Tuesday, June 19, 2012
El laboratorio de la Bakerloo
Una gran cúpula iba elevándose dejando en una esquina al busto y en la arcada opuesta la entrada al laboratorio, adornada con esquemas de partículas subatómicas. Me ganó la curiosidad y fui subiendo, preguntándome si habría algún conocido de mi vida anterior. En la escalera venía bajando el doctor M, quien había sido mi director de tesis. Supo aparentar normalidad aún en esa circunstancia extraña de otro país y otro tiempo: me saludó fríamente, y me dijo que estaban de fiesta por la inauguración de no sé qué muestra del Laboratorio, que me diera una vuelta. Siguió su camino hacia abajo y se desapareció bajo el cartel que decía "Elephant & Castle". No lo volví a ver.
Al subir me encontré a un par de conocidos más, devorando unos sanguchitos.Nadie estaba sorprendido de verme; ni yo hice el esfuerzo de explicar la coincidencia, ni el hecho de que hacía años que había abandonado a la Física. Dos de los tesistas tenían frentes prominentes y entradas en las sienes, casi un cliché de la inteligencia. Había tres viejitos que discutían un esquema de decaimiento nuclear, con interjecciones y frases infantiles, invocando paternidades entre estados nucleares. Casi no había mujeres. Pregunté dónde estaban los invitados locales, y se encogieron de hombros.
Parece que el laboratorio estaba allí desde los años cincuenta, y que lo habían mantenido convenciendo a las autoridades de la ciudad de la continua "puesta en valor" de las zonas adyacentes al subterraneo. Me mostraron un plano que describía en "Teralibras" la consolidación del valor inmobiliario. De Física no parecía haber mucho, y si tocamos algún tema fue para confesarles mi desconcierto. Siempre olvido, aún en sueños, que en el Primer Mundo no se estila alegar ignorancia. Me fueron dejando solo, y me alejé caminando hacia mi hotel, mirando con extrañeza el fulgor de la mirada de bronce de Rivadavia.
Monday, August 23, 2010
Flandes espera
En la quietud de las aguas y en la piedra de sus calles centenarias, Flandes espera. Se agita inquieto en ese gran patio trasero entre Francia, Alemania e Inglaterra; sopesa tensiones que mudan a través de siglos. Produce milagros como Brujas, aunque el marketing de los canales se lo lleve Venecia; y el de los polders, los holandeses. Soporta batallas mundiales en el Somme, alberga tumbas de cientos de miles de soldados en sus playas, inaugura armas químicas en Ypres, y recuerda a sus vecinos derrotas inesperadas, como en Waterloo.Soy testigo ocasional. En vez de quedarme en el laboratorio de Hasselt, me pasean en un Porsche Carrera por la llovizna en la noche de un extremo a otro: Antwerp, Gent, y finalmente Brujas. El conductor -el gurú techie que me debe explicar la vida- me habla de Carlos V y de la inquisición, de los pintores flamencos y la cámara obscura, y de por qué la Wallonia francesa es una carga indeseada. "They don´t work at all", me dice, y salta en la butaca cada vez que suena en los woofers ese nuevo berrido tech de "Panamericano". Bélgica es un sueño de muelles y resortes, una necesidad, una gema pequeña y molesta incrustada entre las coronas de Europa.
Llegamos a Brujas y tengo tiempo de salir a correr a través de un bosque y su bruma matinal, y de toparme con el Kastel van Tillegem, sin un testigo, sin una presencia. Ante mi pregunta, la gente del hotel preguntará "which castle?", extrañada, y mi contraparte belga los denostará: son todos inmigrantes incultos. Le cuento al belga la historia de "The night watch", la venerable canción flamenca de King Crimson inspirada en la pintura de Rembrandt, y la desconoce, pero me retrueca con el paso de Einstein por Ostende y Solvay, y con anécdotas desdeñosas sobre Carlos V. "He wouldn´t speak Spanish at all", mientras ahora casi todos los turistas son españoles, a pesar de la Crisis.
Our country racked with Spanish wars
Now comes a chance to find ourselves
And quiet reigns behind our doors
We think about posterity again".
Luego hay reuniones, hay un Excel que se agita, y hay cervezas en algún orden secreto, mientras el Porsche rueda por los adoquines y sigue sonando "Panamericano". La gente desaparece en el atardecer, aterrados por la posiblidad de quedarse sin cena. Casi parece escucharse el solo de guitarra de Fripp al final de la canción, resonando frente al Belfort. Los mercados de piedra, los puentes y las iglesias emergen de ese témpano de niebla que es el tiempo. Flandes, de algún modo, espera.
The burghers good and true
Still living through the painter's hand
Request you all to understand."
Tuesday, August 17, 2010
High Tech en Hasselt

Jamás puedo dormir en los aviones, no importa lo que haga. Esta vez no fue la excepción. La parada de cuatro horas en Barajas significó la vuelta a un primer mundo de señalética, gestos y costumbres distintas; pero la llegada a un destino imprevisto fue mucho más interesante.
Hasselt es un lugar de tecnología inusual en pleno Flandes. La gente habla flamenco tal como en Barcelona o en Quebec la resistencia pasa por el idioma. Bélgica es una país-buffer que separa Holanda de Francia y de Alemania, aunque más de un siglo después nadie se sienta belga, y en cambio se digan flamencos. La gente se queja del clima y de la lluvia, pero a los costados de la carretera los campos se ven de un verde eterno y cultivado.
Desde lo alto de un Radisson new-tech se advierte el techo de la catedral y un fervor religioso que hace demasiado fácil el chiste de Flanders y Flandes. En los alrededores florecen las industrias de IT y del Contenido. A cien kilómetros, en el Somme, todavía se encuentran ecos de ambas guerras. Bélgica siempre fue el patio de atrás donde se pelean los chicos. Tal vez pensando en esto, en guerras e identidades, la gente bebe cervezas con 10% de alcohol. Mientras me entrego al ritual, vislumbrando Argentinas fragmentadas, sin lugar para belleza ni para tecnología. Más allá del cristal sigue lloviendo.
Wednesday, September 23, 2009
Scattering mexicano
Si me preguntan por qué dejé de ver a tal persona o qué pasó en tal año, la respuesta es "no me acuerdo". A veces vuelve un atisbo -como un gato arañando el mármol- y me rebelo contra mi propia falta de sensibilidad, haber soslayado personas u oportunidades. Tanto peor: qué estaré haciendo hoy que me impide ver lo esencial, aquello sobre lo que me preguntaré mañana.En Física de Partículas se habla de scattering, esto es, de la dispersión que una partícula provoca en la materia. Cualquier analogía con un partido de bowling es perfecta. Y creo que algo parecido sucede con la memoria. Con mi memoria. El cerebro es atravesado por impresiones fragmentarias, y lo que luego sucede no es lineal. Qué recordaré de este viaje a México, esta vez con más tiempo para estar en el DF con mi cámara? Cuáles imágenes quedarán en la memoria?
Va mi intento: un museo antropológico, lluvias dispersas, excelentes brunchs en El Péndulo, gente caminando eternamente por Reforma, la melancolía de decenas de lustrabotas, el sentirme alto, las mujeres con el pelo tirante para atrás, haber subido a la Torre Latina mientras se veían en El Zócalo los festejos de El Grito, las rotondas con monumentos, la continua oferta de vendedores?
Los hechos deportivos fijan recuerdos como estacas. Tal vez lo que más recuerde es haber entrado a un bar y pedido una Corona mientras veía el quinto set del triunfo de Del Potro en el US Open. Tan triviales somos.
Sunday, May 17, 2009
Tríada: Innecesaria sonrisa interior
A veces viajo a un lugar exótico a realizar trabajos muy sofisticados, donde debo acomodar mi personalidad a husos horarios, pautas culturales y exigencias hasta que mi ego queda reducido al tamaño del punto que cierra esta frase.
En este lugar hay una máquina expresso. Puedo decir que aprendí a hacer cafés decentes por primera vez en mi vida. Coloco el plástico con el café, doy vuelta la manija, y aprieto el botón. Al hacer esto se escucha un ruido muy fuerte que coincide exactamente con la nota inicial de “Love me do” de los Beatles.
Cuando eso ocurre miro alarmado a mi alrededor, esperando que todos se pongan a bailar, a cantar, o al menos a enarcar las cejas festejando la coincidencia. Pero nadie se da cuenta del secreto musical de la máquina. Hace falta decirlo? Mi ego revive y aumenta a cada expresso; lo hace estúpidamente pues a mi alrededor sigue la matanza laboral. Pero siento que he establecido esa íntima sensación de superioridad, esa innecesaria sonrisa interior que no aumentará mi sueldo, pero que no podré cambiar.
Sunday, March 15, 2009
Amis vs Puig
Dos libros estuvieron peleando palmo a palmo en mi mochila de viaje en estos días: "London Fields" de Martin Amis (a la izquierda del ring) y "Boquitas Pintadas" de Manuel Puig (el retador, a la derecha). Uno es el campeón respaldado por la crítica, niño terrible de las mejores prensas, con retiros en José Ignacio y dientes levemente aserrados. El otro se mantiene en el presente atemporal de los grandes, asediando al campeón con estructuras simples, situaciones absolutamente contundentes y variedad del discurso.Amis vacila, tambalea, le sobran doscientas páginas: sólo el personaje de Keith Talent lo saca a flote pero ay, es tan pretencioso... necesita que el fin del mundo tiña toda su novela y sacar chapa de bon vivant en el personaje de Guy Clinch para presumir. El retador pone frases de pueblo, frases tangueras de Le Pera, pequeñas vanidades femeninas que empujan a la tumba. Puig deleita con edictos policiales y cartas chimenteras, coloca manos contundentes en cada página, y se erige en narrador omnipresente, jugando con sus personajes entre la vida y la muerte. Amis en cambio se demora, da rodeos, insiste con Londres fulgurantes -y encima uno sufre, leyendo con el Babylon a mano-. Puig puntea con el jab de las pequeñas hipocresías de clase media: no necesita de finales de siglo ni de portentosas Nicola Six, predadoras adivinatorias. Amis cae.
Hoy, saliendo de un Heathrow atestado -los pagos de Martin Amis-, terminé Boquitas Pintadas. Ganador por escándalo, el morocho de General Villegas.
Wednesday, November 19, 2008
Lágrimas medidas (Alicia Dujovne Ortiz)
Recomiendo el excelente artículo de Alicia Dujovne Ortiz de La Nación de hoy, del cual extraigo algunos párrafos.
GRANADA.- "Estoy desesperado, ps, m´hijita, esto no es vida. Se van los meses, se van los años y yo acá. No, ps, m´hijita, para Navidad no puedo volver, la aceituna termina en marzo, ps. En cuanto cobre me yegreso, ya se lo he dicho muchas veces pero ahora créame, ps, m´hijita, esto se acabó, en España están todos parados y a los que no tienen papeles quién va a tomarles, ps. No hay trabajo, m´hijita. En Bolivia tampoco, ia lo sé. Qué yemedio nos queda, si Dios nos quiso pobres así ha de ser nomás. El dinero no es nada, ps. Yo lo que quiero decirle es que estoy muy orgulloso de usted, m´hijita, porque se queda sola estudiando y no anda con novios... ¿Ah, sí? ¿Y qué edad tiene? -la voz sonó súbitamente preocupada-. ¿Y es yesponsable?"
Pero el fenómeno sobrepasa el perímetro de esas cuatro paredes transparentes, donde un papá desesperado, aceitunero acaso clandestino en un país "parado", que ve aumentar el desempleo minuto a minuto, quedaba tan visible como audible. En todas partes el locutorio le sirve al inmigrante para mantener la ilusión: mientras pueda hablar, no habrá cortado el hilo, como sí lo hacían nuestros abuelos al subirse al barco.
En España acaba de salir un libro de una pedagoga argentina, Nora Rodríguez, titulado Educar desde el locutorio y destinado a un nuevo tipo de inmigración, sobre todo latinoamericana: la de las madres. Como para el trabajo doméstico y el cuidado de niños no hay desocupación, cada vez más mujeres, tan desesperadas como ese padre del domingo lluvioso, deciden cruzar el charco en busca de fortuna. Para citar a María Antonia Sánchez Vallejo en El País de Madrid, estas mujeres "revolucionan el modelo patriarcal al convertirse en sostén de sus hijos y asumir a distancia la desgarradora relación con los niños desde otro continente".El locutorio encierra trampas, debidas a la frustración que cada charla provoca y, a la vez, permite mantener la relación familiar (...) Es por eso que en su libro, nuestra compatriota pedagoga propone una serie de diez consejos para "ser madre por teléfono".
En primer lugar, se trata de reemplazar las órdenes, que la distancia vuelve caducas, por los simples deseos ("sería bueno que" en lugar de "tenés que"). En segundo, no cantarle muchas loas al país de acogida para que el hijo no se engañe pensando que la madre, o el padre, están en el paraíso. En tercero, jugar: canciones, adivinanzas o trabalenguas pueden ser telefónicos. En cuarto, reír. En quinto, no llorar, o abreviar el llanto lo más posible si no se logra esquivarlo por completo. En sexto, dar consejos pero no cargar al nene o al adolescente con una retahíla abrumadora por el estilo de "los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera". En séptimo, no vivir comparando la vida de antes, cuando estaban juntos, con la separación de ahora porque es muy triste. En octavo, decir y repetir palabras de amor. En noveno, no exagerar con los regalos para no mostrar que a uno la culpa lo carcome. Y en décimo, elogiar al hijo y asegurarle, como lo hacía instintivamente el boliviano de mi cuento, "estoy orgulloso u orgullosa de vos".
Tuesday, August 26, 2008
Medida por medida
El medallero tras Beijing 2008 puede sugerir que el ganador fue China por cantidad de oros, o que fue Estados Unidos por cantidad total, o que fue la Comunidad Europea si se agrupan sus países, o que fue Jamaica con sus tres oros en relación a la cantidad de habitantes. O se puede hilar aún más fino y no hallar correlación alguna, sobre todo si se compara el medallero olímpico con el Human Development Index liderado por los países escandinavos.
Este desacople entre realidad y olimpismo es ilustrado por Fernandez Moores en su nota "La Fiebre del Oro" en La Nación de hoy. "Los Juegos, se sabe, celebran a élites deportivas, que pueden ir de los músculos hipertrofiados del nadador francés Alain Bernard a los cuerpos condenados a no crecer de la gimnasta china He Kexing, que pesa apenas 33 kilos. O a un Michael Phelps obligado a consumir 12.000 calorías diarias, nadar 70.000 metros por semana y dormir 9 horas por día. Un talentoso robot cuya vida, según él mismo la describió, consiste en “comer, nadar y dormir”.

