Wednesday, September 26, 2007

Febrero de 2010 - La Batalla de los Viejos (III)

En mi vaguedad de cuarenta y tantos yo no sabía realmente de qué lado estaba. Por un lado seguía sintiéndome joven, marathones mediante; por otro, me sabía un vitalicio en ciernes. Jugaba con la idea de la decadencia como si fuera decididamente ajena.

Contemplaba lo que ocurría en el club con una serenidad mediocre: me gustaba ver la soledad de la pista de atletismo mientras elongaba, escuchando los pajaritos y los trenes al pasar. Disfrutaba de la enorme contradicción de sentirme en el centro de Palermo, inmune al ruido y a la especulación inmobiliaria. Jugaba a pensar que de morirme, querría que se arrojaran mis cenizas a la pista de atletismo; era un idiota, soy un idiota, pero eso nos pasa a todos.

Y así estaba justamente el día en que todo ocurrió. Pensando en cuántos años ya de repetir el ritual de estirar las piernas sobre la baranda de la pista, de despintar los barrotes al estirar gemelos, de lo bien que me sentía tras correr diez kilómetros a un paso cansino. Los viejos y las viejas sólo pasaban por la pista como paso obligado a las canchas de tenis del fondo. Uno los veía dirigirse allí con sus ropas raídas, y allí fue cuando escuché que estaban llegando las Brigadas de Macri.
Continuará

Sunday, September 23, 2007

Febrero de 2010 - La batalla de los Viejos (II)

En efecto, había un grupo disidente de Viejas que en realidad regenteaba la sede Jorge Newbery con impunidad. Invadían el bar para jugar a las cartas y al Burako con manteles rojos; evitaban con cuidado cualquier consumición y despachaban con un gesto al incauto mozo que se acercara a ofrecerles un cafe.

En sus intentos deportivos vestían con singular ridiculez, llamando la atención con mallas chillonas y fuera de época. En la pileta bloqueaban los andariveles rápidos con nados en estilo pecho, en el gimnasio reservaban media hora antes su zona favorita. Sabían fraguar carnets de todo tipo, y reservaban camastros de a pares para tomar sol con minuciosidad, a pesar de las dermis laceradas por el cáncer.

Su conducta social era pareja: criticaban y bufaban al ocasional paseante, y a cualquiera que se atreviera a pasar cerca con niños. No hablaré de sus juanetes, de sus vicios al hablar y de sus frases repetidas; basta decir que estas viejas parcas eran la némesis perfecta de sus esposos.

Continuará

Friday, September 21, 2007

Febrero de 2010 - La batalla de las Viejos

El cartel anuncia con quietud: "No ocupar los camastros con pertenencias". Alrededor se escucha la chicarra avisando que es verano. Bajo el cartel medran los bolsos con raquetas y demás enseres de socios encima de las reposeras. Poco caso se hace de la consigna: los viejos están en la penumbra de la cancha de paleta, planeando un asado, o simplemente tirados a la sombra. Algunos están mirando en la televisión del bar la Batalla de Gualeguaychú, que parece en su apogeo. "Lo importantes es ocupar el camastro temprano" te dicen, torciendo con porteñez la sonrisas desdentadas y gastando cáncer de piel. Y se alejan con sus rengueras de adictos al deporte.
El club está virtualmente tomado por los viejos. En el 2008 se votó en contra una resolución para que los socios vitalicios pagaran; a partir de entonces, los jóvenes decidieron irse -algunos, literalmente a la guerra- y otros simplemente abandonaron el Club y recurrieron a la Justicia. Dos años de litigio contra los Amigos del Lago y se dice que hoy, 10 de Febrero, vendrán las Fuerzas de Macri a tomar el club para edificar la Torre Newbery donde hoy está la pista de Atletismo.

Los viejos hacen poco caso: juegan de a seis en la cancha de tenis, lavan su ropa en el piso de la ducha, se pasean en cueros y van a la pileta con en sungas rojas y caídas. Ya ni tienen que pelear por las parrillas; el club es de ellos, hasta la muerte, y lo saben. O casi: intuyen que, en realidad, el club es de las viejas.
Continuará

Tuesday, September 18, 2007

Requiem para Gino


De la lista de placeres capitales, el más sencillo de abordar abiertamente en un blog es el de comer. No es una cuestión menor en una ciudad con inflación creciente y con un turismo que tira para arriba los precios: es inmediato que un buen almuerzo que en 2002 no bajaba de 15$ ahora está cerca de 40$ -a menudo por cuestiones barrocas ajenas al gusto del comensal-. Debería haber una guía acerca del buen comer, que vaya más allá de los intentos de la Guía Óleo.

No hice aún el duelo por la desaparición de Gino -Diagonal Sur casi Alsina- con sus platos caseros y la atención de Georgina, con el silencio tempranero, el monitor bajito en ESPN y ejemplares de La Nación siempre disponibles. Cierro los ojos y recuerdo que al menos dos veces por semana, hacia 2004 ó 2005, me obsequiaba a mí mismo con el ritual de un almuerzo temprano y silencioso, en un Gino casi desierto. Depende del día, puede que fueran zapallitos rellenos o parmeggiana de berenjenas. Ante la duda o acabado el menú del día, tenían los mejores tallarines caseros con simple aceite de oliva. Hasta el café era bueno.

Quedan las anécdotas. Una vez un director me sorprendió en ese ritual y me increpó por mi soledad. "Siempre cagándote de risa, vos" fue su frase. No le era dado entender que el precio de una "necesaria empatía de empresa" eran los almuerzos ruidosos, plurales, difícilmente digeribles. En otra oportunidad, cuando los piqueteros atacaron la Legislatura, Gino se convirtió en la central de operaciones de una larga mesa con una veintena de Gordos Uniformados. Gino estaba virtualmente tomado por un Séquito de Gorgories: me dejaron pasar y comí en soledad, lejos del grupo, mientras miraba en el monitor la violencia a pocos metros. La planta del local estaba sitiada entre la oblicuidad de Diagonal Sur y los fondos del Hotel Nogaró; el piso ajedrezado continuaba hasta un fondo desdeñable donde medraban los que llegaban tarde. Una tarde de 2006 un letrero me paró de bruces en la puerta: Gino había cerrado, y el diariero de la puerta no supo explicarme qué pasaba. Dicen que Georgina está trabajando en un hotel.

Vuelvo al hoy. Si tuviera que elegir, queda poco. Alguna picada en el Bar de Cao, en Independencia y Matheu. Celia retoma allí el papel de la moza protectora en la saga universal. Tal vez el Vivaldi de Echeverría y Conde a la hora de un desayuno de trabajo puede servir. Qué debería haber: comida simple, silencio, un diario a mano, platos en precio. Es mucho pedir?

En fin: menos plato ostentoso, menos artificio de empanaditas previas no requeridas, menos ostentación en la lucha de clases entre cretinos y mozos. Y por supuesto, menos gente que te diga lo que está bien y lo que está mal.

Si conocen algún lugar así, por favor avísenme.
In memoriam Gino

Wednesday, September 12, 2007

Tuesday, September 11, 2007

Un Nobel para Borges

Tomó lo último que quedaba del café, en la soledad de la sala de redacción; los ecos del camión de la basura y las aspas del ventilador eran los únicos sonidos que lo acompañaban en la madrugada. Todavía no tenía la contratapa de la sección Deportes y estaba harto de su trabajo. Lo único seguro era que la nota debía ser de rugby.

Pensó en el wing del partido de hoy, en los tackles oportunos contra el grandote francés del otro día -ese que parecía un náufrago-, y en los tries salvadores de hoy contra Georgia. No había siquiera la posibilidad de hacer chistes con las islas Georgias. Pero el wing se llama Borges, se dijo. El camión de la basura pasó dejando el hedor a su paso. No fue inspiración sino hartazgo; y comenzó a escribir.

"Lucas Borges, descendiente directo del escritor Jorge Luis Borges, reivindica la argentinidad más pura al combinar talento, decisión y un vigor ingobernable ante el ingoal" escribió, sin miramientos.
El daño ya estaba hecho; pero siempre lo podría atribuir a un error en sus fuentes.

Monday, September 10, 2007

Leyendo por arriba

> De: HTQ
> Enviado el: Lunes 9 de Noviembre de 1998 16:35
> Para: DOM; LIT; SAD
> Asunto: Innovaciones Tecnologicas
> Confidencialidad: Privado
>
> Hoy en la reunion de pendientes la gerenta nos hizo reflexionar de lo poco
> que estamos involucrados en lo que respecta a innovaciones tecnologicas.
> Al respecto periodicamente recibimos informes de la gerencia de Tecnología
> que yo le reenvio a L.
> Les pido que hagan el esfuerzo de leerlos aunque mas no sea por arriba y
> en el caso de detectar algo que consideren de interes, lo compartamos
> entre todos.
> Es muy importante que no nos quedemos solo en el día a día.
>
> Bye
>
> HTQ

Saturday, September 08, 2007

Exacerbación del yo profesional en la web

El proceso (de izquierda a derecha) es sutil, origina otredades e inhibiciones.
Depende de quiénes seamos, de nuestra edad, y de cuánto queramos mostrar, los "puentes" entre online y offline son cada vez más pequeños.
Más datos en Snark. Este post es un "puente" entre ambos mundos, por ejemplo.

Friday, September 07, 2007

Los mails, el Jumanji, y la demolición

Exhumacion del Laboral.Doc (esto pasó hace unos diez años)

[Escritorio de SD, 9:25, hora del Jefe]
Jefe: -Tenés que decirle esto a Rossi: está mal la medición. Ninguna tributaria puede colgar de un CTZ. Sí, así, apretá enter. Sabés manejar el mail? Yo definí un grupo PP para todos Uds.
S: -A ver... lo abro... ningún mail abierto, ningún mail recibido...
Jefe: -Je. No te pongas mal pero yo tengo que abrir tres. Es una cuestión de importancia, je. Ayer me fui a las siete pero la gerenta me los mandó después.
[Yendo a lavar la taza conmigo, 9:30]
Jefe: -Mirá: ahí hay lavandina y detergente. Porqué usas detergente ?
Yo: -No, por las quemaduras del año pasado, miro con un poco de respeto a la lavandina. Uso detergente y listo.
Jefe: Pero no querés...
Yo: No. (Apuro el paso)
Jefe: -No, porque yo... el juego de té de casa se mancha mucho. Entonces agarro lavandina y... Dani, esperame.
[9:35, abriendo el café]
Jefe: -Claro: se acaban los víveres. Desde que S y L están pero no aportan... je, estos chicos.
[9:37, mirando el monitor de Seba]
S: -Al final, este asunto de los CTZ...
Jefe: -Es admisible; vos no tenés por qué saberlo... hasta hoy. Desde mañana... je, je... te exigiremos más. Sos un junior y estás aprendiendo. Pero mandá esa nota. Y decile a aquél que no cometa más ese error. Cordialidad.... cordialidad... si, pero firmeza. Eso es: cordialidad pero firmeza. Me gustó. Dani, no tenían que venir más temprano todos Uds. ?
Yo: -...
S: -Qué es eso ? (Gesto de casi repugnancia, señalando el monitor del Jefe)
Jefe: -Mi nuevo protector de pantalla de Jumanji. Te gusta ? Yo no vi la película. Pero lo vi en el CD... está lindo, no? Te gusta ? Querés usarlo?
S: -Hem...
Entra L, con unas cuantas bolsas. Trató de disimular su aparición; no le fue posible.
Jefe: -Buen día, cómo te va... cuántas bolsas. Ayer recordábamos con Daniel cuando revoloteabas, y no lo haces más. Está muy mal. No debieras haber cambiado. Otra cosa, te dije que tenías que venir temprano? Miren, ahí vienen los nuevos pasantes que vienen a observar las distintas jefaturas. Uno de ellos está bronceado.
El Jefe da media vuelta y abre un nuevo frente de ataque.
Jefe: -Buen día! Por acá, por acá. -Sonríe- Eh, pibe, acá no se viene a tomar sol, je, je.
Hacia las 9:50 los cadáveres de la jefatura yacen diseminados en el quinto piso.

Thursday, September 06, 2007

Martin Amis

"Beauty is in the eyes of the beholder. Which is fun for the beholder; but what about the owner, the tenant?
Nicola wondered whether she'd ever had a minute's pleasure from it. Even at sixteen, when you're excitedly realizing noticing what you've got (and imagining it will last for ever), you're still noticing what you haven't got, and will never get.
Beauty's hand is ever at its lips, bidding adiew. Yes, but bidding adieu in the mirror. "

Martin Amis, "London Fields" (1989)

Tuesday, September 04, 2007

Childhood´s End (II) - Fantasmas

Ganado al living en virtud de alguna negociación familiar estaba mi cuarto. La cama siempre estuvo a la izquierda -la cabecera contra la calefacción central- y el escritorio contra la ventana sujetando el sol del oeste que caía a pico, filtrándose en hondas franjas horizontales según el rigor que estableciera la persiana. Recuerdo otros años con el escritorio contra la pared de la derecha, según el humor y la ingenua reivindicación adolescente hecha de posters y banderines.

De muy chico recuerdo una mampara enorme que dividía el ambiente; años después -detonar cambios siempre nos llevó tiempo- caímos en la cuenta de que el living estaba a oscuras. Hay cataclismos que signan una familia; así fue cuando la mampara fue abatida y convertida en entrepiso del cuartito de la plancha -no puedo ponerlo con comillas, sería faltarle el respeto-. A partir de entonces sólo quedó una biblioteca y un aparador como división entre mi cuarto y el living, y el lugar de paso quedó a la derecha. En el living propiamente dicho quedaban cuatro sillones igualmente incómodos, muebles de escaso relieve y un último y desvencijado sillón enorme cuya locación variaba según su inutilidad, donde el gato dormía su siesta y hacía nido de pulgas. La mecedora inglesa estaba cerca de la entrada, lejos de mi territorio.
Había fantasmas de distinto tenor que competían por ser notados. Cerca de la entrada estaba el cuadro de una desconocida y disgustada abuela Victoria, y a su lado, un reloj de Escasany de campanadas tétricas. De noche ocurrían dos fenómenos: de los hierros de la calefacción surgía un cric-cric con el vaho del calor, mezcla de potestades de Lovecraft con alguna entidad en avernos de subsuelos -fui al sótano una vez; no me repongo. El otro efecto sugestivo eran los rombos extraviados que surcaban el techo. Años de terror después alguien me informó del rebote de la luz en los techos de los autos. Yo sé que no. Las leyes de reflexión no sirven para explicar la forma en las figuras evadían los rincones del techo del living, oscilaban y fugaban hacia la puerta.
Me pregunto qué pensará de todo esto la nueva propietaria.

Sunday, September 02, 2007

Childhood´s end

Bernardo de Irigoyen al 1500, donde San Telmo desbarranca en Constitución. El mármol de la entrada atempera el calor de los veranos, donde el sol cae a pleno desde el oeste -sólo con algún árbol de contención improbable- taladrando el acero de la puerta de entrada, hoy verde, hoy enrejada. Me digo, "aquí viví mucho tiempo", y parece que fuera otro quien lo dice. El barrio es una metáfora de la Argentina: hace cincuenta años era zona de lujo. Mi padre iba con los abuelos a comer al restaurant de la estación. Luego, ya se sabe: desidia, inquilinatos, autopistas, comercios que ya no venden, zona de paso. El triunfo de la fealdad. El departamento se vendió por nada; la verdad es que hoy no puede uno caminar por esa cuadra en la noche.

Y si pudiera detener la cinta y sacar una foto de la década, contemplaría una marea de sobrevivientes que se mudan al norte de la ciudad. Se agolpan en conejeras seguras, alquilan mal e hipotecan futuros. Estalla Palermo para darles albergue, se destruyen casas para acercar progres al cielo. Todo por huir del Sur, todo porque los sucesivos gobiernos permiten el triunfo del mal gusto, la violencia, el clientelismo. Y los que se salven, que se vayan a sus cotos cerrados al Norte.

Hoy el mármol y algunos viejos permanecen en ese edificio. Van en procesión lenta al supermercado de Brasil y Perú, y rezan para que no los asalten al salir.