Friday, April 01, 2011

Vals de Lenny (Junio de 2001)

El Coro Griego se mece suavemente, como un todo, mientras suena la melodía principal: "Um-ba-pá, Um-ba-pá, Um-ba-pá, Um-ba-pá..."

Las chicas del Call Center esperan al fondo, tras una barricada de Packs Iniciadores.

El grupo de Piqueteros Telefónicos les arroja Chokos, y residuos de otras promociones mal habidas. Lenny se adelanta, se sienta frente al público, y entona suavemente su primera copla, mientras una luz oblicua celeste, que lo hace aparecer casto y sincero ante el público:

"Yo me quiero casar / con una chica del Call Center

Las quiero tocar / y violarlas de repente.

Mi orgasmo no dura mucho

-en esas cosas no soy ducho-.

Pero...

Yo me quiero casar / con una chica del Call Center."

Segunda copla. La luz vira hacia un violeta. Aparecen las Chicas del Call Center, y una de ellas lo invita a bailar el vals, mientas el Coro Griego sigue con los Um-ba-pá de fondo.Suena el vals, in crescendo.

"Yo me quiero casar / con una chica del Call Center

Se van a acostumbrar / ya no vienen tan decentes.

Es tan grande mi deseo

Desde aquel baño de Liceo

Pero...

Yo me quiero casar / Con una chica del Call Center."

Copla final. La luz es intensa, pulsando en ese mismo tono violeta, mientras Lenny atrapa y rechaza a las Chicas del Call Center. Ya no es vals, sino un marketing uno a uno.

"Yo me quiero casar / con una chica del Call Center

Las voy a estimular / No serán indiferentes.

Mi tamaño no hace daño.

Y me he comido más de un caño.

Pero...

Yo me quiero casar / Con una chica del Call Center."

El Coro Griego sigue con los Um-ba-pá de fondo, y lo disminuye a medida que Lenny hace mutis por el foro, mostrando su estandarte de "Satisfacción del Cliente". Los Piqueteros abuchean, y gritan por el Ajuste de Noviembre.

Cuarta Copla –originada en noticias de entuerto judicial de Lenny, bastante posterior-

"Yo me quiero casar / con una chica del Call Center

Piedras o Castelar / atiendo todos los frentes.

Los estrados judiciales

Me achacan acosos y otros males.

Pero...

Yo me quiero casar / con una chica del Call Center."

Quinta Copla –originada en desvinculación de Lenny-

"Yo me quiero casar / con una chica del Call Center

Me van a desvincular / lo dijeron de repente.

Me quitaron a Agustina

Y me acusan de su ruina

Pero...

Yo me quiero casar / con una chica del Call Center."

Final con las tres Unidades de Negocio en franca discusión con el grupo de Piqueteros.

Thursday, March 24, 2011

Vanidades

El ejercicio meticuloso de la vanidad supone el desconocimiento casi absoluto de esta condición. Casi nadie registra para sí esa necesidad insolente de aparentar ser mejor. Para el espectador imparcial esta persistencia es molesta y algo ridícula, pues se nota en el otro una energía excesiva en el cuidado de ciertas verdades que no pueden ponerse en duda.

Y esta plaza llena de militares en Quito, qué pretenden. “Presenten arrrr…”, como si con esto o con las decenas de medallas colgando en el uniforme, resurgieran cualquier gloria. A un costado de la plaza hay otro ejército, pero de lustrabotas, y me decido por uno. “Pasta o tinta?” me dice. No entiendo. Lo que mejor quede. Mide menos de un metro cincuento y me pregunto cómo quedarán mis zapatos luego de esa extraña molienda que se produce en su superfiice. Van a quedar más claros, me digo, ya visiblemente molesto.

Llevando esto al extremo, quien pretenda parecer top en cualquier disciplina busca parecerse a algún estereotipo. Nótese en que estamos en la corteza, en lo exterior; el vanidoso no busca la excelencia, sino su sombra consistente. Pero esas sombras se confunden entre sí, y ocurre que los vanidosos se parecen mucho. Ay de ellos si supieran que la búsqueda del glamour los ha apartado de la originalidad.

Varado en Bogotá. Ezeiza cerrado y las consecuencia se sienten en el exterior, como ondas en un estanque. Son quince horas de demora, y nos llevan a un hotel de medio pelo en una autopista en eterna reconstrucción. Le ladro al conserje cuando sugiere que hay que compartir habitaciones. Le ladro a la gente de Aerolíneas Argentinas cuando admiten que no tienen el sistema para hacer upgrade. "Qué pena señor, no señor". Son amables pero de un modo untuoso, oblicuo, que me ofende aún más.

Las vertientes de la vanidad más evidentes son las que se centran en cuatro o cinco cuestiones evidentes: belleza, dinero, fama, hasta inteligencia. Hay quien se jacta de ser inteligente, y al instante deja de serlo. Existe una vanidad más sutil, acerca del tiempo y de la felicidad. Una cirugía estética o un bronceado perfecto nos hablan de una preocupación por la belleza –dentro del género de las vanidades evidentes- pero también se refieren al poder de detener el tiempo o de usarlo al mejor antojo.

Tiempo. Quién me devuelve mi tiempo, en ese hotel antes, y en este aeropuerto ahora. Ningún trabajo merece esto, que le digan a otro que viajar es placentero. Salgo a correr por la autopista destruída, la gente me mira pasar como a un demente, y creo que es eso lo que soy. Nadie más corre aquí. Me pierdo, y advierto que nadie sabe dónde están mi hotel.

Finalmente, creo que hay gente que se vanagloria de su felicidad. Este subgénero es reconocible por un optimismo a ultranza, una energía que sólo puede provenir de fármacos, y una dificultad de solidarizase con el otro en los trances difíciles. “No, yo a los velorios no voy; es muy mala onda”. Pero denme a los tristes, a lo inconclusos, a aquellos que son sensibles a la imperfección del mundo. Denme a los inseguros, a los feos, a los que tienen mala suerte e incluso a quienes atraen tempestades. Pues de ellos no será el Reino de los Cielos, pero contarán con mi simpatía, pues no hallaré en ellos ni un atisbo de vanidad. Y habrá quien, al leer esto, identificará algo de vanidad en mí; pues bien, les diré que es la dosis mínima que me han recetado para evitar males mayores. O eso es lo que yo prefiero creer.

Vuelvo al hotel. Duermo dos horas. Nos llaman para ir a Eldorado. Y aún no sé si me habrán de pasar a Business, como merezco.

Saturday, March 05, 2011

La fábula del Castorcito y la ardillita (Dic 2000)

Había una vez una ardillita muy modosita y vivía en el interior del Bosque. Pasaba su vida recolectando datos para su base de Inteligencia Comercial y se las ofrecía al zorrito, su jefe ruin, quien por encima de su blanco bigote miraba con desconfianza los análisis y los focus groups, retándola en su siseo constante:

-Essperá un poquito. Eres una ardillita mala. No interessssa. Te cassstigaré con el Paraguas Telefónico!

La ardillita agachaba la cabeza meditabunda, y al hacerlo, de paso mostraba su budincito (*). Su atención se volvía entonces a los lirios del bosque, a las aves del cielo y a las novedades del DataBase Marketing. En eso transcurría su pathos cuando hubo un cambio en el bosque. Los lirios y las aves sufrieron una depreciación en la estimación financiera, y sus beneficios fueron solo marginales, un commodity al decir del zorrito. "Lirios, aves... es lo missmo", gemía alterado, y se atusaba el bigote.

Pero un día llego el Castor, manejando el cuatrimotor (**). Y saben lo que pasó? Se empezó a mover a todaslas ardillitas del bosque en función de su liderzago, de su situación altamente proactiva, y del contexto win-win que supondría esa relación -a veces horizontal-. Ocurre que el Castor había sido nombrado Jefe del Bosque por alguna entidad externa y germánica que escapa a los fines de este cuento. El castor y el zorrito devinieron en grandes amigos pero no compartían las veleidades sexuales del primero, ya que el zorrito sólo tenía una temporada de celo quinquenal.

Entonces el Castor sonrió, dejo que un fluido pestilente asomara a su barbilla candado y convocó a una fiesta en el bosque. Todos los animalitos fueron invitados, y hubo fiestas, baile y strippers. El castorcito tomó debida cuenta del atuendo de las ardillitas y las apoyó en diversas circunstancias. La ardillita protagonista alegó inocencia pero los jueces se pronunciaron en contrario. Algunas ardillitas afortunadas fueron llevadas al tálamo nupcial y ascendidas a ardillita-consorte. El bosque siguió mal pero durante muchos años se habló de la fiesta.

Moraleja

"No por mucho madrugar se amanece más temprano

cuando cambien al castor, el empome será en vano."

(*) BDN = budincito. Argentinismo de fines de siglo.
(**) licencia poética, eco de canciones infantiles ajenas al Bosque y al tono de este blog.

Friday, March 04, 2011

Wiki Freaks


Tras el último post sobre Lenny y Martín, he recibido infundadas acusaciones. Debo decir que me encanta recibir infundadas acusaciones, sobre todo porque imagino las acusaciones desnudas, desprovistas de funda, indefensas. Me contemplo asombrado, me digo, “otra vez?”

Han llegado a tildarme de ser el Julian Assange del subdesarrollo, lo cual fue una especie de doble ironía: quien lo dice por creer que me ofende, y quien escuche -quien suscribe- por aparentar la posesión de información valiosa. Que no lo es.

Pero hagamos una farsa de todo esto. Finjamos indignación. Como el ciclista que se yergue en los pedales para otear el horizonte –y soy bien consciente de esa frase no gana premios- , transformemos esto en mi Cruzada Absurda de comienzos de año.

Dándome ínfulas, digo que desclasificaré información laboral –rotulada como secreta, hasta el momento- y que Inventario de Otredades será, tal vez hasta mitad de año, un sitio de denuncia sobre el bajofondismo ocupacional de la Argentina Tecnológica e Internetiana de los últimos quince años. Y enconces, qué? Habrá canto de sirenas con voces engoladas, habrá mucho idiota vociferando en mayúsculas frases de extrema boludez, se apreciará mucho trabajo de esclavos remando en galeras-Telco, y no se podrá evitar que se exhume algún emal del inframundo.

Finjamos preocupación, entonces, y digamos "estamos preocupados", en plural y en mayúsculas, pues es Viernes y no tenemos -ah, ese plural mayestático que diluye la responsabilidad- un título para esta exagerada expansión del ego. No hay tiempo para genialidades. Julian Assange. WikiLeaks. Hablaremos de freaks. WikiFreaks?

Saturday, February 26, 2011

Las tragedias reconcilian a la gente (Marzo 2001)

(Extracto del Laboral.doc de hace exactamente diez años)

Me escapo al baño, a mitad de mañana, para escapar de un tedio laboral tolerable. Se sabe que no todos los retretes son iguales: uno deliberadamente elige uno por suponerlo menos frecuentado y más limpio. En ese intermezzo sanitario me olvido que existe el mundo. Hay susurros, afuera, dos meadores diurnos, dos jinetes de la cerámica que cabalgan en el viento sosteniendo con dificultad sus miembritos. Una voz es conocida y directorial. La otra voz es solamente conocida. El director es quien inicia el diálogo.

Lenny: -Cómo anda el gimnasio?

Martín: -Perdón?

L: -Oíme, ayer se fueron casi cuatro horas.

M: -… (vacila, escoge el tono de cordero en el sacrificio). Bueno, señor director, usted está exagerando un poco…

L: -Realmente? Mirame. Te parece que estoy exagerando?

M: -No, lo que pasa es que…

L: -Pero la puta que lo parió.

M: -Qué pasó?

Se advierte un leve movimiento de pasos, y un movimiento que raspa la tela.

Habremos llegado tan bajo, me pregunto.

Lenny: -Pero, mirá, me mojé todo. Uy, los pantalones. Qué cagada.

Martín: -… Je, eso te pasa por peleador.

L: -Pero la puta, tengo gente en la oficina, y aparecer así, todo meado…

M: -Bueno, pero mirá, se puede arreglar. Vamos allá, que con una servilletita…

L: -Pero no, mirá, qué cagada.

M: -No, pero te explico. Entrás a la oficina con una carpetita y listo. Querés que te traiga la carpeta?

L: -Pero qué boludo. Y eso que me la había sacudido. Una vez cuando estaba en el Liceo me pasó lo mismo, pero me limpié y mas o menos zafé. Estaba de imaginaria.

M: -Ah, claro (conciliador). Qué momento, no?

Se oyen unos pasitos alejándose tras el lavabo, y se van, como grandes amigos.

Las tragedias reconcilian a la gente.

Wednesday, January 19, 2011

Deslizamientos


De este lado de la vida bien al Sur, las noches son más frescas en Enero. Al menos lo son más que ese horno que era esto hace un mes, un fragor que le impedía a uno resetearse durante las noches. Buenos Aires queda con la mitad de su gente, y más allá de la calma del jardín, hay modos para deslizarse hacia el sueño con naturalidad. Puede ser que uno se quede mirando el Abierto de Australia, esa extraña expectativa de mediodías abochornantes en plena madrugada, donde se es estúpidamente feliz mientras el tenista pueda pasar a segunda o tercera ronda, a eso de las dos de la mañana. O se puede disfrutar página a página de "El Barón Rampante" de Italo Calvino, y descubrir que "las empresas que se basan en una tenacidad interior deben ser mudas y oscuras; a poco que uno las declare, o se gloríe de ellas, todo parece fatuo, sin sentido, e incluso mezquino".

Será por eso, por lo que dice Calvino, que nunca pude creer en las declamaciones de políticos ni de grandes directores de Marketing? El protagonista de su libro es Cósimo, un niño que juró vivir toda su vida arriba de los árboles, y cumple. Estas son decisiones del arte, mayúsculas, de contexto; en la Naturaleza hay también deslizamientos funestos, como los de Río de Janeiro. Puede uno atisbar -en la misma noche tibia- que el mismo efecto sucede en el contexto pequeño de la familia y los amigos. Se inclinan los pareceres, cambian las prioridades, y no hay lodo ni árbol arrastrado que lo atestigüe.

Sigue Calvino, describiendo el caracter irresoluto del Caballero Abogado: "Jamás se oponía a la voluntad ajena, pero pronto se desinteresaba del trabajo y lo abandonaba (...) Mandaba empezar a cavar en un sitio, luego en otro, después interrumpir, y volvía a tomar medidas. Llegaba la noche lo suspendía todo. Era difícil que a la mañana siguiente decidiera reanudar el trabajo en aquel punto. No había forma de encontrarlo durante una semana." Y culmina: "Cósimo llevó a cuestas la imagen del Caballero Abogado como advertencia de en qué puede convertirse el hombre que separa su suerte de los demás".

Un conocido algo remoto me grita hoy desde la escalera del club: "qué te pasa Daniel, que vas tan pensativo". Me pasa el mundo, pensé. Cómo estar de otro modo? E inmediatamente uno esgrime una sonrisa para protegerse de la ironía. Pero los ojos no sonríen, no; y uno sigue subiendo la escalera. Y entonces seguimos en otro año, subiendo la otra escalera, con jardín, con Nalbandian y Del Potro en segunda ronda, a mitad de un libro, y con la impresión de que ese cosquilleo ante los deslizamientos ajenos -de la tierra, de las personas, del mundo- van haciendo mella. Tal vez la única forma de hacerse inmune a los deslizamientos ajenos sea la soledad irresoluta del Caballero Abogado.

Friday, December 10, 2010

Liderazgo pincha y crème brûlée


Un día antes del último partido del campeonato, habíamos pactado el encuentro con el Payaso Lugüercio, en la mítica "Aguada" del centro de La Plata. Los tres temas se habían entretejido en la conversación: la canción grabada a beneficio por el equipo de Estudiantes, la guerra entre vecinos de Soldati, y algo más esencial: por qué es que cada quien es hincha de cada equipo.

"Vos no elegís; Estudiantes te elige a vos" espetó el Payaso, docto y monacal pese a estar vestido aún con el jogging de entrenamiento. A sabiendas de que lo iba a aburrir, le conté por enésima vez cómo fue que me hice hincha de Estudiantes: tenía cinco años, y estaba hablando de fútbol con mi vieja mientras ella barría el living; eso fue todo. Por debajo de las palabras estaba el anhelo estúpido de empatizar con el antropólogo-futbolista; él movía las miguitas contra el mantel, y yo continuaba mi argumentación. El punto es que siempre había estado en minoría: el único hincha, en Primaria, en el Secundario, y en la Universidad, cuando en general todos eran -o son- de Boca o de River. "Creo que eso, de algún modo, me formó", dije con pretendida contundencia. El Payaso, como concediéndome el punto, tomó el pingüino para servirse algo más del tinto de la casa.

Pedimos los postres. Lugüercio clavó la vista en un banderín rojiblanco que había en el fondo del salón, y -aunque nadie hablaba- asentía levemente. "Los chicos de ahora se cambian fácil de equipo. Ayer vi uno de Independiente, el primero en diez años. Pero si sos del Pincha no cambiás". En la televisión TN pasaba los incidentes en el sur de la ciudad, como si se tratara de una ventana a otro planeta. La gendarmería separaba grupos de vecinos. La mayoría tenía camisetas de River, Boca, o San Lorenzo. "Igual, lo que vos decís no tiene mucho que ver: Sábato era de Estudiantes, sin ningún motivo.

Cambié de tema, y le pregunte qué pensaba de lo de Soldati. El Payaso te mira fijo cuando lo corrés con un tema político, pero con los cafés se dejó llevar. Hablamos de modelos de país, de la defensa de lo nacional, de repensar ciertas barreras a la inmigración. Mientras se escuchaban las detonaciones en el televisor, me explicó por qué habían caído en desgracia los clubes "grandes". Según él, el sentirse superiores los condena al fracaso, y la única excepción a esto parece ser el Barcelona, cuyo verdadero motor no son ni Xavi ni Iniesta, sino la "necesidad de resaltar la superioridad catalana", y dicho lo cual le pidió al mozo una crème brûlée, por supuesto inexistente en ese bar. Luego hablamos de la entrega de San Lorenzo en los ochenta, de cómo vendió el estadio a Carrefour, y terminó mudándose a una zona de villas bolivianas. Y mientras tanto -resalté yo-, el equpo campeón de Estudiantes había tenido tiempo para grabar una canción y recaudar fondos para hospitales. Le aseguré que lo mío no era xenofobia, sino que me negaba a darle nada gratis a la gente. "Este equipo debería ser un ejemplo, porque es solidario, trabaja, y todo le cuesta. Nada le llega gratis".

Lugüercio jamás te dice que tenés razón. Pero aún tenía una sorpresa. "Lo que sí, no creo para nada en eso de la Mística Copera" tiró el Payaso. "Creo en el laburo cada día, creo en futbolistas hijos de otros que se pasan los genes (Verón, Galleti, Romeo, etc), y en no hablar demasiado con la prensa. Creo en los técnicos casi mudos. Por eso nunca me gustó el Cholo Simeone, tenía un perfil muy alto". Un mozo que pasaba oyó el comentario, e hizo el gestito del DT corriendo dando saltitos ante cada gol. Nos reímos un poco, y el Payaso volvió a hundirse en los abismos de las miguitas de pan.

Al final, brindamos por partido que se venía, y se fue. Nunca le llegué a preguntar qué estaba haciendo él ahora, jugando en Racing. Tampoco hicimos pronósticos sobre quién sería el campeón al día siguiente. Pero en la lista de postres figuraba crème brûlée, algo borroneado.

Friday, December 03, 2010

Peligrosa certidumbre

Nabokov tiene razón, todo es bostezo y olvido. Julian Barnes, más acá, también la tiene cuando acuña que la vida es una maldita cosa detrás de la otra. Y cuando las citas son abrumadoramente reales, uno ni siquiera usa comillas. En cambio, parapetado contra el fin de año, yo sigo acumulando evidencia en contra de toda esta gente brillante y segura de sí misma, nítida, casi en relieve contra el claroscuro de la vida.

Hubo viajes, de distinto signo. Hubo otro DF, otra Caracas, y una Cartagena decadente, unidas por un calor envolvente de 35C; pero también un París para compensar, y un Madrid para promediar, ambos gélidos. En todos estos lugares, la gente estaba segura de sus opiniones, y yo los miraba desde la antesala de mí mismo, como haciendo con mi alma ese gesto itálico del montoncito. Pero hubo una excepción contra tanta certidumbre.

En un rincón de Paris, frente a Notre-Dame está la Shakespeare & Co, una librería donde se refugiaba Hemingway y donde se encontraban los libros prohibidos en los años 30. Allí, como en otros sitios parisinos, lo único cierto es la belleza serena de los anaqueles repletos de libros; no hay pregones, no hay frases rimbombantes, ni necesidad de establecer superioridad moral, de negocios, frente al otro. De allí rescaté un buen Galactic Pot-Healer, de Philip Dick, otro que no se la creyó mucho, donde se reescribe la fábula del pequeño y humilde que resulta ser grande. Otro Keyser Soze, otro Mulo. Los antecedentes en distintas ramas del arte son demasiados.

Lo que quiero decir es que uno ya es grande para jugar al nihilista, y que debe aceptar que el resto del mundo espera pequeñas certidumbres de uno, y que tal vez -como en la novela de Dick- lo que uno hace en diversos ámbitos es más importante de lo que parece. Aunque bien pueda ser que deba reescribir esta basura, y me arroje de lleno en la procastinación y en la fascinación por mi propia inseguridad.

Tuesday, October 05, 2010

Yanificación y después

Hay tres ámbitos que se entremezclan estos días, como esas esferas diabólicas de la mala película de Sci-Fi “Event Horizon”. La primera esfera se refiere a la interacción cotidiana con la gente. Me interesan los cambios en el lenguaje cotidiano, y anoto conmovido esta lista de ítems, sin orden particular: las afirmaciones se reemplazaron por “dale”, la vacilación por “ponele”, la adjetivación en exceso se combina con sujeto tácito y todas las frases adquieren doble sentido - “este año le entro a cuanta (carrera) chica se me cruce”-. Me interesa algo menos el uso distorsivo de posesivos, que revierte la carga de la acción (“me viste esa película?”) y la forma en que las mujeres de treinta vocalizan como perras en celo, o se operan como si la mueca del alma debiera reflejarse en el rostro. Me desespera, finalmente, el estilo desganado de los casi varones en Chacalermo, que arrastran las palabras y carraspean, y dicen “m´tendés?”, se compran zapatillas cool con deditos, y dejan flotando en el aire su duda perpetua de uf, dejar a mamá y emanciparse a los uf, treinta y siete.

En una segunda esfera, más allá de los diálogos y del país Fort hay un país Yan donde la gente se entierra cada semana en una ciénaga distinta, para paranoiquear acerca del caso particular y no discutir el caso general. A la hora de pensar y debatir en cada edificio se libran batallas menores pero importantes: Vecina 1 habla de “su seguridad” y de que “en su lista de prioridades no entran las ratas”, pero huye de los problemas reales del consorcio. Vecina 2 es falsamente artista, y nos sacude a toda hora con ritmos étnicos impropios, en nombre de un arte que espero no esté subvencionado por un gobierno claudicante. Vecino 3 es reciente esposo y todas las noches pac, pac, pac aplasta milanesas y mira fijo el ténder mientras su esposa mira la tele (“mirá, de nuevo Romina Yan”) pero él pac, pac, pac deja finitas las milanesas y nadie le avisó que se puede pedir en el comercio un corte más fino. En fin, la excesiva yanificación del país se debe a “la extensión del ámbito privado en los medios masivos”. Y me acabo de citar a mí mismo, autoproclamando mi autoridad en la materia, con la fuerza de quien achata milanesas para lograr el coito mensual. El fenómeno parece potenciarse cuando el acontecimiento pertenece a algo que hemos visto desde pequeños, y que esto “nos sumerge en un plural de amistosa concordancia”, y lo hice de nuevo, me cité por segunda vez. Y cuando estoy por hablar sobre la tercera esfera, anoto mentalmente que quiero evitar esa mirada despectiva que esgrimen los pasajeros de Business cuando ingresa al avión la masa que va a Economy. Realmente, no hallo el punto medio: temo que el país Yanifique (así solito, sin partículas reflexivas) ante la muerte inesperada de un integrante del elenco de Montaña Rusa, por caso.

La tercera esfera es la meritoria, es la de un país que vive solo en mi imaginación donde mi cruzada absurda permanente es hallar el sentido (Pamuk otra vez?) de acontecimientos crudamente desvinculados. Imagino al Payaso Lugüercio frustrado por el fútbol y las marathones y yendo a jugar a un equpo de nombre rimbombante, como Tanque Sisley de Uruguay, e imaginar al Payaso desvelado por la etimología del nombre de su equipo. O tal vez sea la máquina de Coca Cola, tan argentina en su operación, tan permeable al segundo intento de pago a pesar del letrero “sin cambio”, y los vestigios del accionar de un programador local que planeó el detalle, tal vez olvidando un módulo de voz que dijera “está bien” ante la persistencia del cliente.

O quizás cuando escucho el “Love me tender” de Elvis Presley en la musiquita de los contestadores telefónicos, sentir que eso es un Evento Lindante con la Mayor Boludez Posible (ELMBP), por esas varias notas levemente iguales que se traducen en un “píiiiiiiiiiiiiiii” insoportable. Ese debería ser el himno de mi país, uno que tuviera muchos Tanques Sisley de etimología improbable, que aboliera de sus símbolos, confesara su inutilidad, y le comunicara a sus ciudadanos que “no habrá más Rominas Yan, no habrá más vecinos, háganse cargo de Uds mismos, que nosotros nos vamos a alguna isla del Mar Jónico”.

Tuesday, September 14, 2010

Lugüercio desencadenado

Apocado por la prensa y por el declive racinguista en la tabla de promedios, mi amigo el Payaso Lugüercio se propuso incursionar en el atletismo mientras alternaba sus esporádicos partidos en primera división. Fue una pasión otoñal, como la son todas. Por unos años su vida tuvo sentido al amparo de un Excel dictatorial, que le ordenaba kilómetros y ritmos. El Payaso obedecía y entrenaba, acatando con mansedumbre el rigor del entrenamiento. Creía en este Excel más que en sus directores técnicos; creía, en fin, que mejoraría con los años.

Pasó
minuciosamente por cada decepción posible en la vida del corredor. Pronto descubrió su falta de velocidad en los eventos de pista: con una convicción insana se dijo que lo suyo era lo opuesto, la resistencia, y se volcó a la distancia madre de 42 km. Fue más allá, averiguó sobre ultramaratones. Se anotó en el Espartatlón de 240km para abandonar meses antes. Se cocinó lentamente en el infierno de los atletas sobreentrenados, y comenzó a inventar distancias intermedias donde no tuviera registros a mejorar. Se confesó ante sus amistades: “soy recordman en los 12,5 km”. En fin, enchapiteció.

Lo que lo convertía en ejemplo de sus compañeros de Racing –y en motivo de escarnio por parte de sus amigos de Estudiantes- lo limitó aún más como jugador, si tal cosa era posible. Hizo con las críticas lo que sugeria Nabokov con sus libros: bostezar y olvidar. Cuando entraba en los segundos tiempos chocaba contra rivales y se cansaba rápido en los piques cortos, que corría a anotar prolijamente a su Excel como “pasadas de 50 metros con recuperación variable”. Fue separado del plantel y ofrecido en préstamo sin cargo a un oscuro club de Oruro, Bolivia. Le dijo a sus íntimos que “había aceptado este préstamo para poder entrenar en la altura”.


Algunos libros de texto de Fisiología del Deporte rescatan la curva del declive atlético que acompaña esta nota. Lacónicamente, tiempos obtenidos en eje Y, años en el eje X. Rápido apogeo, lenta declinación y feroz desencanto: todo en el Payaso es metáfora del decaimiento atlético del ser humano, y de la desangelada epopeya racinguista. Toda nuestra vida es, finalmente, bostezo y olvido.

Saturday, September 04, 2010

La madama literaria

Qué era lo que decía Julian Barnes? Que la vida era una maldita cosa detrás de la otra? Algo de eso le escuché decir en su charla hace dos años en el Malba. Hoy por caso fui a ver una charla de escritores, en el marco del Filba, y me encontré conjeturando acerca del violento final de la madama de pelo bordó que regentea el bar (librería?) "Clásica y Moderna".

(La mujer se mueve, inquieta. No le cierra el negocio. Esta gente amante de libros no va a consumir más que café. Se dice, amargamente, para qué cerró con Filba a tan bajo precio... y encima a esta hora juega Boca, y me cayeron las amigas. Y, les tengo que hablar, total estos escritores qué saben... pero las acomodo en las mesas de adelante y quedo como una reina.)

Ella se acomodará la melena, mientras departe con las chicas a viva voz. Pero seguían en lo suyo Olguín, Cross y Piñeiro, la de los countries. Porque la vida es un maldito country después de otro. Cross estuvo bien: por cinco minutos habló de ghost writers a lo largo de la historia. Un escritor que se olvida de sí mismo por un instante: una novedad. Yo no podría, sé que tengo pasta de escritor.

Apenas por sobre el volumen de la madama (por qué me sushea ese tipo?), en el estrado se seguía hablando sobre libros por encargo, como la prostitución, como el crimen. La analogía es feliz: podría matar a la madama, podría convertirme en la eterna promesa incumplida que se pudre en la cárcel, y encargarle a Olguín que escribiera el libro. El guión es fácil: él tipo no sabía qué era: si físico, si corría marathones, o si debía hacer marketing o negocios. Hasta quiso escribir, mirá. Tenía pasta. Pero no puede, porque terminó en la cárcel, porque la madama hablaba mucho, y porque la vida es una maldita cosa detrás de la otra.

Monday, August 23, 2010

Flandes espera

En la quietud de las aguas y en la piedra de sus calles centenarias, Flandes espera. Se agita inquieto en ese gran patio trasero entre Francia, Alemania e Inglaterra; sopesa tensiones que mudan a través de siglos. Produce milagros como Brujas, aunque el marketing de los canales se lo lleve Venecia; y el de los polders, los holandeses. Soporta batallas mundiales en el Somme, alberga tumbas de cientos de miles de soldados en sus playas, inaugura armas químicas en Ypres, y recuerda a sus vecinos derrotas inesperadas, como en Waterloo.

Soy testigo ocasional. En vez de quedarme en el laboratorio de Hasselt, me pasean en un Porsche Carrera por la llovizna en la noche de un extremo a otro: Antwerp, Gent, y finalmente Brujas. El conductor -el gurú techie que me debe explicar la vida- me habla de Carlos V y de la inquisición, de los pintores flamencos y la cámara obscura, y de por qué la Wallonia francesa es una carga indeseada. "They don´t work at all", me dice, y salta en la butaca cada vez que suena en los woofers ese nuevo berrido tech de "Panamericano". Bélgica es un sueño de muelles y resortes, una necesidad, una gema pequeña y molesta incrustada entre las coronas de Europa.

Llegamos a Brujas y tengo tiempo de salir a correr a través de un bosque y su bruma matinal, y de toparme con el Kastel van Tillegem, sin un testigo, sin una presencia. Ante mi pregunta, la gente del hotel preguntará "which castle?", extrañada, y mi contraparte belga los denostará: son todos inmigrantes incultos. Le cuento al belga la historia de "The night watch", la venerable canción flamenca de King Crimson inspirada en la pintura de Rembrandt, y la desconoce, pero me retrueca con el paso de Einstein por Ostende y Solvay, y con anécdotas desdeñosas sobre Carlos V. "He wouldn´t speak Spanish at all", mientras ahora casi todos los turistas son españoles, a pesar de la Crisis.

"So many years we suffered here
Our country racked with Spanish wars
Now comes a chance to find ourselves
And quiet reigns behind our doors
We think about posterity again".

Luego hay reuniones, hay un Excel que se agita, y hay cervezas en algún orden secreto, mientras el Porsche rueda por los adoquines y sigue sonando "Panamericano". La gente desaparece en el atardecer, aterrados por la posiblidad de quedarse sin cena. Casi parece escucharse el solo de guitarra de Fripp al final de la canción, resonando frente al Belfort. Los mercados de piedra, los puentes y las iglesias emergen de ese témpano de niebla que es el tiempo. Flandes, de algún modo, espera.

"And so the pride of little men
The burghers good and true
Still living through the painter's hand
Request you all to understand."

Wednesday, August 18, 2010

Kasteel van Tillegem


Y qué pasa si uno sale a correr por un bosque al sur de Brujas, espera completar 10K decentes por alguna carretera, encuentra un bosque con perfectos senderos y eucaliptos, y en medio de la niebla matinal, uno se encuentra con este castillo?

Tuesday, August 17, 2010

High Tech en Hasselt


Jamás puedo dormir en los aviones, no importa lo que haga. Esta vez no fue la excepción. La parada de cuatro horas en Barajas significó la vuelta a un primer mundo de señalética, gestos y costumbres distintas; pero la llegada a un destino imprevisto fue mucho más interesante.

Hasselt es un lugar de tecnología inusual en pleno Flandes. La gente habla flamenco tal como en Barcelona o en Quebec la resistencia pasa por el idioma. Bélgica es una país-buffer que separa Holanda de Francia y de Alemania, aunque más de un siglo después nadie se sienta belga, y en cambio se digan flamencos. La gente se queja del clima y de la lluvia, pero a los costados de la carretera los campos se ven de un verde eterno y cultivado.

Desde lo alto de un Radisson new-tech se advierte el techo de la catedral y un fervor religioso que hace demasiado fácil el chiste de Flanders y Flandes. En los alrededores florecen las industrias de IT y del Contenido. A cien kilómetros, en el Somme, todavía se encuentran ecos de ambas guerras. Bélgica siempre fue el patio de atrás donde se pelean los chicos. Tal vez pensando en esto, en guerras e identidades, la gente bebe cervezas con 10% de alcohol. Mientras me entrego al ritual, vislumbrando Argentinas fragmentadas, sin lugar para belleza ni para tecnología. Más allá del cristal sigue lloviendo.

Tuesday, July 20, 2010

Eterna cadencia de la ciencia ficción

Tomo todas las actividades relacionados con la lectura como mi perfecta cruzada absurda. Cada uno de estos eventos que acechan, torcidos, en los bordes de la agenda -casi demorados en horas cansinas o en lugares raros- hubieran sido tachados de "poco profesionales" por cualquier mentor de los Recursos Humanos, esos de los que supe desprenderme. Ese saboteo minucioso donde la maldita Blackberry es arrojada al foso del bolsillo, es la perfecta evasión.

Esta vez se trató de un debate sobre Ciencia y Literatura, en Eterna Cadencia, guiado por Diego Golombek y Martín Hadis, en la intimidad de un living con luna incluida a través del techo vidriado. Había no más de diez personas, si debo incluir a tres minitas que supieron llegar tarde. Enumero los temas: Oliver Sacks y su mujer-sombrero, Borges y la falsa verosimilitud, la memoria de Funes, las naves de los Ramanes de Clark, la ficción más infantil de Volpi y Ebly, los nexos entre ficción y ciencia, los papers bien escritos, la absurda necesidad de seres antropomorfos en Sci-Fi, y la base científica de los Memento y de los momentos de epifanía.

Me quedé pensando en mi necesidad del hilo conductor. Tal vez eso, mi búsqueda de significado (a lo Pamuk, a lo Saer) pudiera servir para resumir. Cuando estudiaba Física trataba de entender sin fricción, casi deseando que la Ciencia fuera fácil -y no se puede-. Suponía que entender todo en un parpadeo era una especie de magia que nos estaba vedada, y que debía existir un significado preciso. Ahora, cuando leo o escribo, veo que cada cual infiere lo que puede o lo que quiere. Y si tuviera que proponer un ejercicio de Sci-Fi, lo haría muy de entrecasa, agregando una chispa alineal a una situación banal en Burzaco. Mientras escribo me desanima un poco darme cuenta que esto lo hizo Bioy Casares, entre mujeres y partidos de tenis, casi a desgano.

Volví a casa y miré el estante donde se amontona el Nacional B de la sci-fi: los Le Guin, los Bester, los Farmer, los Dick tempraneros, los Gene Wolfe más recientes. En medio estante de arriba gobierna el triunvirato Clark, Asimov y Bradbury, junto a un pelotón intermedio e indisciplinado. Me pregunto si ellos habrán sentido esa necesidad de escaparse a los barrancos de la ficción, no necesariamente con marcianitos ululantes, y qué habrán hecho con su propia necesidad de sentido.

Thursday, July 15, 2010

Ventajas y desventajas de ir al teatro


Luego del agotador "Don Giovanni" de anteanoche -tres horas quince de las que aún no me repongo- van madurando sensaciones. Me encanta haber vuelto a visitar el Teatro Colón, que de alguna manera es jugar a ser turista en la propia ciudad. Pero no disfruté la obra, y mientras se iban turnando calambres en los pies -por la estrechez del recinto- y contracturas varias en nuca y espalda, me hundí en mí mismo para contemplar alrededor a algunos personajes cercanos, perfectamente dignos de estar en el escenario.

Detrás de nuestros asientos, una fila de hombres parados. En el piso inmediato superior, se repetía la fila, pero de mujeres. Un código preconciliar rige este orden para evitar tocamientos innecesarios, me contó la acomodadora luego. Durante el entreacto escapé escaleras abajo para estirar las piernas. La calle Tucumán estaba desierta y absolutamente fría, bajo la luz de la luna. Mirando hacia el palacio de Tribunales iluminado, la sensación era la de estar en el primer mundo, idea que fue rápidamente mitigada por la huída en tropel de un grupo de franceses, puteando en diversas lenguas. Al subir para el segundo acto me demoré en los cafés de los pisos sucesivos; al contrario que el descenso a los infiernos del Dante, a medida que subía iban desapareciendo los "tuxedos", y aparecía gente interesante -si vale el adjetivo-. Peldaño tras peldaño, el buen observador hubiera recolectado una buena síntesis de la sociedad argentina, desde una oligarquía inexpresiva hasta una inteligentzia kitsch, algo pendiente de la mirada ajena.

Vuelvo con mi recuerdo al escenario. Serán las actitudes previsibles de los actores, esa gestualidad evidente transportada del siglo XVII? Será la reiteración de frases musicales, esos diálogos a-lo-Pimpinela? O habrá sido la incomodidad de la butaca? Todo esto fue nivelado por el aria "Dalla sua pace" (final del primer acto) y por la increíble nota de Hugo Becaccece acerca de Lorenzo da Ponte, el escritor de Don Giovanni, que le termina dando sentido a este descenso a los avernos opertísticos. Querido lector, abandona este blog y concluye a tu vez tu aventura, yendo directamente a la lectura de esta nota.

Wednesday, July 07, 2010

El lento reflujo post mundialista

La luz pálida e invernal tras la lluvia se acompasa con el viento en despejar las calles y augura que los próximos días serán espectrales. Desde el bar veo unos viejos con pasos tambaleantes, que llevan maletines augustos, como portando sus últimos enseres hasta un destino muy próximo y definido: sólo unas cuadras, sólo unos meses. A mi alrededor, la actividad lentamente renace, sólo que en la peor estación posible.

El equipo queda afuera del mundial, y aún los que no estamos en esto, no quedamos inmunes. Nos han despojado de algo más que la pretensión al título: nos han quitado la excusa perfecta para nuestra inmovilidad. Como medusas aspiradas por un caudal de agua impensado, nos conducen al agite indeseado de un mar exterior. De un tirón navegamos hacia nuestro destino. Ya no nos estará dado el sereno milagro de la procastinación.

Enviamos mails, pedimos café, tenemos reuniones. Pero todo es artificial. No somos nosotros los que nos movemos, es el fluído que nos rodea. Si no significara un esfuezo, haría público que todas las teorías sobre el éter son, de algún modo, ciertas. Y al pulsar la tecla que enviará este post hacia ese otro fluído que es el de la Web, no será mi índice el actor, ni mi voluntad el autor detrás del cortinado. Será un mero tentáculo que se agita al amparo del vacío mundialista el que provoque esto, y luego el vacío, y la calle invernal, y la contemplación de los viejos.

Saturday, June 12, 2010

Sudáfrica 2010, Cordwainer Smith y Pedro Mairal

Los mundiales de fútbol son buenos clavadores de recuerdos. Pueden parecer escapismos, generadores de chauvinismo, o disparadores de consumo de LCDs. Pero sirven para atornillar sistemáticamente recuerdos aislados, ráfagas nostalgiosas de situaciones amontonadas de a cuatro años. Nadie podrá criticarlos en ese sentido, o al menos no más que a las píldoras de la memoria. Pero la vida sigue.

Probablemente yo recuerde este Mundial de Sudáfrica no tanto por mis diálogos con el Payaso Lugüercio -un defensor a ultranza de Verón- ni por mi animosidad contra la Religión Maradoniana, más defensora del talento que del esfuerzo. Más bien lo recordaré por mis lecturas entremezcladas de Cordwainer Smith y Pedro Mairal, quienes sólo se parecen en lo buenos que son sus libros.

En un rincón Smith, con un sci-fi berreta pero efectivo de los sesenta, hablando del espacio como el Arriba-Afuera, humanos que deciden ser máquinas para combatir el Dolor del Espacio, y un futuro remoto donde la Instrumentalidad controla todo. En el otro el increíble "Salvatierra" de Mairal, con sus paisajes oníricos y ribereños, la lectura que hace el hijo del padre a través de los años, descubriendo una pintura kilométrica, y el lento abandono en que trasncurre la obra. Cordwainer es positivista, imaginativo, cree en el futuro y hasta esboza medio siglo antes los SMS con que los Observadores escriben en sus pizarras: "Pr fvr qrd" se intuye como "por favor querida". Mairal en cambio fluye como su río hacia el pasado, se regodea en el abandono y la desidida del paisaje provinciano argentino, y esquiva los diálogos en el personaje principal, mudo, que apenas logra comunicarse a través de los trazos de su pintura.

Dice Cordwainer Smith: "Los ojos grises y compasivos miraban a Helen, y era él ahora y no ella quien dominaba la situación. Helen miró los ojos. Aquellos ojos habían estado abiertos cuarenta años en la oscuridad casi completa de la menuda cabina. Los débiles tableros habían llegado a brillar tanto como soles llameantes, lastimándole las cansadas retinas antes que él hubiera podido apartar los ojos (...) De vez en cuando él había mirado el vacío negro, y había visto allí las imágenes de los tableros, negro claro contra negro oscuro, mientras los kilómetros de velas absorbían el impulso de la luz y aceleraban la nave en un océano de insondable silencio".

Y responde Mairal: “Después Salvatierra empezó a pintar a mi hermana de un modo menos doloroso: ahogada, como dormida, purificada por el río, una Ofelia de aguas cálidas y turbias. Salvatierra había querido pintar la fuerza del río en su tela, y el río le había pedido a cambio a su hija de doce años. El río se la llevaba despacio pero implacable, sin que él pudiera detenerlo. Y así la pintó: Estela ahogada en el remanso de los sauces; Estela entre los peces monstruosos, su pelo enredado entre los juncos de la orilla, su vestido pesado, los párpados en la corriente calma; Estela apenas visible bajo la superficie, entre las nubes del reflejo del agua”.

En fin, somos espectadores. A menudo procastinamos, demoramos a sabiendas, evitamos decidir y nos refugiamos en partido de fútbol o en un libro, a veces suponiendo con vanidad que éste es mejor que aquél. Yo comparto este engaño, pero prefiero ir más allá, y tengo una visión. Imagino una secta de barrabravas cultos que ingresan al Ellis Park al grito de "Vean el Mundial / y lean a Mairal", ganando el acceso -sin entradas, claro-, buscando hooligans a su paso, y desagarrando copias de "El juego de la rata y del dragón", de Smith, con un estúpido nacionalismo, en medio del ulular de las vuvuzelas.

Tuesday, May 25, 2010

Mails, bicentenario y azar


Buceo en las profunidades del inbox de mi cuenta en Yahoo! a poco de volver de los festejos por el Bicentenario argentino, sobre los que me siento bastante ajeno. No puedo switchear a GMail del mismo modo en que me cuestan otros cambios, pero la nueva versión del viejo correo me permite scrollear rápido por años buenos y malos.

Ayer por la noche caminaba con mi familia por veredas rotas y mugrientas, pensando en cuánto dinero se había gastado por celebrar una imagen caleidoscópica -al cabo, qué es la Argentina- y buscaba el camino de retorno hacia un auto sitiado por hordas. La misma heterogeneidad provenía de los correos de hace añares. Pero reencontré un maravilloso hotelito en Preuzler Berg, tips para correr en Praga, una amiga hoy divorciada pontificando a su marido de entonces, los preparativos para una conferencia, y la vez que le preguntaba a Paula cómo era eso de tener un blog. Me reí al ver mails de dos chantas en un curso de complejidad, y en un amago de libro. A mi pesar, me gustó más el inbox de hace diez años que el de hoy.

Es bueno desconfiar del propio escepticismo, tanto para los eventos de la argentinidad como para juzgarse a partir de viejos mails. Ambos parten de que el pasado es lineal, reconstruible, explicable. Y finalmente, yo creo que casi todo es azar.

Thursday, May 13, 2010

Una tarde correcta

El centro médico en Colegiales es correcto, en un mundo donde ese adjetivo ya dice mucho. Al abrir al puerta dejo atrás una tarde otoñal perfecta con decorado de hojas rojizas, empedrado suave de Avenida de los Incas y cielo en composé. En cualquier momento chocaré contra la cúpula de Truman Show. Subo las escaleras.

Me voy durmiendo mientras espero que me llamen. A la vez siento una ligera incomodidad al comprobar que los cadáveres ambulanes me miran como si hubiera escapado del Jardín. La mejor medicina es no venir ni al chequeo médico, me digo, pero despierto de un sueño rápido. Me quedo mirando algo parecido a un bajorrelieve romano que trata de inspirar reverencia ante conocimientos arcanos. Es entonces cuando se abre la puerta y una médica correcta como la Clínica me llama por mi nombre.

Me derrumbo sobre el sillón y le doy tiempo para que ordene sus fichas sin hablarle. Transcurre un minuto de silencio. Pienso: si me dice "bueno, qué le anda pasando", me levanto y me voy. En todo este tiempo no se me ocurre nada revelador para decirle: quién no está cansado, quién no tiene problemas para dormir, quién no tiene stress. Miro fijamente las molduras del techo. Hay cajas de medicamentos esparcidas en la mesa, nombres de fármacos que terminan en "X", olor a enfermedad. Hace un año exacto estaba el asunto de la gripe mejicana, ahora ni eso. La doctora levanta la mirada y pregunta:

- Bueno, qué le anda pasando?

Me repliego en el sótano dieciocho de mí mismo y le digo alguna banalidad sobre cansancio, sobre el stress, sobre el dormir. Me miro a mí mismo; qué cretino, me digo. Me toma la presión: diez-cinco. Le digo, me estaba durmiendo. Me toma el pulso: cincuenta y cinco. Me adelanto, le hablo de bradicardia, es el deporte, que eso está bien. Me mira y hace una pausa. Me mira con especial atención. Me llena de papeles y prescripciones. Soy un paciente absolutamente en orden, y comienza así mi descenso al catafalco.

Afuera, la tarde es sólo un poco más luminosa, tal vez algo más fresca. La tarde es correcta.