor estación posible.

El equipo queda afuera del mundial, y aún los que no estamos en esto, no quedamos inmunes. Nos han despojado de algo más que la pretensión al título: nos han quitado la excusa perfecta para nuestra inmovilidad. Como medusas aspiradas por un caudal de agua impensado, nos conducen al agite indeseado de un mar exterior. De un tirón navegamos hacia nuestro destino. Ya no nos estará dado el sereno milagro de la procastinación.

Enviamos mails, pedimos café, tenemos reuniones. Pero todo es artificial. No somos nosotros los que nos movemos, es el fluído que nos rodea. Si no significara un esfuezo, haría público que todas las teorías sobre el éter son, de algún modo, ciertas. Y al pulsar la tecla que enviará este post hacia ese otro fluído que es el de la Web, no será mi índice el actor, ni mi voluntad el autor detrás del cortinado. Será un mero tentáculo que se agita al amparo del vacío mundialista el que provoque esto, y luego el vacío, y la calle invernal, y la contemplación de los viejos.

Saturday, June 12, 2010

Sudáfrica 2010, Cordwainer Smith y Pedro Mairal

Los mundiales de fútbol son buenos clavadores de recuerdos. Pueden parecer escapismos, generadores de chauvinismo, o disparadores de consumo de LCDs. Pero sirven para atornillar sistemáticamente recuerdos aislados, ráfagas nostalgiosas de situaciones amontonadas de a cuatro años. Nadie podrá criticarlos en ese sentido, o al menos no más que a las píldoras de la memoria. Pero la vida sigue.

Probablemente yo recuerde este Mundial de Sudáfrica no tanto por mis diálogos con el Payaso Lugüercio -un defensor a ultranza de Verón- ni por mi animosidad contra la Religión Maradoniana, más defensora del talento que del esfuerzo. Más bien lo recordaré por mis lecturas entremezcladas de Cordwainer Smith y Pedro Mairal, quienes sólo se parecen en lo buenos que son sus libros.

En un rincón Smith, con un sci-fi berreta pero efectivo de los sesenta, hablando del espacio como el Arriba-Afuera, humanos que deciden ser máquinas para combatir el Dolor del Espacio, y un futuro remoto donde la Instrumentalidad controla todo. En el otro el increíble "Salvatierra" de Mairal, con sus paisajes oníricos y ribereños, la lectura que hace el hijo del padre a través de los años, descubriendo una pintura kilométrica, y el lento abandono en que trasncurre la obra. Cordwainer es positivista, imaginativo, cree en el futuro y hasta esboza medio siglo antes los SMS con que los Observadores escriben en sus pizarras: "Pr fvr qrd" se intuye como "por favor querida". Mairal en cambio fluye como su río hacia el pasado, se regodea en el abandono y la desidida del paisaje provinciano argentino, y esquiva los diálogos en el personaje principal, mudo, que apenas logra comunicarse a través de los trazos de su pintura.

Dice Cordwainer Smith: "Los ojos grises y compasivos miraban a Helen, y era él ahora y no ella quien dominaba la situación. Helen miró los ojos. Aquellos ojos habían estado abiertos cuarenta años en la oscuridad casi completa de la menuda cabina. Los débiles tableros habían llegado a brillar tanto como soles llameantes, lastimándole las cansadas retinas antes que él hubiera podido apartar los ojos (...) De vez en cuando él había mirado el vacío negro, y había visto allí las imágenes de los tableros, negro claro contra negro oscuro, mientras los kilómetros de velas absorbían el impulso de la luz y aceleraban la nave en un océano de insondable silencio".

Y responde Mairal: “Después Salvatierra empezó a pintar a mi hermana de un modo menos doloroso: ahogada, como dormida, purificada por el río, una Ofelia de aguas cálidas y turbias. Salvatierra había querido pintar la fuerza del río en su tela, y el río le había pedido a cambio a su hija de doce años. El río se la llevaba despacio pero implacable, sin que él pudiera detenerlo. Y así la pintó: Estela ahogada en el remanso de los sauces; Estela entre los peces monstruosos, su pelo enredado entre los juncos de la orilla, su vestido pesado, los párpados en la corriente calma; Estela apenas visible bajo la superficie, entre las nubes del reflejo del agua”.

En fin, somos espectadores. A menudo procastinamos, demoramos a sabiendas, evitamos decidir y nos refugiamos en partido de fútbol o en un libro, a veces suponiendo con vanidad que éste es mejor que aquél. Yo comparto este engaño, pero prefiero ir más allá, y tengo una visión. Imagino una secta de barrabravas cultos que ingresan al Ellis Park al grito de "Vean el Mundial / y lean a Mairal", ganando el acceso -sin entradas, claro-, buscando hooligans a su paso, y desagarrando copias de "El juego de la rata y del dragón", de Smith, con un estúpido nacionalismo, en medio del ulular de las vuvuzelas.

Tuesday, May 25, 2010

Mails, bicentenario y azar


Buceo en las profunidades del inbox de mi cuenta en Yahoo! a poco de volver de los festejos por el Bicentenario argentino, sobre los que me siento bastante ajeno. No puedo switchear a GMail del mismo modo en que me cuestan otros cambios, pero la nueva versión del viejo correo me permite scrollear rápido por años buenos y malos.

Ayer por la noche caminaba con mi familia por veredas rotas y mugrientas, pensando en cuánto dinero se había gastado por celebrar una imagen caleidoscópica -al cabo, qué es la Argentina- y buscaba el camino de retorno hacia un auto sitiado por hordas. La misma heterogeneidad provenía de los correos de hace añares. Pero reencontré un maravilloso hotelito en Preuzler Berg, tips para correr en Praga, una amiga hoy divorciada pontificando a su marido de entonces, los preparativos para una conferencia, y la vez que le preguntaba a Paula cómo era eso de tener un blog. Me reí al ver mails de dos chantas en un curso de complejidad, y en un amago de libro. A mi pesar, me gustó más el inbox de hace diez años que el de hoy.

Es bueno desconfiar del propio escepticismo, tanto para los eventos de la argentinidad como para juzgarse a partir de viejos mails. Ambos parten de que el pasado es lineal, reconstruible, explicable. Y finalmente, yo creo que casi todo es azar.

Thursday, May 13, 2010

Una tarde correcta

El centro médico en Colegiales es correcto, en un mundo donde ese adjetivo ya dice mucho. Al abrir al puerta dejo atrás una tarde otoñal perfecta con decorado de hojas rojizas, empedrado suave de Avenida de los Incas y cielo en composé. En cualquier momento chocaré contra la cúpula de Truman Show. Subo las escaleras.

Me voy durmiendo mientras espero que me llamen. A la vez siento una ligera incomodidad al comprobar que los cadáveres ambulanes me miran como si hubiera escapado del Jardín. La mejor medicina es no venir ni al chequeo médico, me digo, pero despierto de un sueño rápido. Me quedo mirando algo parecido a un bajorrelieve romano que trata de inspirar reverencia ante conocimientos arcanos. Es entonces cuando se abre la puerta y una médica correcta como la Clínica me llama por mi nombre.

Me derrumbo sobre el sillón y le doy tiempo para que ordene sus fichas sin hablarle. Transcurre un minuto de silencio. Pienso: si me dice "bueno, qué le anda pasando", me levanto y me voy. En todo este tiempo no se me ocurre nada revelador para decirle: quién no está cansado, quién no tiene problemas para dormir, quién no tiene stress. Miro fijamente las molduras del techo. Hay cajas de medicamentos esparcidas en la mesa, nombres de fármacos que terminan en "X", olor a enfermedad. Hace un año exacto estaba el asunto de la gripe mejicana, ahora ni eso. La doctora levanta la mirada y pregunta:

- Bueno, qué le anda pasando?

Me repliego en el sótano dieciocho de mí mismo y le digo alguna banalidad sobre cansancio, sobre el stress, sobre el dormir. Me miro a mí mismo; qué cretino, me digo. Me toma la presión: diez-cinco. Le digo, me estaba durmiendo. Me toma el pulso: cincuenta y cinco. Me adelanto, le hablo de bradicardia, es el deporte, que eso está bien. Me mira y hace una pausa. Me mira con especial atención. Me llena de papeles y prescripciones. Soy un paciente absolutamente en orden, y comienza así mi descenso al catafalco.

Afuera, la tarde es sólo un poco más luminosa, tal vez algo más fresca. La tarde es correcta.

Thursday, April 29, 2010

El falso balbuceador

El camino del infierno está lleno de falsos balbuceadores. Gente que pretende colocarse en un plano inexistente de vacilación y -como quien remonta un barrilete- hace judo moral con su interlocutor, ascendiendo al universo de los grises, pretendiendo arrimarse a una posición intermedia de la que secretamente desconfía. El falso balbuceador tremola para no tener que oponerse.

Hace poco descubrí a un amigo con ese nuevo tembleque vocal; quise detenerlo pero siguió provocando pequeños sismos en su papada. Sus ausencias ahora correlacionan con ese tremolar. Más tarde descubro que el inefable Víctor Hugo Morales, cuando quiere quedar bien con un entrevistado, usa admirablemente un prolijo balbuceo que da cuenta de la inversión de su signo político. Tal vez entregar al oponente la aparente debilidad de una mala dicción signifique tan sólo un peón, una pérdida pequeña en un ajedrez largo y muy complejo.

Mire a los ojos al falso balbuceador. Advierta si repetidamente usa el "a ver" en su alocución, o si achina los ojitos, como si le fuera imposible enfocarse o entrever al otro. Péguele, péguele repetidas veces. Habrá hecho justicia.

Sunday, April 18, 2010

Harrods

La foto publicada hoy por La Nación me hizo pensar en que la belleza no tiene color ideológico ni signo político; que merece ser preservada, pero que otras veces decide autopreservarse, haciendo casos omiso de lo que haga la gente a su alrededor.

Imaginemos esas décadas de salones en silencio. Habrá habido cuidadores, o estas sillas del salón de peluquería habrán esgrimido un escudo indescifrable -contra decretos, contra patoteros, contra especuladores inmobiliarios-.

Pienso, finalmente, que el resurgimiento de la belleza tiene que ver más con alguna mezcla de azares, o más bien con que los destructores de belleza no se hayan enterado. Tiemblo pensando en futuros piquetes.

Wednesday, April 07, 2010

S(card)dering

En lo profundo de la noche uno cree que acomodando el pasado se pueden avizorar mejores perspectivas futuras. Sin hacer ruido uno baja la escalera, abre el escritorio, y saca a relucir ese pequeño infierno rectangular de logos y nombres del pasado, que es el tarjetero.

"Carpet crawlers...", decía la canción de Génesis. Miro los logos: Terra, Patagon, Netscape... pequeñas ambiciones aquí y allá, en pugna por aparentar ser los mejores. La mitad de los cartones guarda viejas anotaciones mías: "buen tipo", "sabe mucho de tecnología", "terrible mina, sin cerebro", "conejo laboral". Las tarjetas se apretujan unas a otras en un espiral de desconsuelo, resistiéndose a perder su ligazón entre sí (por empresa, por país, por alfabeto) como si un LinkedIn perfectamente real e invisible guiara sus actos. Como si la canción continuara:

"Mild mannered supermen are held in kryptonite,
And the wise and foolish virgins giggle with their bodies glowing bright"

Pero hay figuritas que no brillan. De la mitad de las tarjetas nada recuerdo, y siento que el mandato de arrojar todo a la basura sólo es detenido por la brillantez de los logos. Todos esos fugaces momentos laborales que son casi cero, serán ahora de una nulidad absoluta.

Tras esa noche de arreglos, la propia identidad cobra vida con la luz de la mañana. De algún modo hay un backup vital que garantiza que al despertarnos seguimos, de algún modo, siendo nosotros. Dónde estarán las células, los axones, las pequeñas configuraciones cúanticas que en su spin up o spin down guardan la manera en que somos, más allá de lo laboral, bastante más allá de las tarjetas o de los logos.

Son preguntas sin respuesta. En otro universo, alguien se levanta sintiéndose extraño. Sin motivo aparente revisa su tarjetero, encuentra una vieja tarjeta mía, y la arroja justicieramente al canasto.

Tuesday, March 23, 2010

En el laberinto

Este es un periodo donde las cruzadas absurdas han tomado el poder. Enumero: pasaportes para toda la familia, normalización de cuestiones impositivas, hacer frente al colapso de CPU y modem wireless, asistir a la degradación de las paredes y del piso de la casa, contemplación en éxtasis de la duplicación del valor de la patente, y hondas sospechas sobre el valor exacto del ABL.

Entonces, idas a Rentas. Entonces, las sesiones de RPG esconden furtivos raids a la oficina AFIP de Cabildo y Lacroze. Entonces, éxodo de clientes. Entonces, gozo secreto en el llenado de planillas con font Trebuchet. Hay dos gemas en este periplo: la legalización de mi título universitario en los Ministerios de Educación y del Interior-se pronuncia de corrido y en italics- en paralelo con el absurdo pedido por parte de un empleador de que le suministre una falsa terna de interesados, entre las que debe sobresalir mi CV. Todo por duplicado, por favor.

De mis idas a Rentas (Viamonte al 900) debo una foto de empleados jugando juegos en su PC mientras atienden al público en estado de apnea. La AFIP, por su parte, ha merecido un post aparte; basta decir que uno de los círculos del averno es ser un mal pagador impositivo. Cualquier atraso significa imprimir unas 500 hojas A4 para lograr pagar individualmente conceptos de 0.01$, si es que alguna oficina o canal de pago admite tal parafernalia. El pago electrónico en esas condiciones, no existe, y se debe recalcular la deuda al día exacto de la transacción, aquella que rechazan en los Pago Fácil por ser "muy complicada". Tudo bom, tudo legal.

Tuesday, March 09, 2010

El óvalo infernal y Ernesto Sábato

Ayer estaba haciendo pasadas de 800 metros en el Óvalo Infernal de Figueroa Alcorta y Dorrego, a esa hora en que la luz oblicua proyecta un verde tipo Tommyknockers en los árboles. La concurrencia de hechos absurdos -semáforos de gran bondad que impedían el tráfico, dos jinetes jugando un polo berreta al otro lado de Alcorta, la certeza de que el género humano no existía durante mi corrida- devinieron en dos sensaciones. Una, que ese óvalo tiene más de 800 metros. La otra, que tenía ganas de escribir algo sobre Sábato.

Y por qué Sábato? Ayer, revisando mi arcón -nota al pie, una serie de "n" arcones en paralelo que jamás ordenaré- encontré una esquelita muy bondadosa que me mandó Sábato en respuesta a una ingenua carta mía, escrita a los dieciocho años, planteando si el conocimiento necesariamente genera tristeza. Adelantándome veinticinco años a Ricky Fort, lo que pretendía preguntar en la carta era para qué estudiar Física o intentar escribir si es más sana una vida pasatista. Debería escanear y postear la cartita, donde Sábato, palabras más, palabras menos, me sugería que me dejara de joder. Vamos al punto: me gustó más esa esquela que sus libros.

Sucede que era mi héroe literario de entonces yace ahora taggeado como "escritor ladri" en este blog. En un raid de subte B al centro estuve releyendo "El túnel" y lo encuentro pésimamente escrito. Lo mismo ocurre con parte de "Sobre héroes y tumbas" (a pesar de un buen comienzo, casi cortazariano, en Parque Lezama) y sobre todo con "Abaddon". Sobresale en la obra de Sábato su aflicción por el mundo, algo que no es entretenido, y que debería dejar de producir perplejidad más o menos a la edad en que recibí la Esquela Sabatiana.

Ante la duda, es bueno recordar que Borges y Bioy Casares solían ironizar acerca de los esfuerzos literarios de Sábato. Se lee en el Descanso de Caminantes de Bioy: "Un día (Sábato) me trajo el manuscrito de "El Túnel" para que se lo corrigiera (...) lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito, y según mi costumbre (...) lo corregí todas las veces que fue necesario. Cuando Sábato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolvía un librito, plagado de errores de composición, que no podía corregirse (...) y con las páginas plagadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etc. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, comenzó a deteriorarse".

Tuesday, February 23, 2010

Fútbol cuántico

Se quejaba el Payaso Lugüercio, y no me dejaba ver el partido. "Los jugadores se quejan, los presidentes se quejan, los propios árbitros se quejan". En el aparato de TV del bar los futbolistas se le iban encima al referi, como atraídos por un imán lustroso. "El error parte de suponer que en los deportes de alta fricción las faltas existen".

Estudiantes acababa de meter el segundo gol y la vida me parecía más justa. Aún así desvié mi mirada del monitor: Lugüercio empezaba a teorizar. "Es como en la física cuántica. Hay determinada probabilidad de que sucedan las cosas. No se trata de un sí o de un no, de un foul, de un penal. Puede ser que la partícula aparezca, con tal probabilidad". Y me contó el caso de la vida real. Una persona puede hacer difracción en una puerta, aparecer arriba o abajo, pues cuánticamente es posible pero el Universo aún no se tomó el tiempo necesario para que esto ocurra. Mientras revolvía su aperitivo, musitó ensimismado "diez a la treinta y cinco segundos".

"Payaso, y vos cómo aplicarías esto al fútbol?" Se iluminó. "Acumularía probabilidad de fouls en faltas sucesivas. Varios empujones en el área que son casi penales se transformarían inevitablemente en penal. Sacaría por 5 minutos al que hace cada falta, sin expulsiones. Un tiro en los palos valdría una fracción de gol. Concedería mínimos beneficios de la duda, resueltos con piques ligeramente oblicuos. Admitiría ganadores morales"

Notó que estaba exagerando, y se concedió una pausa. Me gusta pincharlo, pero a la vez quería ver el partido. Pensé que llevándolo al extremo del fútbol o del rugby le demostraría por el absurdo que eso era muy complicado, y que lo haría callar. "No hay nada complicado; lo que falta es plata para administrar justicia". Pensé en el Estado, me imaginé un país cuántico con Resoluciones 125 o embargos al Banco Central dirimidas por métodos cuánticos, vislumbré en Lugüercio en la Corte Suprema, temí lo peor.

Pero entonces Huracán metió un tiro en el travesaño, y volvimos a lo nuestro.

Tuesday, January 26, 2010

Facebook es el nuevo horrorcrux


"Grandes calamidades nos acechan" me dijo el Payaso Lugüercio, una vez que nos vimos en un bar de Canelones luego de su malhadado pase a Racing. El pensador -que algunos aún sospechan futbolista- estaba más desorientado que de costumbre, o "crispado", palabra absolutamente en boga en la inteligentzia porteña.

Mientras apuraba su cerveza Pilsen, el pensador se puso a hablar sobre el horror que le produjo Facebook. "Es el nuevo Horrorcrux!", comenzó a musitar. Febrilmente comenzó a enumerar los problemas actuales del Facebook:

  • Los que se van de vacaciones y postean absolutamente todas las fotos.
  • Los que tratan de exhibir a cada momento lo trendy o viajados que son.
  • Los que no corren riesgos, dan sólo opiniones medianas, o apenas postean pulgarcitos para arriba de “like”.
  • Los contactos demasiados fieles que contestan seriamente a cualquier burrada, como si fuese una tesis doctoral.
  • Los profesores que son “amigos” de alumnos, y caen en excesos de intimidad o de franqueza.
  • Los que abruman con la continua exhibición de sus hijos.
  • Los que te taggean en una foto con la que no te sentís identificado.
  • Los que creen que la letra de una canción los identifica a cada momento, y convierten eso en su status.
  • Los que se unen a miles de grupos acerca de “lo que está bien” (ortografía, política, ecología), dejándote a vos desbarrancado en el lado oscuro de la fuerza.
Terminó el soliloquio, suspirando, y se puso a hacer rotar un cenicero. Me sentí en la obligación de calmarlo, y señalar un par de aspectos positivos: compartir (algunas) fotos, recibir consejos de buenos recomendadores de música o libros, mantenerse en contacto con amistades lejanas, etc. Comencé a desconfiar de mi propia defensa.

Lugüercio no admitió réplica, y pidió una pamplona. Se refirió a la "banalización de los contactos" y me explicó lo que era un Horrorcrux en la épica Potteriana. Voldemort necesitaba destruir su esencia mediante crímenes para lograr la inmortalidad, materializándola en objetos. "Lo mismo hace el usuario de FB al proyectar personalidades disímiles" gritó. Y luego susurró que son vanos, que son tontos, que se reparten en distintas personalidades, "casi como horrocruxes comunicacionales".

Lugüerció tambaleó. Lo llevé mansamente a la puerta del bar. Una pareja con sendas laptops se escribía mutuamente en su Wall-to-Wall, casi como dándole razón. Recordé una amiga que hace un tiempo escribió "a partir de hoy no recibo más florcitas, besitos, abracitos de Facebook. Sólo las acepto personalmente". Me fui convencido de que se la voy a presentar a Lugüercio.

Tuesday, January 12, 2010

Tudo bom, tudo legal


Aprovecho el pequeño sabático para poner las cuentas en orden: bancos, impuestos, papeles viejos. En sintonía, días atrás había aparecido Ile -su nickname entre rosas en el MSN, pero con promesa de espinas-: Nene, estuviste pagando mal el monotributo durante años decía el texto, casi tweeteriano. Lo recuerdo bien porque los mensajes que me detonan el alma son en cursiva. O son traducidos al cursivo, no lo sé.

Ile es amiga desde las épocas de la BBS; creo que la oscuridad de las pantallas de chat de Mainet nos persigue desde entonces. A tono con el fin de año, esperé a que todo sedimentara: la muerte de Sandro, los regalos, la promesa de vacaciones, y varios etcéteras sociales y laborales. En Enero voy y pago, me dije sintiéndome jinete de mi propia estatua moral y ecuestre.

Días después me enteré que el pago no es sencillo. El valor de la deuda muta día a día. Se debe imprimir unas 400 hojas, presentarlas y pagarlas una a una en alguna ventanilla adecuada, el día exacto para el cual la deuda ha sido calculada. Acertar el pago es un cálculo digno de la NASA. Decido poner a prueba nuestra amistad, y pido clemencia a la pitonisa de Ramos Mejía. "No entiendo nada" es mi mensaje. Ile me contesta, en su cursiva por default: No puedo nene, el jueves tengo Inspección. Vacilo entre llamarla nuevamente o perder la razón, pero advierto que Inspección figura en un mayúscula de gran solemnidad. Elijo perder la razón, y voy raudo a la Agencia 1, Cabildo 999, donde se me eyecta con celeridad astronómica al mostrador 8.

Quien me atiende es joven, lampiño, monocorde, venusino. Me fijo si mueve el meñique izquierdo, aunque sé que esta referencia es oscura. Está todo correcto, veo que Ud conoce el procedimiento. Me alarmo porque esta vez alguien me está hablando en cursiva. Le muestro la pantalla de la laptop y las centenas de filas con valores 0.01$. Me aliento a estar calmo, mis palabras surgen convincentes, persuasivas, terrestres, pero inútiles. Le digo que quiero pagar, que sólo pretendo un valor en un resumen en vez de esa resma de hojas que deberá cancelar una por una en una ventanilla donde no me querrán atender. Ya hecho un cometa de mí mismo, me proyecto en el futuro: "señor, mire la cola de gente" me dirán en la ventanilla, tras hora de espera. Cierro mi alegato mencionando que el PagomisCuentas no enlaza, que la página AFIP no carga, que el juez Griesa nos embargará todo, que la eclíptica de Andrómeda está en su apogeo.

El alienígena hace una pausa, me dice que es el procedimiento y revolea los ojos. A su derecha veo el cartel "Tudo bom, tudo legal" con que la AFIP nos alienta a pasarnos al nuevo orden. Orden y progreso, y también Portugués. Siamo fuori. La multitud se dispersa mansa hacia Cabildo, casi sin saber que está -que estamos- en el tercer planeta a partir del Sol.

Sunday, January 03, 2010

Nenas que sacan cincuenta

Para padres que en este año estarán -ellos también- haciendo el ingreso al colegio.

Ahí voy yo a las siete de la mañana, con escenografía invernal y en competencia sinuosa con los otros padres. La calle Paraguay es el camino acostumbrado: van los autos veloces, en muda caravana, salpicada a veces de bocinazos o guiños ocasionales en giros, y dando pequeños barquinazos al rodear el Hospital de Niños. Todos nosotros, arrogantes o no, añorando una conjunción fortuita de semáforos que nos permita llegar antes, o al menos indemnes. Todos nosotros, padres y promesas, tratando de llegar al aula del edificio que sea –por sorteo, por acomodo- al Normal 1, tal vez al Buenos Aires mismo, antes de la hora fatídica.

Es una legión de camionetas 4×4 o autos de buen porte, atrás y amarrados van los hijos, como delicadas víctimas propiciatorias; decido con grandeza que mi auto es el más pobre, en el recuento mínimo del medio minuto en un semáforo –ese instante en el que nos juzgamos-. Todos viviendo un plural amistoso e idiota, en el mismo momento sobre los distintos asientos flota la misma estúpida conversación sobre fechas, exámenes y notas. Afuera del séquito, algún adolescente que vuelve de fiestas; fuera de eso, el viento gris y la mañana espectral, y poco más que eso.

Me dice mi hija Luli, una voz que me llega de atrás y me despierta levemente –se puede manejar dormido- hoy nos dan las notas. Y me repite su letanía de parciales anteriores, de datos incomprobables y de sensaciones. Parece que hay que acumular un promedio de treinta y cinco por parcial para tener chances. Ya casi terminamos con matemáticas y lengua. La semana que viene tenemos el simulacro de examen. Simulacro tiene un regusto de guerra mundial, un fondo de lenta tortura medieval, una sujeción brutal a nuevas costumbres, otro cinturón de seguridad. Aprieto el volante frío entre mis manos y me concentro en el cruce en ve con Cabrera, tratando de ganarles de mano a los que vienen a mi derecha.

Texto completo en Kaputt.it