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Wednesday, January 19, 2011

Deslizamientos


De este lado de la vida bien al Sur, las noches son más frescas en Enero. Al menos lo son más que ese horno que era esto hace un mes, un fragor que le impedía a uno resetearse durante las noches. Buenos Aires queda con la mitad de su gente, y más allá de la calma del jardín, hay modos para deslizarse hacia el sueño con naturalidad. Puede ser que uno se quede mirando el Abierto de Australia, esa extraña expectativa de mediodías abochornantes en plena madrugada, donde se es estúpidamente feliz mientras el tenista pueda pasar a segunda o tercera ronda, a eso de las dos de la mañana. O se puede disfrutar página a página de "El Barón Rampante" de Italo Calvino, y descubrir que "las empresas que se basan en una tenacidad interior deben ser mudas y oscuras; a poco que uno las declare, o se gloríe de ellas, todo parece fatuo, sin sentido, e incluso mezquino".

Será por eso, por lo que dice Calvino, que nunca pude creer en las declamaciones de políticos ni de grandes directores de Marketing? El protagonista de su libro es Cósimo, un niño que juró vivir toda su vida arriba de los árboles, y cumple. Estas son decisiones del arte, mayúsculas, de contexto; en la Naturaleza hay también deslizamientos funestos, como los de Río de Janeiro. Puede uno atisbar -en la misma noche tibia- que el mismo efecto sucede en el contexto pequeño de la familia y los amigos. Se inclinan los pareceres, cambian las prioridades, y no hay lodo ni árbol arrastrado que lo atestigüe.

Sigue Calvino, describiendo el caracter irresoluto del Caballero Abogado: "Jamás se oponía a la voluntad ajena, pero pronto se desinteresaba del trabajo y lo abandonaba (...) Mandaba empezar a cavar en un sitio, luego en otro, después interrumpir, y volvía a tomar medidas. Llegaba la noche lo suspendía todo. Era difícil que a la mañana siguiente decidiera reanudar el trabajo en aquel punto. No había forma de encontrarlo durante una semana." Y culmina: "Cósimo llevó a cuestas la imagen del Caballero Abogado como advertencia de en qué puede convertirse el hombre que separa su suerte de los demás".

Un conocido algo remoto me grita hoy desde la escalera del club: "qué te pasa Daniel, que vas tan pensativo". Me pasa el mundo, pensé. Cómo estar de otro modo? E inmediatamente uno esgrime una sonrisa para protegerse de la ironía. Pero los ojos no sonríen, no; y uno sigue subiendo la escalera. Y entonces seguimos en otro año, subiendo la otra escalera, con jardín, con Nalbandian y Del Potro en segunda ronda, a mitad de un libro, y con la impresión de que ese cosquilleo ante los deslizamientos ajenos -de la tierra, de las personas, del mundo- van haciendo mella. Tal vez la única forma de hacerse inmune a los deslizamientos ajenos sea la soledad irresoluta del Caballero Abogado.

Tuesday, October 05, 2010

Yanificación y después

Hay tres ámbitos que se entremezclan estos días, como esas esferas diabólicas de la mala película de Sci-Fi “Event Horizon”. La primera esfera se refiere a la interacción cotidiana con la gente. Me interesan los cambios en el lenguaje cotidiano, y anoto conmovido esta lista de ítems, sin orden particular: las afirmaciones se reemplazaron por “dale”, la vacilación por “ponele”, la adjetivación en exceso se combina con sujeto tácito y todas las frases adquieren doble sentido - “este año le entro a cuanta (carrera) chica se me cruce”-. Me interesa algo menos el uso distorsivo de posesivos, que revierte la carga de la acción (“me viste esa película?”) y la forma en que las mujeres de treinta vocalizan como perras en celo, o se operan como si la mueca del alma debiera reflejarse en el rostro. Me desespera, finalmente, el estilo desganado de los casi varones en Chacalermo, que arrastran las palabras y carraspean, y dicen “m´tendés?”, se compran zapatillas cool con deditos, y dejan flotando en el aire su duda perpetua de uf, dejar a mamá y emanciparse a los uf, treinta y siete.

En una segunda esfera, más allá de los diálogos y del país Fort hay un país Yan donde la gente se entierra cada semana en una ciénaga distinta, para paranoiquear acerca del caso particular y no discutir el caso general. A la hora de pensar y debatir en cada edificio se libran batallas menores pero importantes: Vecina 1 habla de “su seguridad” y de que “en su lista de prioridades no entran las ratas”, pero huye de los problemas reales del consorcio. Vecina 2 es falsamente artista, y nos sacude a toda hora con ritmos étnicos impropios, en nombre de un arte que espero no esté subvencionado por un gobierno claudicante. Vecino 3 es reciente esposo y todas las noches pac, pac, pac aplasta milanesas y mira fijo el ténder mientras su esposa mira la tele (“mirá, de nuevo Romina Yan”) pero él pac, pac, pac deja finitas las milanesas y nadie le avisó que se puede pedir en el comercio un corte más fino. En fin, la excesiva yanificación del país se debe a “la extensión del ámbito privado en los medios masivos”. Y me acabo de citar a mí mismo, autoproclamando mi autoridad en la materia, con la fuerza de quien achata milanesas para lograr el coito mensual. El fenómeno parece potenciarse cuando el acontecimiento pertenece a algo que hemos visto desde pequeños, y que esto “nos sumerge en un plural de amistosa concordancia”, y lo hice de nuevo, me cité por segunda vez. Y cuando estoy por hablar sobre la tercera esfera, anoto mentalmente que quiero evitar esa mirada despectiva que esgrimen los pasajeros de Business cuando ingresa al avión la masa que va a Economy. Realmente, no hallo el punto medio: temo que el país Yanifique (así solito, sin partículas reflexivas) ante la muerte inesperada de un integrante del elenco de Montaña Rusa, por caso.

La tercera esfera es la meritoria, es la de un país que vive solo en mi imaginación donde mi cruzada absurda permanente es hallar el sentido (Pamuk otra vez?) de acontecimientos crudamente desvinculados. Imagino al Payaso Lugüercio frustrado por el fútbol y las marathones y yendo a jugar a un equpo de nombre rimbombante, como Tanque Sisley de Uruguay, e imaginar al Payaso desvelado por la etimología del nombre de su equipo. O tal vez sea la máquina de Coca Cola, tan argentina en su operación, tan permeable al segundo intento de pago a pesar del letrero “sin cambio”, y los vestigios del accionar de un programador local que planeó el detalle, tal vez olvidando un módulo de voz que dijera “está bien” ante la persistencia del cliente.

O quizás cuando escucho el “Love me tender” de Elvis Presley en la musiquita de los contestadores telefónicos, sentir que eso es un Evento Lindante con la Mayor Boludez Posible (ELMBP), por esas varias notas levemente iguales que se traducen en un “píiiiiiiiiiiiiiii” insoportable. Ese debería ser el himno de mi país, uno que tuviera muchos Tanques Sisley de etimología improbable, que aboliera de sus símbolos, confesara su inutilidad, y le comunicara a sus ciudadanos que “no habrá más Rominas Yan, no habrá más vecinos, háganse cargo de Uds mismos, que nosotros nos vamos a alguna isla del Mar Jónico”.

Tuesday, September 14, 2010

Lugüercio desencadenado

Apocado por la prensa y por el declive racinguista en la tabla de promedios, mi amigo el Payaso Lugüercio se propuso incursionar en el atletismo mientras alternaba sus esporádicos partidos en primera división. Fue una pasión otoñal, como la son todas. Por unos años su vida tuvo sentido al amparo de un Excel dictatorial, que le ordenaba kilómetros y ritmos. El Payaso obedecía y entrenaba, acatando con mansedumbre el rigor del entrenamiento. Creía en este Excel más que en sus directores técnicos; creía, en fin, que mejoraría con los años.

Pasó
minuciosamente por cada decepción posible en la vida del corredor. Pronto descubrió su falta de velocidad en los eventos de pista: con una convicción insana se dijo que lo suyo era lo opuesto, la resistencia, y se volcó a la distancia madre de 42 km. Fue más allá, averiguó sobre ultramaratones. Se anotó en el Espartatlón de 240km para abandonar meses antes. Se cocinó lentamente en el infierno de los atletas sobreentrenados, y comenzó a inventar distancias intermedias donde no tuviera registros a mejorar. Se confesó ante sus amistades: “soy recordman en los 12,5 km”. En fin, enchapiteció.

Lo que lo convertía en ejemplo de sus compañeros de Racing –y en motivo de escarnio por parte de sus amigos de Estudiantes- lo limitó aún más como jugador, si tal cosa era posible. Hizo con las críticas lo que sugeria Nabokov con sus libros: bostezar y olvidar. Cuando entraba en los segundos tiempos chocaba contra rivales y se cansaba rápido en los piques cortos, que corría a anotar prolijamente a su Excel como “pasadas de 50 metros con recuperación variable”. Fue separado del plantel y ofrecido en préstamo sin cargo a un oscuro club de Oruro, Bolivia. Le dijo a sus íntimos que “había aceptado este préstamo para poder entrenar en la altura”.


Algunos libros de texto de Fisiología del Deporte rescatan la curva del declive atlético que acompaña esta nota. Lacónicamente, tiempos obtenidos en eje Y, años en el eje X. Rápido apogeo, lenta declinación y feroz desencanto: todo en el Payaso es metáfora del decaimiento atlético del ser humano, y de la desangelada epopeya racinguista. Toda nuestra vida es, finalmente, bostezo y olvido.

Thursday, July 15, 2010

Ventajas y desventajas de ir al teatro


Luego del agotador "Don Giovanni" de anteanoche -tres horas quince de las que aún no me repongo- van madurando sensaciones. Me encanta haber vuelto a visitar el Teatro Colón, que de alguna manera es jugar a ser turista en la propia ciudad. Pero no disfruté la obra, y mientras se iban turnando calambres en los pies -por la estrechez del recinto- y contracturas varias en nuca y espalda, me hundí en mí mismo para contemplar alrededor a algunos personajes cercanos, perfectamente dignos de estar en el escenario.

Detrás de nuestros asientos, una fila de hombres parados. En el piso inmediato superior, se repetía la fila, pero de mujeres. Un código preconciliar rige este orden para evitar tocamientos innecesarios, me contó la acomodadora luego. Durante el entreacto escapé escaleras abajo para estirar las piernas. La calle Tucumán estaba desierta y absolutamente fría, bajo la luz de la luna. Mirando hacia el palacio de Tribunales iluminado, la sensación era la de estar en el primer mundo, idea que fue rápidamente mitigada por la huída en tropel de un grupo de franceses, puteando en diversas lenguas. Al subir para el segundo acto me demoré en los cafés de los pisos sucesivos; al contrario que el descenso a los infiernos del Dante, a medida que subía iban desapareciendo los "tuxedos", y aparecía gente interesante -si vale el adjetivo-. Peldaño tras peldaño, el buen observador hubiera recolectado una buena síntesis de la sociedad argentina, desde una oligarquía inexpresiva hasta una inteligentzia kitsch, algo pendiente de la mirada ajena.

Vuelvo con mi recuerdo al escenario. Serán las actitudes previsibles de los actores, esa gestualidad evidente transportada del siglo XVII? Será la reiteración de frases musicales, esos diálogos a-lo-Pimpinela? O habrá sido la incomodidad de la butaca? Todo esto fue nivelado por el aria "Dalla sua pace" (final del primer acto) y por la increíble nota de Hugo Becaccece acerca de Lorenzo da Ponte, el escritor de Don Giovanni, que le termina dando sentido a este descenso a los avernos opertísticos. Querido lector, abandona este blog y concluye a tu vez tu aventura, yendo directamente a la lectura de esta nota.

Tuesday, May 25, 2010

Mails, bicentenario y azar


Buceo en las profunidades del inbox de mi cuenta en Yahoo! a poco de volver de los festejos por el Bicentenario argentino, sobre los que me siento bastante ajeno. No puedo switchear a GMail del mismo modo en que me cuestan otros cambios, pero la nueva versión del viejo correo me permite scrollear rápido por años buenos y malos.

Ayer por la noche caminaba con mi familia por veredas rotas y mugrientas, pensando en cuánto dinero se había gastado por celebrar una imagen caleidoscópica -al cabo, qué es la Argentina- y buscaba el camino de retorno hacia un auto sitiado por hordas. La misma heterogeneidad provenía de los correos de hace añares. Pero reencontré un maravilloso hotelito en Preuzler Berg, tips para correr en Praga, una amiga hoy divorciada pontificando a su marido de entonces, los preparativos para una conferencia, y la vez que le preguntaba a Paula cómo era eso de tener un blog. Me reí al ver mails de dos chantas en un curso de complejidad, y en un amago de libro. A mi pesar, me gustó más el inbox de hace diez años que el de hoy.

Es bueno desconfiar del propio escepticismo, tanto para los eventos de la argentinidad como para juzgarse a partir de viejos mails. Ambos parten de que el pasado es lineal, reconstruible, explicable. Y finalmente, yo creo que casi todo es azar.

Wednesday, April 14, 2010

Monday, December 14, 2009

Tell me why I don´t like Christmas...

Más allá del cartoon, el título me hace imaginar a Bob Geldorf inclinado sobre el pianito, cantando el título de esta entrada con la misma intensidad con que lo hacía en los Boomtown Rats, pero cada tanto indicándole por lo bajo al auditorio que "en realidad él no tocaba en Pink Floyd". Todos somos espejismos de todos, incluso Bob. La Navidad también.

En vez de mi habitual alegato antisaludo navideño, esta vez elijo preguntarme por qué no me gustan para nada las Navidades. Será por sentirme a años luz de la felicidad zoológica de la espera del MotorBox90 de cuando era chico? Es acordarme en vano de la lucha contra el sueño escuchando la conversación de mayores en Bernardo de Irigoyen, desde el regazo de la madre? Nunca más, en letras graníticas. Y tampoco el mandato religioso. Ni siquiera la obligación de los regalos, aunque cada año hay mayores pretensiones en ese rubro. Apenas una wish list dejada en el estante de la biblioteca, para hacerle la vida más fácil al resto. Tampoco hay obligaciones cursi con invitados desconocidos -casi siempre somos los mismos- o intrincados rituales anglosajones, salvo el de una decente ebriedad.

Escarbando en capas interiores, llego a la real molestia: el plural de amistosa concordancia que nos hace gelatina contra el piso. El mero cúmulo de frases hechas y de conductas preformateadas puede aturdir hasta bien entrado el 2010. Mucha gente me saludará con mucha efusividad en los días que vienen, y yo simularé no asombrarme, y tal vez sea eso lo que de veras molesta: el ahuecarse, el presentar concavidad de alma cuando hay filo. Pero en fin, que lo pases muy feliz, y con salud... y un venturoso 2010... y pobre Bob, sigue agazapado en su piano, mientras yo activo los phasers para evitar salutaciones.

Wednesday, November 25, 2009

"American Pastoral", Philip Roth

OK, aquí vamos otra vez.

Philip Roth, en su "American Pastoral" detona alrededor de la página 35 el asunto de las otredades. "And yet what are we to do about this terribly significant business of other people... ? Is everyone to go off and lock the door and sit secluded like lonely writers do, in a soundproof cell, summoning people out of words and then proposing that these word people are closer to the real thing than the real people that we mangle with our ignorance every day? The fact remains that getting people right is not what living is all about anyway. It's getting them wrong that is living, getting them wrong and wrong and wrong and then, on careful reconsideration, getting them wrong again."

Nathan, el alter-ego de Roth, un varón nostalgioso de sesenta y pico de vuelta de una operación de próstata (hoy estamos pum para arriba) persevera en su búsqueda del personaje, Swede Lenov, un tipo carismático al que la vida le dió todo, y al que trata de capturar en su percepción varios años después. Pero no lo logra. Swede es una especie de Dios con una mácula: su propia hija se hartó de tanta perfección y se le dió por tirar bombas en los setenta. "When it comes to illuminating someone with the Swede's opacity, to understanding those regular guys everybody likes and who go about more or less incognito,it's up for grabs, it seems to me, as to whose guess is more rigorous than whose."

Me despego de Roth y soy yo otra vez, en esta sala VIP, pensando en lo que es entender al otro (en la pareja, en los negocios, en la paternidad) y siento que estamos a años luz y que sólo capturamos fantasmas. No nos llega la cosa real, sino su derivada tercera o cuarta, y por eso estamos condenados a la prisión de nuestra percepción y a vagar entre otredades. La cosa es así, tan sin piedad y desnuda, que este post no merece links aclaratorios, ni imágenes atractoras de lectores.

Wednesday, October 28, 2009

Otredad de otra magnitud (aka LTA)

El Payaso Lugüercio tiene una teoría sobre escalas de otredad -o algo así, sus conceptos siempre son vagos- donde establece que hay "saltos cuánticos" entre grupos homogéneos de gente. Podemos intentar entender a cierta gente dentro de nuestro mismo grupo de otredad, más allá del cual todo intento es vano y comienza el raid de otredades a partir del cual uno enarca las cejas. Luego de eso, se vacila entre el asesinato o el olvido. Pero a veces ocurren escenarios intermedios.

El sábado pasado llevé a mi hijo a un examen de Inglés en el Instituto Bernasconi. Estuvimos un rato esperando cerca de la entrada de esa especie de monumento a la Argentina que no fue -arquitectura europea, eduación libre en un barrio pobre, todos los clichés que nos hacen desear el Túnel del Tiempo-. Hacía calor y le sugerí a Pedro que esperáramos a la sombra unos árboles centenarios que hay cerca de la entrada. Un movimiento me llamó la atención: había un nene de unos diez años retorciendo la rama de un árbol. Le hice un gesto, y con una sonrisa le pedí que no lo hiciera. El chico acudió a su padre -o algo así- que estaba a unos diez metros. El sujeto me dice, tras anteojos negros y sonrisa sólo de dientes: "el chico está conmigo". Y yo pregunté "y quién está del lado del árbol?".

Mala respuesta. Hubo un crescendo de amenazas. Lo miré, era más chico que yo pero su mandíbula inferior compensaba. La gente empezó a mirar. Le dije a Pedro "esperá" y le hablé al padre en privado -tanto como se puede, estando rodeado por doscientos padres y niños-. Le dije "sé que te molesta, pero pensá en qué pasaría si cada chico de aquí rompe una rama?" Luego le dije que si fuera por orgullo ya estaríamos peleando, pero esto no es orgullo. Me puteó de arriba abajo, e incluso me agarró del brazo -en metáforo del tratamiento que su hijo le había efectuado al árbol-. En un dado momento pensé que lo iba a matar, pero lo noté raro. Su odio tenía una magnitud superior al de mi odio. Recordé a Lugüercio y a su teoría. "Mirate, estás temblando de bronca, a vos te parece?" le dije, sabiendo que no iba a poder pasar de eso. Y me odié un poco por no poder hacer lo que quería.

Me fui a un bar mientras duraba el examen. La bronca me duró menos de lo que hubiera pensado. A la vuelta no encontré al Padre Probablemente Represor, sino a muchos padres en ese plural zoológico de espera de hijos, que iban saliendo a medida que terminaba el examen. Los árboles nos miraban desde arriba, y pensé en otra división mayor, más violenta que la de Lugüercio: hay gente a la que decididamente no le importa nada. Y que el mayor problema lo tiene ese chico.

Saturday, September 12, 2009

John K. Toole - La Conjura de los Necios

Las tres imágenes coinciden en mi mente, como tres hojas A4 una sobre otra en una mesa, apenas rotadas una respecto a otra. El personaje, el autor y el lector. John Kennedy Toole tuvo una corta vida: se suicidó a los 31 años. Su madre Thelma, quien lo hostigó en vida, fue igualmente persuasiva con el editor Walker Percy, para que el personaje Ignatius Reilly cobrara vida en las páginas de "La conjura de los necios". Yo mismo hojeo nuevamente las páginas de la novela y me detengo en que Ignatius era -es, lo es cada nueva vez que hojeo la novela- una otredad mayúscula y singular. Mi único obstáculo en el placer es que cada relectura significa deshojar las páginas y destruir la obra. Anagrama es a los libros lo que los vinilos a la música.

El editor aceptó muy a su pesar leer el manuscrito, e Ignatius comenzó a vomitar su odio contra la sociedad. Ignatius es gordo, torpe, incapaz de ningún esfuerzo e igualmente orgulloso. Dos frases ilustran al bueno de Ignatius:
  • "Yo había tenido poca relación con ellos, pues sólo me relaciono con mis iguales, y como no tengo iguales no me relaciono con nadie".
  • "He dado en llegar a la oficina una hora más tarde de lo que se me espera. En consecuencia, me encuentro mucho más reposado y fresco cuando llego, y evito esa primer hora lúgubre de la jornada laboral en la que los sentidos y el cuerpo (...) Considero que al llegar más tarde, mejora notablemente la calidad del trabajo que realizo.
Luisiana State University Press publicó el libro, y puede decirse que fue el primer best-seller de esta editorial. Thelma, la madre, se llenó de oro. Para cerrar el círculo, Walker Percy se aseguró de escribir un prefacio a la única obra de Toole. En New Orleans puede verse en Canal Street una estatua de Ignatius.

Sunday, August 23, 2009

Reafirmación del yo online

Danah Boyd se sorprende del exceso de ego hecho petabytes de fotos en Facebook en su propio estallido casi kolyikeano llamado "Obsesively recording and sharing our vacations". Cada uno lo apreciará en su propio playground de hojas muertas que es su propia home. En mi caso, una conocida se va de vacaciones, postea quinientas fotos, vocifera el buen momento y reafirma su yo arenado. Otra amiga no para de sacar fotos de placas de auto que le parecen graciosas. Finalmente, un tercer amigo hace suya una cruzada oscura, y sube videos de excelente calidad... pero todos la misma noche.

No nos molestan los excesos, hasta que nos molestan. Fuera el plural mayestático: de golpe noto que mi playground feisbuquero yace empetrolado por el exceso de necesidad de afirmar el yo ajeno. Y entonces? La necesidad de orinar el Home ajeno parece ser grande.

Todos los caminos conducen al filtrado de amistades. Habrá algún antídoto para la infoxicación del Facebook?

Sunday, July 12, 2009

Instrucciones para cargar un ataúd

Las últimas muertes están ocurriendo en Sábados de sol; esto hace que ir a los entierros en la Chacarita -a seis cuadras, bajo el sol invernal- sea casi placentero, más aún al tratarse de una familia muy querida. La Parca parece haber estado activa este Invierno y hubo que esperar una sucesión de cortejos, del que sobresalió nítidamente un Dodge 1500 blanco con una corona floral a cuestas que se iba desvencijando, en una metáfora kitsch de la muerte.

All llegar el coche con el ataúd conté seis manijas y seis hombres. Me supe dentro de una etiquette desconocida. Me adelanté antes de ser reclamado en medio de mi perplejidad, y allá fui como puntero derecho. Nada más alzar la manija noté que algo andaba mal: este esfuerzo no tenía nada que ver con el peso estimado del difunto, ni con mis marathones, pesas o proverbial estado físico. La manija de bronce quería llegar a los huesos de mi mano izquierda a un ritmo mayor que la descomposición del finado. Me dije, la capilla está cerca, y avancé con tambaleante dignidad. Durante el responso del cura me masajeé la mano, sin éxito. De la capilla al coche susurré al resto "cambiemos de lado" pero no me oyeron. Otro tramo de dientes apretados, otra vez imaginando al muerto proyectando ondas espectrales y convirtiendo manos en metacarpos y falanges. Llegué al coche sin aliento, entendiendo que faltaba un último tramo.

El horror no es la Muerte y sus alrededores, sino la certeza del dolor, y fue horror lo que sentí al comprender que el destino final del muerto era un un nicho, y eso significa bajar escaleras. En este tercer tramo los portadores abandonamos toda dignidad y tiramos hacia arriba, a los tumbos, con las dos manos. Esta vez yo había enrocado mi posición (mediocampista izquierdo, mano derecha sufriendo) y me chocaba con el back de mi lado. Al inclinar el féretro temí un descenso non-sancto del difunto hacia los Avernos, pero surgió un hotentote de Cementerios a abarajar el ataúd desde el recodo de la escalera. Luego se armó un line rugbístico para arrojar el ataúd adentro del nicho: todo fue fuerza de hombros y escasa contemplación hacia las lágrimas de los deudos. Volví caminando a casa, sintiendo que mi espalda había recibido un golpe mortal.

Thursday, July 09, 2009

Warhol for a day

Los estudios de Artear están a tres cuadras de mi barrio natal: un foco de glamour en medio de la decadencia total. Llego primero al estudio, puedo observar tranquilo la nube de asistentes, técnicos y productores de menor y mayor rango. Parece Los Pells: ejercen mutuamente el poder unos sobre otros. Los de menor casta te acompañan al baño para que no te pierdas o te aconsejan sobre esa gota de té que acaba de caer sobre tu camisa. Parecen contentos: una felicidad casi zoológica, tamizada con animal print. Los de mayor jerarquía se comunican con el camarín de la conductora, que tiene algún problema de salud.

Llega el resto del panel, conozco a algunos. Las mujeres están preocupadas si "dan" o "no dan" en la pantalla. Son los milagros de la silver screen: se es creíble o no en dos dimensiones. Nos ofrecen sandwichs, nos plantan micrófonos, me pregunto si mi verdadero yo me saboteará. Me repito: no debo interrumpir a nadie. Decido ponerme la corbata para tapar, finalmente, la mancha de té. Vamos al estudio en lenta procesión; nuestros lugares están fijados de antemano según alguna algoritmo oscuro. De pronto se encienden las luces y las almas parpadean: esto es estar en TV.

"Oh love oh love just to see them
Acting on the silver screen, oh my.
Clark Gable, Fairbanks, Maureen O'Sullivan
Fantasy would fill my life and I
Love fantasy so much." (*)

Llega la conductora, menuda pero irradiando un halo de cierto poder -no es belleza, es influencia-. Nos saluda con aquiescencia, me dice, ésa es tu cara de enojado? Le respondo con una mueca. Surge una componenente horizontal de la gravedad que nos empuja contra el respaldo: eso se llama dignidad. Empieza el programa: todos los clichés se arremolinan sobre el escenario, todos los conceptos quedan olvidados. Casi, casi, la historia de mi vida: me siento dentro de mi cabeza, a diez millones de años luz. Apenas sí musito un par de sandeces. El programa concluye.

"Did you see in the morning light
I really talked, yes I did, to Gods early dawning light
And I was privileged to be, as I am to this day
To be with you. To be with you."

(*) "Friends of Mr Cairo" (Jon Anderson & Vangelis) estuvo inspirada en "El ladrón de Baghdad (1924), "El halcón maltés" (1941) y "Una vida maravillosa" (1946).

Thursday, May 21, 2009

Pyramid song

Detenido en el medio del tiempo. Un desayuno en el piso once de un hotel de cierto lujo anónimo. Luego de una semana, la moza ya sabe que abandoné el café y que voy por el Earl Grey Tea. Una cucharada de azúcar, y mientras revuelvo miro por la ventana, veo lo de cada día: una carretera que se hunde el centro de Tel Aviv como una daga. Alrededor florecen ministerios de Defensa con helipuertos, monumentos piramidales invertidos y estructuras triangulares. Algunas palmeras flanquean los edificios, pequeñas incongruencias del pasado.

En un LCD a mi izquierda aparece el día, la hora, la temperatura. La fecha me dice algo, es mi cumpleaños. La gente se pone melosa cuando la Tierra pasa por el mismo espacio respecto del Sol que cuando ellos nacieron, y afloran ceremonias: están quienes siguen recordando fechas agazapados tras páginas amarillas de viejas agendas, están quienes reciben el codazo mental del Facebook y plantan enormes mensajes –nuevas palmeras escoltando fechas, ya no monumentos-. Las pirámides están a una hora de viaje. Ya ni importa haberme quedado tanto tiempo, hoy es el deadline del trabajo. Estoy delante de una pantalla WebEx esperando que empiece una Call Conf con el resto del mundo, mientras va terminando un cumpleaños anónimo. Del mismo modo habrá estado hace cinco mil años algún escriba esperando a algún faraón.

Tuesday, March 31, 2009

Ben Gurion mon amour


Los palitos rastreadores son celestes y están levemente curvados hacia adentro, como un rebaño de pequeños consoladores esperando un sumo sacerdote proxeneta que los lleve en procesión al Rosedal. Todo mi equipaje esta mansamente dispuesto sobre una mesa, un inventario inanimado de mi pequeña vida viajera. Le pregunto a la inspectora del aeropuerto Ben Gurion si ya es suficiente, tras casi una hora de intenso escobillado a mis enseres. No, no lo es. Sigue ella con el rostro bajo en su minucioso rastrillar, feliz ella con su palito celeste, buscando químicos, almas, vida, nitratos, pensamientos –no, espero que esto no-.

Curioso, leído y exasperado, mala combinación. Pregunto si están buscando Nitrógeno. Mala idea: Rastrilladora Nata anota algo y me pasan a otro control de mayor seguridad. Los rabinos, religiosos y demás muñequitos se deslizan con rapidez por controles mas permisivos. Me miran con serena jactancia, con ojitos apenas visibles tras delgados lentes y bajo grandes sombreros negros. Los bucles normativos de su religión caen en tirabuzones con ángulos semejantes a los de los palitos celestes. Pero bueno, yo soy el extraño, no estoy vestido de negro, no tengo gorrito o sombrero de ala, y encima pregunto por el nitrógeno. Fuck.

A pesar de su empeño los palitos buscan pero no encuentran. Un momento, mi cámara tiene una extraño precinto que sujeta la batería. Llaman a la supervisora –cara tensa, el alma propulsada contra el rostro a Mach 2- y me pregunta por este arreglo casero. Le toca a ella ser curiosa e insiste, por que no compro una cámara nueva? A duras penas –la cintita es patética- se enciende la cámara y logro sacar una foto que prueba que esto no es una Uzi. Hubiera querido la foto de los Palitos Rastreadores, casi parecen cool a esta altura. De repente voila, dejo de ser sospechoso y me dejan ir. Llego a la cúpula circular de Ben Gurion, donde cada faceta es un Free Shop: los religiosos contemplan los bienes en trance consumista y queman tarjetas de crédito contra el posnet. Yo busco el vuelo que me saque de aquí.


Sunday, March 22, 2009

Sin acentos

Y no, no tengo acentos, y gracias a mi IP los banners bajan casi en arameo. Quien me habla me pregunta cada dos minutos "if this topic is familiar with your experience" y le contesto que si. Que si con acento. Aunque me voy replegando sobre las costras de mi mismo, y segun un amigo cada vez que asiento los parpados me bajan demasiado despacio. Me digo que lo mio no es desprecio, el tipo sigue, acumulando pequeños triunfos laborales y blandiendo experiencias y yo le aseguro que se de que me habla. Sin acentos. Me digo, no debo dormirme, mientras los slides bajan mas lentos que mis parpados. Genes y medio ambiente: mis gestos son copy & paste de mis padres, y eso es mi superficie, mientras que mi interior -eso que genera solitones de aburrimiento, ese querer que la realidad se adapte a mi- es puro ADN, no self control, calidoscopio de genes, mitocondrias y pequeñas piedras preciosas. El tipo sigue con los slides, y yo sigo sin acentos.

Wednesday, February 18, 2009

Tríada II

Los vikingos usaban un cristal a manera de brújula para hallar el sol en los días nublados. Esa piedra, llamada espato de Islandia, permitió el predominio vikingo en los mares, en tiempos medievales.


La embajada de Arabia en Buenos Aires no atiende mails ni llamados telefónicos. Fui a la mansión de Barrio Parque –enumero: criadas paseando perros extraños, custodios, autos carísimos- a buscar información sobre un posible viaje a Bahrein. Tras una espera surgió un señor que me atendió en la puerta. El hombre tenía el pelo muy corto, hablaba con voz engolada y evitaba mirarme a los ojos; tenía su vista clavada en unos anteojos mínimos que pendían de la punta de su nariz. El rayo de su mirada atravesaba esas lentes y se clavaba en algún punto de mis vísceras. Cuando terminé de explicar mi propósito, sugirió que enviara la pregunta por correo postal. Luego confundió Bahrein con Emiratos Árabes. Decidí entonces preguntarle su cargo, y mientras jugueteaba con sus anteojos, admitió que era de Seguridad. Lo saludé y caminé hacia Libertador.


Hace veinte años sumergía una piedra rica en Manganeso a una fuente de neutrones, con la idea de “ver” a través de las paredes. Luego supe que la rodocrosita y el espato de Islandia eran la misma cosa. Hoy creo que los jerarcas de las Embajadas ponen modernos vikingos en las puertas para escrutar almas y marear a cualquier navegante de destinos.

Friday, October 03, 2008

Tríada

Se sabe que debajo de los pequeños palazzos aledaños al Foro de Roma hay ruinas enterradas que nadie se atreve a exhumar, por distintos motivos. Los augustos dueños no lo hacen para que la propiedad no sea expropiada por monedas; y el gobierno, para no congestionar más el tráfico de la ciudad eterna.

Cada vez que abro el Facebook hay gente que supuestamente debo conocer, que me mira desde el margen derecho del monitor. Supongo que a ellos les ocurre lo mismo cuando lo que emerge es mi foto. Lo inevitable, lo que los cráneos del DataMining de Facebook jamás aprenderán: la mutua mirada de monitor a monitor no autoriza la familiaridad del contacto. No insistan.

La obra cotidiana tiene de marco el tedio laboral de la oficina, donde la personalidad se diluye en la uniformidad del cierre de ejercicio y en hectolitros de café. Pero por debajo se puede entrever otro drama, el de los Smithers que declaman estar "tapados de laburo" mientras miran el costado derecho del Facebook. Allí aparece el gif de un gerente de Recursos Humanos que les pide por favor, aceptame el contacto, quiero saber cuáles son tus ruinas romanas.

Monday, July 21, 2008

21 de Julio: Día de la Indiferencia

“Si los hados tienen sus fechas antagónicas en Noviembre, por qué los mortales no deberíamos poseer algo parecido en Julio?”. Así comienza la obra “Fechas, fractales y fisonomías” del pensador Pablo W. Lugüercio, donde alude a casualidades (causalidades) del calendario y su correspondencia con el pensamiento de Occidente.

Lugüercio sostenía que Halloween, Día de los Santos y Día de los Muertos constituyen una tríada de festividades contiguas en Noviembre “a la que deberían corresponderse el 19 de Julio con el Día de los Enemigos, el insoportable 20 de Julio del Día de los Amigos, y el 21 de Julio como Día de la Indiferencia.” Los detractores de la obra de Lugüercio hallaron esta encíclica particularmente odiosa, y aprovecharon esto para convocar al marathonista y pensador a un ágape teñido de crueldad el 21 de Julio de 1968. La velada transcurrió en el restaurant “La Aguada” del centro de La Plata. Allí se le concedieron a Lugüercio falsos premios, se invitó a periodistas para su escarnio, y se lo emborrachó completamente. El final quedó registrado en fotos del diario “El Día” de la ciudad platense: el pensador coronado con una calabaza, cumpliendo la analogía con los ritos de Halloween, y rodeado por sus detractores, que se mofaban de él.

Hay varias interpretaciones sobre el tercer día, que celebramos hoy. Respecto a las fechas de Noviembre no hay proceso más abarcativo que la muerte: allí caen también los santos, los fantasmas y nosotros. De igual modo, hay más gente que nos es indiferente, que amigos o enemigos. Levantemos la copa, pues, por este 21 de Julio que nos toca a todos, y en el cual no hay que hacer exactamente nada: sólo contemplar esa marea de otredades que vaga bajo la lluvia, desde un bar de Niceto Vega, y sospechar que la indiferencia es un poco la antesala de esa pluralidad borrosa que es la muerte.

Tuesday, July 08, 2008

Banalidades y Bradburydades

Los pensamientos que uno tiene frecuentemente son banales. Son cursilerías del tipo "nadie más se da cuenta del ruido a dentista que hay en Florida y Córdoba". O son reflexiones nimias sobre por qué el remisero se queda esperando mientras entrás a tu casa, y se atribuye esto a i) te cuida por si te van a chorear (gratitud), ii) se fija si te olvidaste la llave (otro viaje, maximización de ARPU, o iii) está en combinación con quienes efectivamente te van a chorear (partícipe necesario del hecho delictivo). Hasta ahí llega uno.

Para combatir esto, hoy encontré un librito de primaria con un Bradbury puro y duro de hace cincuenta años, mirando a esta sociedad -la de ahora- usando las palabras de Etiil -el de Marte-. Una bradburydad, vea.

"Querida Tylla: Pensar que en mi ingenuidad pensé que los terrestres contraatacarían con fusiles y bombas. No, no. Cometí un triste error.

Hay rubios robots de rosados cuerpos de goma, reales, pero de algún modo irreales; vivos, pero de algún modo automáticos, que viven en cuevas. Tienen, además, una mirada fija, inmóvil, por haberse pasado innumerables horas mirando películas. Sólo tienen músculos en las mandíbulas: mastican incesantemente unos trozos de goma
...

Y no sólo eso, querida Tylla, toda la civilización terrestre es algo semejante. Y hemos sido arrojados en esta civilización como un puñado de semillas en una mezcladora de cemento. Ninguno de nosotros podrá sobrevivir. Nos matarán a todos, pero no con una bala, sino con un amable apretón de manos. Nos destruirán a todos, pero no con un cohete, sino con un automóvil (...)

Preveo que esas jóvenes brujas y esas gomas de mascar aplastarán, contaminarán, atraparán a nuestro ejército en los cines. Uno de estos días trataré de escapar e ir a Marte. Tendrá que ser pronto. Las mujeres de este malvado planeta están ahogándose con una marea de sentimentalismo, de falso romance. Buenas noches, Tylla. Deséame buena suerte, pues moriré probablemente tratando de escapar. Besos a los niños.


Llorando en silencio, Ettil dobló la carta y se prometió a sí mismo llevarla más tarde al correo del cohete."


Ray Bradbury, "La mezcladora de cemento" (1955)