Monday, September 19, 2011

Coetzee y la tía L.

Al domingo le quedaban pocos pulsos. El sol que quedaba agotaba su esperanza de primavera, y del resto sólo podía exprimirse invierno, y alguna alegría del triunfo agónico de Estudiantes. De la clase de elongación sólo quedaba un racimo de esqueletos en tensión derramándose hacia la salida del club. Vamos a ver a la Tía L., que está en el Mater Dei, me dijiste, y de paso vemos si hay algo en el #Filba, y lo digo así, con hasthag.

El bombardeo de rigor de imágenes religiosas en el sanatorio superó lo que hubiera dictado el nomenclador en una visita papal. Sobrevivimos a eso y a la presencia de primos de diverso tenor tratando de insuflar ánimo a la tía L. Estaba el primo rugbier, fascinado con el mundial de Nueva Zelandia, el primo "hágalo Ud mismo" con su callada presencia de artesano, y tácitamente nosotros, esperando que el contador de oxígeno de la tía se acercara a un decente 95 para retirarnos en buen orden.

La mayor bondad del Mater Dei es que queda a una cuadra del Malba, y esto nos condujo con rapidez a una buena fila 2 en el evento de Coetzee desafiando el escrutinio policial. En el proscenio surgió una divinidad cultural K que atronó con el poco feliz "buenas noches a todos y a todas", dejando escaso margen para la esperanza. El público aplaudió a destiempo al bueno de JM que se desplazaba fantasmalmente hacia un costado del proscenio, buscando un lugar donde guarecerse de la plebe. Una celebridad local de anteojos -de un estilo Flacso inferior-, desgranó tramas y algunos finales de varias novelas del sudafricano. Te dije, está contando los finales, y asentiste levemente.

Coetzee finalmente deambuló hacia el escritorio ostentando un rostro tedioso a prueba de balas, balbuceó un saludou en espagnol y luego leyó -en riguroso Inglés- "The old woman and the cats" que resumiremos del siguiente modo: "un joven va a visitar a su anciana madre, que vive en un remoto pueblo de España rodeada de gatos, y sobre ellos sobreviene la incomprensión". Que es más o menos la historia de cada uno de nosotros, quitando los aspectos gatunos e hispanos. Se hizo un silencio plausible, porque la mitad de la audiencia estaba cómodamente adormecida -otro tributo a Roger Waters, pero en Malba- y Coetzee pagó su cachet firmando ejemplares y musitando cero punto cero palabras con la plebe wachiturra que se aproximaba a saludarlo, esgrimiendo sus libritos como víctimas propiciatorias. El mascarón de proa de su rostro revelaba en el plano corto aún más odio.

Me quedan muchas preguntas sobre los valores humanos de todos los implicados -Coetzee, entrevistadores, personal de seguridad-, todos excepto la buena de Tía L., que aguarda en el Mater Dei sin gatos ni hijos, pero a la vez sin incomprensiones.

Tuesday, August 16, 2011

Villa Crespo siempre fue zurdita


Tras la agitación inicial, las tareas repetitivas iban dando maquinalmente lugar al sueño. Cada tanto un murmullo me llegaba del costado, un comentario de una fiscal. Buscar en la lista, entregar el sobre, tomar el documento, sellar, firmar. Dudar cada vez sobre la fecha de hoy. Un susurro: “pero vos viste eso que se hizo los labios, este tipo!” No, no había visto. Sueño, té o mate, zumbidos de luz de tubos fluorescentes, y el eco de pasos en la entrada, cada tanto.

A mi izquierda, la Fiscal del kirchnerismo le sacaba un poco el cuero a cada votante. A su modo, ella emitía su voto. Ya habían pasado las ancianas depresivas de las 8, el viejito de la libreta cívica de 1915 que hubo que ayudar, las de la villa que venían a mediodía esgrimiendo embarazos, y los primos Chediek que preguntaban unos por otros, y ocupaban un quinto del padrón. Más tarde había aparecido una mina impresionante, todo mohínes y ombliguito. La fiscal peronista había sido implacable en el veredicto: “trola”.

Atrás había quedado el apuro de la mañana temprano por pegar las listas en la pared con una cinta Scotch irrecuperable, o la recarga de tinta a la almohadilla del sello. Y mucho más atrás, la capacitación en la Facultad de Derecho. Pero hoy, minuto a minuto se había desgranado el día, en el salón de esa escuela pública de Chacarita. La nueva experiencia de ser presidente de mesa era cansadora por la repetición de actos, reacciones, y reflejos, sólo alterados por el vistazo al Twitter y los cuchicheos. “Vos sabés que estamos en la Cueva?” me había contado la fiscal peronista, sobreponiéndose al sueño. "Esta parte del barrio es muy rara..." Yo no tenía muchas noticias de ese cuadrado extraño de pocas manzanas, encerrado por vías, Corrientes, y el Cementerio. La zona parecía tener una identidad política propia, unidades básicas, y fiscales que se conocían y chicaneaban de hacía rato. De nuevo, casi equivoqué la fecha.

El padrón era una buena muestra de la sociedad porteña, 350 apellidos que empezaban con C, que vivían en Chacarita y Villa Crespo, y que desfilaban a lo largo de diez horas mostrando toda la escala social. “Mirá las calzas con que vino a votar esa turra”, dijo una. Un señor en jogging se quejaba de que el sello oficial era cuadrado, y no redondo. Otra señora estaba pasada de anfetas, repartía besos a conocidos, y estaba decidida a cantar su voto. Más allá, una pareja había dejado a su nena saltando y gritando sobre la mesa de votación. Toda la sociedad estaba allí, hasta mi propios hijos. Allí el comentario fue "cómo, tenés una hija que ya vota?". Aunque eso mismo es lo que yo me pregunto cada día.

Llegaron las seis de la tarde, y cayeron todos los fiscales como buitres sobre su presa. Pedían firmar planillas en blanco “para acelerar”, se ofrecían a ayudar a contar votos, o simplemente prendían sus cigarrillos. Algunos decían sentir la política, otros confesaban que lo hacían por plata. La noche había caído sobre el aula y se había establecido una extraña cofradía sobre esas diez personas que se mantenían en el aula, contando boletas y haciendo chistes sobre la aparición de tal o cual agrupación. “Mirá, una de Altamira” gritaba uno, y se reían, sin afanes reivindicatorios. El cansancio los había aflojado.“Ya no hay un peronismo de Perón. Nadie se banca a los K, pero somos tan boludos que no hubo oposición” me dijo la fiscal de Perón. El pelado de Altamira me besaba las manos: diez votos de la izquierda en mi mesa eran oro, y encima más que los cinco votos de Carrió. “Villa Crespo siempre fue zurdita”, concluyó, en su pequeña victoria.

Salí un momento afuera, ya hacía frío. Estaba fumando el delegado de la Junta Electoral. “Todavía no se sabe, pero Cristina ganó por paliza” me dijo. Volví al aula y terminamos de volcar los totales a las planillas. Sólo quedábamos un par de presidentes de mesa, los del Correo, la gendarmería, y una fiscal general algo mayor mascullando que “alguien le había robado sus papeles”. Acomodé mi mochila y pensé en pequeñas Argentinas fragmentadas, en el caloidoscopio de vidas pequeñas que deciden, y vidas grandes que aparecen en la Tele. Comparé la pequeña felicidad interior de votar con los estúpidos ademanes de Boudou en los actos. Pensé, finalmente, en el aspecto sombrío de los viejitos tambaleando hacia su última elección, y en un país condenado a votar según el resumen de la tarjeta de crédito. Salí a la calle Otero y fui caminando hacia la avenida del Cementerio.

Monday, June 20, 2011

Los piqueteros de las cenizas


La última vez que vi al Payaso, lo había notado algo caído. Esta vez, se trataba de algo peor.

Nos encontramos en "Los Galgos" de Callao, un lugar que nos recuerda a cada instante la fragilidad de todo. Su llamado había sido perentorio "tengo noticias sobre la Cámpora y las cenizas". Me gustan estos encuentros, pues Lugüercio ofrece información de primera entregada por los intermediarios del fútbol y por periodistas deportivas, dos de las especies con mejor futuro en nuestra sociedad.

Mientras caminaba por el Congreso hacia el café, -en un feriado absurdo, invernal, sin partidos siquiera- iba dejando atrás las distintas cafeterías que remiten al presente furioso, todas juntas: Starbucks, The Coffee Store, aún Aroma. Payaso había elegido la oscura decadencia de "Los Galgos" para darme malas noticias, que ni siquiera eran futbolísticas.

-El gobierno busca un golpe de efecto desesperado. No sabe qué hacer con los "indignados" del conurbano, y cómo limitar las aspiraciones de "La Cámpora". A alguien se le ocurrió un plan maestro, sacarlos de Buenos Aires. Parece que los van a mandar a todos al Sur a palear las cenizas del volcán.
-Ah. Genial. Con qué fondos? Dónde van las cenizas?
-Eso no importa. La plata sale de lo que iba a ir a las casas de Shoklender. Usan el aparato de La Cámpora para poner cien caciques Kirchneristas de menor nivel, y lleva cada uno a un contingente de cien "morochos" de los Planes Trabajar, a la zona del volcán.
- Qué bueno, qué patriótico, vuelven las falanges romanas. Cambian subsidios por trabajo. Me parece bien. De todas formas, me pregunto dónde van a tirar las cenizas.
- Dicen que en el pozo de futuras autopistas, aunque nadie vió un plano aún.
- Ok, probablemente no estén muy organizados. Típico. Y los morochos qué dicen?
- Bueno, hay problemas. Para empezar quieren viajar en avión.
- Y sí, si los Barras fueron al Mundial en avión...
- Claro. Y se niegan a las carpas, y piden ocupar las casas de la gente que se fue de Angostura.
- Están exportando su know-how al interior del país. Lógico.
- Y piden duplicación de subsidio por zona geográficamente desfavorable.
- Entendible. Igual el plan me parece bueno, formativo de nuevas frases: "andá a palear cenizas al Sur". Me gusta. Lo que no entiendo es esto, vos por qué te preocupás?

Se hizo el primer silencio desde que había llegado. El payaso Lugüercio estaba más viejo, más cansado de Racing y del universo. A las sombras de la tarde lo vi por primera vez como lo que era, un casi ex-jugador, un filósofo que en el futuro crearía sospechas acerca de su pasado futbolístico. Levantó la mirada de su café.

- No sé si sigo en Racing...

Monday, May 30, 2011

Lo que yo te digo, es esto (Nov 2001)


Pléyade de palabras en una reunión de jueves a la tarde donde todo está ya resuelto por las altas esferas. Sólo queda, entonces, preocuparse por la ausencia del café, pues la máquina expende solamente leche –como para terminar de volver demente a la población oficinesca-.

El reparto de jerarquías en torno a la mesa es desigual. Está la masa, está el que habla, y está el jefe, que espera agazapado, rogando que termine una metralla de artificios y argumentos que nos barre a todos por igual. El discurso es longilíneo, se dispara alocado hacia los bordes mismos de la sinrazón, y sube hacia los ductos de ventilación. El jefe recibe en su lomo la pesada mochila de saberse Telefónico, interpreta –cree interpretar- la necesidad de un saneamiento ambiental en el tono de la reunión, su mano comienza a subir atrapando los últimos fonemas arrojados, y con esto congela a su oponente -pero me quedaban argumentos, quedé bien con los muchachos, a ver qué me dice-.

Se hace un silencio, o casi. Muere alguien en una guerra, a pocos kilómetros, y faltan días para que estalle la Crisis. Un email llega al inbox de alguien, probablemente otro mensaje sin importancia. En ese instante el mundo se hace grietas a lo largo de un lago de semen congelado, pues todos ya estaban pensaban en sexo. Habrá vida en este planeta? Habrá alguien a quien no le interese tener razón?

La mano del jefe llega al extremo descendente del arco y logra callar al impertinente, quien aferra sus manos al plástico de la mesa, y avanza levemente su torso hacia la respuesta. El resto se echa hacia atras, y escucha la palabra del amo.

-Lo que yo te digo, es esto…

Saturday, May 28, 2011

Evolución de felicidades en novelas


En el blog del Chicago Sun Times figura el video de una increíble charla del bueno de Kurt Vonnegut, describiendo las novelas simplemente desde el análisis de la felicidad de sus protagonistas.

Vonnegut traza un diagrama X-Y en el pizarrón, y con una tiza describe saltos de felicidad, valles de depresión, y altibajos. Hay un notable ejemplo final con un zig-zag de dichas y desdichas que son los regalos del hada a Cenicienta (zapatos, vestido, medios de transporte), con toques de gran humor. E inevitablemente nos deja pensando en que los grandes análisis literarios se centran en aspectos más complejos y menos esenciales. Y algo más: la vida es eso, un zig-zag de detalles que favorecen o destruyen una meseta bovina de falsa felicidad.

Con lo cual, oh queridos lectores, nuestra propia puede resumirse en un balance similar de felicidades. O tal vez en la letra de una canción: nacimiento, escuela, trabajo, muerte, cada uno con su zig-zag. Tal vez no nos damos cuenta de qué manera suman y resta nuestras acciones a este balance, o si todo se resume a una nube electrónica en nuestro cerebro. Vonnegut no la tuvo nada fácil: siempre fue un inconformista, combatió en la segunda guerra, fue tomado prisionero y sobrevivió al bombardeo de Dresde en un oscuro matadero. Esto le sirvió de inspiración luego para escribir Matadero 5, transformando sufrimiento en arte, y transformando una experiencia inhumana en arte.

Pero Vonnegut hace más.
Por mera Wikipedia veo que fue más allá del gráfico, y nos da felicidad, en la forma de consejos drásticos sobre cómo escribir una novela:
  1. El lector es un extraño. Respételo, haga que no sienta que ha perdido el tiempo.
  2. Darle al lector al menos un personaje en el cual pueda anclarse.
  3. Cada personaje debe desear algo. Al menos, un vaso de agua.
  4. Cada frase debe o bien revelar algo más de un caracter, o bien hacer avanzar a la acción.
  5. Empezar tan cerca del final como sea posible.
  6. Sea sádico. No importa qué tan dulces sean los personajes; hága que les sucedan cosas horribles, para que el lector pueda saber de qué madera están hechos.
  7. Escriba para satisfacer a una persona. Digamos que si Ud. abre una ventana y hace el amor con el mundo, a su historia le va a agarrar neumonía.
  8. Dele a sus lectores tanta información, y tan rápida, como sea posible. Al infierno con el suspenso. Los lectores deben entender qué está pasando, dónde y por qué, para que ellos mismo pudieran terminar la historia, aún si las cucarachas se comen las últimas hojas.
Tal vez estos consejos produzcan autores más felices?
Yo no sé. Tal vez Vonnegut se esté riendo desde la Nube 5, en este momento.

Friday, May 20, 2011

La batalla de Jamiroquai


-Dale, dale, dale pibe. Sos socio? Entrá, dale.

El club está sospechosamente activo para esa hora, pero yo iba precavido y dejé el auto lejos. "El security se puso heavy": recordé la canción, mientras los de seguridad dejaban entrar socios al club y un camión con remolque amenazaba la pintura de los autos que se habían puesto demasiado cerca del operativo del Quilmes Rock. Hoy tocaba Jamiroquai y me interesaba estar presente en ese limbo de socios yendo un ratito y artistas que no pueden demorar el ensayo.

Debajo de esa niebla de finales de Mayo en el estadio arruinado por los sucesivos shows el siguiente inventario, casi al unísono: unos cuatro operarios de Fenix producciones fumándose un porrito, mientras a diez metros dos viejos en slip raído caminando hacia la revisación de la pileta, situada al borde del escenario. Cerca del bar, dos plomos VIP de Jamiroquai se quejaban en un dudoso inglés acerca de la inexistencia de Wi-Fi, y casi colisionan con socios nada VIP de GEBA que buscaban un lugar donde hacer la clase de yoga.

Luego de unos largos absolutamente terapéuticos en la pileta olímpica -milagrosamente ignorada por los recitales- salí a ver qué pasaba en la prueba de sonido. Para mi sorpresa, nadie me molestó mientras sacaba fotos. Al irme, vi algunos músicos apuntando sus iPhone hacia los viejos de slips raídos, que se iban caminando con el carnet al día hacia la zona de piletas.

-Ah pibe. Ya te vas? Te quedaba media hora, te quedaba.

Wednesday, May 11, 2011

Intermezzo atroz

-Todo está mal. Hace rato que estoy enojado con la vida...
Esto me lo dice el Payaso, sacándose cada tanto el jopo a lo Bermúdez que lo atormenta.
-Todo me alarma, me pone mal. Desde que empezó el año que está todo mal.

Hasta aquí el almuerzo en U Comodo Vostro venía bien. No siempre el plato del día son spaghetti con salsa de broccoli y panceta, y el almuerzo tardío en Chacarita parecía el mejor preludio para una siesta.
Le pregunté si tenía algo que ver el hecho de que él ya no fuera más titular en Racing.
Hizo un gesto con la mano, me dijo que no.
Dame ejemplos, le pedí. Y él empezó.

-El césped de la calle Jorge Newbery contra el cementerio de La Chacarita -parte del Trapezoide Infernal- está llena de basura infinitesimal (migajas de plásticos y CD, residuos de villa, micro material industrial) que nunca nadie levantará. El caos del tránsito en Buenos Aires es tan atroz que ya es común estacionar en doble fila, y el desconcierto es tan grande que no hay multas por esa razón. La gente habla mal. Los periodistas en radio y TV hablan mal, todos los subjuntivos ya son meros condicionales. Chiche Gelblung tiene razón. Esto es grave, pero lo repito: Chiche Gelblung tiene razón. La mayoría de los padres mataría a sus hijos. Moyano nos deja sin combustible para apretar al gobierno y conseguir más poder, y los playeros de las estaciones de servicio ni siquiera pueden poner el cartelito de "no hay nafta". Nuestros amigos se venden al gobierno de turno sólo por tener algún negocio con ellos. Las chicas usan polainas y botas de cuero en este Otoño de veinte grados promedio, y no te miran: miran a su celular. Los chicos, en particular en Palermo, son todos gay. Sábato se muere justo antes de los cien, sin que yo lo pueda devolver su cartita. Y lo peor, me acabo de enterar que el que tiró la bengala en el recital de La Renga se llama Fontan... y el cantante de Callejeros, de la masacre de CroMagnon... se llamaba Fontanet. Te das cuenta? Te das cuenta?

Hubo una pausa. Levanto la cabeza de mi Carcassone -era todo lo que podía pagar- y el Payaso me miraba fijo, como pidiéndole que le pusiera orden a su pequeño universo racinguista. Le pregunté si veía alguna conspiración universal en todo esto. Pensé en Roma, y en esa noticia sobre el pronóstico del terremoto para hoy.

-No, me dice. No es paranoia. Es así. Es entropía pura, la tendencia es el desorden, y que todo empeore. Todo esto...
-Y que Hauche y Bieler sean titulares en vez de vos?
-No sé... bueno, puede ser.

Afuera del restaurant pasó una atorranta, y la entropía disminuyó un poco.

Friday, April 01, 2011

Vals de Lenny (Junio de 2001)

El Coro Griego se mece suavemente, como un todo, mientras suena la melodía principal: "Um-ba-pá, Um-ba-pá, Um-ba-pá, Um-ba-pá..."

Las chicas del Call Center esperan al fondo, tras una barricada de Packs Iniciadores.

El grupo de Piqueteros Telefónicos les arroja Chokos, y residuos de otras promociones mal habidas. Lenny se adelanta, se sienta frente al público, y entona suavemente su primera copla, mientras una luz oblicua celeste, que lo hace aparecer casto y sincero ante el público:

"Yo me quiero casar / con una chica del Call Center

Las quiero tocar / y violarlas de repente.

Mi orgasmo no dura mucho

-en esas cosas no soy ducho-.

Pero...

Yo me quiero casar / con una chica del Call Center."

Segunda copla. La luz vira hacia un violeta. Aparecen las Chicas del Call Center, y una de ellas lo invita a bailar el vals, mientas el Coro Griego sigue con los Um-ba-pá de fondo.Suena el vals, in crescendo.

"Yo me quiero casar / con una chica del Call Center

Se van a acostumbrar / ya no vienen tan decentes.

Es tan grande mi deseo

Desde aquel baño de Liceo

Pero...

Yo me quiero casar / Con una chica del Call Center."

Copla final. La luz es intensa, pulsando en ese mismo tono violeta, mientras Lenny atrapa y rechaza a las Chicas del Call Center. Ya no es vals, sino un marketing uno a uno.

"Yo me quiero casar / con una chica del Call Center

Las voy a estimular / No serán indiferentes.

Mi tamaño no hace daño.

Y me he comido más de un caño.

Pero...

Yo me quiero casar / Con una chica del Call Center."

El Coro Griego sigue con los Um-ba-pá de fondo, y lo disminuye a medida que Lenny hace mutis por el foro, mostrando su estandarte de "Satisfacción del Cliente". Los Piqueteros abuchean, y gritan por el Ajuste de Noviembre.

Cuarta Copla –originada en noticias de entuerto judicial de Lenny, bastante posterior-

"Yo me quiero casar / con una chica del Call Center

Piedras o Castelar / atiendo todos los frentes.

Los estrados judiciales

Me achacan acosos y otros males.

Pero...

Yo me quiero casar / con una chica del Call Center."

Quinta Copla –originada en desvinculación de Lenny-

"Yo me quiero casar / con una chica del Call Center

Me van a desvincular / lo dijeron de repente.

Me quitaron a Agustina

Y me acusan de su ruina

Pero...

Yo me quiero casar / con una chica del Call Center."

Final con las tres Unidades de Negocio en franca discusión con el grupo de Piqueteros.

Thursday, March 24, 2011

Vanidades

El ejercicio meticuloso de la vanidad supone el desconocimiento casi absoluto de esta condición. Casi nadie registra para sí esa necesidad insolente de aparentar ser mejor. Para el espectador imparcial esta persistencia es molesta y algo ridícula, pues se nota en el otro una energía excesiva en el cuidado de ciertas verdades que no pueden ponerse en duda.

Y esta plaza llena de militares en Quito, qué pretenden. “Presenten arrrr…”, como si con esto o con las decenas de medallas colgando en el uniforme, resurgieran cualquier gloria. A un costado de la plaza hay otro ejército, pero de lustrabotas, y me decido por uno. “Pasta o tinta?” me dice. No entiendo. Lo que mejor quede. Mide menos de un metro cincuento y me pregunto cómo quedarán mis zapatos luego de esa extraña molienda que se produce en su superfiice. Van a quedar más claros, me digo, ya visiblemente molesto.

Llevando esto al extremo, quien pretenda parecer top en cualquier disciplina busca parecerse a algún estereotipo. Nótese en que estamos en la corteza, en lo exterior; el vanidoso no busca la excelencia, sino su sombra consistente. Pero esas sombras se confunden entre sí, y ocurre que los vanidosos se parecen mucho. Ay de ellos si supieran que la búsqueda del glamour los ha apartado de la originalidad.

Varado en Bogotá. Ezeiza cerrado y las consecuencia se sienten en el exterior, como ondas en un estanque. Son quince horas de demora, y nos llevan a un hotel de medio pelo en una autopista en eterna reconstrucción. Le ladro al conserje cuando sugiere que hay que compartir habitaciones. Le ladro a la gente de Aerolíneas Argentinas cuando admiten que no tienen el sistema para hacer upgrade. "Qué pena señor, no señor". Son amables pero de un modo untuoso, oblicuo, que me ofende aún más.

Las vertientes de la vanidad más evidentes son las que se centran en cuatro o cinco cuestiones evidentes: belleza, dinero, fama, hasta inteligencia. Hay quien se jacta de ser inteligente, y al instante deja de serlo. Existe una vanidad más sutil, acerca del tiempo y de la felicidad. Una cirugía estética o un bronceado perfecto nos hablan de una preocupación por la belleza –dentro del género de las vanidades evidentes- pero también se refieren al poder de detener el tiempo o de usarlo al mejor antojo.

Tiempo. Quién me devuelve mi tiempo, en ese hotel antes, y en este aeropuerto ahora. Ningún trabajo merece esto, que le digan a otro que viajar es placentero. Salgo a correr por la autopista destruída, la gente me mira pasar como a un demente, y creo que es eso lo que soy. Nadie más corre aquí. Me pierdo, y advierto que nadie sabe dónde están mi hotel.

Finalmente, creo que hay gente que se vanagloria de su felicidad. Este subgénero es reconocible por un optimismo a ultranza, una energía que sólo puede provenir de fármacos, y una dificultad de solidarizase con el otro en los trances difíciles. “No, yo a los velorios no voy; es muy mala onda”. Pero denme a los tristes, a lo inconclusos, a aquellos que son sensibles a la imperfección del mundo. Denme a los inseguros, a los feos, a los que tienen mala suerte e incluso a quienes atraen tempestades. Pues de ellos no será el Reino de los Cielos, pero contarán con mi simpatía, pues no hallaré en ellos ni un atisbo de vanidad. Y habrá quien, al leer esto, identificará algo de vanidad en mí; pues bien, les diré que es la dosis mínima que me han recetado para evitar males mayores. O eso es lo que yo prefiero creer.

Vuelvo al hotel. Duermo dos horas. Nos llaman para ir a Eldorado. Y aún no sé si me habrán de pasar a Business, como merezco.

Saturday, March 05, 2011

La fábula del Castorcito y la ardillita (Dic 2000)

Había una vez una ardillita muy modosita y vivía en el interior del Bosque. Pasaba su vida recolectando datos para su base de Inteligencia Comercial y se las ofrecía al zorrito, su jefe ruin, quien por encima de su blanco bigote miraba con desconfianza los análisis y los focus groups, retándola en su siseo constante:

-Essperá un poquito. Eres una ardillita mala. No interessssa. Te cassstigaré con el Paraguas Telefónico!

La ardillita agachaba la cabeza meditabunda, y al hacerlo, de paso mostraba su budincito (*). Su atención se volvía entonces a los lirios del bosque, a las aves del cielo y a las novedades del DataBase Marketing. En eso transcurría su pathos cuando hubo un cambio en el bosque. Los lirios y las aves sufrieron una depreciación en la estimación financiera, y sus beneficios fueron solo marginales, un commodity al decir del zorrito. "Lirios, aves... es lo missmo", gemía alterado, y se atusaba el bigote.

Pero un día llego el Castor, manejando el cuatrimotor (**). Y saben lo que pasó? Se empezó a mover a todaslas ardillitas del bosque en función de su liderzago, de su situación altamente proactiva, y del contexto win-win que supondría esa relación -a veces horizontal-. Ocurre que el Castor había sido nombrado Jefe del Bosque por alguna entidad externa y germánica que escapa a los fines de este cuento. El castor y el zorrito devinieron en grandes amigos pero no compartían las veleidades sexuales del primero, ya que el zorrito sólo tenía una temporada de celo quinquenal.

Entonces el Castor sonrió, dejo que un fluido pestilente asomara a su barbilla candado y convocó a una fiesta en el bosque. Todos los animalitos fueron invitados, y hubo fiestas, baile y strippers. El castorcito tomó debida cuenta del atuendo de las ardillitas y las apoyó en diversas circunstancias. La ardillita protagonista alegó inocencia pero los jueces se pronunciaron en contrario. Algunas ardillitas afortunadas fueron llevadas al tálamo nupcial y ascendidas a ardillita-consorte. El bosque siguió mal pero durante muchos años se habló de la fiesta.

Moraleja

"No por mucho madrugar se amanece más temprano

cuando cambien al castor, el empome será en vano."

(*) BDN = budincito. Argentinismo de fines de siglo.
(**) licencia poética, eco de canciones infantiles ajenas al Bosque y al tono de este blog.

Friday, March 04, 2011

Wiki Freaks


Tras el último post sobre Lenny y Martín, he recibido infundadas acusaciones. Debo decir que me encanta recibir infundadas acusaciones, sobre todo porque imagino las acusaciones desnudas, desprovistas de funda, indefensas. Me contemplo asombrado, me digo, “otra vez?”

Han llegado a tildarme de ser el Julian Assange del subdesarrollo, lo cual fue una especie de doble ironía: quien lo dice por creer que me ofende, y quien escuche -quien suscribe- por aparentar la posesión de información valiosa. Que no lo es.

Pero hagamos una farsa de todo esto. Finjamos indignación. Como el ciclista que se yergue en los pedales para otear el horizonte –y soy bien consciente de esa frase no gana premios- , transformemos esto en mi Cruzada Absurda de comienzos de año.

Dándome ínfulas, digo que desclasificaré información laboral –rotulada como secreta, hasta el momento- y que Inventario de Otredades será, tal vez hasta mitad de año, un sitio de denuncia sobre el bajofondismo ocupacional de la Argentina Tecnológica e Internetiana de los últimos quince años. Y enconces, qué? Habrá canto de sirenas con voces engoladas, habrá mucho idiota vociferando en mayúsculas frases de extrema boludez, se apreciará mucho trabajo de esclavos remando en galeras-Telco, y no se podrá evitar que se exhume algún emal del inframundo.

Finjamos preocupación, entonces, y digamos "estamos preocupados", en plural y en mayúsculas, pues es Viernes y no tenemos -ah, ese plural mayestático que diluye la responsabilidad- un título para esta exagerada expansión del ego. No hay tiempo para genialidades. Julian Assange. WikiLeaks. Hablaremos de freaks. WikiFreaks?

Saturday, February 26, 2011

Las tragedias reconcilian a la gente (Marzo 2001)

(Extracto del Laboral.doc de hace exactamente diez años)

Me escapo al baño, a mitad de mañana, para escapar de un tedio laboral tolerable. Se sabe que no todos los retretes son iguales: uno deliberadamente elige uno por suponerlo menos frecuentado y más limpio. En ese intermezzo sanitario me olvido que existe el mundo. Hay susurros, afuera, dos meadores diurnos, dos jinetes de la cerámica que cabalgan en el viento sosteniendo con dificultad sus miembritos. Una voz es conocida y directorial. La otra voz es solamente conocida. El director es quien inicia el diálogo.

Lenny: -Cómo anda el gimnasio?

Martín: -Perdón?

L: -Oíme, ayer se fueron casi cuatro horas.

M: -… (vacila, escoge el tono de cordero en el sacrificio). Bueno, señor director, usted está exagerando un poco…

L: -Realmente? Mirame. Te parece que estoy exagerando?

M: -No, lo que pasa es que…

L: -Pero la puta que lo parió.

M: -Qué pasó?

Se advierte un leve movimiento de pasos, y un movimiento que raspa la tela.

Habremos llegado tan bajo, me pregunto.

Lenny: -Pero, mirá, me mojé todo. Uy, los pantalones. Qué cagada.

Martín: -… Je, eso te pasa por peleador.

L: -Pero la puta, tengo gente en la oficina, y aparecer así, todo meado…

M: -Bueno, pero mirá, se puede arreglar. Vamos allá, que con una servilletita…

L: -Pero no, mirá, qué cagada.

M: -No, pero te explico. Entrás a la oficina con una carpetita y listo. Querés que te traiga la carpeta?

L: -Pero qué boludo. Y eso que me la había sacudido. Una vez cuando estaba en el Liceo me pasó lo mismo, pero me limpié y mas o menos zafé. Estaba de imaginaria.

M: -Ah, claro (conciliador). Qué momento, no?

Se oyen unos pasitos alejándose tras el lavabo, y se van, como grandes amigos.

Las tragedias reconcilian a la gente.

Wednesday, January 19, 2011

Deslizamientos


De este lado de la vida bien al Sur, las noches son más frescas en Enero. Al menos lo son más que ese horno que era esto hace un mes, un fragor que le impedía a uno resetearse durante las noches. Buenos Aires queda con la mitad de su gente, y más allá de la calma del jardín, hay modos para deslizarse hacia el sueño con naturalidad. Puede ser que uno se quede mirando el Abierto de Australia, esa extraña expectativa de mediodías abochornantes en plena madrugada, donde se es estúpidamente feliz mientras el tenista pueda pasar a segunda o tercera ronda, a eso de las dos de la mañana. O se puede disfrutar página a página de "El Barón Rampante" de Italo Calvino, y descubrir que "las empresas que se basan en una tenacidad interior deben ser mudas y oscuras; a poco que uno las declare, o se gloríe de ellas, todo parece fatuo, sin sentido, e incluso mezquino".

Será por eso, por lo que dice Calvino, que nunca pude creer en las declamaciones de políticos ni de grandes directores de Marketing? El protagonista de su libro es Cósimo, un niño que juró vivir toda su vida arriba de los árboles, y cumple. Estas son decisiones del arte, mayúsculas, de contexto; en la Naturaleza hay también deslizamientos funestos, como los de Río de Janeiro. Puede uno atisbar -en la misma noche tibia- que el mismo efecto sucede en el contexto pequeño de la familia y los amigos. Se inclinan los pareceres, cambian las prioridades, y no hay lodo ni árbol arrastrado que lo atestigüe.

Sigue Calvino, describiendo el caracter irresoluto del Caballero Abogado: "Jamás se oponía a la voluntad ajena, pero pronto se desinteresaba del trabajo y lo abandonaba (...) Mandaba empezar a cavar en un sitio, luego en otro, después interrumpir, y volvía a tomar medidas. Llegaba la noche lo suspendía todo. Era difícil que a la mañana siguiente decidiera reanudar el trabajo en aquel punto. No había forma de encontrarlo durante una semana." Y culmina: "Cósimo llevó a cuestas la imagen del Caballero Abogado como advertencia de en qué puede convertirse el hombre que separa su suerte de los demás".

Un conocido algo remoto me grita hoy desde la escalera del club: "qué te pasa Daniel, que vas tan pensativo". Me pasa el mundo, pensé. Cómo estar de otro modo? E inmediatamente uno esgrime una sonrisa para protegerse de la ironía. Pero los ojos no sonríen, no; y uno sigue subiendo la escalera. Y entonces seguimos en otro año, subiendo la otra escalera, con jardín, con Nalbandian y Del Potro en segunda ronda, a mitad de un libro, y con la impresión de que ese cosquilleo ante los deslizamientos ajenos -de la tierra, de las personas, del mundo- van haciendo mella. Tal vez la única forma de hacerse inmune a los deslizamientos ajenos sea la soledad irresoluta del Caballero Abogado.

Friday, December 10, 2010

Liderazgo pincha y crème brûlée


Un día antes del último partido del campeonato, habíamos pactado el encuentro con el Payaso Lugüercio, en la mítica "Aguada" del centro de La Plata. Los tres temas se habían entretejido en la conversación: la canción grabada a beneficio por el equipo de Estudiantes, la guerra entre vecinos de Soldati, y algo más esencial: por qué es que cada quien es hincha de cada equipo.

"Vos no elegís; Estudiantes te elige a vos" espetó el Payaso, docto y monacal pese a estar vestido aún con el jogging de entrenamiento. A sabiendas de que lo iba a aburrir, le conté por enésima vez cómo fue que me hice hincha de Estudiantes: tenía cinco años, y estaba hablando de fútbol con mi vieja mientras ella barría el living; eso fue todo. Por debajo de las palabras estaba el anhelo estúpido de empatizar con el antropólogo-futbolista; él movía las miguitas contra el mantel, y yo continuaba mi argumentación. El punto es que siempre había estado en minoría: el único hincha, en Primaria, en el Secundario, y en la Universidad, cuando en general todos eran -o son- de Boca o de River. "Creo que eso, de algún modo, me formó", dije con pretendida contundencia. El Payaso, como concediéndome el punto, tomó el pingüino para servirse algo más del tinto de la casa.

Pedimos los postres. Lugüercio clavó la vista en un banderín rojiblanco que había en el fondo del salón, y -aunque nadie hablaba- asentía levemente. "Los chicos de ahora se cambian fácil de equipo. Ayer vi uno de Independiente, el primero en diez años. Pero si sos del Pincha no cambiás". En la televisión TN pasaba los incidentes en el sur de la ciudad, como si se tratara de una ventana a otro planeta. La gendarmería separaba grupos de vecinos. La mayoría tenía camisetas de River, Boca, o San Lorenzo. "Igual, lo que vos decís no tiene mucho que ver: Sábato era de Estudiantes, sin ningún motivo.

Cambié de tema, y le pregunte qué pensaba de lo de Soldati. El Payaso te mira fijo cuando lo corrés con un tema político, pero con los cafés se dejó llevar. Hablamos de modelos de país, de la defensa de lo nacional, de repensar ciertas barreras a la inmigración. Mientras se escuchaban las detonaciones en el televisor, me explicó por qué habían caído en desgracia los clubes "grandes". Según él, el sentirse superiores los condena al fracaso, y la única excepción a esto parece ser el Barcelona, cuyo verdadero motor no son ni Xavi ni Iniesta, sino la "necesidad de resaltar la superioridad catalana", y dicho lo cual le pidió al mozo una crème brûlée, por supuesto inexistente en ese bar. Luego hablamos de la entrega de San Lorenzo en los ochenta, de cómo vendió el estadio a Carrefour, y terminó mudándose a una zona de villas bolivianas. Y mientras tanto -resalté yo-, el equpo campeón de Estudiantes había tenido tiempo para grabar una canción y recaudar fondos para hospitales. Le aseguré que lo mío no era xenofobia, sino que me negaba a darle nada gratis a la gente. "Este equipo debería ser un ejemplo, porque es solidario, trabaja, y todo le cuesta. Nada le llega gratis".

Lugüercio jamás te dice que tenés razón. Pero aún tenía una sorpresa. "Lo que sí, no creo para nada en eso de la Mística Copera" tiró el Payaso. "Creo en el laburo cada día, creo en futbolistas hijos de otros que se pasan los genes (Verón, Galleti, Romeo, etc), y en no hablar demasiado con la prensa. Creo en los técnicos casi mudos. Por eso nunca me gustó el Cholo Simeone, tenía un perfil muy alto". Un mozo que pasaba oyó el comentario, e hizo el gestito del DT corriendo dando saltitos ante cada gol. Nos reímos un poco, y el Payaso volvió a hundirse en los abismos de las miguitas de pan.

Al final, brindamos por partido que se venía, y se fue. Nunca le llegué a preguntar qué estaba haciendo él ahora, jugando en Racing. Tampoco hicimos pronósticos sobre quién sería el campeón al día siguiente. Pero en la lista de postres figuraba crème brûlée, algo borroneado.

Friday, December 03, 2010

Peligrosa certidumbre

Nabokov tiene razón, todo es bostezo y olvido. Julian Barnes, más acá, también la tiene cuando acuña que la vida es una maldita cosa detrás de la otra. Y cuando las citas son abrumadoramente reales, uno ni siquiera usa comillas. En cambio, parapetado contra el fin de año, yo sigo acumulando evidencia en contra de toda esta gente brillante y segura de sí misma, nítida, casi en relieve contra el claroscuro de la vida.

Hubo viajes, de distinto signo. Hubo otro DF, otra Caracas, y una Cartagena decadente, unidas por un calor envolvente de 35C; pero también un París para compensar, y un Madrid para promediar, ambos gélidos. En todos estos lugares, la gente estaba segura de sus opiniones, y yo los miraba desde la antesala de mí mismo, como haciendo con mi alma ese gesto itálico del montoncito. Pero hubo una excepción contra tanta certidumbre.

En un rincón de Paris, frente a Notre-Dame está la Shakespeare & Co, una librería donde se refugiaba Hemingway y donde se encontraban los libros prohibidos en los años 30. Allí, como en otros sitios parisinos, lo único cierto es la belleza serena de los anaqueles repletos de libros; no hay pregones, no hay frases rimbombantes, ni necesidad de establecer superioridad moral, de negocios, frente al otro. De allí rescaté un buen Galactic Pot-Healer, de Philip Dick, otro que no se la creyó mucho, donde se reescribe la fábula del pequeño y humilde que resulta ser grande. Otro Keyser Soze, otro Mulo. Los antecedentes en distintas ramas del arte son demasiados.

Lo que quiero decir es que uno ya es grande para jugar al nihilista, y que debe aceptar que el resto del mundo espera pequeñas certidumbres de uno, y que tal vez -como en la novela de Dick- lo que uno hace en diversos ámbitos es más importante de lo que parece. Aunque bien pueda ser que deba reescribir esta basura, y me arroje de lleno en la procastinación y en la fascinación por mi propia inseguridad.

Tuesday, October 05, 2010

Yanificación y después

Hay tres ámbitos que se entremezclan estos días, como esas esferas diabólicas de la mala película de Sci-Fi “Event Horizon”. La primera esfera se refiere a la interacción cotidiana con la gente. Me interesan los cambios en el lenguaje cotidiano, y anoto conmovido esta lista de ítems, sin orden particular: las afirmaciones se reemplazaron por “dale”, la vacilación por “ponele”, la adjetivación en exceso se combina con sujeto tácito y todas las frases adquieren doble sentido - “este año le entro a cuanta (carrera) chica se me cruce”-. Me interesa algo menos el uso distorsivo de posesivos, que revierte la carga de la acción (“me viste esa película?”) y la forma en que las mujeres de treinta vocalizan como perras en celo, o se operan como si la mueca del alma debiera reflejarse en el rostro. Me desespera, finalmente, el estilo desganado de los casi varones en Chacalermo, que arrastran las palabras y carraspean, y dicen “m´tendés?”, se compran zapatillas cool con deditos, y dejan flotando en el aire su duda perpetua de uf, dejar a mamá y emanciparse a los uf, treinta y siete.

En una segunda esfera, más allá de los diálogos y del país Fort hay un país Yan donde la gente se entierra cada semana en una ciénaga distinta, para paranoiquear acerca del caso particular y no discutir el caso general. A la hora de pensar y debatir en cada edificio se libran batallas menores pero importantes: Vecina 1 habla de “su seguridad” y de que “en su lista de prioridades no entran las ratas”, pero huye de los problemas reales del consorcio. Vecina 2 es falsamente artista, y nos sacude a toda hora con ritmos étnicos impropios, en nombre de un arte que espero no esté subvencionado por un gobierno claudicante. Vecino 3 es reciente esposo y todas las noches pac, pac, pac aplasta milanesas y mira fijo el ténder mientras su esposa mira la tele (“mirá, de nuevo Romina Yan”) pero él pac, pac, pac deja finitas las milanesas y nadie le avisó que se puede pedir en el comercio un corte más fino. En fin, la excesiva yanificación del país se debe a “la extensión del ámbito privado en los medios masivos”. Y me acabo de citar a mí mismo, autoproclamando mi autoridad en la materia, con la fuerza de quien achata milanesas para lograr el coito mensual. El fenómeno parece potenciarse cuando el acontecimiento pertenece a algo que hemos visto desde pequeños, y que esto “nos sumerge en un plural de amistosa concordancia”, y lo hice de nuevo, me cité por segunda vez. Y cuando estoy por hablar sobre la tercera esfera, anoto mentalmente que quiero evitar esa mirada despectiva que esgrimen los pasajeros de Business cuando ingresa al avión la masa que va a Economy. Realmente, no hallo el punto medio: temo que el país Yanifique (así solito, sin partículas reflexivas) ante la muerte inesperada de un integrante del elenco de Montaña Rusa, por caso.

La tercera esfera es la meritoria, es la de un país que vive solo en mi imaginación donde mi cruzada absurda permanente es hallar el sentido (Pamuk otra vez?) de acontecimientos crudamente desvinculados. Imagino al Payaso Lugüercio frustrado por el fútbol y las marathones y yendo a jugar a un equpo de nombre rimbombante, como Tanque Sisley de Uruguay, e imaginar al Payaso desvelado por la etimología del nombre de su equipo. O tal vez sea la máquina de Coca Cola, tan argentina en su operación, tan permeable al segundo intento de pago a pesar del letrero “sin cambio”, y los vestigios del accionar de un programador local que planeó el detalle, tal vez olvidando un módulo de voz que dijera “está bien” ante la persistencia del cliente.

O quizás cuando escucho el “Love me tender” de Elvis Presley en la musiquita de los contestadores telefónicos, sentir que eso es un Evento Lindante con la Mayor Boludez Posible (ELMBP), por esas varias notas levemente iguales que se traducen en un “píiiiiiiiiiiiiiii” insoportable. Ese debería ser el himno de mi país, uno que tuviera muchos Tanques Sisley de etimología improbable, que aboliera de sus símbolos, confesara su inutilidad, y le comunicara a sus ciudadanos que “no habrá más Rominas Yan, no habrá más vecinos, háganse cargo de Uds mismos, que nosotros nos vamos a alguna isla del Mar Jónico”.

Tuesday, September 14, 2010

Lugüercio desencadenado

Apocado por la prensa y por el declive racinguista en la tabla de promedios, mi amigo el Payaso Lugüercio se propuso incursionar en el atletismo mientras alternaba sus esporádicos partidos en primera división. Fue una pasión otoñal, como la son todas. Por unos años su vida tuvo sentido al amparo de un Excel dictatorial, que le ordenaba kilómetros y ritmos. El Payaso obedecía y entrenaba, acatando con mansedumbre el rigor del entrenamiento. Creía en este Excel más que en sus directores técnicos; creía, en fin, que mejoraría con los años.

Pasó
minuciosamente por cada decepción posible en la vida del corredor. Pronto descubrió su falta de velocidad en los eventos de pista: con una convicción insana se dijo que lo suyo era lo opuesto, la resistencia, y se volcó a la distancia madre de 42 km. Fue más allá, averiguó sobre ultramaratones. Se anotó en el Espartatlón de 240km para abandonar meses antes. Se cocinó lentamente en el infierno de los atletas sobreentrenados, y comenzó a inventar distancias intermedias donde no tuviera registros a mejorar. Se confesó ante sus amistades: “soy recordman en los 12,5 km”. En fin, enchapiteció.

Lo que lo convertía en ejemplo de sus compañeros de Racing –y en motivo de escarnio por parte de sus amigos de Estudiantes- lo limitó aún más como jugador, si tal cosa era posible. Hizo con las críticas lo que sugeria Nabokov con sus libros: bostezar y olvidar. Cuando entraba en los segundos tiempos chocaba contra rivales y se cansaba rápido en los piques cortos, que corría a anotar prolijamente a su Excel como “pasadas de 50 metros con recuperación variable”. Fue separado del plantel y ofrecido en préstamo sin cargo a un oscuro club de Oruro, Bolivia. Le dijo a sus íntimos que “había aceptado este préstamo para poder entrenar en la altura”.


Algunos libros de texto de Fisiología del Deporte rescatan la curva del declive atlético que acompaña esta nota. Lacónicamente, tiempos obtenidos en eje Y, años en el eje X. Rápido apogeo, lenta declinación y feroz desencanto: todo en el Payaso es metáfora del decaimiento atlético del ser humano, y de la desangelada epopeya racinguista. Toda nuestra vida es, finalmente, bostezo y olvido.

Saturday, September 04, 2010

La madama literaria

Qué era lo que decía Julian Barnes? Que la vida era una maldita cosa detrás de la otra? Algo de eso le escuché decir en su charla hace dos años en el Malba. Hoy por caso fui a ver una charla de escritores, en el marco del Filba, y me encontré conjeturando acerca del violento final de la madama de pelo bordó que regentea el bar (librería?) "Clásica y Moderna".

(La mujer se mueve, inquieta. No le cierra el negocio. Esta gente amante de libros no va a consumir más que café. Se dice, amargamente, para qué cerró con Filba a tan bajo precio... y encima a esta hora juega Boca, y me cayeron las amigas. Y, les tengo que hablar, total estos escritores qué saben... pero las acomodo en las mesas de adelante y quedo como una reina.)

Ella se acomodará la melena, mientras departe con las chicas a viva voz. Pero seguían en lo suyo Olguín, Cross y Piñeiro, la de los countries. Porque la vida es un maldito country después de otro. Cross estuvo bien: por cinco minutos habló de ghost writers a lo largo de la historia. Un escritor que se olvida de sí mismo por un instante: una novedad. Yo no podría, sé que tengo pasta de escritor.

Apenas por sobre el volumen de la madama (por qué me sushea ese tipo?), en el estrado se seguía hablando sobre libros por encargo, como la prostitución, como el crimen. La analogía es feliz: podría matar a la madama, podría convertirme en la eterna promesa incumplida que se pudre en la cárcel, y encargarle a Olguín que escribiera el libro. El guión es fácil: él tipo no sabía qué era: si físico, si corría marathones, o si debía hacer marketing o negocios. Hasta quiso escribir, mirá. Tenía pasta. Pero no puede, porque terminó en la cárcel, porque la madama hablaba mucho, y porque la vida es una maldita cosa detrás de la otra.

Monday, August 23, 2010

Flandes espera

En la quietud de las aguas y en la piedra de sus calles centenarias, Flandes espera. Se agita inquieto en ese gran patio trasero entre Francia, Alemania e Inglaterra; sopesa tensiones que mudan a través de siglos. Produce milagros como Brujas, aunque el marketing de los canales se lo lleve Venecia; y el de los polders, los holandeses. Soporta batallas mundiales en el Somme, alberga tumbas de cientos de miles de soldados en sus playas, inaugura armas químicas en Ypres, y recuerda a sus vecinos derrotas inesperadas, como en Waterloo.

Soy testigo ocasional. En vez de quedarme en el laboratorio de Hasselt, me pasean en un Porsche Carrera por la llovizna en la noche de un extremo a otro: Antwerp, Gent, y finalmente Brujas. El conductor -el gurú techie que me debe explicar la vida- me habla de Carlos V y de la inquisición, de los pintores flamencos y la cámara obscura, y de por qué la Wallonia francesa es una carga indeseada. "They don´t work at all", me dice, y salta en la butaca cada vez que suena en los woofers ese nuevo berrido tech de "Panamericano". Bélgica es un sueño de muelles y resortes, una necesidad, una gema pequeña y molesta incrustada entre las coronas de Europa.

Llegamos a Brujas y tengo tiempo de salir a correr a través de un bosque y su bruma matinal, y de toparme con el Kastel van Tillegem, sin un testigo, sin una presencia. Ante mi pregunta, la gente del hotel preguntará "which castle?", extrañada, y mi contraparte belga los denostará: son todos inmigrantes incultos. Le cuento al belga la historia de "The night watch", la venerable canción flamenca de King Crimson inspirada en la pintura de Rembrandt, y la desconoce, pero me retrueca con el paso de Einstein por Ostende y Solvay, y con anécdotas desdeñosas sobre Carlos V. "He wouldn´t speak Spanish at all", mientras ahora casi todos los turistas son españoles, a pesar de la Crisis.

"So many years we suffered here
Our country racked with Spanish wars
Now comes a chance to find ourselves
And quiet reigns behind our doors
We think about posterity again".

Luego hay reuniones, hay un Excel que se agita, y hay cervezas en algún orden secreto, mientras el Porsche rueda por los adoquines y sigue sonando "Panamericano". La gente desaparece en el atardecer, aterrados por la posiblidad de quedarse sin cena. Casi parece escucharse el solo de guitarra de Fripp al final de la canción, resonando frente al Belfort. Los mercados de piedra, los puentes y las iglesias emergen de ese témpano de niebla que es el tiempo. Flandes, de algún modo, espera.

"And so the pride of little men
The burghers good and true
Still living through the painter's hand
Request you all to understand."

Wednesday, August 18, 2010

Kasteel van Tillegem


Y qué pasa si uno sale a correr por un bosque al sur de Brujas, espera completar 10K decentes por alguna carretera, encuentra un bosque con perfectos senderos y eucaliptos, y en medio de la niebla matinal, uno se encuentra con este castillo?