Wednesday, October 24, 2012
Teorías capilares en Dumbo
A esta altura pocos lo tendrán al Payaso Lugüercio como un mero futbolista. Nada de lo humano le es ajeno, salvo el kirchnerismo -ante el cual retrocede espantado-. Los pocos seguidores del blog recordarán sus teorías . Con el futbol cuántico el Payaso inauguraba nuevos merecimientos futbolísticos. Con sus ideas sobre Uruguay, o los marathones definía grupos humanos. Y con los piqueteros K en las cenizas o la Yanificación del País había anunciado el porvenir. Más que un dudoso puntero izquierdo con bajísimo promedio de gol, era el Pitoniso de La Plata.
Tras un efímero paso por Racing y Arsenal, había firmado un acuerdo muy libre con el Saratoga Brooklyn, un equipo de tercera división de allá. Cobraba no por partido jugado, sino por gol convertido. Las matanzas con los compañeros en el área eran ya épicas. "Es un final digno" me había anunciado por teléfono.
Logramos una mesa decente en el One girl cookies, lugar a mitad de camino entre declaración de principios adolescente y géiser de homosexualidad. Dice el bueno de Elvio Gandolfo que hay gente que empieza a despedirse ni bien llega. Lugüercio hizo algo parecido, apenas nos habíamos sentado cuando me dijo que los tiempos se estaban acabando allá.
Otoño en Brooklyn es una época exenta de paranoias. Las hojas mudan de color en Prospect Park, la gente espera su Halloween en cómodas cuotas, las elecciones florecen en TV. El "allá" del Payaso era la Argentina, un lugar donde el poder pacta con la prensa titulares fulminantes cada diez minutos. Un Maelström político continuo pordía, un descenso a los infiernos sin Beatrices, una eterna posibilidad peor cada mañana. No, yo no sabía lo que pasaba allá, y de momento no quería saberlo.
"Todos los que se equivocan tienen bigote o barba; Kicillof es la excepción pero tiene patillas, Néstor les dijo en 2003 que había que volver a los setenta, y ellos no pueden diferenciarse." Le retruqué con la frase de Perón y los imberbes, pero el Payaso estaba sacado. "Cada día destruyen un par de industrias, son errores infantiles, me fui, la AFIP me dejaba cartas, me sacaban los dólares, no aguantaba más". Ante mi sorpresa se pidió una cookie de fresa.
Yo le quería preguntar por el gol de Messi a Chile y olvidar, pero me dejé llevar por esa vana necesidad de tener razón. Argumenté que hay pelados eficazmente idiotas. Si hasta la misma presidente se había referido hace poco a Cavallo y al ministro español, notorios calvos. El Payaso desestimó mi intento. "Vos no sabés. Te fuiste hace mucho. Es como si se les metiera el pelo para adentro y no pudieran pensar. Y siempre con la moralina, hablando con mayúsculas, cuando en realidad están choreándose todo". Abundó en Sileonis, en Fernandez, en Garrés. "No, el hermano, Nidia no, ella se depila; es boluda, nada más". En su cosmología, Abal Medina era un contraejemplo extraño. "Tratan y tratan, pero al pendejo no le crece el pelo; no tiene la culpa, es genético."
Al fin de sus alocuciones siempre había esperanza. Pero no, Lugüercio me miraba con un asombro fingido, a lo Gustavo Bermúdez, en silencio. "Va a reventar como un sapo la loca esa, y los barbudos van a tomar el poder. Y entonces? Y entonces?". Hizo montoncito. En algunas mesas nos miraban.
Tanto peor, pensé. Mi café ya estaba frío y la bicicleta me esperaba amarrada, ya a la sombra. Tenía que ir al Book Court de Brooklyn, tenían copias autografiadas de un libro nuevo y malo de Martin Amis. Me despedí del Payaso haciéndole el gesto universal del "7 a 0" que habitualmente lo hace sonreir. No hubo caso. Me fui pensando que en su locura esta vez no habia genialidad, sino el letargo del apego excesivo a la realidad.
Monday, June 20, 2011
Los piqueteros de las cenizas

La última vez que vi al Payaso, lo había notado algo caído. Esta vez, se trataba de algo peor.
Nos encontramos en "Los Galgos" de Callao, un lugar que nos recuerda a cada instante la fragilidad de todo. Su llamado había sido perentorio "tengo noticias sobre la Cámpora y las cenizas". Me gustan estos encuentros, pues Lugüercio ofrece información de primera entregada por los intermediarios del fútbol y por periodistas deportivas, dos de las especies con mejor futuro en nuestra sociedad.
Mientras caminaba por el Congreso hacia el café, -en un feriado absurdo, invernal, sin partidos siquiera- iba dejando atrás las distintas cafeterías que remiten al presente furioso, todas juntas: Starbucks, The Coffee Store, aún Aroma. Payaso había elegido la oscura decadencia de "Los Galgos" para darme malas noticias, que ni siquiera eran futbolísticas.
-El gobierno busca un golpe de efecto desesperado. No sabe qué hacer con los "indignados" del conurbano, y cómo limitar las aspiraciones de "La Cámpora". A alguien se le ocurrió un plan maestro, sacarlos de Buenos Aires. Parece que los van a mandar a todos al Sur a palear las cenizas del volcán.
-Ah. Genial. Con qué fondos? Dónde van las cenizas?
-Eso no importa. La plata sale de lo que iba a ir a las casas de Shoklender. Usan el aparato de La Cámpora para poner cien caciques Kirchneristas de menor nivel, y lleva cada uno a un contingente de cien "morochos" de los Planes Trabajar, a la zona del volcán.
- Qué bueno, qué patriótico, vuelven las falanges romanas. Cambian subsidios por trabajo. Me parece bien. De todas formas, me pregunto dónde van a tirar las cenizas.
- Dicen que en el pozo de futuras autopistas, aunque nadie vió un plano aún.
- Ok, probablemente no estén muy organizados. Típico. Y los morochos qué dicen?
- Bueno, hay problemas. Para empezar quieren viajar en avión.
- Y sí, si los Barras fueron al Mundial en avión...
- Claro. Y se niegan a las carpas, y piden ocupar las casas de la gente que se fue de Angostura.
- Están exportando su know-how al interior del país. Lógico.
- Y piden duplicación de subsidio por zona geográficamente desfavorable.
- Entendible. Igual el plan me parece bueno, formativo de nuevas frases: "andá a palear cenizas al Sur". Me gusta. Lo que no entiendo es esto, vos por qué te preocupás?
Se hizo el primer silencio desde que había llegado. El payaso Lugüercio estaba más viejo, más cansado de Racing y del universo. A las sombras de la tarde lo vi por primera vez como lo que era, un casi ex-jugador, un filósofo que en el futuro crearía sospechas acerca de su pasado futbolístico. Levantó la mirada de su café.
- No sé si sigo en Racing...
Wednesday, May 11, 2011
Intermezzo atroz
Esto me lo dice el Payaso, sacándose cada tanto el jopo a lo Bermúdez que lo atormenta.
-Todo me alarma, me pone mal. Desde que empezó el año que está todo mal.
Hasta aquí el almuerzo en U Comodo Vostro venía bien. No siempre el plato del día son spaghetti con salsa de broccoli y panceta, y el almuerzo tardío en Chacarita parecía el mejor preludio para una siesta.
Le pregunté si tenía algo que ver el hecho de que él ya no fuera más titular en Racing.
Hizo un gesto con la mano, me dijo que no.
Dame ejemplos, le pedí. Y él empezó.
-El césped de la calle Jorge Newbery contra el cementerio de La Chacarita -parte del Trapezoide Infernal- está llena de basura infinitesimal (migajas de plásticos y CD, residuos de villa, micro material industrial) que nunca nadie levantará. El caos del tránsito en Buenos Aires es tan atroz que ya es común estacionar en doble fila, y el desconcierto es tan grande que no hay multas por esa razón. La gente habla mal. Los periodistas en radio y TV hablan mal, todos los subjuntivos ya son meros condicionales. Chiche Gelblung tiene razón. Esto es grave, pero lo repito: Chiche Gelblung tiene razón. La mayoría de los padres mataría a sus hijos. Moyano nos deja sin combustible para apretar al gobierno y conseguir más poder, y los playeros de las estaciones de servicio ni siquiera pueden poner el cartelito de "no hay nafta". Nuestros amigos se venden al gobierno de turno sólo por tener algún negocio con ellos. Las chicas usan polainas y botas de cuero en este Otoño de veinte grados promedio, y no te miran: miran a su celular. Los chicos, en particular en Palermo, son todos gay. Sábato se muere justo antes de los cien, sin que yo lo pueda devolver su cartita. Y lo peor, me acabo de enterar que el que tiró la bengala en el recital de La Renga se llama Fontan... y el cantante de Callejeros, de la masacre de CroMagnon... se llamaba Fontanet. Te das cuenta? Te das cuenta?
Hubo una pausa. Levanto la cabeza de mi Carcassone -era todo lo que podía pagar- y el Payaso me miraba fijo, como pidiéndole que le pusiera orden a su pequeño universo racinguista. Le pregunté si veía alguna conspiración universal en todo esto. Pensé en Roma, y en esa noticia sobre el pronóstico del terremoto para hoy.
-No, me dice. No es paranoia. Es así. Es entropía pura, la tendencia es el desorden, y que todo empeore. Todo esto...
-Y que Hauche y Bieler sean titulares en vez de vos?
-No sé... bueno, puede ser.
Afuera del restaurant pasó una atorranta, y la entropía disminuyó un poco.
Friday, December 10, 2010
Liderazgo pincha y crème brûlée
Un día antes del último partido del campeonato, habíamos pactado el encuentro con el Payaso Lugüercio, en la mítica "Aguada" del centro de La Plata. Los tres temas se habían entretejido en la conversación: la canción grabada a beneficio por el equipo de Estudiantes, la guerra entre vecinos de Soldati, y algo más esencial: por qué es que cada quien es hincha de cada equipo.
"Vos no elegís; Estudiantes te elige a vos" espetó el Payaso, docto y monacal pese a estar vestido aún con el jogging de entrenamiento. A sabiendas de que lo iba a aburrir, le conté por enésima vez cómo fue que me hice hincha de Estudiantes: tenía cinco años, y estaba hablando de fútbol con mi vieja mientras ella barría el living; eso fue todo. Por debajo de las palabras estaba el anhelo estúpido de empatizar con el antropólogo-futbolista; él movía las miguitas contra el mantel, y yo continuaba mi argumentación. El punto es que siempre había estado en minoría: el único hincha, en Primaria, en el Secundario, y en la Universidad, cuando en general todos eran -o son- de Boca o de River. "Creo que eso, de algún modo, me formó", dije con pretendida contundencia. El Payaso, como concediéndome el punto, tomó el pingüino para servirse algo más del tinto de la casa.
Pedimos los postres. Lugüercio clavó la vista en un banderín rojiblanco que había en el fondo del salón, y -aunque nadie hablaba- asentía levemente. "Los chicos de ahora se cambian fácil de equipo. Ayer vi uno de Independiente, el primero en diez años. Pero si sos del Pincha no cambiás". En la televisión TN pasaba los incidentes en el sur de la ciudad, como si se tratara de una ventana a otro planeta. La gendarmería separaba grupos de vecinos. La mayoría tenía camisetas de River, Boca, o San Lorenzo. "Igual, lo que vos decís no tiene mucho que ver: Sábato era de Estudiantes, sin ningún motivo.
Cambié de tema, y le pregunte qué pensaba de lo de Soldati. El Payaso te mira fijo cuando lo corrés con un tema político, pero con los cafés se dejó llevar. Hablamos de modelos de país, de la defensa de lo nacional, de repensar ciertas barreras a la inmigración. Mientras se escuchaban las detonaciones en el televisor, me explicó por qué habían caído en desgracia los clubes "grandes". Según él, el sentirse superiores los condena al fracaso, y la única excepción a esto parece ser el Barcelona, cuyo verdadero motor no son ni Xavi ni Iniesta, sino la "necesidad de resaltar la superioridad catalana", y dicho lo cual le pidió al mozo una crème brûlée, por supuesto inexistente en ese bar. Luego hablamos de la entrega de San Lorenzo en los ochenta, de cómo vendió el estadio a Carrefour, y terminó mudándose a una zona de villas bolivianas. Y mientras tanto -resalté yo-, el equpo campeón de Estudiantes había tenido tiempo para grabar una canción y recaudar fondos para hospitales. Le aseguré que lo mío no era xenofobia, sino que me negaba a darle nada gratis a la gente. "Este equipo debería ser un ejemplo, porque es solidario, trabaja, y todo le cuesta. Nada le llega gratis".
Lugüercio jamás te dice que tenés razón. Pero aún tenía una sorpresa. "Lo que sí, no creo para nada en eso de la Mística Copera" tiró el Payaso. "Creo en el laburo cada día, creo en futbolistas hijos de otros que se pasan los genes (Verón, Galleti, Romeo, etc), y en no hablar demasiado con la prensa. Creo en los técnicos casi mudos. Por eso nunca me gustó el Cholo Simeone, tenía un perfil muy alto". Un mozo que pasaba oyó el comentario, e hizo el gestito del DT corriendo dando saltitos ante cada gol. Nos reímos un poco, y el Payaso volvió a hundirse en los abismos de las miguitas de pan.
Al final, brindamos por partido que se venía, y se fue. Nunca le llegué a preguntar qué estaba haciendo él ahora, jugando en Racing. Tampoco hicimos pronósticos sobre quién sería el campeón al día siguiente. Pero en la lista de postres figuraba crème brûlée, algo borroneado.
Tuesday, October 05, 2010
Yanificación y después
Hay tres ámbitos que se entremezclan estos días, como esas esferas diabólicas de la mala película de Sci-Fi “Event Horizon”. La primera esfera se refiere a la interacción cotidiana con la gente. Me interesan los cambios en el lenguaje cotidiano, y anoto conmovido esta lista de ítems, sin orden particular: las afirmaciones se reemplazaron por “dale”, la vacilación por “ponele”, la adjetivación en exceso se combina con sujeto tácito y todas las frases adquieren doble sentido - “este año le entro a cuanta (carrera) chica se me cruce”-. Me interesa algo menos el uso distorsivo de posesivos, que revierte la carga de la acción (“me viste esa película?”) y la forma en que las mujeres de treinta vocalizan como perras en celo, o se operan como si la mueca del alma debiera reflejarse en el rostro. Me desespera, finalmente, el estilo desganado de los casi varones en Chacalermo, que arrastran las palabras y carraspean, y dicen “m´tendés?”, se compran zapatillas cool con deditos, y dejan flotando en el aire su duda perpetua de uf, dejar a mamá y emanciparse a los uf, treinta y siete.
En una segunda esfera, más allá de los diálogos y del país Fort hay un país Yan donde la gente se entierra cada semana en una ciénaga distinta, para paranoiquear acerca del caso particular y no discutir el caso general. A la hora de pensar y debatir en cada edificio se libran batallas menores pero importantes: Vecina 1 habla de “su seguridad” y de que “en su lista de prioridades no entran las ratas”, pero huye de los problemas reales del consorcio. Vecina 2 es falsamente artista, y nos sacude a toda hora con ritmos étnicos impropios, en nombre de un arte que espero no esté subvencionado por un gobierno claudicante. Vecino 3 es reciente esposo y todas las noches pac, pac, pac aplasta milanesas y mira fijo el ténder mientras su esposa mira la tele (“mirá, de nuevo Romina Yan”) pero él pac, pac, pac deja finitas las milanesas y nadie le avisó que se puede pedir en el comercio un corte más fino. En fin, la excesiva yanificación del país se debe a “la extensión del ámbito privado en los medios masivos”. Y me acabo de citar a mí mismo, autoproclamando mi autoridad en la materia, con la fuerza de quien achata milanesas para lograr el coito mensual. El fenómeno parece potenciarse cuando el acontecimiento pertenece a algo que hemos visto desde pequeños, y que esto “nos sumerge en un plural de amistosa concordancia”, y lo hice de nuevo, me cité por segunda vez. Y cuando estoy por hablar sobre la tercera esfera, anoto mentalmente que quiero evitar esa mirada despectiva que esgrimen los pasajeros de Business cuando ingresa al avión la masa que va a Economy. Realmente, no hallo el punto medio: temo que el país Yanifique (así solito, sin partículas reflexivas) ante la muerte inesperada de un integrante del elenco de Montaña Rusa, por caso.
La tercera esfera es la meritoria, es la de un país que vive solo en mi imaginación donde mi cruzada absurda permanente es hallar el sentido (Pamuk otra vez?) de acontecimientos crudamente desvinculados. Imagino al Payaso Lugüercio frustrado por el fútbol y las marathones y yendo a jugar a un equpo de nombre rimbombante, como Tanque Sisley de Uruguay, e imaginar al Payaso desvelado por la etimología del nombre de su equipo. O tal vez sea la máquina de Coca Cola, tan argentina en su operación, tan permeable al segundo intento de pago a pesar del letrero “sin cambio”, y los vestigios del accionar de un programador local que planeó el detalle, tal vez olvidando un módulo de voz que dijera “está bien” ante la persistencia del cliente.
O quizás cuando escucho el “Love me tender” de Elvis Presley en la musiquita de los contestadores telefónicos, sentir que eso es un Evento Lindante con la Mayor Boludez Posible (ELMBP), por esas varias notas levemente iguales que se traducen en un “píiiiiiiiiiiiiiii” insoportable. Ese debería ser el himno de mi país, uno que tuviera muchos Tanques Sisley de etimología improbable, que aboliera de sus símbolos, confesara su inutilidad, y le comunicara a sus ciudadanos que “no habrá más Rominas Yan, no habrá más vecinos, háganse cargo de Uds mismos, que nosotros nos vamos a alguna isla del Mar Jónico”.
Tuesday, September 14, 2010
Lugüercio desencadenado
Apocado por la prensa y por el declive racinguista en la tabla de promedios, mi amigo el Payaso Lugüercio se propuso incursionar en el atletismo mientras alternaba sus esporádicos partidos en primera división. Fue una pasión otoñal, como la son todas. Por unos años su vida tuvo sentido al amparo de un Excel dictatorial, que le ordenaba kilómetros y ritmos. El Payaso obedecía y entrenaba, acatando con mansedumbre el rigor del entrenamiento. Creía en este Excel más que en sus directores técnicos; creía, en fin, que mejoraría con los años.Pasó minuciosamente por cada decepción posible en la vida del corredor. Pronto descubrió su falta de velocidad en los eventos de pista: con una convicción insana se dijo que lo suyo era lo opuesto, la resistencia, y se volcó a la distancia madre de 42 km. Fue más allá, averiguó sobre ultramaratones. Se anotó en el Espartatlón de 240km para abandonar meses antes. Se cocinó lentamente en el infierno de los atletas sobreentrenados, y comenzó a inventar distancias intermedias donde no tuviera registros a mejorar. Se confesó ante sus amistades: “soy recordman en los 12,5 km”. En fin, enchapiteció.
Lo que lo convertía en ejemplo de sus compañeros de Racing –y en motivo de escarnio por parte de sus amigos de Estudiantes- lo limitó aún más como jugador, si tal cosa era posible. Hizo con las críticas lo que sugeria Nabokov con sus libros: bostezar y olvidar. Cuando entraba en los segundos tiempos chocaba contra rivales y se cansaba rápido en los piques cortos, que corría a anotar prolijamente a su Excel como “pasadas de 50 metros con recuperación variable”. Fue separado del plantel y ofrecido en préstamo sin cargo a un oscuro club de Oruro, Bolivia. Le dijo a sus íntimos que “había aceptado este préstamo para poder entrenar en la altura”.
Algunos libros de texto de Fisiología del Deporte rescatan la curva del declive atlético que acompaña esta nota. Lacónicamente, tiempos obtenidos en eje Y, años en el eje X. Rápido apogeo, lenta declinación y feroz desencanto: todo en el Payaso es metáfora del decaimiento atlético del ser humano, y de la desangelada epopeya racinguista. Toda nuestra vida es, finalmente, bostezo y olvido.
Saturday, June 12, 2010
Sudáfrica 2010, Cordwainer Smith y Pedro Mairal
Los mundiales de fútbol son buenos clavadores de recuerdos. Pueden parecer escapismos, generadores de chauvinismo, o disparadores de consumo de LCDs. Pero sirven para atornillar sistemáticamente recuerdos aislados, ráfagas nostalgiosas de situaciones amontonadas de a cuatro años. Nadie podrá criticarlos en ese sentido, o al menos no más que a las píldoras de la memoria. Pero la vida sigue.Probablemente yo recuerde este Mundial de Sudáfrica no tanto por mis diálogos con el Payaso Lugüercio -un defensor a ultranza de Verón- ni por mi animosidad contra la Religión Maradoniana, más defensora del talento que del esfuerzo. Más bien lo recordaré por mis lecturas entremezcladas de Cordwainer Smith y Pedro Mairal, quienes sólo se parecen en lo buenos que son sus libros.
En un rincón Smith, con un sci-fi berreta pero efectivo de los sesenta, hablando del espacio como el Arriba-Afuera, humanos que deciden ser máquinas para combatir el Dolor del Espacio, y un futuro remoto donde la Instrumentalidad controla todo. En el otro el increíble "Salvatierra" de Mairal, con sus paisajes oníricos y ribereños, la lectura que hace el hijo del padre a través de los años, descubriendo una pintura kilométrica, y el lento abandono en que trasncurre la obra. Cordwainer es positivista, imaginativo, cree en el futuro y hasta esboza medio siglo antes los SMS con que los Observadores escriben en sus pizarras: "Pr fvr qrd" se intuye como "por favor querida". Mairal en cambio fluye como su río hacia el pasado, se regodea en el abandono y la desidida del paisaje provinciano argentino, y esquiva los diálogos en el personaje principal, mudo, que apenas logra comunicarse a través de los trazos de su pintura.
Dice Cordwainer Smith: "Los ojos grises y compasivos miraban a Helen, y era él ahora y no ella quien dominaba la situación. Helen miró los ojos. Aquellos ojos habían estado abiertos cuarenta años en la oscuridad casi completa de la menuda cabina. Los débiles tableros habían llegado a brillar tanto como soles llameantes, lastimándole las cansadas retinas antes que él hubiera podido apartar los ojos (...) De vez en cuando él había mirado el vacío negro, y había visto allí las imágenes de los tableros, negro claro contra negro oscuro, mientras los kilómetros de velas absorbían el impulso de la luz y aceleraban la nave en un océano de insondable silencio".
Y responde Mairal: “Después Salvatierra empezó a pintar a mi hermana de un modo menos doloroso: ahogada, como dormida, purificada por el río, una Ofelia de aguas cálidas y turbias. Salvatierra había querido pintar la fuerza del río en su tela, y el río le había pedido a cambio a su hija de doce años. El río se la llevaba despacio pero implacable, sin que él pudiera detenerlo. Y así la pintó: Estela ahogada en el remanso de los sauces; Estela entre los peces monstruosos, su pelo enredado entre los juncos de la orilla, su vestido pesado, los párpados en la corriente calma; Estela apenas visible bajo la superficie, entre las nubes del reflejo del agua”.
En fin, somos espectadores. A menudo procastinamos, demoramos a sabiendas, evitamos decidir y nos refugiamos en partido de fútbol o en un libro, a veces suponiendo con vanidad que éste es mejor que aquél. Yo comparto este engaño, pero prefiero ir más allá, y tengo una visión. Imagino una secta de barrabravas cultos que ingresan al Ellis Park al grito de "Vean el Mundial / y lean a Mairal", ganando el acceso -sin entradas, claro-, buscando hooligans a su paso, y desagarrando copias de "El juego de la rata y del dragón", de Smith, con un estúpido nacionalismo, en medio del ulular de las vuvuzelas.
Tuesday, February 23, 2010
Fútbol cuántico
Se quejaba el Payaso Lugüercio, y no me dejaba ver el partido. "Los jugadores se quejan, los presidentes se quejan, los propios árbitros se quejan". En el aparato de TV del bar los futbolistas se le iban encima al referi, como atraídos por un imán lustroso. "El error parte de suponer que en los deportes de alta fricción las faltas existen".Estudiantes acababa de meter el segundo gol y la vida me parecía más justa. Aún así desvié mi mirada del monitor: Lugüercio empezaba a teorizar. "Es como en la física cuántica. Hay determinada probabilidad de que sucedan las cosas. No se trata de un sí o de un no, de un foul, de un penal. Puede ser que la partícula aparezca, con tal probabilidad". Y me contó el caso de la vida real. Una persona puede hacer difracción en una puerta, aparecer arriba o abajo, pues cuánticamente es posible pero el Universo aún no se tomó el tiempo necesario para que esto ocurra. Mientras revolvía su aperitivo, musitó ensimismado "diez a la treinta y cinco segundos".
"Payaso, y vos cómo aplicarías esto al fútbol?" Se iluminó. "Acumularía probabilidad de fouls en faltas sucesivas. Varios empujones en el área que son casi penales se transformarían inevitablemente en penal. Sacaría por 5 minutos al que hace cada falta, sin expulsiones. Un tiro en los palos valdría una fracción de gol. Concedería mínimos beneficios de la duda, resueltos con piques ligeramente oblicuos. Admitiría ganadores morales"
Notó que estaba exagerando, y se concedió una pausa. Me gusta pincharlo, pero a la vez quería ver el partido. Pensé que llevándolo al extremo del fútbol o del rugby le demostraría por el absurdo que eso era muy complicado, y que lo haría callar. "No hay nada complicado; lo que falta es plata para administrar justicia". Pensé en el Estado, me imaginé un país cuántico con Resoluciones 125 o embargos al Banco Central dirimidas por métodos cuánticos, vislumbré en Lugüercio en la Corte Suprema, temí lo peor.
Pero entonces Huracán metió un tiro en el travesaño, y volvimos a lo nuestro.
Tuesday, January 26, 2010
Facebook es el nuevo horrorcrux
"Grandes calamidades nos acechan" me dijo el Payaso Lugüercio, una vez que nos vimos en un bar de Canelones luego de su malhadado pase a Racing. El pensador -que algunos aún sospechan futbolista- estaba más desorientado que de costumbre, o "crispado", palabra absolutamente en boga en la inteligentzia porteña.
Mientras apuraba su cerveza Pilsen, el pensador se puso a hablar sobre el horror que le produjo Facebook. "Es el nuevo Horrorcrux!", comenzó a musitar. Febrilmente comenzó a enumerar los problemas actuales del Facebook:
- Los que se van de vacaciones y postean absolutamente todas las fotos.
- Los que tratan de exhibir a cada momento lo trendy o viajados que son.
- Los que no corren riesgos, dan sólo opiniones medianas, o apenas postean pulgarcitos para arriba de “like”.
- Los contactos demasiados fieles que contestan seriamente a cualquier burrada, como si fuese una tesis doctoral.
- Los profesores que son “amigos” de alumnos, y caen en excesos de intimidad o de franqueza.
- Los que abruman con la continua exhibición de sus hijos.
- Los que te taggean en una foto con la que no te sentís identificado.
- Los que creen que la letra de una canción los identifica a cada momento, y convierten eso en su status.
- Los que se unen a miles de grupos acerca de “lo que está bien” (ortografía, política, ecología), dejándote a vos desbarrancado en el lado oscuro de la fuerza.
Lugüercio no admitió réplica, y pidió una pamplona. Se refirió a la "banalización de los contactos" y me explicó lo que era un Horrorcrux en la épica Potteriana. Voldemort necesitaba destruir su esencia mediante crímenes para lograr la inmortalidad, materializándola en objetos. "Lo mismo hace el usuario de FB al proyectar personalidades disímiles" gritó. Y luego susurró que son vanos, que son tontos, que se reparten en distintas personalidades, "casi como horrocruxes comunicacionales".
Lugüerció tambaleó. Lo llevé mansamente a la puerta del bar. Una pareja con sendas laptops se escribía mutuamente en su Wall-to-Wall, casi como dándole razón. Recordé una amiga que hace un tiempo escribió "a partir de hoy no recibo más florcitas, besitos, abracitos de Facebook. Sólo las acepto personalmente". Me fui convencido de que se la voy a presentar a Lugüercio.
Thursday, November 12, 2009
Los clichés de fin de año
A medida que se acerca fin de año, la gente abre su válvula de clichés. En cualquier encuentro casual, deja caer su catarata de lugares comunes acerca de cómo pasó el año, motivos y lugares de encuentro, la sequía, la inseguridad, y que cómo está el país.Sin embargo, algunos lectores de este blog fueron bien poco convencionales. Me dicen, muy sueltos de cuerpo, que no insista con que el Payaso es un académico, un pensador. Muy por el contrario, me enseñan fotos de Olé-fraguadas de mala manera- y documentos varios sobre la verdadera naturaleza del payaso: según ellos, un jugador de fútbol nacido en Estudiantes de la Plata, con fugaz paso por el Perú, y de actual desempeño en Racing. Los escucho, respiro y les contesto pacientemente.
No les hablo de universos paralelos, simplemente dejo que algunas ideas del Payaso derrame sobre ellos la luz del entendimiento. Y sin embargo, hay algo más. Mientras esgrimen la falsa evidencia, azuzando el aire con revistas y tabloides, sobrevuela una pequeña paranoia. No puedo dejar de admitir que en esas fotos el Payaso se parece a un viejo actor conocido como Gustavo Bermúdez, y creo entrever realidades aún peores, casi tanto como los clichés de fin de año.
Wednesday, October 28, 2009
Otredad de otra magnitud (aka LTA)
El Payaso Lugüercio tiene una teoría sobre escalas de otredad -o algo así, sus conceptos siempre son vagos- donde establece que hay "saltos cuánticos" entre grupos homogéneos de gente. Podemos intentar entender a cierta gente dentro de nuestro mismo grupo de otredad, más allá del cual todo intento es vano y comienza el raid de otredades a partir del cual uno enarca las cejas. Luego de eso, se vacila entre el asesinato o el olvido. Pero a veces ocurren escenarios intermedios.El sábado pasado llevé a mi hijo a un examen de Inglés en el Instituto Bernasconi. Estuvimos un rato esperando cerca de la entrada de esa especie de monumento a la Argentina que no fue -arquitectura europea, eduación libre en un barrio pobre, todos los clichés que nos hacen desear el Túnel del Tiempo-. Hacía calor y le sugerí a Pedro que esperáramos a la sombra unos árboles centenarios que hay cerca de la entrada. Un movimiento me llamó la atención: había un nene de unos diez años retorciendo la rama de un árbol. Le hice un gesto, y con una sonrisa le pedí que no lo hiciera. El chico acudió a su padre -o algo así- que estaba a unos diez metros. El sujeto me dice, tras anteojos negros y sonrisa sólo de dientes: "el chico está conmigo". Y yo pregunté "y quién está del lado del árbol?".
Mala respuesta. Hubo un crescendo de amenazas. Lo miré, era más chico que yo pero su mandíbula inferior compensaba. La gente empezó a mirar. Le dije a Pedro "esperá" y le hablé al padre en privado -tanto como se puede, estando rodeado por doscientos padres y niños-. Le dije "sé que te molesta, pero pensá en qué pasaría si cada chico de aquí rompe una rama?" Luego le dije que si fuera por orgullo ya estaríamos peleando, pero esto no es orgullo. Me puteó de arriba abajo, e incluso me agarró del brazo -en metáforo del tratamiento que su hijo le había efectuado al árbol-. En un dado momento pensé que lo iba a matar, pero lo noté raro. Su odio tenía una magnitud superior al de mi odio. Recordé a Lugüercio y a su teoría. "Mirate, estás temblando de bronca, a vos te parece?" le dije, sabiendo que no iba a poder pasar de eso. Y me odié un poco por no poder hacer lo que quería.
Me fui a un bar mientras duraba el examen. La bronca me duró menos de lo que hubiera pensado. A la vuelta no encontré al Padre Probablemente Represor, sino a muchos padres en ese plural zoológico de espera de hijos, que iban saliendo a medida que terminaba el examen. Los árboles nos miraban desde arriba, y pensé en otra división mayor, más violenta que la de Lugüercio: hay gente a la que decididamente no le importa nada. Y que el mayor problema lo tiene ese chico.
Wednesday, October 14, 2009
El hombre que era opaco a las fotos
Los consultores gustan de encasillar las situaciones en diagramas convincentes: perfiles AVA de recursos humanos, lunitas McKinsey en cuarto creciente o perfiles radiales popularizados por el Winning Eleven. Ah, los consultores: inician su declinación hacia el éxito desde pequeños, portando laptops, juntando millas y resguardados -encasillados- en sepulcros laborales de marfil.Pero quienes caminan por Florida y Córdoba, y prestan atención por encima del ruido del 132, descubirán un zumbido. Quienes lo hagan tiene un don inverso: extrema sensibilidad para las radiaciones y completa opacidad para las fotos, sin que esto los emparente con los vampiros ni con las malas nuevas novelas. En los casos más extremos, esta gente percibe el halo Wi-Fi de un hotspot como un manto índigo que recubre los enchufes, al precio de no poder reflejar la longitud de onda visible en las fotos. Una cuestión de angströms, me dice el Payaso como si entendiera, y agrega que todo esto se puede representar "en un gráfico de consultores". Asiento y me callo, es inútil discutir con Lugüercio, pero algunos hechos recientes le dan la razón.
Mi caso no llega a tanto. Evito Florida y Córdoba porque el zumbido me hiela la sangre, entiendo perfectamente cualquier diagrama de consultor, pero aunque frunza el ceño no logro ver halos Wi-Fi. Ni índigo, ni magenta, ni nada. Pero les aseguro algo. Hay miles de fotos de la Marathon de Buenos Aires, y sólo me encontré en una tomada en el km41, teñida del naranja de la marca de agua. Más: en la llegada se disparan fotos cada dos segundos, y no estoy allí. Parece imposible, pero en este caso -como en tantos otros en mi vida-, no estoy allí.
Friday, June 19, 2009
Pasajes en Buenos Aires
La última vez que me junté con el Payaso Lugüercio a tomar un café lo noté extraño. Me decía que en los pasajes del centro de Buenos Aires, el tiempo fluye más despacio. Según él, los viejos comercios se confabulan contra el cambio de costumbres. Los clientes que circulan por esas galerías que horadan las manzanas de Avenida de Mayo no registran del todo ese engaño; ni miran las peluquerías con salivaderas de metal o los bares angostos coronados de sandwichs mustios. Si hasta las cerrajerías que pueblan los pasillos centrales parecen un cataclismo de metales surgido de algún cuento de Lovecraft.
En consonancia con tiempos más berretas –Lugüercio a veces desbarranca en sus adjetivos- surge algún local de loterías, un kiosco, un par de lustrabotas al paso, o acaso tiendas de canje. La sensación de deterioro es la misma: en el paulatino adentrarse, el caminante perspicaz siente que va remotando décadas y notando la escasez de gentes.
Se puede llegar -no siempre, en alguna circunstancia- a los albores mismos de la patria, donde los silencios cambian de tenor y el olor rancio que asoma en las masas del Tortoni ha virado hacia la esencia primordial del Plata. Se palpa, a la vez, un rencor sin dueño –pues fue el capital, o fueron los Unitarios, o la Mazorca- y ese algo innombrable va poblando la atmósfera cargada de humedad, como alimentando las luces mortecinas de un nuevo sustento. Pero allá lejos está el otro extremo, y pasa algún auto, y como una nueva vana esperanza se atisba un local de computación casi llegando a Rivadavia.
Y esto acontece todo el tiempo. Es una horda de incautos que esquiva el frío o la lluvia, y que decide acortar camino por esa zanja infernal de la manzana. No todos se sorprenden: a veces la ignorancia es buen escudo contra las aristas de la vida. Ahí van ellos, avanzando por la galería, guarecidos con el mp3, jactándose de que allí habrá un PagoFácil y no, son muy feos estos locales -se dicen- y ya cerca está Irigoyen, y porqué ese teatro desvencijado, o por qué me miran así desde el café. Ni siquieran reparan en los chambergos, las polainas, o en los gestos de fastidio bajo el ala de los sombreros, es como en cada día de la vida, mejor no saber. Los más idiotas no sienten ni el miedo, me dice Lugüercio mientras termina su café; los otros, esos a veces no llegan al otro lado.
Monday, April 13, 2009
Escritores ladri: Haruki Murakami
Caminamos en las huellas de quienes nos precedieron. O más pragmáticamente, tenemos solo 50 o 60 años para disfrutar o agregar cierto mérito en la vida –no me discutan en este punto- y es idiota hacerlo a ciegas sin imaginar como vivieron quienes nos precedieron. Al menos en las artes, y en particular en la literatura.
Muchos me habían recomendado a Murakami, pero en las ủltimas páginas de su “What I talk about when I talk about running” me encuentro pensando en cual será mi próxima lectura; parece que el libro no me dejó mucho. Y mucho es lo que esperaba pues no abundan los escritores-corredores. De la misma forma en que yo imagino para mí la categoría maratonistas-laburadores-padres de familia para subirme a un podio onírico, Murakami -en la escueta categoría de los maratonistas literarios- probablemente salga primero. No obstante, su libro en la intersección aporta poco, e incurre varias veces en una falsa humildad casi adolescente. Demasiado autobiográfico, demasiado “soy grosso porque escribo novelas y corro marathones, pero claro, tengo cierta disciplina.” Además no puedo evitar pensar que le robó el título al bueno de Raymond Carver, reemplazando “love” por “run”.
Hay momentos donde Murakami merece ser azotado. Cito, y me abstengo de comentarios:
- "Life is basically unfair."
- "On the highway of life you can't always be in the fast lane."
- "In most cases learning something essential in life requires physical pain."
- "But in real life things don't go smoothly."
En fin. Murakami me mira acodado desde su fotito, como diciendo "y vos qué". En lo personal, estoy más cerca de la sabia resignación atlética que del ultra marathon. Y por qué no, estoy alegremente consciente de que estoy cerca de mi próximo libro, que será “The Road”, de Cormac McCarthy, de críticas demasiado buenas para ser ciertas, y que también y a su modo, trata acerca de caminos y de huellas.
Tuesday, February 10, 2009
Lugüercio, allá en el Este

Durante su breve paso por el Wanderers Fútbol Club, el pensador y extremo derecho Pablo Lugüercio tuvo oportunidad de esbozar un catálogo de diferencias entre gente a ambas orillas del Río de la Plata.
Lugüercio (a.k.a "el Payaso") se refiere de este modo a los charrúas: "son afables y creen en el destino, a tal punto que al serles requerida una dirección señalan el horizonte e indican "por allá", aseveran con un "seguro" bien acentuado en la sílaba intermedia, y en medio de una explicación intercalan "ahí va, ahí va". Su despedida "pasen bien" denota el buen deseo por el otro, salpicado por cierta desidia. El clima oriental -en general más benigno, salvo lluvias torrenciales en Rocha- provoca cierta indolencia: su máxima aspiración en la vida es un trabajo estatal donde puedan "hacer playa" a partir de las 4. La comida es abundante, el Requesón, el postre Chajá y el dulce de leche Conaprole hacen mella en el colesterol de propios y ajenos." Como se ve, el Payaso evita en su descripción caer en los lugares común del "tá" o el "pila", sino que penetra en la hermética alma del ser oriental: un sujeto de buen talante que se conforma con una lenta decadencia acariciada por el sol de Malvín.
Hizo un extraño viaje iniciático al Cabo Polonio (ver foto) donde, en un precario registro civil, logró incluir una críptica "W" a su nombre. Tal vez fue su última aventura oriental: tras sólo cuatro meses de prácticas, el pensador regresó un Otoño a buscar otros desafíos en clubes argentinos del Nacional B. "Me molestaba la arena, vo" fue su declaración más recordada.
Tuesday, November 04, 2008
Ya vendrán caras extrañas
Durante un interludio en sus estudios de esoterismo, física y deportología, Pablo Lugüercio (aka "el Payaso", aka "el bufón de ultramar") sufrió el episodio del reencuentro con una camada de viejos compañeros. Siempre reacio a reunirse con masas hostiles -así llamaba él a cualquier foro de más de tres personas- , aceptó a regañadientes la invitación. Sus extrañezas pudieron más que él: concurrió luciendo el extraño atavío que se aprecia en la foto -un disfraz de mujaidín árabe, a todas luces impresentable-.Al llegar se quedó cerca de la entrada y sintió aprensión al verlos. Le sucedió lo que a muchos, suponer que el paso del tiempo reflejado en esa plétora de papadas, calvas y barrigas debía haberle afectado del mismo modo, sólo que la propia psiquis y el tedio de la continua repetición en el espejo nos impide darnos cuenta. Durante un buen rato se mantuvo al margen, contemplando esa marea de Humpty Dumptys avanzar por la mesa de postres. Hacia el final de la velada su curiosidad y su fascinación por el pasado pudieron más.
Fue hasta el proscenio, se quitó su estúpido disfraz y sin agregar otra palabra, se presentó. "Soy Lugüercio", aventuró en el silencio apenas poblado del rebotar de cucharitas contra los platos. Tras unos segundos sus compañeros estallaron en una risotada general. Lo que para él era la angustia y la necesidad de significado resultó sólo una farsa para la masa. Tras el exabrupto logró quedarse diez minutos hablando casi con normalidad con aquellos que creía reconocer. Pero al hablar los veía como impostores y se le superponían sus rostros del pasado, como en el tracking vacilante de un mal video. Harto de la situación, se deslizó hacia la salida; más tarde se dió cuenta de que sólo retendría de sus ex-compañeros la imagen de sus años de juventud, y no esas muecas deformadas por el embate del tiempo y de las islas flotantes.
Monday, June 30, 2008
El "Pequeño Corredor Ilustrado"
Es llamativo que el adjetivo "ilustrado" parece ser una autorreferencia, pues el volumen carece de ilustración alguna. Este hecho parece darle razón a los intelectuales contendientes de Lugüercio, que en numerosos cónclaves lo tildaron de "payaso arrogante". La obra tiene su origen en los vanos intentos del autor de comunicarse con el mundo no atlético, a quienes se refería como "esos malditos sedentarios".
Como fuere, he aquí parte del legado de Lugüercio, que por brevedad y hartazgo limitaremos a unas pocas entradas del glosario. La obra, como era previsible, pasó desapercibida para la crítica y el gran público.
- LSD: "long slow distance", corrida larga y lenta -en comparación con los ritmos de carrera- que es la clave para las carreras de 21 y 42 km.
- Paso: una cierta velocidad característica. "voy a cuatro " significa que se recorre un kilómetro en cuatro minutos. Esto, para el neófito, significa quince kilómetros por hora.
- Pacer: corredor que lleva un paso constante, guiando a un grupo hacia un objetivo.
- Intervalo: una repetición de cierta velocidad -típicamente en pista- seguida de un trote más lento para recuperarse.
- DNF: "did not finish", una manera elegante de decir que no se pudo terminar una marathon.
- Carboload: ingesta de pastas los días anteriores a la carrera. Uno de los momentos más gratos en la vida del corredor.
- Corredor Chapita: corredor obsesivo o compulsivo para quien la vida "es todo eso que ocurre cuando no se está plainificando una corrida, corriendo o elongando". Ver más.
- PR o PB: mejor marca personal para una cierta distancia.
- RICE: "rest, ice, compression and elevation", una suma de remedios caseros ante afecciones musculares que evita la ida al médico.
- Pared ("bonk") límite de cansancio total y sensaciones negativas que ocurre cuando el cuerpo se queda sin glucosa, típico en el km30 de una marathon.
Saturday, June 07, 2008
El payaso corredor
Sumergido en la vasta obra de Pablo Lugüercio (aka “el Payaso”, aka “el último Ecléctico") figura un tratado que combina la presupuestación en negocios masivos, la cultura pop y el marathonismo –el pensador acaba de finalizar con éxito la marathon de Boston-. Es así que en uno de los primeros capítulos de la obra se sugiere la mentira aviesa a los Call Centers como medio ideal para cumplir objetivos anuales, exagerando las metas de meses intermedios para llegar tranquilos al probable bajón de Noviembre-Diciembre “tal como se corre una marathon, apurando el paso en los kilómetros intermedios”. Nada más alejado de la realidad, pues el veradero marathonista apura el paso recién en el km 30 cuando debe atravesar “el muro” donde las reservas físicas se han agotado y “se corre con los huevos”, según la desafortunada frase del citado artista.
Más adelante en su obra se indaga sobre cuál es la música que debe acompañar al atleta en su mp3, y en ese punto Lugüercio es enigmático al enunciar que prefiere “buscar las bandas intermedias, entre la L y la P”. Cita como ejemplos a Lou Reed, Madonna, Massive Attack, Miranda y Placebo –aportando más evidencia a su proverbial eclecticismo-. En cierta oportunidad se le preguntó porqué no editaba los tracks interponiendo un número y se abstenía de buscar relaciones causales entre ritmo musical y nombre de bandas, a lo que contestó: “busco la trama oculta del universo, y las marathones son como la música: voy corriendo a una semicorchea por latido de mi corazón”. Ante el silencio ominoso de los periodistas, Lugüercio espetó “acaso ustedes correrían escuchando a Abba o a Zucchero?”.

