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Thursday, December 29, 2011

Como ancla

Una mano hiende el agua en el camino de cincuenta metros y deja estela. Se hunde, captura una porción mínima del elemento, y deja la restante masa inmóvil de la pileta fría en Palermo, en la tarde de Diciembre, antes de la virazón. Esto sucede en un segundo. El hombre piensa entre brazada y brazada: intuye quién va delante, quién atrás, intercala sucesos del día como cuerpos en el andarivel, sopesa amenazas de carriles cercanos, pierde la cuenta de los largos nadados. El reloj del extremo de la pileta le devuelve cierto registro del esfuerzo. Es tan duro nadar cuando ya no se puede correr. Más aún cuando no se es –para nada- un buen nadador. El viento lamina la superficie del agua, dejando un registro único e irreversible.

El cuerpo sigue al esfuerzo de la mano, se adelanta el brazo contrario, la patada trata de ser armónica. Cada tres brazadas asoma la cabeza, ya a un lado, ya al otro, buscando el aire necesario para propulsar el movimiento. Sopla el viento y las hojas llegan al borde de la pileta; de pronto lo pasa un gordo de sunga verde y lo golpea, brindándole una razón para ser un mejor oponente e intentar nadar más rápido.

La tranquilidad abandona el nado cuando se acumulan los nadadores en el andarivel. Eso, y las diferencias de velocidades. Un nadador rápido puede ir tres o cuatro veces más rápido que un nadador lento. Los encuentros indeseables con gordos de sunga verde no son infrecuentes. Nadie lo hubiera supuesto, pero la natación es un deporte de contacto.

En los pensamientos del hombre hay espacio para algo más que coordinar la brazada con el pie contrario. El año se va despacio –tanto como su avance por la pileta, el borde que da al norte aún lejano- y él sigue igual. Le cuesta afrontar su nueva rutina de piletas, su cambio de deporte impensado, se siente un ancla obligada a avanzar por causa de algún designio inasible.

La mano sopesa la cantidad de agua. Le maravilla la percepción transmitida por la vibración del agua –poco difiere su cuerpo del líquido circundante-, su universo en ese instante-. Ese radar le advierte la presencia de algún nadador cercano, próximo al choque embarazoso. Llega al borde. Se dice, descanso un largo de pecho, y allí va, hacia el sur, portador de su propia imagen borrosa para quien pudiera verlo. En pecho le es más fácil abandonarse a sus pensamientos, de nuevo existe el riesgo de perder la cuenta de los largos.

En pecho demora veinticuatro patadas en llegar al otro borde, lo sabe. Alguna vez la profesora le ha dicho que es raro que tenga tantos problemas con el crawl, cuando en pecho hace todo bien. La mala elongación? El aprendizaje de grande? No se engaña, no se miente en la estúpida expectación de sí mismo y de sus miserias. En pecho puede mirar hacia adelante: ve las ondas que forma el viento en la lápida del agua.

Ya llega al borde sur. Del otro lado del vidrio se ven algunos paseantes que van del bar al vestuario. Queda poca gente –es lunes, es tarde, está por llover-. Le quedan unos largos más. Se duchará y volverá a su casa. Los chicos están un poco más grandes, no lo extrañarán como antes.

Queda el crawl ahora, todo lo que pueda. Acelera el ritmo y siente su propio corazón. Cava más hondo en la estructura líquida, imagina su brazo avanzando paralelo y patea apenas, corrigiendo imperfecciones. Por unos instantes le parece que lo logra, que yendo más rápido hay más armonía, que horada finalmente el entramado del agua como quien devela un secreto. En ese instante siente que proyecta una huella piadosa hacia delante, allanándole el camino, pero no. A mitad de pileta debe bajar el ritmo, se fatiga, se hunde un poco recuperando la propia identidad, la del ancla que reclama para sí el fondo. Será algo en la carne o en el alma, un estigma, la densidad de todo cuanto lo preocupa? Ahora asoma la cabeza cada dos brazadas, siempre del lado derecho, restañando el antiguo ritmo, el que mal aprendió de chico. Así llegará de nuevo al borde norte, adonde empieza la presunta calma de volver a nadar pecho.

Friday, May 20, 2011

La batalla de Jamiroquai


-Dale, dale, dale pibe. Sos socio? Entrá, dale.

El club está sospechosamente activo para esa hora, pero yo iba precavido y dejé el auto lejos. "El security se puso heavy": recordé la canción, mientras los de seguridad dejaban entrar socios al club y un camión con remolque amenazaba la pintura de los autos que se habían puesto demasiado cerca del operativo del Quilmes Rock. Hoy tocaba Jamiroquai y me interesaba estar presente en ese limbo de socios yendo un ratito y artistas que no pueden demorar el ensayo.

Debajo de esa niebla de finales de Mayo en el estadio arruinado por los sucesivos shows el siguiente inventario, casi al unísono: unos cuatro operarios de Fenix producciones fumándose un porrito, mientras a diez metros dos viejos en slip raído caminando hacia la revisación de la pileta, situada al borde del escenario. Cerca del bar, dos plomos VIP de Jamiroquai se quejaban en un dudoso inglés acerca de la inexistencia de Wi-Fi, y casi colisionan con socios nada VIP de GEBA que buscaban un lugar donde hacer la clase de yoga.

Luego de unos largos absolutamente terapéuticos en la pileta olímpica -milagrosamente ignorada por los recitales- salí a ver qué pasaba en la prueba de sonido. Para mi sorpresa, nadie me molestó mientras sacaba fotos. Al irme, vi algunos músicos apuntando sus iPhone hacia los viejos de slips raídos, que se iban caminando con el carnet al día hacia la zona de piletas.

-Ah pibe. Ya te vas? Te quedaba media hora, te quedaba.

Wednesday, May 11, 2011

Intermezzo atroz

-Todo está mal. Hace rato que estoy enojado con la vida...
Esto me lo dice el Payaso, sacándose cada tanto el jopo a lo Bermúdez que lo atormenta.
-Todo me alarma, me pone mal. Desde que empezó el año que está todo mal.

Hasta aquí el almuerzo en U Comodo Vostro venía bien. No siempre el plato del día son spaghetti con salsa de broccoli y panceta, y el almuerzo tardío en Chacarita parecía el mejor preludio para una siesta.
Le pregunté si tenía algo que ver el hecho de que él ya no fuera más titular en Racing.
Hizo un gesto con la mano, me dijo que no.
Dame ejemplos, le pedí. Y él empezó.

-El césped de la calle Jorge Newbery contra el cementerio de La Chacarita -parte del Trapezoide Infernal- está llena de basura infinitesimal (migajas de plásticos y CD, residuos de villa, micro material industrial) que nunca nadie levantará. El caos del tránsito en Buenos Aires es tan atroz que ya es común estacionar en doble fila, y el desconcierto es tan grande que no hay multas por esa razón. La gente habla mal. Los periodistas en radio y TV hablan mal, todos los subjuntivos ya son meros condicionales. Chiche Gelblung tiene razón. Esto es grave, pero lo repito: Chiche Gelblung tiene razón. La mayoría de los padres mataría a sus hijos. Moyano nos deja sin combustible para apretar al gobierno y conseguir más poder, y los playeros de las estaciones de servicio ni siquiera pueden poner el cartelito de "no hay nafta". Nuestros amigos se venden al gobierno de turno sólo por tener algún negocio con ellos. Las chicas usan polainas y botas de cuero en este Otoño de veinte grados promedio, y no te miran: miran a su celular. Los chicos, en particular en Palermo, son todos gay. Sábato se muere justo antes de los cien, sin que yo lo pueda devolver su cartita. Y lo peor, me acabo de enterar que el que tiró la bengala en el recital de La Renga se llama Fontan... y el cantante de Callejeros, de la masacre de CroMagnon... se llamaba Fontanet. Te das cuenta? Te das cuenta?

Hubo una pausa. Levanto la cabeza de mi Carcassone -era todo lo que podía pagar- y el Payaso me miraba fijo, como pidiéndole que le pusiera orden a su pequeño universo racinguista. Le pregunté si veía alguna conspiración universal en todo esto. Pensé en Roma, y en esa noticia sobre el pronóstico del terremoto para hoy.

-No, me dice. No es paranoia. Es así. Es entropía pura, la tendencia es el desorden, y que todo empeore. Todo esto...
-Y que Hauche y Bieler sean titulares en vez de vos?
-No sé... bueno, puede ser.

Afuera del restaurant pasó una atorranta, y la entropía disminuyó un poco.

Tuesday, September 14, 2010

Lugüercio desencadenado

Apocado por la prensa y por el declive racinguista en la tabla de promedios, mi amigo el Payaso Lugüercio se propuso incursionar en el atletismo mientras alternaba sus esporádicos partidos en primera división. Fue una pasión otoñal, como la son todas. Por unos años su vida tuvo sentido al amparo de un Excel dictatorial, que le ordenaba kilómetros y ritmos. El Payaso obedecía y entrenaba, acatando con mansedumbre el rigor del entrenamiento. Creía en este Excel más que en sus directores técnicos; creía, en fin, que mejoraría con los años.

Pasó
minuciosamente por cada decepción posible en la vida del corredor. Pronto descubrió su falta de velocidad en los eventos de pista: con una convicción insana se dijo que lo suyo era lo opuesto, la resistencia, y se volcó a la distancia madre de 42 km. Fue más allá, averiguó sobre ultramaratones. Se anotó en el Espartatlón de 240km para abandonar meses antes. Se cocinó lentamente en el infierno de los atletas sobreentrenados, y comenzó a inventar distancias intermedias donde no tuviera registros a mejorar. Se confesó ante sus amistades: “soy recordman en los 12,5 km”. En fin, enchapiteció.

Lo que lo convertía en ejemplo de sus compañeros de Racing –y en motivo de escarnio por parte de sus amigos de Estudiantes- lo limitó aún más como jugador, si tal cosa era posible. Hizo con las críticas lo que sugeria Nabokov con sus libros: bostezar y olvidar. Cuando entraba en los segundos tiempos chocaba contra rivales y se cansaba rápido en los piques cortos, que corría a anotar prolijamente a su Excel como “pasadas de 50 metros con recuperación variable”. Fue separado del plantel y ofrecido en préstamo sin cargo a un oscuro club de Oruro, Bolivia. Le dijo a sus íntimos que “había aceptado este préstamo para poder entrenar en la altura”.


Algunos libros de texto de Fisiología del Deporte rescatan la curva del declive atlético que acompaña esta nota. Lacónicamente, tiempos obtenidos en eje Y, años en el eje X. Rápido apogeo, lenta declinación y feroz desencanto: todo en el Payaso es metáfora del decaimiento atlético del ser humano, y de la desangelada epopeya racinguista. Toda nuestra vida es, finalmente, bostezo y olvido.

Monday, August 23, 2010

Flandes espera

En la quietud de las aguas y en la piedra de sus calles centenarias, Flandes espera. Se agita inquieto en ese gran patio trasero entre Francia, Alemania e Inglaterra; sopesa tensiones que mudan a través de siglos. Produce milagros como Brujas, aunque el marketing de los canales se lo lleve Venecia; y el de los polders, los holandeses. Soporta batallas mundiales en el Somme, alberga tumbas de cientos de miles de soldados en sus playas, inaugura armas químicas en Ypres, y recuerda a sus vecinos derrotas inesperadas, como en Waterloo.

Soy testigo ocasional. En vez de quedarme en el laboratorio de Hasselt, me pasean en un Porsche Carrera por la llovizna en la noche de un extremo a otro: Antwerp, Gent, y finalmente Brujas. El conductor -el gurú techie que me debe explicar la vida- me habla de Carlos V y de la inquisición, de los pintores flamencos y la cámara obscura, y de por qué la Wallonia francesa es una carga indeseada. "They don´t work at all", me dice, y salta en la butaca cada vez que suena en los woofers ese nuevo berrido tech de "Panamericano". Bélgica es un sueño de muelles y resortes, una necesidad, una gema pequeña y molesta incrustada entre las coronas de Europa.

Llegamos a Brujas y tengo tiempo de salir a correr a través de un bosque y su bruma matinal, y de toparme con el Kastel van Tillegem, sin un testigo, sin una presencia. Ante mi pregunta, la gente del hotel preguntará "which castle?", extrañada, y mi contraparte belga los denostará: son todos inmigrantes incultos. Le cuento al belga la historia de "The night watch", la venerable canción flamenca de King Crimson inspirada en la pintura de Rembrandt, y la desconoce, pero me retrueca con el paso de Einstein por Ostende y Solvay, y con anécdotas desdeñosas sobre Carlos V. "He wouldn´t speak Spanish at all", mientras ahora casi todos los turistas son españoles, a pesar de la Crisis.

"So many years we suffered here
Our country racked with Spanish wars
Now comes a chance to find ourselves
And quiet reigns behind our doors
We think about posterity again".

Luego hay reuniones, hay un Excel que se agita, y hay cervezas en algún orden secreto, mientras el Porsche rueda por los adoquines y sigue sonando "Panamericano". La gente desaparece en el atardecer, aterrados por la posiblidad de quedarse sin cena. Casi parece escucharse el solo de guitarra de Fripp al final de la canción, resonando frente al Belfort. Los mercados de piedra, los puentes y las iglesias emergen de ese témpano de niebla que es el tiempo. Flandes, de algún modo, espera.

"And so the pride of little men
The burghers good and true
Still living through the painter's hand
Request you all to understand."

Wednesday, August 18, 2010

Kasteel van Tillegem


Y qué pasa si uno sale a correr por un bosque al sur de Brujas, espera completar 10K decentes por alguna carretera, encuentra un bosque con perfectos senderos y eucaliptos, y en medio de la niebla matinal, uno se encuentra con este castillo?

Tuesday, March 09, 2010

El óvalo infernal y Ernesto Sábato

Ayer estaba haciendo pasadas de 800 metros en el Óvalo Infernal de Figueroa Alcorta y Dorrego, a esa hora en que la luz oblicua proyecta un verde tipo Tommyknockers en los árboles. La concurrencia de hechos absurdos -semáforos de gran bondad que impedían el tráfico, dos jinetes jugando un polo berreta al otro lado de Alcorta, la certeza de que el género humano no existía durante mi corrida- devinieron en dos sensaciones. Una, que ese óvalo tiene más de 800 metros. La otra, que tenía ganas de escribir algo sobre Sábato.

Y por qué Sábato? Ayer, revisando mi arcón -nota al pie, una serie de "n" arcones en paralelo que jamás ordenaré- encontré una esquelita muy bondadosa que me mandó Sábato en respuesta a una ingenua carta mía, escrita a los dieciocho años, planteando si el conocimiento necesariamente genera tristeza. Adelantándome veinticinco años a Ricky Fort, lo que pretendía preguntar en la carta era para qué estudiar Física o intentar escribir si es más sana una vida pasatista. Debería escanear y postear la cartita, donde Sábato, palabras más, palabras menos, me sugería que me dejara de joder. Vamos al punto: me gustó más esa esquela que sus libros.

Sucede que era mi héroe literario de entonces yace ahora taggeado como "escritor ladri" en este blog. En un raid de subte B al centro estuve releyendo "El túnel" y lo encuentro pésimamente escrito. Lo mismo ocurre con parte de "Sobre héroes y tumbas" (a pesar de un buen comienzo, casi cortazariano, en Parque Lezama) y sobre todo con "Abaddon". Sobresale en la obra de Sábato su aflicción por el mundo, algo que no es entretenido, y que debería dejar de producir perplejidad más o menos a la edad en que recibí la Esquela Sabatiana.

Ante la duda, es bueno recordar que Borges y Bioy Casares solían ironizar acerca de los esfuerzos literarios de Sábato. Se lee en el Descanso de Caminantes de Bioy: "Un día (Sábato) me trajo el manuscrito de "El Túnel" para que se lo corrigiera (...) lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito, y según mi costumbre (...) lo corregí todas las veces que fue necesario. Cuando Sábato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolvía un librito, plagado de errores de composición, que no podía corregirse (...) y con las páginas plagadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etc. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, comenzó a deteriorarse".

Wednesday, October 14, 2009

El hombre que era opaco a las fotos

Los consultores gustan de encasillar las situaciones en diagramas convincentes: perfiles AVA de recursos humanos, lunitas McKinsey en cuarto creciente o perfiles radiales popularizados por el Winning Eleven. Ah, los consultores: inician su declinación hacia el éxito desde pequeños, portando laptops, juntando millas y resguardados -encasillados- en sepulcros laborales de marfil.

Pero quienes caminan por Florida y Córdoba, y prestan atención por encima del ruido del 132, descubirán un zumbido. Quienes lo hagan tiene un don inverso: extrema sensibilidad para las radiaciones y completa opacidad para las fotos, sin que esto los emparente con los vampiros ni con las malas nuevas novelas. En los casos más extremos, esta gente percibe el halo Wi-Fi de un hotspot como un manto índigo que recubre los enchufes, al precio de no poder reflejar la longitud de onda visible en las fotos. Una cuestión de angströms, me dice el Payaso como si entendiera, y agrega que todo esto se puede representar "en un gráfico de consultores". Asiento y me callo, es inútil discutir con Lugüercio, pero algunos hechos recientes le dan la razón.

Mi caso no llega a tanto. Evito Florida y Córdoba porque el zumbido me hiela la sangre, entiendo perfectamente cualquier diagrama de consultor, pero aunque frunza el ceño no logro ver halos Wi-Fi. Ni índigo, ni magenta, ni nada. Pero les aseguro algo. Hay miles de fotos de la Marathon de Buenos Aires, y sólo me encontré en una tomada en el km41, teñida del naranja de la marca de agua. Más: en la llegada se disparan fotos cada dos segundos, y no estoy allí. Parece imposible, pero en este caso -como en tantos otros en mi vida-, no estoy allí.

Tuesday, August 04, 2009

Tríada: epifanía antisocial

Ningún hombre quiere que le espíen la conversación interior, dijo alguien. O en buen romance, lo que todo hombre quiere es que no lo molesten. Pensaba esto mientras estiraba las piernas y respiraba hondo tras correr en una pista de atletismo desierta. 12 km, la mitad de ellos a 4:30, en la pausa del mediodía en un día invernal pero de sol: la receta de la felicidad. Era un momento perfecto: no demasiado frío, algo de nubes, hasta la torpeza intelectual de Andy K en el mp3 era algo tolerable. Como en un recuerdo lejano, el trabajo marchaba bien.

Por la tarde, en el Centro, se dieron dos de tres. Hubo tickets en el Teatro con el descuento esperado, encontré las zapatillas necesarias para la próxima marathon, pero no hubo reemplazo del Sony Ericsson que ha decidido no responder a su dueño. "Caba(sh)ero, ese modelo no lo tengo. Caba(sh)ero, no se vende ese modelo en cuotas en su factura". En mi mapa de molestia ya había un cambio. En Viamonte había una manifestación contra el fútbol (!?) hecha por pseudo barrabravas pagados por alguien. Sumergido en el libro de Felix Luna casi no reparé en el montón humano del subte.

Ya es noche. De la nada surgen los mails en el monitor: hay un viaje a México mañana. Debido a la imposibilidad de prepararlo como corresponde resulta un horror. Epifanía, desconexión, ganas de cortar con todo. Y la profesionalidad? El infierno es que no puedas usar la pista o el andarivel de la pileta tranquilo, o que te digan caba(sh)ero y te nieguen lo que buscás, o que mañana haya que ver si efectivamente hay tickets, o que haya que contradecirse y explicarle al cliente todo de nuevo. Adónde quedó aquella contemplación de la nada mientras elongaba isquiotibiales?

Sunday, May 10, 2009

Alonso en el cielo de los corredores

Mientras elongábamos en la pista o en el gimnasio, Alonso nos contaba historias casi cronopianas sobre cómo era correr hace 50 o 60 años en Buenos Aires. No había Lugones, se llegaba al río cruzando una vía y un estero, Figueroa Alcorta era apenas un surco apenas transitado. La gente les gritaba cosas, correr era cosa de elites en decadencia o de gente "con problemas".

Me lo cruzaba en GEBA cada tanto, y siempre tenía una palabra amable. Sabía gastarme con altura, miraba cada año los resultados de las carreras de fondo y me "pinchaba" para que por fin bajara las 3h30 del marathon. Me decía "pibe, vos sos joven" y me tiraba que a los 57 años había clavado 3h24 en el marathon. De todas esas conversaciones surgió que atesoraba una caja de recuerdos; con cierta ingenuidad yo quería escribir algo sobre sus anécdotas alucinantes. Él me miraba muy relajado, como a cien años luz de mis inquietudes, y me decía "después nos tomamos un café". Los últimos años yo lo gastaba, a mi vez, por este café demorado. Creo que él se sentía eterno en la medida en que no entregara la totalidad de sus recuerdos, como alargando su cuerda vital. Él me ganó esta carrera.

Ayer Alonso murió y yo hoy estoy muy triste. Seguro que él tuvo amigos más cercanos que yo, y que hay gente con certezas más sólidas que las mías. No tengo muy claro cómo es cruzar la meta hacia la muerte; no sé de medallas ni de premios, me pregunto si se recibe un Gatorade celestial o más bien te quedás mirando qué tal están las corredoras que vienen llegando. Pero en tanto, prefiero suponer que de algún modo Alonso trota aún por Palermo y nos acompaña, todas y cada una de las veces que corremos para olvidar que hay una muerte esperando.

Monday, April 13, 2009

Escritores ladri: Haruki Murakami


Caminamos en las huellas de quienes nos precedieron. O más pragmáticamente, tenemos solo 50 o 60 años para disfrutar o agregar cierto mérito en la vida –no me discutan en este punto- y es idiota hacerlo a ciegas sin imaginar como vivieron quienes nos precedieron. Al menos en las artes, y en particular en la literatura.


Muchos me habían recomendado a Murakami, pero en las ủltimas páginas de su “What I talk about when I talk about running” me encuentro pensando en cual será mi próxima lectura; parece que el libro no me dejó mucho. Y mucho es lo que esperaba pues no abundan los escritores-corredores. De la misma forma en que yo imagino para mí la categoría maratonistas-laburadores-padres de familia para subirme a un podio onírico, Murakami -en la escueta categoría de los maratonistas literarios- probablemente salga primero. No obstante, su libro en la intersección aporta poco, e incurre varias veces en una falsa humildad casi adolescente. Demasiado autobiográfico, demasiado “soy grosso porque escribo novelas y corro marathones, pero claro, tengo cierta disciplina.” Además no puedo evitar pensar que le robó el título al bueno de Raymond Carver, reemplazando “love” por “run”.


Hay momentos donde Murakami merece ser azotado. Cito, y me abstengo de comentarios:

  • "Life is basically unfair."
  • "On the highway of life you can't always be in the fast lane."
  • "In most cases learning something essential in life requires physical pain."
  • "But in real life things don't go smoothly."

El Payaso Luguercio hubiera bufado, lo sé. De todos modos, rescato dos momentos del libro. En el primero, el autor describe una ultra marathon de 100km –algo que un atleta entrenado puede hacer en diez u once horas- donde se explica bastante bien la “pared” del cansancio infinito a los dos tercios del trayecto, tras la cual el corredor entra en trance, corre aceptablemente la hora final y luego queda limado, con “marathon blues” a lo largo de un año. En otro pasaje describe aceptablemente el momento en que el corredor adulto nota la merma de rendimiento, y sabe que por más que se empeñe no logrará bajar sus tiempos, y aun así, sigue entrenando.


En fin. Murakami me mira acodado desde su fotito, como diciendo "y vos qué". En lo personal, estoy más cerca de la sabia resignación atlética que del ultra marathon. Y por qué no, estoy alegremente consciente de que estoy cerca de mi próximo libro, que será “The Road”, de Cormac McCarthy, de críticas demasiado buenas para ser ciertas, y que también y a su modo, trata acerca de caminos y de huellas.


Thursday, January 15, 2009

En el campo, lejos de la ciudad

Los Kirchner, la sequía y las langostas. Esas son las tres plagas del momento -me dicen mis amigos en el campo, lejos de la ciudad. Titubean, eligen las palabras, pero no hace falta mucho para convencerme: el ecosistema se ha alterado. Salgo a correr unos 10K más bien lentitos y me acompaña un pequeño tropel de langostas que hace shhh, shhh a cada paso -un piquete de autocensura- mientras algunas se enroscan en mi zoquete izquierdo. Los caranchos me siguen de cerca, dándome por muerto, atléticamente o no; hay mariposas blancas que de seguro son efectos especiales. En un bosque de eucaliptos secos encontramos las primeras viudas negras, que luego hallaremos en las cercanías de la pileta, de la cancha de tenis y en los silos al lado de la casa.

"Si te pican, tenemos cuatro horas hasta el hospital" me dice afablemente mi amigo. Aclara rápidamente que hay antídoto. Un martes hago los 40 km hasta Coronel Suárez buscando banda ancha y verifico el estado del camino. Con la sequedad afloran los alambres y es más fácil pinchar un neumático. Sería doble mala suerte: que te pique una viuda negra y que pinches. A la vuelta nos acercamos a una telaraña y preparamos el banquete: arrojamos saltamontes y mantis religiosas, y filmamos. La araña negra del tamaño de un dedal mueve su abdomen con ocho rojo delicadamente diseñado, y con economía de movimientos, gana siempre. Es una araña K.

Lo bueno es la cancha de tenis libre: a esta hora los locales no se le animan al cemento. En el asado de la noche una prima inglesa revela palabrotas inimaginables y confiesa su entusiasmo: en el pueblo le dicen "que es muy gauchita" y para ella esto es simple pertenencia y no bardo. No la decepciono, pero la tentación es grande. Al día siguiente me dicen que volvieron las águilas langosteras que migran desde Canadá, atraídas por la sequedad y los insectos: levanto la vista, apenas se las ve en lo alto. Hay relámpagos hacia el sur -es allá el Sur, no?- pero no llueve. Las vacas están flaquitas. Los girasoles ya no giran. Y como temiendo más maldiciones, no se habla de los Kirchner, en el campo lejos de la ciudad.

Monday, October 20, 2008

Mad Dog Wallace y la clandestinidad

A una semana del marathon de Buenos Aires, los recuerdos van sedimentando como la lluvia de aquel domingo. Quedará como otra marathon lluviosa, teñida del naranja de las remeras de Adidas. Pero un azar de mails y situaciones semejantes -Octubre, un partido de fútbol, una foto- permite que el recuerdo de Mad Dog Wallace se imponga.

Wallace tiene más de 60 años, y corrió unas 300 marathones por todos los continentes. En 2005 tenía agendado correr en Buenos Aires y en Colonia dos marathones (42 km, si cabe la aclaración) en forma consecutiva. Un mes antes del evento, el Boca-River del 2006 impidió que se concretara la carrera por cuestiones logísticas. Ocurrió lo que no pasa en ninguna parte del mundo: la carrera fue pospuesta 3 semanas, para perjuicio de los atletas que venían de afuera y que ya tenían todo pago. "You know what soccer means in Argentina" aclaró Mad Dog en su blog.

Fue entonces que la gente de El Kilómetro realizó la Marathon Clandestina, para ofrecerle a estos atletas la posibilidad de correr tal cual lo previsto. Saliendo 7AM del Rosedal, Wallace tomó buena nota de los travestis ofreciendo sus servicios: "As we drove into the park I noticed many ‘working’ girls on the sides of the roads displaying their merchandise at 6:30 am?". Cuando comenzó el asunto, unos treinta corredores locales corrieron junto con los extranjeros el camino previsto, con camioneta y bicis dando cierto apoyo. La foto me inmortaliza corriendo con Wallace bien temprano por la Costanera Sud, siendo observados por elementos hostiles y en patas. Si bien sólo corrí 30 km como parte del entrenamiento para la "verdadera" carrera tres semanas después, el marco de travestis y cerveza la hacen la marathon más extraña en la que tomé parte.

Mientras tanto, Mad Dog no es inoxidable. Piensa descansar algo, cambiar algunas piezas en su entrenamiento y estar mejor a los 65. En sus palabras, "... expect to reach peak condition next spring when I turn 65. I plan to kick ASS next year in my new Age Group!"

Monday, August 18, 2008

David Lynch, la decadencia y los 21 km

La media marathon de la Costanera fue para mí una película de David Lynch: el personaje cambia varias veces, no se entiende mucho, pasa todo al revés de lo esperado, y sin embargo uno se retira diciendo "qué película interesante".

Cinco minutos antes de largar mi entrenador me desliza un papel con el tiempo al cual debía correr. Ante mi mirada azorada veo un cifra digna de kenyata (salir a 4:25? yo?). el papel se autodestruye y agentes de la KGB contemplan la escena con aquiescencia. El entenador diluye todo con una sonrisa enigmática. Ambos nos estamos evaluando: él se pregunta qué tan chapita soy, yo me pregunto qué tan chapita es él. Me alejo en silencio hacia la meta, imaginando un plan de carrera a mitad de camino entre mi bilardismo y su optimisimo.

epur si muove. Salgo a 4:30 y a los 5 km estoy quemadísimo. En esos km mortales me asaltaron una serie de pensamientos negativos, que al menos me dejaron las llaves del auto. Quién tiene la culpa de esto, me decía? Lo atribuí a...
a) el viento
b) se me desató un cordón (jamás me había pasado antes)
c) me saludó una chica con un toque pitoniso ("te conozco") y me dejó atrás
d) el viento
e) perros buscaban carne humana entre los corredores
f) pensé en abandonar en el km 10
g) el viento
h) el duro entrenamiento del mes anterior.

Por el km15 me reagrupé con gente de la STAA que me fue llevando. Más perros hambrientos, más olorcito a choripan, menos incidentes memorables. Terminé boqueando, en 1h38, y me arrojé en el muro de piedra al lado del mar de pastizales. Eso es lo bueno de correr en Costanera, podés arrojarte a morir al final de la carrera sin que nadie repare en tus despojos.

En la conferencia de prensa posterior atribuí todo a la hipótesis h). Mis palabras fueron "las mitocondrias no agarraron el entrenamiento aún, son lentas". Lo que sí me pregunto es si el tipo que clavó 1h35 en una media marathon hace 3 años era yo, o era otro tipo de una película de David Lynch.

Wednesday, July 02, 2008

Running Cadillac

Y puede ser que no todo esté perdido, y que un post en Facebook te haya alertado, y que lo que iba a ser una corrida tranquila atravesando el frío de Palermo se convierta en algo muy raro.

Se sabe lo que es un mito urbano (una mentira con mucha divulgación), pero un recital sorpresa es lo contrario, una especie de happening de entrecasa propagado por vías informales . Ocurre un poco como con las SmartMobs de Rheingold, y los PacMan van auto-organizados, avanzando como zombies de Michael Jackson sobre Figueroa Alcorta. Entonces la sensación es distinta, ir corriendo alrededor del Planetario, siendo un testigo distante, mientras se escucha el recital y se trata de esquivar la horda que se lanza sobre la avenida.

A la vuelta, las fieritas que pasaron por el Rosedal dejaron perfumada la milla del óvalo. Entonces hay que revisar el concepto de LSD del post anterior. Fue una corrida estimulante, cuando menos.

Monday, June 30, 2008

El "Pequeño Corredor Ilustrado"

En otro vano intento por ser comprendido, el académico, erudito y corredor Pablo Lugüercio estableció un pequeño canon sobre la correspondencia entre el lenguaje coloquial español y la jerga de los corredores. La obra fue llamada "Pequeño Corredor Ilustrado" y consta de un extenso glosario en un híbrido de español e inglés.

Es llamativo que el adjetivo "ilustrado" parece ser una autorreferencia, pues el volumen carece de ilustración alguna. Este hecho parece darle razón a los intelectuales contendientes de Lugüercio, que en numerosos cónclaves lo tildaron de "payaso arrogante". La obra tiene su origen en los vanos intentos del autor de comunicarse con el mundo no atlético, a quienes se refería como "esos malditos sedentarios".

Como fuere, he aquí parte del legado de Lugüercio, que por brevedad y hartazgo limitaremos a unas pocas entradas del glosario. La obra, como era previsible, pasó desapercibida para la crítica y el gran público.
  • LSD: "long slow distance", corrida larga y lenta -en comparación con los ritmos de carrera- que es la clave para las carreras de 21 y 42 km.
  • Paso: una cierta velocidad característica. "voy a cuatro " significa que se recorre un kilómetro en cuatro minutos. Esto, para el neófito, significa quince kilómetros por hora.
  • Pacer: corredor que lleva un paso constante, guiando a un grupo hacia un objetivo.
  • Intervalo: una repetición de cierta velocidad -típicamente en pista- seguida de un trote más lento para recuperarse.
  • DNF: "did not finish", una manera elegante de decir que no se pudo terminar una marathon.
  • Carboload: ingesta de pastas los días anteriores a la carrera. Uno de los momentos más gratos en la vida del corredor.
  • Corredor Chapita: corredor obsesivo o compulsivo para quien la vida "es todo eso que ocurre cuando no se está plainificando una corrida, corriendo o elongando". Ver más.
  • PR o PB: mejor marca personal para una cierta distancia.
  • RICE: "rest, ice, compression and elevation", una suma de remedios caseros ante afecciones musculares que evita la ida al médico.
  • Pared ("bonk") límite de cansancio total y sensaciones negativas que ocurre cuando el cuerpo se queda sin glucosa, típico en el km30 de una marathon.

Wednesday, June 25, 2008

Diario de un Pace-Maker II

Igual, puede ser que tus hijos te miren y te digan: "por qué te disfrazaste de Inspector Gadget?"
(gracias Laura por la foto).

Monday, June 23, 2008

Diario de un Pace-Maker

Para esa gente sedentaria que aún no lo sabe, un pace-maker es un tipo que va en una marathon (42 kilómetros y monedas) corriendo a un cierto ritmo predecible y constante, en aquello que los viejos maestros del secundario llaman movimiento rectilíneo uniforme. Corre con un banderín bien visible y algo ridículo -un inspector Gadget auspiciado por Gatorade- para ayudar a los corredores más novatos a llevar un ritmo parejo; de otra forma, esto después de los 30 km se paga caro.

Uno, el pacemaker podría ir más rápido, pero no debe. Dos, a veces está tentado de ir más despacio, pero no puede. Esa distancia entre el ser y el no ser es la que atenaza la existencia del tipo. No corre su carrera, sino la del resto, y se entrega a ese hecho, con la mente plagada de planillas y la glucosa en descenso.

Ahí va él, como su indiscreta banderita señalando el tiempo que lo separa entre largada y llegada. Le duele algo? Nada. Le preguntan cosas? Él responde parcamente, porque no le sobra mucho aliento. O sí, cada tanto musita alguna respuesta. Y nada de trampas: no puede ir más rápido, e ir disminuyendo a medida que el objetivo está seguro, pues eso comprometería al grupo. Abjura de la aceleración, para él sólo existe la velocidad constante.

Le preguntan, “maestro, vas a ir a 5:20 el kilómetro?” Y él responde que sí. Y lleva anotado en un brazalete sus monótonos tiempos parciales. Y tiene calor en la largada, y le pide al grupo que le ayuden a sacarse esa remera amarilla que le puso el sponsor. Y el grupo ayuda, como quien viste y desviste a un actor. Y descubre que por ser pacemaker está siempre en el centro del enjambre, y no le llegan las ayudas del agua ni al Gatorade. Y el grupo le pasa todo lo que necesita. Y descubre malhumor en la gente que pasa al final, y él les dice: “corré acá al lado” y no dicen más. Él tiene un poder que no comprende sobre el resto. Hace calor, Rosario de pronto hierve. Se tira el agua que le sobra en la nuca y se sorprende cuando el banderín roza un árbol. Pregunta, lo tengo todavía? Y le dicen que sí. Y piensa que en el km 32 o el 33, hay que acelerar un toque. Pero el camino está lleno de subidas y bajadas imperceptibles que hacen todo más difícil. Pasa las horribles rotondas del km 37 y gira hacia la barranca como un toro herido, llevando el estandarte del tiempo en su lomo.

Le puede pasar al pace-maker que haya tenido algo de gripe esa semana, y que en el km38 se diga “no puedo más” y haya pensado en pasarle el banderín a alguna otra víctima propiciatoria. Pero le queda media glucosa para pensar, y arma el grupo de tres en tres contra el viento y se pone él en el medio, y aguanta. Ellos no lo saben, pero los pacemaker son ellos, y él por un par de kilómetros es sólo un impostor llevando un banderín... pero a lo lejos, cerca del Monumento, ya se ve la llegada. Y el cronómetro dice 3:44:50, y sólo quedan unos pocos metros. El grupo finalmente llega como un ramillete marchito y húmedo, arrojándose a la meta, lo abrazan (él se pregunta por qué), le sacan fotos (pero no vieron que yo estaba muerto?) y todo termina.

Debuté de pace-maker en la marathon de Rosario.
Prometí tres horas cuarenta y cinco. Hice tres horas cuarenta y cinco.
Y fue casi mejor mejor que bajar mi propia marca.

Saturday, June 07, 2008

El payaso corredor

Sumergido en la vasta obra de Pablo Lugüercio (aka “el Payaso”, aka “el último Ecléctico") figura un tratado que combina la presupuestación en negocios masivos, la cultura pop y el marathonismo –el pensador acaba de finalizar con éxito la marathon de Boston-. Es así que en uno de los primeros capítulos de la obra se sugiere la mentira aviesa a los Call Centers como medio ideal para cumplir objetivos anuales, exagerando las metas de meses intermedios para llegar tranquilos al probable bajón de Noviembre-Diciembre “tal como se corre una marathon, apurando el paso en los kilómetros intermedios”. Nada más alejado de la realidad, pues el veradero marathonista apura el paso recién en el km 30 cuando debe atravesar “el muro” donde las reservas físicas se han agotado y “se corre con los huevos”, según la desafortunada frase del citado artista.

Más adelante en su obra se indaga sobre cuál es la música que debe acompañar al atleta en su mp3, y en ese punto Lugüercio es enigmático al enunciar que prefiere “buscar las bandas intermedias, entre la L y la P”. Cita como ejemplos a Lou Reed, Madonna, Massive Attack, Miranda y Placebo –aportando más evidencia a su proverbial eclecticismo-. En cierta oportunidad se le preguntó porqué no editaba los tracks interponiendo un número y se abstenía de buscar relaciones causales entre ritmo musical y nombre de bandas, a lo que contestó: “busco la trama oculta del universo, y las marathones son como la música: voy corriendo a una semicorchea por latido de mi corazón”. Ante el silencio ominoso de los periodistas, Lugüercio espetó “acaso ustedes correrían escuchando a Abba o a Zucchero?”.

Monday, August 27, 2007

Los corredores y la Long Tail (II)


Estos son los resultados. Unos 3 mil corredores de marathones en Argentina, agrupados "de a diez minutos", mostrando la singularidad de dos economías:
- A la izquierda, la rareza de los que van muy rápido.
- A la derecha, otra rareza: los que logran llegar, aunque van muy despacio.
El último resultado está sesgado porque no todas las marathones registran las llegadas luego de las 5 horas.

Nota Posterior: depende de lo quiera mostrar, tengo una Long Tail !
Con estos cambios:
- Graficando velocidad de los corredores en vez de tiempo de llegada
- Considerando que -luego de las 4 hs- hay llegadas no registradas o abandonos (10% casos)
- Considerando la gente que camina distancias larguísimas en tiempos enormes.ç

Gracias a la gente de El Km por la data