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Friday, January 27, 2012

Inmediatez y medianía



Tri tri tu tu. 3322, Chase Avenue. El taxista haitiano repite direciones. Hago tiempo mientras vuelvo de un viaje por trabajo.Veo alrededor mitades iguales de ostentación y basura . Es extraño: en un barrio francés-moishe de Miami parece haber un pacto natural entre ambas magnitudes, cuyo resultado artístico (si esto fuera una "instalación", digamos) sería un croissant en estado de putrefacción.

El timeline gira como una rueda de la fortuna, y me cuenta qué pasó en Twitter durante una semana de ausencia. Mi filtro natural me detiene en dos noticias. Por un lado parece que hubo en Davos una cena con ocho Premios Nóbel -esto significa algo, supongo-donde emergió la idea de "shortermización": superpoblación, basura, recursos escasos, cambio climático. Absolutamente 2012. La buena y vieja inmediatez por la cual algunos gremios pueden reclamar, y otros no. Una azafata es más que una maestra.

Por otro lado, en La Nación otra vez aparece un artículo de Martín Amis sobre Nabokov. Google "Martis Amis" + "Nabokov + La Nación. Surgen no menos de diez artículos en diez años. Pero también algo surge, la distinción que se hace entre talento -algo natural en Nabokov y pocos más- y fama, que puestos de manifiestos en el canon literario significa más o menos que la Academia niega el talento para que todos puedan más o menos llegar a fin de mes. Esto también lo explica bien Guilllermo Martínez, y desemboca en una masomenización de la crítica literaria.

En una vuelta de tuerca, tal vez una cosa sea consecuencia de la otra. Cómo distinguir el talento si no hay tiempo para la evaluación? Lo más fácil, en el caso de la litertura, es seguir poniendo bien arriba en la góndola a los "best sellers". Nunca mejor definida una categoría.

Todo esto suena como acelerar contra una pared de basura: el tiempo colapsa, la limpieza es imposible, no se pueden distinguir valores, no hay talento posible, solo su impostación. Sólo vale la escasa probablilidad de fugarse. El taxista me sigue hablando en haitiano básico. Argentina. Allá vuelvo.

Thursday, March 24, 2011

Vanidades

El ejercicio meticuloso de la vanidad supone el desconocimiento casi absoluto de esta condición. Casi nadie registra para sí esa necesidad insolente de aparentar ser mejor. Para el espectador imparcial esta persistencia es molesta y algo ridícula, pues se nota en el otro una energía excesiva en el cuidado de ciertas verdades que no pueden ponerse en duda.

Y esta plaza llena de militares en Quito, qué pretenden. “Presenten arrrr…”, como si con esto o con las decenas de medallas colgando en el uniforme, resurgieran cualquier gloria. A un costado de la plaza hay otro ejército, pero de lustrabotas, y me decido por uno. “Pasta o tinta?” me dice. No entiendo. Lo que mejor quede. Mide menos de un metro cincuento y me pregunto cómo quedarán mis zapatos luego de esa extraña molienda que se produce en su superfiice. Van a quedar más claros, me digo, ya visiblemente molesto.

Llevando esto al extremo, quien pretenda parecer top en cualquier disciplina busca parecerse a algún estereotipo. Nótese en que estamos en la corteza, en lo exterior; el vanidoso no busca la excelencia, sino su sombra consistente. Pero esas sombras se confunden entre sí, y ocurre que los vanidosos se parecen mucho. Ay de ellos si supieran que la búsqueda del glamour los ha apartado de la originalidad.

Varado en Bogotá. Ezeiza cerrado y las consecuencia se sienten en el exterior, como ondas en un estanque. Son quince horas de demora, y nos llevan a un hotel de medio pelo en una autopista en eterna reconstrucción. Le ladro al conserje cuando sugiere que hay que compartir habitaciones. Le ladro a la gente de Aerolíneas Argentinas cuando admiten que no tienen el sistema para hacer upgrade. "Qué pena señor, no señor". Son amables pero de un modo untuoso, oblicuo, que me ofende aún más.

Las vertientes de la vanidad más evidentes son las que se centran en cuatro o cinco cuestiones evidentes: belleza, dinero, fama, hasta inteligencia. Hay quien se jacta de ser inteligente, y al instante deja de serlo. Existe una vanidad más sutil, acerca del tiempo y de la felicidad. Una cirugía estética o un bronceado perfecto nos hablan de una preocupación por la belleza –dentro del género de las vanidades evidentes- pero también se refieren al poder de detener el tiempo o de usarlo al mejor antojo.

Tiempo. Quién me devuelve mi tiempo, en ese hotel antes, y en este aeropuerto ahora. Ningún trabajo merece esto, que le digan a otro que viajar es placentero. Salgo a correr por la autopista destruída, la gente me mira pasar como a un demente, y creo que es eso lo que soy. Nadie más corre aquí. Me pierdo, y advierto que nadie sabe dónde están mi hotel.

Finalmente, creo que hay gente que se vanagloria de su felicidad. Este subgénero es reconocible por un optimismo a ultranza, una energía que sólo puede provenir de fármacos, y una dificultad de solidarizase con el otro en los trances difíciles. “No, yo a los velorios no voy; es muy mala onda”. Pero denme a los tristes, a lo inconclusos, a aquellos que son sensibles a la imperfección del mundo. Denme a los inseguros, a los feos, a los que tienen mala suerte e incluso a quienes atraen tempestades. Pues de ellos no será el Reino de los Cielos, pero contarán con mi simpatía, pues no hallaré en ellos ni un atisbo de vanidad. Y habrá quien, al leer esto, identificará algo de vanidad en mí; pues bien, les diré que es la dosis mínima que me han recetado para evitar males mayores. O eso es lo que yo prefiero creer.

Vuelvo al hotel. Duermo dos horas. Nos llaman para ir a Eldorado. Y aún no sé si me habrán de pasar a Business, como merezco.

Friday, December 03, 2010

Peligrosa certidumbre

Nabokov tiene razón, todo es bostezo y olvido. Julian Barnes, más acá, también la tiene cuando acuña que la vida es una maldita cosa detrás de la otra. Y cuando las citas son abrumadoramente reales, uno ni siquiera usa comillas. En cambio, parapetado contra el fin de año, yo sigo acumulando evidencia en contra de toda esta gente brillante y segura de sí misma, nítida, casi en relieve contra el claroscuro de la vida.

Hubo viajes, de distinto signo. Hubo otro DF, otra Caracas, y una Cartagena decadente, unidas por un calor envolvente de 35C; pero también un París para compensar, y un Madrid para promediar, ambos gélidos. En todos estos lugares, la gente estaba segura de sus opiniones, y yo los miraba desde la antesala de mí mismo, como haciendo con mi alma ese gesto itálico del montoncito. Pero hubo una excepción contra tanta certidumbre.

En un rincón de Paris, frente a Notre-Dame está la Shakespeare & Co, una librería donde se refugiaba Hemingway y donde se encontraban los libros prohibidos en los años 30. Allí, como en otros sitios parisinos, lo único cierto es la belleza serena de los anaqueles repletos de libros; no hay pregones, no hay frases rimbombantes, ni necesidad de establecer superioridad moral, de negocios, frente al otro. De allí rescaté un buen Galactic Pot-Healer, de Philip Dick, otro que no se la creyó mucho, donde se reescribe la fábula del pequeño y humilde que resulta ser grande. Otro Keyser Soze, otro Mulo. Los antecedentes en distintas ramas del arte son demasiados.

Lo que quiero decir es que uno ya es grande para jugar al nihilista, y que debe aceptar que el resto del mundo espera pequeñas certidumbres de uno, y que tal vez -como en la novela de Dick- lo que uno hace en diversos ámbitos es más importante de lo que parece. Aunque bien pueda ser que deba reescribir esta basura, y me arroje de lleno en la procastinación y en la fascinación por mi propia inseguridad.

Monday, August 23, 2010

Flandes espera

En la quietud de las aguas y en la piedra de sus calles centenarias, Flandes espera. Se agita inquieto en ese gran patio trasero entre Francia, Alemania e Inglaterra; sopesa tensiones que mudan a través de siglos. Produce milagros como Brujas, aunque el marketing de los canales se lo lleve Venecia; y el de los polders, los holandeses. Soporta batallas mundiales en el Somme, alberga tumbas de cientos de miles de soldados en sus playas, inaugura armas químicas en Ypres, y recuerda a sus vecinos derrotas inesperadas, como en Waterloo.

Soy testigo ocasional. En vez de quedarme en el laboratorio de Hasselt, me pasean en un Porsche Carrera por la llovizna en la noche de un extremo a otro: Antwerp, Gent, y finalmente Brujas. El conductor -el gurú techie que me debe explicar la vida- me habla de Carlos V y de la inquisición, de los pintores flamencos y la cámara obscura, y de por qué la Wallonia francesa es una carga indeseada. "They don´t work at all", me dice, y salta en la butaca cada vez que suena en los woofers ese nuevo berrido tech de "Panamericano". Bélgica es un sueño de muelles y resortes, una necesidad, una gema pequeña y molesta incrustada entre las coronas de Europa.

Llegamos a Brujas y tengo tiempo de salir a correr a través de un bosque y su bruma matinal, y de toparme con el Kastel van Tillegem, sin un testigo, sin una presencia. Ante mi pregunta, la gente del hotel preguntará "which castle?", extrañada, y mi contraparte belga los denostará: son todos inmigrantes incultos. Le cuento al belga la historia de "The night watch", la venerable canción flamenca de King Crimson inspirada en la pintura de Rembrandt, y la desconoce, pero me retrueca con el paso de Einstein por Ostende y Solvay, y con anécdotas desdeñosas sobre Carlos V. "He wouldn´t speak Spanish at all", mientras ahora casi todos los turistas son españoles, a pesar de la Crisis.

"So many years we suffered here
Our country racked with Spanish wars
Now comes a chance to find ourselves
And quiet reigns behind our doors
We think about posterity again".

Luego hay reuniones, hay un Excel que se agita, y hay cervezas en algún orden secreto, mientras el Porsche rueda por los adoquines y sigue sonando "Panamericano". La gente desaparece en el atardecer, aterrados por la posiblidad de quedarse sin cena. Casi parece escucharse el solo de guitarra de Fripp al final de la canción, resonando frente al Belfort. Los mercados de piedra, los puentes y las iglesias emergen de ese témpano de niebla que es el tiempo. Flandes, de algún modo, espera.

"And so the pride of little men
The burghers good and true
Still living through the painter's hand
Request you all to understand."

Wednesday, August 18, 2010

Kasteel van Tillegem


Y qué pasa si uno sale a correr por un bosque al sur de Brujas, espera completar 10K decentes por alguna carretera, encuentra un bosque con perfectos senderos y eucaliptos, y en medio de la niebla matinal, uno se encuentra con este castillo?

Tuesday, August 17, 2010

High Tech en Hasselt


Jamás puedo dormir en los aviones, no importa lo que haga. Esta vez no fue la excepción. La parada de cuatro horas en Barajas significó la vuelta a un primer mundo de señalética, gestos y costumbres distintas; pero la llegada a un destino imprevisto fue mucho más interesante.

Hasselt es un lugar de tecnología inusual en pleno Flandes. La gente habla flamenco tal como en Barcelona o en Quebec la resistencia pasa por el idioma. Bélgica es una país-buffer que separa Holanda de Francia y de Alemania, aunque más de un siglo después nadie se sienta belga, y en cambio se digan flamencos. La gente se queja del clima y de la lluvia, pero a los costados de la carretera los campos se ven de un verde eterno y cultivado.

Desde lo alto de un Radisson new-tech se advierte el techo de la catedral y un fervor religioso que hace demasiado fácil el chiste de Flanders y Flandes. En los alrededores florecen las industrias de IT y del Contenido. A cien kilómetros, en el Somme, todavía se encuentran ecos de ambas guerras. Bélgica siempre fue el patio de atrás donde se pelean los chicos. Tal vez pensando en esto, en guerras e identidades, la gente bebe cervezas con 10% de alcohol. Mientras me entrego al ritual, vislumbrando Argentinas fragmentadas, sin lugar para belleza ni para tecnología. Más allá del cristal sigue lloviendo.

Tuesday, September 08, 2009

El gran Norte bolivariano

Estar en el Norte de América del Sur es casi un oximoron. Casi tanto como llegar a Caracas y que te rodee una cohorte de choferes de taxis, cambistas y buscavidas: un dólar puede valer 2, 5 ó 6 bolívares. Una hora después cambio mal y elijo peor el taxi, que luego de lentos rodeos "oiga maestrico, esto está chévere, hace un año hubo un derrumbe y tardábamos 4 horas" por caminos de sierras y túneles azulejados me arroja en un hotel ex Hilton de actual dominación chavista: el Alba Caracas, algo así como un hotel ideal para convenciones de masoquistas. Calor, lluvia, y aún así encuentro que media hora de running por el parque Los Caobos no es mala experiencia.

En el hotel no hay agua, no hay Wi-Fi, no hay desayuno incluído. Por supuesto, el dólar vale sólo dos bolívares. Pregunto qué pasa y la respuesta a lo que ocurre siempre lo tiene otro "yo recién llegué" me dicen. Tal vez la última respesta la tenga Chavez, cuya foto domina las discusiones en el lobby del hotel. Pero si hay dólares todo se aclara súbitamente. Y las empresas esperan en Parque del Este, como del otro lado de un muro, y camino al aeropuerto hay campos de golf que desmienten la propaganda, y entiendo que estoy a mitad de camino de Cuba. Se puede hacer negocio o hablar con gente inteligente? Se puede. Y entonces, cómo entender esas hordas de militares, y esas convenciones de deportistas y esa propaganda turística -pero no, en el aeropuerto ni un mapa de Caracas-. En el aeropuerto debo pagar 75 dólares de impuestos para abandonar el país. Pregunto qué es la "F" al lado del signo de bolívares. "Fuerte", me responden, sin sonreír. "Fabuloso", respondo.

Un rato y un Avianca después, Bogotá es distinto, quieto, fresco, menos estridente. La gente es más humilde, pronuncia distinto, elige bien las palabras. La ciudad es predecible, con su centro reticulado de calles y carreras mirando las montañas verdes. La zona T tiene muy buenos restaurantes, de todas las cocinas posibles. El taxista de regreso al aeropuerto de ElDorado entrega en preciso castellano el resumen: "que Chavez no se enoje demasiado con los yanquis, ni nosotros con los narcos: si pasa eso, quién se ocupará del Norte bolivariano?".

Tuesday, August 04, 2009

Tríada: epifanía antisocial

Ningún hombre quiere que le espíen la conversación interior, dijo alguien. O en buen romance, lo que todo hombre quiere es que no lo molesten. Pensaba esto mientras estiraba las piernas y respiraba hondo tras correr en una pista de atletismo desierta. 12 km, la mitad de ellos a 4:30, en la pausa del mediodía en un día invernal pero de sol: la receta de la felicidad. Era un momento perfecto: no demasiado frío, algo de nubes, hasta la torpeza intelectual de Andy K en el mp3 era algo tolerable. Como en un recuerdo lejano, el trabajo marchaba bien.

Por la tarde, en el Centro, se dieron dos de tres. Hubo tickets en el Teatro con el descuento esperado, encontré las zapatillas necesarias para la próxima marathon, pero no hubo reemplazo del Sony Ericsson que ha decidido no responder a su dueño. "Caba(sh)ero, ese modelo no lo tengo. Caba(sh)ero, no se vende ese modelo en cuotas en su factura". En mi mapa de molestia ya había un cambio. En Viamonte había una manifestación contra el fútbol (!?) hecha por pseudo barrabravas pagados por alguien. Sumergido en el libro de Felix Luna casi no reparé en el montón humano del subte.

Ya es noche. De la nada surgen los mails en el monitor: hay un viaje a México mañana. Debido a la imposibilidad de prepararlo como corresponde resulta un horror. Epifanía, desconexión, ganas de cortar con todo. Y la profesionalidad? El infierno es que no puedas usar la pista o el andarivel de la pileta tranquilo, o que te digan caba(sh)ero y te nieguen lo que buscás, o que mañana haya que ver si efectivamente hay tickets, o que haya que contradecirse y explicarle al cliente todo de nuevo. Adónde quedó aquella contemplación de la nada mientras elongaba isquiotibiales?

Thursday, May 21, 2009

Pyramid song

Detenido en el medio del tiempo. Un desayuno en el piso once de un hotel de cierto lujo anónimo. Luego de una semana, la moza ya sabe que abandoné el café y que voy por el Earl Grey Tea. Una cucharada de azúcar, y mientras revuelvo miro por la ventana, veo lo de cada día: una carretera que se hunde el centro de Tel Aviv como una daga. Alrededor florecen ministerios de Defensa con helipuertos, monumentos piramidales invertidos y estructuras triangulares. Algunas palmeras flanquean los edificios, pequeñas incongruencias del pasado.

En un LCD a mi izquierda aparece el día, la hora, la temperatura. La fecha me dice algo, es mi cumpleaños. La gente se pone melosa cuando la Tierra pasa por el mismo espacio respecto del Sol que cuando ellos nacieron, y afloran ceremonias: están quienes siguen recordando fechas agazapados tras páginas amarillas de viejas agendas, están quienes reciben el codazo mental del Facebook y plantan enormes mensajes –nuevas palmeras escoltando fechas, ya no monumentos-. Las pirámides están a una hora de viaje. Ya ni importa haberme quedado tanto tiempo, hoy es el deadline del trabajo. Estoy delante de una pantalla WebEx esperando que empiece una Call Conf con el resto del mundo, mientras va terminando un cumpleaños anónimo. Del mismo modo habrá estado hace cinco mil años algún escriba esperando a algún faraón.

Tuesday, March 31, 2009

Ben Gurion mon amour


Los palitos rastreadores son celestes y están levemente curvados hacia adentro, como un rebaño de pequeños consoladores esperando un sumo sacerdote proxeneta que los lleve en procesión al Rosedal. Todo mi equipaje esta mansamente dispuesto sobre una mesa, un inventario inanimado de mi pequeña vida viajera. Le pregunto a la inspectora del aeropuerto Ben Gurion si ya es suficiente, tras casi una hora de intenso escobillado a mis enseres. No, no lo es. Sigue ella con el rostro bajo en su minucioso rastrillar, feliz ella con su palito celeste, buscando químicos, almas, vida, nitratos, pensamientos –no, espero que esto no-.

Curioso, leído y exasperado, mala combinación. Pregunto si están buscando Nitrógeno. Mala idea: Rastrilladora Nata anota algo y me pasan a otro control de mayor seguridad. Los rabinos, religiosos y demás muñequitos se deslizan con rapidez por controles mas permisivos. Me miran con serena jactancia, con ojitos apenas visibles tras delgados lentes y bajo grandes sombreros negros. Los bucles normativos de su religión caen en tirabuzones con ángulos semejantes a los de los palitos celestes. Pero bueno, yo soy el extraño, no estoy vestido de negro, no tengo gorrito o sombrero de ala, y encima pregunto por el nitrógeno. Fuck.

A pesar de su empeño los palitos buscan pero no encuentran. Un momento, mi cámara tiene una extraño precinto que sujeta la batería. Llaman a la supervisora –cara tensa, el alma propulsada contra el rostro a Mach 2- y me pregunta por este arreglo casero. Le toca a ella ser curiosa e insiste, por que no compro una cámara nueva? A duras penas –la cintita es patética- se enciende la cámara y logro sacar una foto que prueba que esto no es una Uzi. Hubiera querido la foto de los Palitos Rastreadores, casi parecen cool a esta altura. De repente voila, dejo de ser sospechoso y me dejan ir. Llego a la cúpula circular de Ben Gurion, donde cada faceta es un Free Shop: los religiosos contemplan los bienes en trance consumista y queman tarjetas de crédito contra el posnet. Yo busco el vuelo que me saque de aquí.


Sunday, March 22, 2009

Sin acentos

Y no, no tengo acentos, y gracias a mi IP los banners bajan casi en arameo. Quien me habla me pregunta cada dos minutos "if this topic is familiar with your experience" y le contesto que si. Que si con acento. Aunque me voy replegando sobre las costras de mi mismo, y segun un amigo cada vez que asiento los parpados me bajan demasiado despacio. Me digo que lo mio no es desprecio, el tipo sigue, acumulando pequeños triunfos laborales y blandiendo experiencias y yo le aseguro que se de que me habla. Sin acentos. Me digo, no debo dormirme, mientras los slides bajan mas lentos que mis parpados. Genes y medio ambiente: mis gestos son copy & paste de mis padres, y eso es mi superficie, mientras que mi interior -eso que genera solitones de aburrimiento, ese querer que la realidad se adapte a mi- es puro ADN, no self control, calidoscopio de genes, mitocondrias y pequeñas piedras preciosas. El tipo sigue con los slides, y yo sigo sin acentos.

Wednesday, March 11, 2009

Mexican Style

Colapsan varios vuelos desde el cielo hacia el aeropuerto Benito Juárez en el DF y ocurre un caleidoscopio de personas que se funden: es un mash-up entre los intentos de globalización y un scrum de rugby. Sobrevivo a Migraciones, me arriesgo a un taxi, y tras una hora de autopistas perdidas a lo David Lynch, no estoy en DF sino en Santa Fé. Los hoteles modernos tienen el aire viciado y las ventanas no pueden abrirse. Cuando pido algo en el desk me dicen "cláaaro", pero no está claro.

Tómese mucha inversión, ponga un arquitecto fanático de rascacielos con poco criterio estético, inunde todo de autos y mézclese todo sobre un pantano: tendrá Ud a Santa Fé. Entre reunión y reunión leo algo de historia mexicana, y puedo entender el resentimiento que asoma en las miradas achaparradas y morenas. A un día de arribado, los diálogos ocurren aún levemente desplazados de su baricentro, pero como a los dos mil metros, a la altura del bosque del Chapultepec. Será el jet-lag o la altitud? Estoy cansado. No obstante, cena en Polanco: el mozo hace como que nos entiende, y la gente pretende que los mariachis les gustan a todo el mundo.

Mayas, aztecas, españoles, habsburgos y cientos de rebeliones en medio. Como si siempre faltara un "claro" por aclarar, o como si la muda mirada de rencor indígena llevara ya medio milenio. Y al final del día dos, ese maitre achaparrado, que manos en jarra y peinado con gel en puntitas, recrimina a sus congéneres con desdén por servir tarde el café a los Blancos. Y por encima de todo, la Torre del Ángel -muy Siegessäule y berlinesa, en la avenida de la Reforma- juzga todas esas miradas que van hacia un cielo donde se codean el dios de los europeos y la Serpiente Emplumada.

Wednesday, February 18, 2009

Tríada II

Los vikingos usaban un cristal a manera de brújula para hallar el sol en los días nublados. Esa piedra, llamada espato de Islandia, permitió el predominio vikingo en los mares, en tiempos medievales.


La embajada de Arabia en Buenos Aires no atiende mails ni llamados telefónicos. Fui a la mansión de Barrio Parque –enumero: criadas paseando perros extraños, custodios, autos carísimos- a buscar información sobre un posible viaje a Bahrein. Tras una espera surgió un señor que me atendió en la puerta. El hombre tenía el pelo muy corto, hablaba con voz engolada y evitaba mirarme a los ojos; tenía su vista clavada en unos anteojos mínimos que pendían de la punta de su nariz. El rayo de su mirada atravesaba esas lentes y se clavaba en algún punto de mis vísceras. Cuando terminé de explicar mi propósito, sugirió que enviara la pregunta por correo postal. Luego confundió Bahrein con Emiratos Árabes. Decidí entonces preguntarle su cargo, y mientras jugueteaba con sus anteojos, admitió que era de Seguridad. Lo saludé y caminé hacia Libertador.


Hace veinte años sumergía una piedra rica en Manganeso a una fuente de neutrones, con la idea de “ver” a través de las paredes. Luego supe que la rodocrosita y el espato de Islandia eran la misma cosa. Hoy creo que los jerarcas de las Embajadas ponen modernos vikingos en las puertas para escrutar almas y marear a cualquier navegante de destinos.

Tuesday, February 10, 2009

Lugüercio, allá en el Este


Durante su breve paso por el Wanderers Fútbol Club, el pensador y extremo derecho Pablo Lugüercio tuvo oportunidad de esbozar un catálogo de diferencias entre gente a ambas orillas del Río de la Plata.

Lugüercio (a.k.a "el Payaso") se refiere de este modo a los charrúas: "son afables y creen en el destino, a tal punto que al serles requerida una dirección señalan el horizonte e indican "por allá", aseveran con un "seguro" bien acentuado en la sílaba intermedia, y en medio de una explicación intercalan "ahí va, ahí va". Su despedida "pasen bien" denota el buen deseo por el otro, salpicado por cierta desidia. El clima oriental -en general más benigno, salvo lluvias torrenciales en Rocha- provoca cierta indolencia: su máxima aspiración en la vida es un trabajo estatal donde puedan "hacer playa" a partir de las 4. La comida es abundante, el Requesón, el postre Chajá y el dulce de leche Conaprole hacen mella en el colesterol de propios y ajenos." Como se ve, el Payaso evita en su descripción caer en los lugares común del "tá" o el "pila", sino que penetra en la hermética alma del ser oriental: un sujeto de buen talante que se conforma con una lenta decadencia acariciada por el sol de Malvín.

Hizo un extraño viaje iniciático al Cabo Polonio (ver foto) donde, en un precario registro civil, logró incluir una críptica "W" a su nombre. Tal vez fue su última aventura oriental: tras sólo cuatro meses de prácticas, el pensador regresó un Otoño a buscar otros desafíos en clubes argentinos del Nacional B. "Me molestaba la arena, vo" fue su declaración más recordada.

Thursday, January 15, 2009

En el campo, lejos de la ciudad

Los Kirchner, la sequía y las langostas. Esas son las tres plagas del momento -me dicen mis amigos en el campo, lejos de la ciudad. Titubean, eligen las palabras, pero no hace falta mucho para convencerme: el ecosistema se ha alterado. Salgo a correr unos 10K más bien lentitos y me acompaña un pequeño tropel de langostas que hace shhh, shhh a cada paso -un piquete de autocensura- mientras algunas se enroscan en mi zoquete izquierdo. Los caranchos me siguen de cerca, dándome por muerto, atléticamente o no; hay mariposas blancas que de seguro son efectos especiales. En un bosque de eucaliptos secos encontramos las primeras viudas negras, que luego hallaremos en las cercanías de la pileta, de la cancha de tenis y en los silos al lado de la casa.

"Si te pican, tenemos cuatro horas hasta el hospital" me dice afablemente mi amigo. Aclara rápidamente que hay antídoto. Un martes hago los 40 km hasta Coronel Suárez buscando banda ancha y verifico el estado del camino. Con la sequedad afloran los alambres y es más fácil pinchar un neumático. Sería doble mala suerte: que te pique una viuda negra y que pinches. A la vuelta nos acercamos a una telaraña y preparamos el banquete: arrojamos saltamontes y mantis religiosas, y filmamos. La araña negra del tamaño de un dedal mueve su abdomen con ocho rojo delicadamente diseñado, y con economía de movimientos, gana siempre. Es una araña K.

Lo bueno es la cancha de tenis libre: a esta hora los locales no se le animan al cemento. En el asado de la noche una prima inglesa revela palabrotas inimaginables y confiesa su entusiasmo: en el pueblo le dicen "que es muy gauchita" y para ella esto es simple pertenencia y no bardo. No la decepciono, pero la tentación es grande. Al día siguiente me dicen que volvieron las águilas langosteras que migran desde Canadá, atraídas por la sequedad y los insectos: levanto la vista, apenas se las ve en lo alto. Hay relámpagos hacia el sur -es allá el Sur, no?- pero no llueve. Las vacas están flaquitas. Los girasoles ya no giran. Y como temiendo más maldiciones, no se habla de los Kirchner, en el campo lejos de la ciudad.

Tuesday, November 25, 2008

Madrid y la crisis

Una semana en Madrid en un otoño casi invierno, sumergido en dos campos hipnóticos: un suburbio tecnológico en las afueras con mi hotel repleto de chinos buscadores de negocio hispánico, y un sometimiento aceptado a 12 horas de trabajo. Fantástico.

Me prometí olvidarme del NH en Alfonso Martínez que no fue, y de Gran Vía, y de frecuentes runnings por el parque de Retiro. Esta vez no iba a ser así. Y ya desde el principio las extrañas tuberías de la terminal T4 –ese anfiteatro digno de Teletubbies que montó Iberia para recibirnos- parecían presagiar algo raro, que las valijas tardaran una hora y que las carreteras dieran tantas vueltas para llegar al mismo sitio. Joder tío, esto es la hostia.

Crisis? Dicen los madrileños, pero atiborran los bares a toda hora, y el H&M desborda en ofertas que harían empalidecer al Palermo Soho, y se quejan de llenos, tanto que apenas sí ven la victoria en el tenis –y yo sufriendo por Web o por SMS-. Ver la Davis de visitante fue metáfora de argentinidad, ver esos cubos llenos de gente que puso Telefónica en el desierto también parece tener un mensaje, pero no es más que otro avasallamiento, otra muestra de autoridad. Si todo esto es para montar un centro comercial entre los doce cubos, y para que todos salgan corriendo al café o al restaurant… quién va a venderle a los chinos? Me pregunto, mientras el hotel se vacía en el fin de semana y Las Tablas es un desierto donde alguien comprará esos condominios, y yo hago el verdadero raid madrileño, ese frenesí de tapas, plazas, parque, pinchos, bares, charla y demás monosílabos que constituyen la hispanidad.

Ahora ya es Barajas y yo estoy con la última caña, ese otro bisílabo que importa..

Friday, September 26, 2008

Wicked guy, wise guy

First glimpse. A week ago, in Rome, after the birthday party of Peter C –a wise PhD from Sheffield, 65, a very ironic man indeed-. Dinner had been fabulous, plenty of pasta and fish as it could be in Italy: primo piatti, secondo piatti, contorni, and of course this strange mix of white and red wine that trattorias may offer your. The waiter was quite similar to Stanley Tucci, and somehow we felt very much like in the “Big Night” movie. Good times eventually need an end, and there were we saying goodbyes on the corner of the restaurant, each one staring at the other, reckoning how many years it would pass till the next conference. I shaked Peter´s hand, the man on his forties patronizing the man on his sixties, and said to him “Peter, be good”. He immediately would snarled: “what for?”. Turn around, and began walking towards Termini.

A week after that, back in Buenos Aires. There´s some business with people in three continentes and usually we meet over the Skype. In any case, these people -no matter sex, race or religion- would tremble and burst in tears about this guy controlling the whole operation. Let´s call him T. –for I don´t even dare to type his name-. What`s more strange: even the customers of this guy would panick about his opinions while we approach monthly report deadlines or committees. I don´t know T. personally, eventually I will, but in the meantime I come to think that being a wicked guy was a wise way of improving a career. In spite of all that "Thou shalt love thy neighbour as thyself" so biblic we´ve deeply learned, somehow, this guy is driving mad a bunch of people. And I´m not sure the business is improving at the same rate as hate.

So when I eventually would meet T, I expect myself to avoid this fear I sense in the other people. I´d be curious about if he is really mean or if he is only pretending to be; I´ll aproach the court with the work done. But I do have this stupid side -which I am proud of, this insane side of me that turns Arian fonts in Trebuchet fonts, this stupid rage about gesturing while audioconferencing- where I really expect T. to appear disguised as Darth Vader, turning lights off, and asking for my immediate surrender.In this very moment of trial, I will understand a couple of facts about Life, and maybe I´d ask to be part of the Dark Side as well.

Wednesday, December 26, 2007

Fronteras



Ríos, montañas, caminos y hasta puentes entre países. Puentes que no debieran ser ocupados bajo ningún motivo. Cercas entre campos, sugiriendo propiedad. Sistemas magnéticos que restringen el acceso de gente a clubes o eventos. Condiciones de Von Neumann y valores de la función al cruzar un cero, en matemáticas. Fortachones en las puertas de las discos. Fechas que son mojones entre distintas etapas... y cómo no, finales de año.

Todos estos ejemplos son alguna clase de frontera. Algo ocurre antes o después. No es lo mismo más acá que más acá. La función está "bien comportada" o se va decididamente al infinito. O pertenecés y entrás, o el pato vica te emboca. No es lo mismo. Me gustaría conocer en algún viaje, por caso, la Muralla de Adriano -el sitio en Escocia hasta donde llegaron los romanos antes de rebotar una y otra vez-.

A punto de cruzar la frontera del 2008 me dió por pensar en otros casos, y creo que la mayor violencia se da en los casos sociales donde está inmersa la noción de propiedad. Pues en el resto de los casos, el tiempo, el espacio y las matemáticas pertenecen a todos. Me quedo pensando entre los jazmines en otros ejemplos.

ADDENDUM: la última frontera es la superficie de separación entre las personas, su piel. Por eso cada cultura construye rituales complejos para permitir tocarse, por eso tantos vaivenes y pautas en torno al sexo -y no en torno a la respiración, por caso-.

Tuesday, December 04, 2007

Música para aeropuertos

Las salas de los aeropuertos intercambian gente, como vasos comunicantes. Insisto en la pasividad del sujeto: las personas son transportadas por cintas, escaleras, sillas de ruedas, a veces hasta tambalean por sí solas conducidas hasta abismos exasperantes de nulidad gastronómica. Toda la materia oscura del universo se acumula ahí, todo es más sucio y más caro, los trámites infructuosos son la norma y los mediocres reinan, uniformados. Los miro trastabillar contra las Samsonites, y sólo falta "Música para Aeropuertos" de fondo, esa genialidad de Brian Eno.

Y otra vez es ese estúpido papel que nadie leerá, esa versión desganda de mí mismo en blanco y negro. Sabedor de su inutilidad, mi Cruzada Absurda de Diciembre es decorar esos formularios con cifras y letras absurdos. Llamo a los viajeros a la rebelión: si nadie lee eso, porqué no completarlos con arte? Domicilio? "Gran Apart La Oquedad". Propósito de su viaje? "Engrosar las arcas y aumentar mi tedio". Podríamos alegrar las esperas del avión eligiendo las mejores frases.

Y allí vamos, corriendo por llegar primero a Migraciones y luego -o después, según se mire- a revisar el equipaje, y que algunas veces pasemos indemnes y otras veces nos saquen el cinturón. Pero esto tiene sentido, si hasta merecemos ser castigados.

Wednesday, November 14, 2007

Miami da Tijuca

Es de noche, ya, el gimanasio ya cerró y no llegó aún nadie del grupo al hotel. Sólo me queda buscar algo en los alrededores. Los barrios pobres están cercados por los grandes cotos de caza de los ricos, me digo, mientras chequeo que soy el único caminante nocturno por la Avenida Das Américas, eyectado del hotel medio-medio bajo la lluvia hacia algún restaurant amigo que las leyendas dicen está en un mall.

Definición de hotel medio-medio: tiene todas las comodidades pero desde que llegás sentís que hay un conflicto latente con el conserje que irremediablemente estallará o esta(sh)ará. La ortografía depende de la mayor o menor solemnidad con que sepas administrar tu furia -y en qué idioma, y si es antes o después del check-out-. Amen del conserje, estás en un hotel medio-medio cuando no estás cerca de la playa en Río, o te separara una laguna probablemente contaminada. Which happens to be the case, como supe al día después: un gran caño lleva mierda de ricos a laguna de pobres. Levanto la vista hacia la noche: bajo la lluvia, a la derecha son todos terribles condominios con seguridad. Y con caños. A la derecha, pasando Avenida Das Américas, un buen inventario de chaturas de distinto signo.

El hotentote de la entrada me dice, você maluco, você devería deixar de caminar pra lá. Pero yo quiero caminar. Pienso: en el maletín tengo todo. Pero todo. No me conviene un asalto. Tres cuadras después, llego al Barra Design, y de golpe todo es perfecto y somos todos rubios y las mulatas tienen piernas absolutamente derivables (C infinito según la jerga del Exactas) y todos tienen tarjeta para los restaurants del piso tres. Elijo uno italiano, me atienden como si fuera un auténtico marahato, hasta que elijo unos fetuccini al funghi y le aclaro al mozo que odio que me sirvan la bebida. Termino rápido, un expresso, y bajo las escaleras mecánicas en esa soledad tan evidente en los shoppings: cada vez más, la gente va de a veinte, a sofocar la pobreza de extramuros en grupos bien delimitados. Ir al shopping en grupos es la analogia offline del Twitter, emitiendo grititos de menos de ciento cuarenta caracteres.

Vuelvo sin el miedo de la ida: un perfecto decasílabo. Vuel-vo-sin-el-mie-do-de-la-i-da. Mastico el pensamiento de que Miami acaba de abrir una sucursal en Tijuca. El moreno de la entrada del hotel advierte sorprendido mi retorno en una sola pieza. Viviré para pelearme con el conserje.