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Sunday, April 01, 2012

Malvinas, 30 años después

Desde hace unos días, tal vez alentado por el tono nuevamente triunfalista del gobierno argentino acerca de Malvinas, tenía ganas de revisar mis papeles de aquella época y confirmar la presunción de que en mi adolescencia ya tenía todo claro. Desde ya que esto era otra de mis cruzadas absurdas, la pretensión de ser coherente. Supongo que tenía ganas de escribir algo profundo y definitivo que fuera un resarcimiento personal y una abominación definitiva del gobierno. Pararme yo en los pedales de mi entendimiento definitivo de la vida, y avisarle a los periodistas dónde estaba el camino. Una boludez.

Al bajar viejas agendas de estantes inaccesibles, hallé hechos inconfesables. En ese entonces veía series de TV muy aburridas ("Shirley & Lavern", "Sheriff Lobo", "Flamingo Road"), pero me disculpa el hecho de que agendaba "Ver a Olmedo" los martes y los jueves. Parece que ya entonces iba como un maniático al club GEBA, usaba palabras olvidadas como gozar, embole, gastar y purgar; y que en fin, gastaba demasiada tinta en una instrospección estúpida. Los papeles dicen todo eso. Hay dos imágenes de entonces que pude confirmar: la primera del 2 de Abril de 1982 el cura que nos daba filosofía en ese 5toB del colegio Pío IX detuvo su clase, trazó una raya vertical en el pizarrón, y puso a un lado y al otro de esa línea los nombres de quienes estaban a favor (unos treinta) y en contra (Charly Mariosa, yo, y sólo dos más, tal vez Quini?). Era el bramido popular de un quinto año en la que una opinión en contrario suena muy mal. El gordo Caffarello -ahora un probo abogado y siempre gran persona-, desde su rincón de atrás a la izquierda, gritaba tribuneramente "aguante", y nos llevaba bosteramente a la guerra, con su llavero como ariete triunfal.

La segunda imagen es más festiva, y tiene lugar en mi cumpleaños diecisiete, casi dos meses después. Ya en plena guerra, Javier,Juanky y Fabián (mis amigos de entonces, mash-up de Club y de Colegio) me pasaron a buscar por Bernardo de Irigoyen y me llevaron en taxi a cenar a un Pippo de manteles de papel, y luego a tomar algo a Zanettin. Un lujo. Fue uno de mis mejores cumpleaños; ya en ese entonces lo pasaba mejor hablando con mis amigos -loosers o no- que tratando de entrar a la City. Recuerdo que en esa cena hablamos de la guerra, de buques hundidos y reales posibilidades. Creo que estábamos convencidos de que había chances; para ese entonces, me parece que yo había abandonado mi renuencia bélica inicial, tal vez por la necesidad de aceptación en el grupo, o porque hacia allí nos dirigía la prensa.

Que hay en común, me digo mientras espero el Estudiantes-Boca de hoy, algo realmente importante. La gente es lo único que hay en común. La gente es la última derivada, la razón de que las cosas vayan bien o mal. La gente que gobierna usa los mismas mentiras, ahora y entonces, para ocultar que están robando. La gente del común va tejiendo su vida, escribiendo, añorando, y descubriendo que nada cambia, y que tal vez nuestras percepciones del pasado son erradas -o que nuestra percepción las retuerce- para lograr un confort, un vinito y soportar el Fútbol para Todos, una victoria que nos dé otro campeonato, y poder así olvidarse de guerras, economías y otras batallas más íntimas.

En fin. "El tiempo conspira" decía el titular de Crónica. Ganamos la guerra. Seguimos ganando. El país va genial. Somos jóvenes y hermosos, la gente nos quiere y seguramente Zanettin sigue abierto, allí en la Nueve de Julio.

Thursday, December 29, 2011

Como ancla

Una mano hiende el agua en el camino de cincuenta metros y deja estela. Se hunde, captura una porción mínima del elemento, y deja la restante masa inmóvil de la pileta fría en Palermo, en la tarde de Diciembre, antes de la virazón. Esto sucede en un segundo. El hombre piensa entre brazada y brazada: intuye quién va delante, quién atrás, intercala sucesos del día como cuerpos en el andarivel, sopesa amenazas de carriles cercanos, pierde la cuenta de los largos nadados. El reloj del extremo de la pileta le devuelve cierto registro del esfuerzo. Es tan duro nadar cuando ya no se puede correr. Más aún cuando no se es –para nada- un buen nadador. El viento lamina la superficie del agua, dejando un registro único e irreversible.

El cuerpo sigue al esfuerzo de la mano, se adelanta el brazo contrario, la patada trata de ser armónica. Cada tres brazadas asoma la cabeza, ya a un lado, ya al otro, buscando el aire necesario para propulsar el movimiento. Sopla el viento y las hojas llegan al borde de la pileta; de pronto lo pasa un gordo de sunga verde y lo golpea, brindándole una razón para ser un mejor oponente e intentar nadar más rápido.

La tranquilidad abandona el nado cuando se acumulan los nadadores en el andarivel. Eso, y las diferencias de velocidades. Un nadador rápido puede ir tres o cuatro veces más rápido que un nadador lento. Los encuentros indeseables con gordos de sunga verde no son infrecuentes. Nadie lo hubiera supuesto, pero la natación es un deporte de contacto.

En los pensamientos del hombre hay espacio para algo más que coordinar la brazada con el pie contrario. El año se va despacio –tanto como su avance por la pileta, el borde que da al norte aún lejano- y él sigue igual. Le cuesta afrontar su nueva rutina de piletas, su cambio de deporte impensado, se siente un ancla obligada a avanzar por causa de algún designio inasible.

La mano sopesa la cantidad de agua. Le maravilla la percepción transmitida por la vibración del agua –poco difiere su cuerpo del líquido circundante-, su universo en ese instante-. Ese radar le advierte la presencia de algún nadador cercano, próximo al choque embarazoso. Llega al borde. Se dice, descanso un largo de pecho, y allí va, hacia el sur, portador de su propia imagen borrosa para quien pudiera verlo. En pecho le es más fácil abandonarse a sus pensamientos, de nuevo existe el riesgo de perder la cuenta de los largos.

En pecho demora veinticuatro patadas en llegar al otro borde, lo sabe. Alguna vez la profesora le ha dicho que es raro que tenga tantos problemas con el crawl, cuando en pecho hace todo bien. La mala elongación? El aprendizaje de grande? No se engaña, no se miente en la estúpida expectación de sí mismo y de sus miserias. En pecho puede mirar hacia adelante: ve las ondas que forma el viento en la lápida del agua.

Ya llega al borde sur. Del otro lado del vidrio se ven algunos paseantes que van del bar al vestuario. Queda poca gente –es lunes, es tarde, está por llover-. Le quedan unos largos más. Se duchará y volverá a su casa. Los chicos están un poco más grandes, no lo extrañarán como antes.

Queda el crawl ahora, todo lo que pueda. Acelera el ritmo y siente su propio corazón. Cava más hondo en la estructura líquida, imagina su brazo avanzando paralelo y patea apenas, corrigiendo imperfecciones. Por unos instantes le parece que lo logra, que yendo más rápido hay más armonía, que horada finalmente el entramado del agua como quien devela un secreto. En ese instante siente que proyecta una huella piadosa hacia delante, allanándole el camino, pero no. A mitad de pileta debe bajar el ritmo, se fatiga, se hunde un poco recuperando la propia identidad, la del ancla que reclama para sí el fondo. Será algo en la carne o en el alma, un estigma, la densidad de todo cuanto lo preocupa? Ahora asoma la cabeza cada dos brazadas, siempre del lado derecho, restañando el antiguo ritmo, el que mal aprendió de chico. Así llegará de nuevo al borde norte, adonde empieza la presunta calma de volver a nadar pecho.

Thursday, December 22, 2011

Navidad

No me verán vestido de Santa Claus,

Pero haría un excelente Closs-golpeador

Mis renos tienen problemas de actitud

Hacen huelga y entorpecen mi trabajo

Reparto en las casas miradas lacerantes

No hay sombra de regalo en mis alforjas

Y no es que desee el mal, para nada;

Sino que desconfío de todo lo masivo.

Saturday, May 28, 2011

Evolución de felicidades en novelas


En el blog del Chicago Sun Times figura el video de una increíble charla del bueno de Kurt Vonnegut, describiendo las novelas simplemente desde el análisis de la felicidad de sus protagonistas.

Vonnegut traza un diagrama X-Y en el pizarrón, y con una tiza describe saltos de felicidad, valles de depresión, y altibajos. Hay un notable ejemplo final con un zig-zag de dichas y desdichas que son los regalos del hada a Cenicienta (zapatos, vestido, medios de transporte), con toques de gran humor. E inevitablemente nos deja pensando en que los grandes análisis literarios se centran en aspectos más complejos y menos esenciales. Y algo más: la vida es eso, un zig-zag de detalles que favorecen o destruyen una meseta bovina de falsa felicidad.

Con lo cual, oh queridos lectores, nuestra propia puede resumirse en un balance similar de felicidades. O tal vez en la letra de una canción: nacimiento, escuela, trabajo, muerte, cada uno con su zig-zag. Tal vez no nos damos cuenta de qué manera suman y resta nuestras acciones a este balance, o si todo se resume a una nube electrónica en nuestro cerebro. Vonnegut no la tuvo nada fácil: siempre fue un inconformista, combatió en la segunda guerra, fue tomado prisionero y sobrevivió al bombardeo de Dresde en un oscuro matadero. Esto le sirvió de inspiración luego para escribir Matadero 5, transformando sufrimiento en arte, y transformando una experiencia inhumana en arte.

Pero Vonnegut hace más.
Por mera Wikipedia veo que fue más allá del gráfico, y nos da felicidad, en la forma de consejos drásticos sobre cómo escribir una novela:
  1. El lector es un extraño. Respételo, haga que no sienta que ha perdido el tiempo.
  2. Darle al lector al menos un personaje en el cual pueda anclarse.
  3. Cada personaje debe desear algo. Al menos, un vaso de agua.
  4. Cada frase debe o bien revelar algo más de un caracter, o bien hacer avanzar a la acción.
  5. Empezar tan cerca del final como sea posible.
  6. Sea sádico. No importa qué tan dulces sean los personajes; hága que les sucedan cosas horribles, para que el lector pueda saber de qué madera están hechos.
  7. Escriba para satisfacer a una persona. Digamos que si Ud. abre una ventana y hace el amor con el mundo, a su historia le va a agarrar neumonía.
  8. Dele a sus lectores tanta información, y tan rápida, como sea posible. Al infierno con el suspenso. Los lectores deben entender qué está pasando, dónde y por qué, para que ellos mismo pudieran terminar la historia, aún si las cucarachas se comen las últimas hojas.
Tal vez estos consejos produzcan autores más felices?
Yo no sé. Tal vez Vonnegut se esté riendo desde la Nube 5, en este momento.

Wednesday, July 07, 2010

El lento reflujo post mundialista

La luz pálida e invernal tras la lluvia se acompasa con el viento en despejar las calles y augura que los próximos días serán espectrales. Desde el bar veo unos viejos con pasos tambaleantes, que llevan maletines augustos, como portando sus últimos enseres hasta un destino muy próximo y definido: sólo unas cuadras, sólo unos meses. A mi alrededor, la actividad lentamente renace, sólo que en la peor estación posible.

El equipo queda afuera del mundial, y aún los que no estamos en esto, no quedamos inmunes. Nos han despojado de algo más que la pretensión al título: nos han quitado la excusa perfecta para nuestra inmovilidad. Como medusas aspiradas por un caudal de agua impensado, nos conducen al agite indeseado de un mar exterior. De un tirón navegamos hacia nuestro destino. Ya no nos estará dado el sereno milagro de la procastinación.

Enviamos mails, pedimos café, tenemos reuniones. Pero todo es artificial. No somos nosotros los que nos movemos, es el fluído que nos rodea. Si no significara un esfuezo, haría público que todas las teorías sobre el éter son, de algún modo, ciertas. Y al pulsar la tecla que enviará este post hacia ese otro fluído que es el de la Web, no será mi índice el actor, ni mi voluntad el autor detrás del cortinado. Será un mero tentáculo que se agita al amparo del vacío mundialista el que provoque esto, y luego el vacío, y la calle invernal, y la contemplación de los viejos.

Thursday, April 29, 2010

El falso balbuceador

El camino del infierno está lleno de falsos balbuceadores. Gente que pretende colocarse en un plano inexistente de vacilación y -como quien remonta un barrilete- hace judo moral con su interlocutor, ascendiendo al universo de los grises, pretendiendo arrimarse a una posición intermedia de la que secretamente desconfía. El falso balbuceador tremola para no tener que oponerse.

Hace poco descubrí a un amigo con ese nuevo tembleque vocal; quise detenerlo pero siguió provocando pequeños sismos en su papada. Sus ausencias ahora correlacionan con ese tremolar. Más tarde descubro que el inefable Víctor Hugo Morales, cuando quiere quedar bien con un entrevistado, usa admirablemente un prolijo balbuceo que da cuenta de la inversión de su signo político. Tal vez entregar al oponente la aparente debilidad de una mala dicción signifique tan sólo un peón, una pérdida pequeña en un ajedrez largo y muy complejo.

Mire a los ojos al falso balbuceador. Advierta si repetidamente usa el "a ver" en su alocución, o si achina los ojitos, como si le fuera imposible enfocarse o entrever al otro. Péguele, péguele repetidas veces. Habrá hecho justicia.

Wednesday, November 25, 2009

"American Pastoral", Philip Roth

OK, aquí vamos otra vez.

Philip Roth, en su "American Pastoral" detona alrededor de la página 35 el asunto de las otredades. "And yet what are we to do about this terribly significant business of other people... ? Is everyone to go off and lock the door and sit secluded like lonely writers do, in a soundproof cell, summoning people out of words and then proposing that these word people are closer to the real thing than the real people that we mangle with our ignorance every day? The fact remains that getting people right is not what living is all about anyway. It's getting them wrong that is living, getting them wrong and wrong and wrong and then, on careful reconsideration, getting them wrong again."

Nathan, el alter-ego de Roth, un varón nostalgioso de sesenta y pico de vuelta de una operación de próstata (hoy estamos pum para arriba) persevera en su búsqueda del personaje, Swede Lenov, un tipo carismático al que la vida le dió todo, y al que trata de capturar en su percepción varios años después. Pero no lo logra. Swede es una especie de Dios con una mácula: su propia hija se hartó de tanta perfección y se le dió por tirar bombas en los setenta. "When it comes to illuminating someone with the Swede's opacity, to understanding those regular guys everybody likes and who go about more or less incognito,it's up for grabs, it seems to me, as to whose guess is more rigorous than whose."

Me despego de Roth y soy yo otra vez, en esta sala VIP, pensando en lo que es entender al otro (en la pareja, en los negocios, en la paternidad) y siento que estamos a años luz y que sólo capturamos fantasmas. No nos llega la cosa real, sino su derivada tercera o cuarta, y por eso estamos condenados a la prisión de nuestra percepción y a vagar entre otredades. La cosa es así, tan sin piedad y desnuda, que este post no merece links aclaratorios, ni imágenes atractoras de lectores.

Thursday, July 09, 2009

Warhol for a day

Los estudios de Artear están a tres cuadras de mi barrio natal: un foco de glamour en medio de la decadencia total. Llego primero al estudio, puedo observar tranquilo la nube de asistentes, técnicos y productores de menor y mayor rango. Parece Los Pells: ejercen mutuamente el poder unos sobre otros. Los de menor casta te acompañan al baño para que no te pierdas o te aconsejan sobre esa gota de té que acaba de caer sobre tu camisa. Parecen contentos: una felicidad casi zoológica, tamizada con animal print. Los de mayor jerarquía se comunican con el camarín de la conductora, que tiene algún problema de salud.

Llega el resto del panel, conozco a algunos. Las mujeres están preocupadas si "dan" o "no dan" en la pantalla. Son los milagros de la silver screen: se es creíble o no en dos dimensiones. Nos ofrecen sandwichs, nos plantan micrófonos, me pregunto si mi verdadero yo me saboteará. Me repito: no debo interrumpir a nadie. Decido ponerme la corbata para tapar, finalmente, la mancha de té. Vamos al estudio en lenta procesión; nuestros lugares están fijados de antemano según alguna algoritmo oscuro. De pronto se encienden las luces y las almas parpadean: esto es estar en TV.

"Oh love oh love just to see them
Acting on the silver screen, oh my.
Clark Gable, Fairbanks, Maureen O'Sullivan
Fantasy would fill my life and I
Love fantasy so much." (*)

Llega la conductora, menuda pero irradiando un halo de cierto poder -no es belleza, es influencia-. Nos saluda con aquiescencia, me dice, ésa es tu cara de enojado? Le respondo con una mueca. Surge una componenente horizontal de la gravedad que nos empuja contra el respaldo: eso se llama dignidad. Empieza el programa: todos los clichés se arremolinan sobre el escenario, todos los conceptos quedan olvidados. Casi, casi, la historia de mi vida: me siento dentro de mi cabeza, a diez millones de años luz. Apenas sí musito un par de sandeces. El programa concluye.

"Did you see in the morning light
I really talked, yes I did, to Gods early dawning light
And I was privileged to be, as I am to this day
To be with you. To be with you."

(*) "Friends of Mr Cairo" (Jon Anderson & Vangelis) estuvo inspirada en "El ladrón de Baghdad (1924), "El halcón maltés" (1941) y "Una vida maravillosa" (1946).

Sunday, May 17, 2009

Tríada: Innecesaria sonrisa interior

A veces viajo a un lugar exótico a realizar trabajos muy sofisticados, donde debo acomodar mi personalidad a husos horarios, pautas culturales y exigencias hasta que mi ego queda reducido al tamaño del punto que cierra esta frase.

En este lugar hay una máquina expresso. Puedo decir que aprendí a hacer cafés decentes por primera vez en mi vida. Coloco el plástico con el café, doy vuelta la manija, y aprieto el botón. Al hacer esto se escucha un ruido muy fuerte que coincide exactamente con la nota inicial de “Love me do” de los Beatles.

Cuando eso ocurre miro alarmado a mi alrededor, esperando que todos se pongan a bailar, a cantar, o al menos a enarcar las cejas festejando la coincidencia. Pero nadie se da cuenta del secreto musical de la máquina. Hace falta decirlo? Mi ego revive y aumenta a cada expresso; lo hace estúpidamente pues a mi alrededor sigue la matanza laboral. Pero siento que he establecido esa íntima sensación de superioridad, esa innecesaria sonrisa interior que no aumentará mi sueldo, pero que no podré cambiar.


Friday, October 03, 2008

Tríada

Se sabe que debajo de los pequeños palazzos aledaños al Foro de Roma hay ruinas enterradas que nadie se atreve a exhumar, por distintos motivos. Los augustos dueños no lo hacen para que la propiedad no sea expropiada por monedas; y el gobierno, para no congestionar más el tráfico de la ciudad eterna.

Cada vez que abro el Facebook hay gente que supuestamente debo conocer, que me mira desde el margen derecho del monitor. Supongo que a ellos les ocurre lo mismo cuando lo que emerge es mi foto. Lo inevitable, lo que los cráneos del DataMining de Facebook jamás aprenderán: la mutua mirada de monitor a monitor no autoriza la familiaridad del contacto. No insistan.

La obra cotidiana tiene de marco el tedio laboral de la oficina, donde la personalidad se diluye en la uniformidad del cierre de ejercicio y en hectolitros de café. Pero por debajo se puede entrever otro drama, el de los Smithers que declaman estar "tapados de laburo" mientras miran el costado derecho del Facebook. Allí aparece el gif de un gerente de Recursos Humanos que les pide por favor, aceptame el contacto, quiero saber cuáles son tus ruinas romanas.

Friday, April 11, 2008

Apariciones

Hace un tiempo me refería en este blog acerca de los gestos que se pierden en el tiempo, por cambios en las costumbres o en las condiciones de vida. Dos ejemplos son el gesto de acomodarse los anteojos y la forma en que se guarecía la llama de la vela de eventuales vientos. Podría decirse que hay una desaparición anterior, y es la de los objetos.

Ayer estaba terminando de leer un buen cuento de Kurt Vonnegut acerca de los problemas inmobiliarios y sociales de gente que vive eternamente. En medio del desenlace apareció la palabra de un objeto precioso y perdido: un yunque. La palabra era levemente distinta (“paperweight”) pero mi cabeza fue más susceptible a la imagen del yunque. Doy un rodeo: un paperweight puede ser una bola de cristal –algo bastante feo que medra en los escritorios-, pero el yunque (en estricto inglés, “anvil”) es un objeto hermosoy absolutamente perdido.

El yunque quedó como objeto decorativo en memoria de las viejas herrerías y las fraguas. Como todo parece haber mudado a acerías industriales de modelos replicables, sólo debe haber yunques y fraguas en alguna herreria artesanal.

Podría existir la antítesis, los objetos que surgen de la nada y que generan nuevos gestos a sus poseedores, a su vez susceptibles de ser repetidos por otras personas, seducidos a la vez por las maneras modernas de los dueños de estos objetos. Qué es, sino, la tendencia de los celulares tipo “clamshell” donde se pretende tener poder sobre la comunicación al concluirla con un “clap”. Hay discusión en los foros, hay fans de los clamshell de los otros. Pero los celulares son los objetos de poder de este tiempo, y cada tanto inauguran un gesto.

Pancarta para piquete: “En este blog se defienden los pisapapeles de tipo yunque, los celulares Sony Ericsson de formato tradicional, y la aparición de objetos que inauguren costumbres, sin que esto signifique afectación de sus dueños”.

Tuesday, April 08, 2008

Bioy, el personaje

La figura de Bioy Casares como escritor y personaje crece con los años y se impone por lejos al resto en esa categoría exquisita de “escritor casi sin quererlo, en los ratos libres”. Preguntémonos si hay en estos días un personaje tan ecléctico, y la respuesta es no. Bioy era un bon vivant y un excelente deportista. Se me dirá que siempre tuvo el beneficio de una familia acomodada; tal vez sí, pero hoy en la clase alta argentina medran los personajes fashion y ajenos al talento. Pues si hace un siglo la intelligenzia porteña miraba mesmerizada el ejemplo de Europa, hoy las nuevas elites alumbradas al calor del rugby, la figuración y la Play Station sólo garantizan cierta tosquedad intelectual.

Bioy fue distinto y supo aprovechar las ventajas de su condición. Además fue bendecido en otro sentido. Nunca tuvo la presión odiosa de la página en blanco pues su propia vida le proveía de escenas y de personajes. Los personajes de un cuento ejemplo como Nóumeno, que combina lo fantástico con los diálogos costumbristas, están en su círculo íntimo. Lo mismo con cada uno de los ejemplos de Historias Prodigiosas o Historias Desaforadas, pero dejo las recomendaciones para la abundante referencia en Internet. Es igualmente interesante advertir que las referencias sobre la obra rivalizan en cantidad con las anécdotas sobre el autor.

Prefiero rescatar al personaje. Regidos por la información, en esta década somos todos espectadores. Nuestra definición social de “hacer algo” en el tiempo libre es ir al cine o mirar "Fútbol de Primera". En el trabajo la mitad de la tarea es enviar mails. Si hace quinientos años había conflicto, había que sacar la espada: hoy nuestra migaja de violencia es asistir crispados sobre el monitor a un mail enojoso. En ese contexto es que sobresale aún más la figura del Bioy-hacedor: campeón de tenis, sobresaliente en otros deportes, aficionado a los círculos intelctuales más reservados, y –last but not least- mujeriego incansable. Un día más o menos interesante en la vida de Bioy Casares comenzaba con deporte, seguía con un romance y terminaba en una cena con Borges. Subyace la implicación de que para escribir bien se necesita una vida plena: en ese caso el porvenir de la literatura es francamente negro.

Monday, March 31, 2008

Lost in Trebuchet

Hay momentos en que mi mayor preocupación se refiere a que las planillas y documentos en l0s que estoy trabajando lleven el font Trebuchet. Claro, esta es mi cruzada absurda de Abril: convencer al resto acerca de la necesidad de este cambio de formatos, aunque esto deba avasallar ciertos bastiones corporativos.

Puede ser que cuando el contenido falla atravesemos una pasión repentina acerca de los formatos, y nos embarquemos en ciertas obsesiones estúpidas para preservar a nuestro yo de reales preocupaciones. Puede ser. Pero veamos: la misma palabra "caracter" se refiere tanto al tipo de letra como a la personalidad. Y más: la grafología establece idas y vueltas entre lo que ocurre en nuestra cabeza - nuestra necesidad de que nos entiendan, o no- y la escritura. Y no tanto, porque ahora manda el monitor y no tanto nuestra bonita letra. Y Trebuchet fue catalogado como uno de los diez fonts seguros de la web... porque tiene buena definición en cualquier browser de cualquier PC o Mac.

Todo se complica más si se considera que se llamaba trebuchet a un tipo de catapulta originada en Bizancio y adoptada más tarde por los franceses; y aún más cuando se descubre que el tipo de letra diseñado por Vincent Connare en 1996 responde a una jodita escuchada en los cuarteles de la Microsoft Corporation . La pregunta fue "can you make a trebuchet that could launch a person from main campus to the new consumer campus about a mile away? Mathematically is it possible and how?".

No quiero catapultarme. No aún. Pero cada vez Trebuchet me gusta más.

Wednesday, December 26, 2007

Fronteras



Ríos, montañas, caminos y hasta puentes entre países. Puentes que no debieran ser ocupados bajo ningún motivo. Cercas entre campos, sugiriendo propiedad. Sistemas magnéticos que restringen el acceso de gente a clubes o eventos. Condiciones de Von Neumann y valores de la función al cruzar un cero, en matemáticas. Fortachones en las puertas de las discos. Fechas que son mojones entre distintas etapas... y cómo no, finales de año.

Todos estos ejemplos son alguna clase de frontera. Algo ocurre antes o después. No es lo mismo más acá que más acá. La función está "bien comportada" o se va decididamente al infinito. O pertenecés y entrás, o el pato vica te emboca. No es lo mismo. Me gustaría conocer en algún viaje, por caso, la Muralla de Adriano -el sitio en Escocia hasta donde llegaron los romanos antes de rebotar una y otra vez-.

A punto de cruzar la frontera del 2008 me dió por pensar en otros casos, y creo que la mayor violencia se da en los casos sociales donde está inmersa la noción de propiedad. Pues en el resto de los casos, el tiempo, el espacio y las matemáticas pertenecen a todos. Me quedo pensando entre los jazmines en otros ejemplos.

ADDENDUM: la última frontera es la superficie de separación entre las personas, su piel. Por eso cada cultura construye rituales complejos para permitir tocarse, por eso tantos vaivenes y pautas en torno al sexo -y no en torno a la respiración, por caso-.

Sunday, November 25, 2007

La identidad

Desde hace unos días pienso en la identidad, en la manera en que somos y nos percibimos. Qué es lo que hace que seamos de cierta manera día tras día? Por qué no hay un reset general entre una jornada y otra, ya que las células de nuestro cerebro cambian, las circunstancias mudan, y nuestro ánimo -o lo que fuere- es función de miles de variables?

Pienso en la gente bipolar -el Mike Tyson de las depresiones, según Martin Amis en Night Train-, en la década del Prozac, en las argucias químicas que son necesarias para mantener un yo en vilo entre mareas descomunales. Y por qué? Para hacer frente al postulado de que las personas son inmutables, constantes, "con derivada cero" en el tiempo.

Hoy se dice que la inmortalidad depende de hacer back-up del cerebro que habita un cuerpo viejo hacia otro cuerpo más joven. Algo así "hagamos download de la información, alojémosla en un hardware mejor". Y yo creo que lo que somos es una información que cambia día a día. Me maravilla que los matrimonios y las relaciones familiares duren tanto, si son funciones de onda en perpetuo colapso. Debe haber algo más que explique todo esto. Mientra tanto, sigo dudando que cada mañana al levantarme, yo sea tan yo, tan siempre.

Tuesday, September 18, 2007

Requiem para Gino


De la lista de placeres capitales, el más sencillo de abordar abiertamente en un blog es el de comer. No es una cuestión menor en una ciudad con inflación creciente y con un turismo que tira para arriba los precios: es inmediato que un buen almuerzo que en 2002 no bajaba de 15$ ahora está cerca de 40$ -a menudo por cuestiones barrocas ajenas al gusto del comensal-. Debería haber una guía acerca del buen comer, que vaya más allá de los intentos de la Guía Óleo.

No hice aún el duelo por la desaparición de Gino -Diagonal Sur casi Alsina- con sus platos caseros y la atención de Georgina, con el silencio tempranero, el monitor bajito en ESPN y ejemplares de La Nación siempre disponibles. Cierro los ojos y recuerdo que al menos dos veces por semana, hacia 2004 ó 2005, me obsequiaba a mí mismo con el ritual de un almuerzo temprano y silencioso, en un Gino casi desierto. Depende del día, puede que fueran zapallitos rellenos o parmeggiana de berenjenas. Ante la duda o acabado el menú del día, tenían los mejores tallarines caseros con simple aceite de oliva. Hasta el café era bueno.

Quedan las anécdotas. Una vez un director me sorprendió en ese ritual y me increpó por mi soledad. "Siempre cagándote de risa, vos" fue su frase. No le era dado entender que el precio de una "necesaria empatía de empresa" eran los almuerzos ruidosos, plurales, difícilmente digeribles. En otra oportunidad, cuando los piqueteros atacaron la Legislatura, Gino se convirtió en la central de operaciones de una larga mesa con una veintena de Gordos Uniformados. Gino estaba virtualmente tomado por un Séquito de Gorgories: me dejaron pasar y comí en soledad, lejos del grupo, mientras miraba en el monitor la violencia a pocos metros. La planta del local estaba sitiada entre la oblicuidad de Diagonal Sur y los fondos del Hotel Nogaró; el piso ajedrezado continuaba hasta un fondo desdeñable donde medraban los que llegaban tarde. Una tarde de 2006 un letrero me paró de bruces en la puerta: Gino había cerrado, y el diariero de la puerta no supo explicarme qué pasaba. Dicen que Georgina está trabajando en un hotel.

Vuelvo al hoy. Si tuviera que elegir, queda poco. Alguna picada en el Bar de Cao, en Independencia y Matheu. Celia retoma allí el papel de la moza protectora en la saga universal. Tal vez el Vivaldi de Echeverría y Conde a la hora de un desayuno de trabajo puede servir. Qué debería haber: comida simple, silencio, un diario a mano, platos en precio. Es mucho pedir?

En fin: menos plato ostentoso, menos artificio de empanaditas previas no requeridas, menos ostentación en la lucha de clases entre cretinos y mozos. Y por supuesto, menos gente que te diga lo que está bien y lo que está mal.

Si conocen algún lugar así, por favor avísenme.
In memoriam Gino

Thursday, September 13, 2007

Saturday, September 08, 2007

Exacerbación del yo profesional en la web

El proceso (de izquierda a derecha) es sutil, origina otredades e inhibiciones.
Depende de quiénes seamos, de nuestra edad, y de cuánto queramos mostrar, los "puentes" entre online y offline son cada vez más pequeños.
Más datos en Snark. Este post es un "puente" entre ambos mundos, por ejemplo.

Tuesday, September 04, 2007

Childhood´s End (II) - Fantasmas

Ganado al living en virtud de alguna negociación familiar estaba mi cuarto. La cama siempre estuvo a la izquierda -la cabecera contra la calefacción central- y el escritorio contra la ventana sujetando el sol del oeste que caía a pico, filtrándose en hondas franjas horizontales según el rigor que estableciera la persiana. Recuerdo otros años con el escritorio contra la pared de la derecha, según el humor y la ingenua reivindicación adolescente hecha de posters y banderines.

De muy chico recuerdo una mampara enorme que dividía el ambiente; años después -detonar cambios siempre nos llevó tiempo- caímos en la cuenta de que el living estaba a oscuras. Hay cataclismos que signan una familia; así fue cuando la mampara fue abatida y convertida en entrepiso del cuartito de la plancha -no puedo ponerlo con comillas, sería faltarle el respeto-. A partir de entonces sólo quedó una biblioteca y un aparador como división entre mi cuarto y el living, y el lugar de paso quedó a la derecha. En el living propiamente dicho quedaban cuatro sillones igualmente incómodos, muebles de escaso relieve y un último y desvencijado sillón enorme cuya locación variaba según su inutilidad, donde el gato dormía su siesta y hacía nido de pulgas. La mecedora inglesa estaba cerca de la entrada, lejos de mi territorio.
Había fantasmas de distinto tenor que competían por ser notados. Cerca de la entrada estaba el cuadro de una desconocida y disgustada abuela Victoria, y a su lado, un reloj de Escasany de campanadas tétricas. De noche ocurrían dos fenómenos: de los hierros de la calefacción surgía un cric-cric con el vaho del calor, mezcla de potestades de Lovecraft con alguna entidad en avernos de subsuelos -fui al sótano una vez; no me repongo. El otro efecto sugestivo eran los rombos extraviados que surcaban el techo. Años de terror después alguien me informó del rebote de la luz en los techos de los autos. Yo sé que no. Las leyes de reflexión no sirven para explicar la forma en las figuras evadían los rincones del techo del living, oscilaban y fugaban hacia la puerta.
Me pregunto qué pensará de todo esto la nueva propietaria.

Sunday, September 02, 2007

Childhood´s end

Bernardo de Irigoyen al 1500, donde San Telmo desbarranca en Constitución. El mármol de la entrada atempera el calor de los veranos, donde el sol cae a pleno desde el oeste -sólo con algún árbol de contención improbable- taladrando el acero de la puerta de entrada, hoy verde, hoy enrejada. Me digo, "aquí viví mucho tiempo", y parece que fuera otro quien lo dice. El barrio es una metáfora de la Argentina: hace cincuenta años era zona de lujo. Mi padre iba con los abuelos a comer al restaurant de la estación. Luego, ya se sabe: desidia, inquilinatos, autopistas, comercios que ya no venden, zona de paso. El triunfo de la fealdad. El departamento se vendió por nada; la verdad es que hoy no puede uno caminar por esa cuadra en la noche.

Y si pudiera detener la cinta y sacar una foto de la década, contemplaría una marea de sobrevivientes que se mudan al norte de la ciudad. Se agolpan en conejeras seguras, alquilan mal e hipotecan futuros. Estalla Palermo para darles albergue, se destruyen casas para acercar progres al cielo. Todo por huir del Sur, todo porque los sucesivos gobiernos permiten el triunfo del mal gusto, la violencia, el clientelismo. Y los que se salven, que se vayan a sus cotos cerrados al Norte.

Hoy el mármol y algunos viejos permanecen en ese edificio. Van en procesión lenta al supermercado de Brasil y Perú, y rezan para que no los asalten al salir.