Siempre recuerdo esta escena de "Marathon de la Muerte" donde el Dr. Szell (un excelente Lawrence Olivier) le pregunta varias veces a Thomas (el mejor Dustin Hoffman; luego todo fue un fiasco) si "está seguro", usando un extraño sujeto tácito, antes de torturarlo.
Cuando se pierde algo valioso -o cuando se es robado- comienzan preguntas similares. "Está seguro"? No importa de qué se trata: personas, dinero, elementos de trabajo, cosas que merecen backup, etc. En particular en países lindantes con el Sowetho como los nuestros: LatAm es sinónimo de inseguridad.
Finalmente gastamos plata en rodearnos de un colchón de seguridades que jamás termina de ser completo. Nada jamás está del todo seguro, y sólo agregamos dígitos al 99.99...% a alto costo por cada nueve subsiguiente. Y esto nos hace sentir moderadamente tranquilos, con un nivel de sosiego semejante a tiempos pre-corralito.
No defiendo la postura contraria -nada disculpa los descuidos-, pero de todos modos la respuesta es no. Lawrence Olivier tiene razón, aunque al torturar a Hoffmann acaba de provocar su propia ruina. No, nada está seguro.
Thursday, February 21, 2008
Está seguro?
Thursday, February 14, 2008
Sensaciones mínimas
La raíz de este mal es fisiológico. Al ser educada en un ambiente autoritario, las neuronas de Gladys -en colaboración con iones de Calcio, claro está- dejaron de secretar neurotransmisores esenciales para percepciones sutiles de la realidad. En otras palabras, no se produce el umbral mínimo de electricidad -estamos hablando de microvoltios- para manifestar sorpresa, evitar peligros, reaccionar con humor, etc. En buen romance, las neuronas se aburren y escupen sustancias aburridas. En la pirámide de Maslow de las emociones, Gladys está abajo. Casi tan abajo como lo está Cristian, su actual pareja.
Y no es que Cristian tenga un phD de la Universidad de Boulder. Una de sus aspiraciones en la vida es emocionarse con un gol del Audax Italiano -su equipo favorito- pero eso no ocurre. Como la interacción con Gladys es cada vez más penosa, aún en detalles sobre los que no abundaré, Cristian miente para poder ir a la cancha, pero miente mal. Dice cada Domingo que se va a subir al cerro San Cristóbal, pero su abdomen habla más del pastel de choclo que venden a la salida de la cancha. Y el Audax sigue sin convertir goles, como si los arqueros contrarios se hubieran conjurado para ello. Pero Cristian no puede imaginar conjuras. Cabizbajo, regresa a su casa masticando una letanía: "ya, po, pero jugamos maaaal". Al llegar encuentra a Gladys leyendo con esfuerzo un libro de autoayuda.
Ni Cristian ni Gladys pueden tener hijos. De haberlos tenido, otra generación le hubiera pasado a la siguiente esa dificultad para manejar sensaciones mínimas. De la que nos hemos salvado.
Thursday, February 07, 2008
Barnes himself

Podría continuar siendo el que soy –que es básicamente lo que todos hacemos- y resumir en bullets de PowerPoint lo que fue la charla de ayer de Julian Barnes en el MALBA.
- Los presentadores (Quiroga, Vicente) hablaron demasiado, sobrevaloron a baja altura el vasto territorio del papelón, moderaron de un modo confuso y huyeron hacia las copas de vino.
- Barnes se mostró relajado, en el papel de bon vivant aquiesciente que renuncia a sus méritos. Esquivó la crítica a Sartre y la comparación poco feliz con Borges, y castigó tanto a los críticos literarios lejanos como a sus dos interlocutores presentes.
- Los momentos más celebrados fueron cuando declaró que un escritor es una persona “que se sienta del mismo lado de la mesa que el lector, y que va descubriéndole hechos, sin darle lecciones de moralidad”. Provocó murmullos de placer en el auditorio con frases escogidas (“me han dicho que la vida es esto; yo prefiero la lectura”) y con el recuento sutil de los pequeños azares que contribuyeron a la escritura de sus novelas.
Pero también puedo animarme a jugar un poco, y tratar de salir del PowerPoint. Allí trataría de describir la más sana de las envidias, la del lector que escucha fascinado al autor consagrado, que sabe secretamente que no será como él, y que sin embargo puede apreciar el momento en que avanza hacia el proscenio para lograr el autógrafo, coinnoseaur y cholulo a la vez. El lector habrá de luchar entonces contra la tentación estúpida de decir algo solemne o pretendidamente inteligente. Pero también puede ocurrir que en ese momento culminante, al autor consagrado le estén sirviendo su copa de vino. Y entonces el lector se rendirá a la alegría del momento, musitará “Cheers, Mr Barnes”, habrá logrado el autógrafo minúsculo y preciso, y caminará hacia la salida.
Thursday, January 31, 2008
Nuevos jeroglíficos
Son los nuevos jeroglíficos de gente apurada. Me, I´m just a lawn mower. Larga vida al buen texto.
Tuesday, January 22, 2008
Alfred Bester
Sin embargo es uno de los mejores escritores de sci-fi que yo haya leído. Uno cuya lectura no admite interrupciones. Rescato, en particular, "El hombre demolido" y "Tigre! Tigre!" en las viejas ediciones baratas de Minotauro de los setenta; tengo dos ejemplares que yacen casi deshechos en mi biblioteca. Ambos libros se basan en dos condiciones sobre la que se especuló mucho: la telepatía y la teletransportación. De ahí vienen los "esperts" y los "jaunteos" en la jerga de cada una de estas novelas. En ambos casos se requería imaginación; si no se visualiza New York... no se puede jauntear hasta New York.Las citas de Bester parodian la política post guerra fría ("Millions for nonsense, but not one cent for entropy"). Sus personajes son nítidos, vitales, no vacilan. En "El Hombre demolido" el telépata Lincoln Powell es el antagonista del aristócrata Ben Reich ("Make your enemies by choice, not by accident"). En "Tigre! Tigre!" es Gully Foyle a quien el odio lo lleva de ser un mecánico espacial a poseer la capacidad de jauntear y de estructurar su venganza, a lo Conde de Montecristo.
Bester no posee el conocimiento científico de Clarke, ni la poesía exquisita de Bradbury, ni fue prolífico como Asimov. Más bien pertence a un Nacional B de la ciencia ficción, junto a Le Guin, Ballard, Dick, y no muchos más. En Bester, finalmente, conviven la imaginación de la mera transformación de la realidad, y a la vez, el anhelo de cierta justicia; algo que es precisamente el meollo de cincuenta años de sci-fi.
Thursday, January 17, 2008
Impostación
Paré de correr justo en la bajada del cerro San Cristóbal. En Santiago no había esta vez sismos, ni volcanes, ni incendios: sólo reuniones tranquilas y prometedoras. Casi ciencia ficción. Mirando hacia atrás no sé si paré la corrida por cansancio o porque siempre me provoca interés los espectáculos callejeros. Tal vez fue la voz de la actriz sacando títeres de la caja ante unas cincuenta personas, en el barrio de Bella Vista. Si uno está atento, siempre tiene la sensación de estar perdiéndose algo.Los niños mostraban un entusiasmo moderado. La actriz avanzaba en la introducción de la obra, sacando muñecos convenientes de una caja: un lobo no, una rana sí. Sacó una capa roja y su voz se quebró, de un modo forzado. “No, claro que no” dijo. Sentí que de la caja había salido algo nuevo: la impostación exagerada del error, el tono de voz demasiado evidente, la transición fallida. Casi un vibrato –si hubiera sido una canción-. Lo sentí como un codazo mental que avisaba en exceso y desmerecía al público. Decidí seguir corriendo hasta el hotel.
Me quedé pensando en situaciones similares donde se exige versatilidad en la transición –en un trabajo, en una relación, en un deporte- y la respuesta no le suena genuina al espectador avezado: allí no hay vuelta atrás, y todo lo que uno diga suena a otredad.
Tuesday, January 15, 2008
Monday, January 14, 2008
Objetos pesados podrán caer de los portaequipajes
La frase es una mala traducción reiterada durante el carreteo del despegue del avión, y alude a valijas y objetos mal puestos en el portaequipajes. Es una horrible traducción, casi con promesa de hiperbaton -ah, esos sujetos sin artículo previo...-. Pero también es una buena metáfora.Aerolíneas Argentinas es un objeto pesado que podrá caer. Por fallas técnicas, por inoperancia ante manejos sindicales, por desidia del gobierno, por el populismo de trabajar poco. Se debe leer entre líneas que por debajo subyace la intención de que se viaje mal en Argentina -tan sencillo como eso-. O al menos, se está proponiendo de todos los modos posibles que los argentos decidamos volar por cualquier otra aerolínea, menos la de bandera.
Mientras tanto, aquí en Buenos Aires, otra hora comienza. Y en cada mail de solicitud le advierto a mi operador: "not in Aerolineas, please".
Thursday, January 10, 2008
Julian Barnes - "Arthur & George"
Bajo el barniz de temas aparentemente vanos y trillados -el contrapunto entre dos personajes contemporáneos, el amor y el honor en la Inglaterra post victoriana, la lucha entre el positivismo de la ciencia y el naciente espiritismo, la justicia- noto que he subrayado con un querido lápiz 2B los temas que a mí me importan: la vida, la muerte, etc. Cada cual lee lo que quiere.Arthur es ConanDoyle, creador de Sherlock Holmes ecléctico y prohombre inglés. George es un humilde descendiente de hindúes. Arthur se cree "inglés no oficial", se siente fuera de su época; George se intuye plenamente inglés, se sorprende de bromas, y niega discriminaciones. Tal como yo leo lo que quiero y rescato lo que quiere, George se niega a entender que lo ven como un hindú. Todos somos otredades.
Julian Barnes establece el contrapunto a lo largo de los años -una especie de Dos Tipos Audaces, con George haciendo de looser- y luego los reúne cuando Arthur juega a ser Sherlock y se debate por demostrar la inocencia de George en los crímenes de los que se lo acusa.
Quedan, entonces, las frases en 2B:
- "Un niño, una habitación, una cama, cortinas corridas que filtraban la luz de la tarde. Para cuando llegó a describir esto en público habían transcurrido sesenta años. (...) La puerta, la habitación, la luz, la cama y lo que había en la cama: “una cosa blanca, cerosa”. (...) Era evidente que el alma de la abuela había volado al cielo y que sólo había dejado la cáscara en putrefacción del cuerpo. ¿Que el niño quiere ver? Pues dejadle que vea. Un encuentro en una habitación con cortinas. Un niño y un cadáver. Un nieto que, al adquirir memoria, ya había cesado de ser una cosa, y una abuela que, al perder los atributos que el niño estaba desarrollando, había vuelto a cosificarse. El niño miró; y más de medio siglo después el adulto seguía mirando. Qué significaba en verdad una “cosa” -o, para decirlo con más exactitud, qué había ocurrido cuando se produjo el cambio tremendo que transformó algo en “cosa”- habría de ser de capital importancia para Arthur."
- "Empieza a tener una imagen geométrica de sí mismo, empieza a verse en el medio de un triángulo. Sus vértices son las tres mujeres de su vida, los lados los barrotes de hierro del deber."
- "Y un día Touie muere. Hace trece años que cayó enferma, nueve que conoció a Jean. (...) Recuerda su sonrisa y su bondad, pero también recuerda que han transcurrido años desde que se puso la mano en el corazón y juró que la amaba. No sólo desde que apareció Jean, sino también antes. Ha amado a Touie cuanto ha podido, considerando que no la amaba".
- "Y en aquel momento le asaltó la comprensión de que todo el mundo iba a morir (...) Aquella mujer con la sombrilla moriría, y su madre, a su lado, moriría antes, y aquellos niños morirían más tarde, aunque si había otra guerra quizás morirían antes (...) Pero cuando uno está en Hyde Park una tarde calurosa de verano entre miles de seres humanos, era menos fácil pensar que aquella cosa intensa y compleja llamada vida sólo fuese un azar acontecido en un oscuro planeta..."
Tuesday, January 08, 2008
Febrero de 2010 - La batalla de los Viejos (V)
El idiota de turno de la entrada pretendía que ambos bandos mantuvieran el orden en su encontrazo. Cualquiera sabe que las peleas no saben de orden: ocurren justamente cuando la gente se harta de ese mismo orden. Los dos grupos pasaron prestamente por encima del guardián de la entrada, como dos colores que se fusionan, desde afuera la turba celeste-macrista de los ex Guardias Urbanos -los ahora Gordos Cyan-, y por el otro los viejos tostados hasta el cáncer, con slips en furioso rojo, a lo Tim Burton. Se midieron por unos segundos, y aquellos que se sentían más observados -no necesariamente los más valientes- comenzaron la pelea. Los viejos arrojaban camastros y reposeras desde la improvisada trinchera de la caseta de los guardias; los Gordos Cyan cargaban con bastones. Los socios contemplaban, y de vez en cuando, sacaban fotos. Las viejas que jugando Burako intentaron filmar con una cámara VCR del '92 que había quedado sin batería. Alguna se volvían, desalentadas, hacia la clase de elongación que estaba por comenzar o hacia el juego de Scrabel en la pileta, pautado para las 17:30.
Las escaramuzas eran lentas, y espaciadas. Los colores no se fusionaban del todo. Para cuando llegaron la prensa y los Amigos del Lago -un poco para hacer bardo, otro poco para ganar unos metros del terreno ante futuros juicios- había heridos de ambas partes, y algunos viejos se acercaban con cerveza para calmar los ánimos. Los reporteros emitían en directo intentando la consonancia de efectos: gente con aspecto presentable ante las cámaras y viejos que no hicieran gestos obscenos por detrás. En el fondo, era imposible: los viejos se cagaban de risa y pedorreaban ante cualquier circunstancia. Los reporteros meneaban la cabeza, disgustados: -Con estos viejos no se puede laburar.
Wednesday, January 02, 2008
Dirección de email compartida

Hace poco rompió una pareja de queridos amigos, que tenía la particularidad -entre muchas otras- de compartir la dirección de email. Algo aberrante, algo similar a pasearse desnudos por la plaza principal del pueblo durante el medioevo. En vez de la exhibición pública de partes pudendas, ellos iban por la vida compartiendo sin pudor los bits, y mostrando los contactos en común.
Al separarse, ella cruzó la barrera. Lo primero que hizo en su nueva soltería fue enviar a todos sus amigos su nueva dirección de email. Lo hizo desde la vieja dirección: esto hace al ex novio un partícipe necesario de este rompimiento virtual.
No es el primer caso de este tipo. Sobreviven algunas parejas offline para quienes la implicación compartimos todo => también compartimos el mail es cierta. Pero no: el compartir el email no garantiza la fidelidad, de la misma forma que usar el default de cuentas separadas no garantiza la infidelidad.
Si quieres a alguien, déjalo libre. Sobre todo en el online.
PD: la imagen no me satisface enteramente para ilustrar esta rara otredad, pero me gustó lo suficiente como para mantenerla.
Wednesday, December 26, 2007
Fronteras

Ríos, montañas, caminos y hasta puentes entre países. Puentes que no debieran ser ocupados bajo ningún motivo. Cercas entre campos, sugiriendo propiedad. Sistemas magnéticos que restringen el acceso de gente a clubes o eventos. Condiciones de Von Neumann y valores de la función al cruzar un cero, en matemáticas. Fortachones en las puertas de las discos. Fechas que son mojones entre distintas etapas... y cómo no, finales de año.
Todos estos ejemplos son alguna clase de frontera. Algo ocurre antes o después. No es lo mismo más acá que más acá. La función está "bien comportada" o se va decididamente al infinito. O pertenecés y entrás, o el pato vica te emboca. No es lo mismo. Me gustaría conocer en algún viaje, por caso, la Muralla de Adriano -el sitio en Escocia hasta donde llegaron los romanos antes de rebotar una y otra vez-.
A punto de cruzar la frontera del 2008 me dió por pensar en otros casos, y creo que la mayor violencia se da en los casos sociales donde está inmersa la noción de propiedad. Pues en el resto de los casos, el tiempo, el espacio y las matemáticas pertenecen a todos. Me quedo pensando entre los jazmines en otros ejemplos.
ADDENDUM: la última frontera es la superficie de separación entre las personas, su piel. Por eso cada cultura construye rituales complejos para permitir tocarse, por eso tantos vaivenes y pautas en torno al sexo -y no en torno a la respiración, por caso-.
Friday, December 14, 2007
Contra el Spam Navideño
Tuesday, December 04, 2007
Música para aeropuertos
Las salas de los aeropuertos intercambian gente, como vasos comunicantes. Insisto en la pasividad del sujeto: las personas son transportadas por cintas, escaleras, sillas de ruedas, a veces hasta tambalean por sí solas conducidas hasta abismos exasperantes de nulidad gastronómica. Toda la materia oscura del universo se acumula ahí, todo es más sucio y más caro, los trámites infructuosos son la norma y los mediocres reinan, uniformados. Los miro trastabillar contra las Samsonites, y sólo falta "Música para Aeropuertos" de fondo, esa genialidad de Brian Eno.Y otra vez es ese estúpido papel que nadie leerá, esa versión desganda de mí mismo en blanco y negro. Sabedor de su inutilidad, mi Cruzada Absurda de Diciembre es decorar esos formularios con cifras y letras absurdos. Llamo a los viajeros a la rebelión: si nadie lee eso, porqué no completarlos con arte? Domicilio? "Gran Apart La Oquedad". Propósito de su viaje? "Engrosar las arcas y aumentar mi tedio". Podríamos alegrar las esperas del avión eligiendo las mejores frases.
Y allí vamos, corriendo por llegar primero a Migraciones y luego -o después, según se mire- a revisar el equipaje, y que algunas veces pasemos indemnes y otras veces nos saquen el cinturón. Pero esto tiene sentido, si hasta merecemos ser castigados.
Sunday, November 25, 2007
La identidad
Desde hace unos días pienso en la identidad, en la manera en que somos y nos percibimos. Qué es lo que hace que seamos de cierta manera día tras día? Por qué no hay un reset general entre una jornada y otra, ya que las células de nuestro cerebro cambian, las circunstancias mudan, y nuestro ánimo -o lo que fuere- es función de miles de variables?Pienso en la gente bipolar -el Mike Tyson de las depresiones, según Martin Amis en Night Train-, en la década del Prozac, en las argucias químicas que son necesarias para mantener un yo en vilo entre mareas descomunales. Y por qué? Para hacer frente al postulado de que las personas son inmutables, constantes, "con derivada cero" en el tiempo.
Hoy se dice que la inmortalidad depende de hacer back-up del cerebro que habita un cuerpo viejo hacia otro cuerpo más joven. Algo así "hagamos download de la información, alojémosla en un hardware mejor". Y yo creo que lo que somos es una información que cambia día a día. Me maravilla que los matrimonios y las relaciones familiares duren tanto, si son funciones de onda en perpetuo colapso. Debe haber algo más que explique todo esto. Mientra tanto, sigo dudando que cada mañana al levantarme, yo sea tan yo, tan siempre.
Wednesday, November 14, 2007
Miami da Tijuca
Es de noche, ya, el gimanasio ya cerró y no llegó aún nadie del grupo al hotel. Sólo me queda buscar algo en los alrededores. Los barrios pobres están cercados por los grandes cotos de caza de los ricos, me digo, mientras chequeo que soy el único caminante nocturno por la Avenida Das Américas, eyectado del hotel medio-medio bajo la lluvia hacia algún restaurant amigo que las leyendas dicen está en un mall.Tuesday, October 30, 2007
Febrero de 2010 - La batalla de los Viejos (IV)
Uno se da cuenta que algo serio ocurre cuando ve la misma conversación nimia resbalando por grupos antagónicos. Mientras terminaba de elongar en la pista podía ver, a lo lejos, un grupo de viejos tirados en los camastros -los slips raídos, las remeras de hace décadas- señalando la puerta de entrada. Al caminar hacia el bar, con la paz del después de las corridas, me ocurrió lo mismo con unas viejas jugando Burako bajo un níspero. "Vienen las brigadas, vienen las brigadas!" decían agitadas, mientras falsificaban palabras triplicando puntos.Pasé cerca del bar para ver de lejos qué ocurría. A mi izquierda apenas si registro la paradoja del cartel "Mens Sana in Corpore Sano" en el vestuario de socias, en una fachada de ínfulas atenienses. En frente, a unos cincuenta metros y en la entrada, pugna por entrar un grupo de Gordos Cyan, consolidado desde hace un par de años como la fuerza de choque macrista. La vigilancia no sabe muy bien que hacer, y mientras tanto algunos viejos dejan las canchas de tenis y también se acercan. Empiezan a gritar: "Esto Cristina no lo permite", y hacen gestos obscenos.
Entonces la conversación nimia ya está en mi interior, en la antesala de mí mismo; esto demorará la ducha, me digo, y voy hacia la puerta sin tapujos, a ver qué pasa. Al avanzar queda a mi izquierda otro grupo de viejas tomando sol afuera de la pileta, todas de pie y de espaldas, tostando sus caderas augustas mientras cogotean de costado. Finalmente los Gordos Cyan logran entrar y comienza la pelea.
Friday, October 26, 2007
"Sepan disculpar las molestias ocasionadas"
La frase es nueva, sacada de algún manual noventoso de comunicación empresarial. Y probablemente mi percepción sea ya la del alguien que no se da cuenta de nada. Pienso en otras frases hechas: "may he rest in peace" del inglés, "tomara que você" del portugués, etc. Todo parece bastante sin sentido. Para qué la frase, si sólo exhibe el desdén? Googleo la frase y la encuentro seiscientos cincuenta y cinco veces. Con esta entrada en Blogspot serán 656. Diez más y ya estaremos en el número justo, pues está claro que el infierno está sembrado de molestias ocasionadas.
Saturday, October 20, 2007
Martin Amis - "Night train"
La novela ya tiene su tiempo (1997), sólo que me llegó tarde. Creo que Amis quiso confundir a todo el mundo y echarse a reír antes de su retiro de unos años en Punta del Este. El tono suena a policial negro, aunque él es más bien un "escritor moderno". El contrapunto entre la protagonista-Mike, una policía ex alcohólica y hombruna- y Jennifer la-que-lo-tiene-todo es demasiado pronunciado. Hay un clima de final de civilización que también se advierte en otras novelas de Amis y de McEwan -compañeros de camada, finalmente-. El final es nebuloso, cinematográfico -por los diversos planos de lectura- y tan bien escrito que da asco.Me resisto a citar nada; en parte porque sólo tengo a mano la traducción castiza "oye tú eres un niñato pijo"; en parte porque está todo parejo, bueno, para salpimentar y leer de corrido en dos noches.
Thursday, October 18, 2007
Sanhattan

Grùas, grùas, grùas -asì, de a tres, y con acentos al revés- erizan el horizonte hacia donde uno solamente creía ver montañas. O al revés, tras millones de años la montaña que contemplò arruguitas de casas ahora ve la competencia de las torres de Sanhattan.
No estoy en Chile, o casi. La coctelera entre la modernidad y el Santiago sereno que yo conocí arrojó este resultado en Las Condes. Antes: casas de piedra, iglesias, sumisión. Ahora: flujo de caja, americanismos, check-in on line eficiente en Lan (así, en verso). Debo romper el orden, debo hacerlo: salgo corriendo por Riesco hacia arriba, me meto en el Hyatt, saludo como viejo habitué y descanso un rato en el gym. Saludo y bajo hacia Las Condes. Aquí siempre estoy multiplicado por menos uno: ni siquiera hay gente corriendo.
Y cada tanto, la perplejidad que se desliza desde la copa de Carmenere hacia arriba: yo soy el trasandino. Ah, la cuestión de las relatividades. No, no estoy en Manhattan pero tampoco en Chile: estoy en Sanhattan.
