Tuesday, March 23, 2010

En el laberinto

Este es un periodo donde las cruzadas absurdas han tomado el poder. Enumero: pasaportes para toda la familia, normalización de cuestiones impositivas, hacer frente al colapso de CPU y modem wireless, asistir a la degradación de las paredes y del piso de la casa, contemplación en éxtasis de la duplicación del valor de la patente, y hondas sospechas sobre el valor exacto del ABL.

Entonces, idas a Rentas. Entonces, las sesiones de RPG esconden furtivos raids a la oficina AFIP de Cabildo y Lacroze. Entonces, éxodo de clientes. Entonces, gozo secreto en el llenado de planillas con font Trebuchet. Hay dos gemas en este periplo: la legalización de mi título universitario en los Ministerios de Educación y del Interior-se pronuncia de corrido y en italics- en paralelo con el absurdo pedido por parte de un empleador de que le suministre una falsa terna de interesados, entre las que debe sobresalir mi CV. Todo por duplicado, por favor.

De mis idas a Rentas (Viamonte al 900) debo una foto de empleados jugando juegos en su PC mientras atienden al público en estado de apnea. La AFIP, por su parte, ha merecido un post aparte; basta decir que uno de los círculos del averno es ser un mal pagador impositivo. Cualquier atraso significa imprimir unas 500 hojas A4 para lograr pagar individualmente conceptos de 0.01$, si es que alguna oficina o canal de pago admite tal parafernalia. El pago electrónico en esas condiciones, no existe, y se debe recalcular la deuda al día exacto de la transacción, aquella que rechazan en los Pago Fácil por ser "muy complicada". Tudo bom, tudo legal.

Tuesday, March 09, 2010

El óvalo infernal y Ernesto Sábato

Ayer estaba haciendo pasadas de 800 metros en el Óvalo Infernal de Figueroa Alcorta y Dorrego, a esa hora en que la luz oblicua proyecta un verde tipo Tommyknockers en los árboles. La concurrencia de hechos absurdos -semáforos de gran bondad que impedían el tráfico, dos jinetes jugando un polo berreta al otro lado de Alcorta, la certeza de que el género humano no existía durante mi corrida- devinieron en dos sensaciones. Una, que ese óvalo tiene más de 800 metros. La otra, que tenía ganas de escribir algo sobre Sábato.

Y por qué Sábato? Ayer, revisando mi arcón -nota al pie, una serie de "n" arcones en paralelo que jamás ordenaré- encontré una esquelita muy bondadosa que me mandó Sábato en respuesta a una ingenua carta mía, escrita a los dieciocho años, planteando si el conocimiento necesariamente genera tristeza. Adelantándome veinticinco años a Ricky Fort, lo que pretendía preguntar en la carta era para qué estudiar Física o intentar escribir si es más sana una vida pasatista. Debería escanear y postear la cartita, donde Sábato, palabras más, palabras menos, me sugería que me dejara de joder. Vamos al punto: me gustó más esa esquela que sus libros.

Sucede que era mi héroe literario de entonces yace ahora taggeado como "escritor ladri" en este blog. En un raid de subte B al centro estuve releyendo "El túnel" y lo encuentro pésimamente escrito. Lo mismo ocurre con parte de "Sobre héroes y tumbas" (a pesar de un buen comienzo, casi cortazariano, en Parque Lezama) y sobre todo con "Abaddon". Sobresale en la obra de Sábato su aflicción por el mundo, algo que no es entretenido, y que debería dejar de producir perplejidad más o menos a la edad en que recibí la Esquela Sabatiana.

Ante la duda, es bueno recordar que Borges y Bioy Casares solían ironizar acerca de los esfuerzos literarios de Sábato. Se lee en el Descanso de Caminantes de Bioy: "Un día (Sábato) me trajo el manuscrito de "El Túnel" para que se lo corrigiera (...) lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito, y según mi costumbre (...) lo corregí todas las veces que fue necesario. Cuando Sábato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolvía un librito, plagado de errores de composición, que no podía corregirse (...) y con las páginas plagadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etc. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, comenzó a deteriorarse".

Tuesday, February 23, 2010

Fútbol cuántico

Se quejaba el Payaso Lugüercio, y no me dejaba ver el partido. "Los jugadores se quejan, los presidentes se quejan, los propios árbitros se quejan". En el aparato de TV del bar los futbolistas se le iban encima al referi, como atraídos por un imán lustroso. "El error parte de suponer que en los deportes de alta fricción las faltas existen".

Estudiantes acababa de meter el segundo gol y la vida me parecía más justa. Aún así desvié mi mirada del monitor: Lugüercio empezaba a teorizar. "Es como en la física cuántica. Hay determinada probabilidad de que sucedan las cosas. No se trata de un sí o de un no, de un foul, de un penal. Puede ser que la partícula aparezca, con tal probabilidad". Y me contó el caso de la vida real. Una persona puede hacer difracción en una puerta, aparecer arriba o abajo, pues cuánticamente es posible pero el Universo aún no se tomó el tiempo necesario para que esto ocurra. Mientras revolvía su aperitivo, musitó ensimismado "diez a la treinta y cinco segundos".

"Payaso, y vos cómo aplicarías esto al fútbol?" Se iluminó. "Acumularía probabilidad de fouls en faltas sucesivas. Varios empujones en el área que son casi penales se transformarían inevitablemente en penal. Sacaría por 5 minutos al que hace cada falta, sin expulsiones. Un tiro en los palos valdría una fracción de gol. Concedería mínimos beneficios de la duda, resueltos con piques ligeramente oblicuos. Admitiría ganadores morales"

Notó que estaba exagerando, y se concedió una pausa. Me gusta pincharlo, pero a la vez quería ver el partido. Pensé que llevándolo al extremo del fútbol o del rugby le demostraría por el absurdo que eso era muy complicado, y que lo haría callar. "No hay nada complicado; lo que falta es plata para administrar justicia". Pensé en el Estado, me imaginé un país cuántico con Resoluciones 125 o embargos al Banco Central dirimidas por métodos cuánticos, vislumbré en Lugüercio en la Corte Suprema, temí lo peor.

Pero entonces Huracán metió un tiro en el travesaño, y volvimos a lo nuestro.

Tuesday, January 26, 2010

Facebook es el nuevo horrorcrux


"Grandes calamidades nos acechan" me dijo el Payaso Lugüercio, una vez que nos vimos en un bar de Canelones luego de su malhadado pase a Racing. El pensador -que algunos aún sospechan futbolista- estaba más desorientado que de costumbre, o "crispado", palabra absolutamente en boga en la inteligentzia porteña.

Mientras apuraba su cerveza Pilsen, el pensador se puso a hablar sobre el horror que le produjo Facebook. "Es el nuevo Horrorcrux!", comenzó a musitar. Febrilmente comenzó a enumerar los problemas actuales del Facebook:

  • Los que se van de vacaciones y postean absolutamente todas las fotos.
  • Los que tratan de exhibir a cada momento lo trendy o viajados que son.
  • Los que no corren riesgos, dan sólo opiniones medianas, o apenas postean pulgarcitos para arriba de “like”.
  • Los contactos demasiados fieles que contestan seriamente a cualquier burrada, como si fuese una tesis doctoral.
  • Los profesores que son “amigos” de alumnos, y caen en excesos de intimidad o de franqueza.
  • Los que abruman con la continua exhibición de sus hijos.
  • Los que te taggean en una foto con la que no te sentís identificado.
  • Los que creen que la letra de una canción los identifica a cada momento, y convierten eso en su status.
  • Los que se unen a miles de grupos acerca de “lo que está bien” (ortografía, política, ecología), dejándote a vos desbarrancado en el lado oscuro de la fuerza.
Terminó el soliloquio, suspirando, y se puso a hacer rotar un cenicero. Me sentí en la obligación de calmarlo, y señalar un par de aspectos positivos: compartir (algunas) fotos, recibir consejos de buenos recomendadores de música o libros, mantenerse en contacto con amistades lejanas, etc. Comencé a desconfiar de mi propia defensa.

Lugüercio no admitió réplica, y pidió una pamplona. Se refirió a la "banalización de los contactos" y me explicó lo que era un Horrorcrux en la épica Potteriana. Voldemort necesitaba destruir su esencia mediante crímenes para lograr la inmortalidad, materializándola en objetos. "Lo mismo hace el usuario de FB al proyectar personalidades disímiles" gritó. Y luego susurró que son vanos, que son tontos, que se reparten en distintas personalidades, "casi como horrocruxes comunicacionales".

Lugüerció tambaleó. Lo llevé mansamente a la puerta del bar. Una pareja con sendas laptops se escribía mutuamente en su Wall-to-Wall, casi como dándole razón. Recordé una amiga que hace un tiempo escribió "a partir de hoy no recibo más florcitas, besitos, abracitos de Facebook. Sólo las acepto personalmente". Me fui convencido de que se la voy a presentar a Lugüercio.

Tuesday, January 12, 2010

Tudo bom, tudo legal


Aprovecho el pequeño sabático para poner las cuentas en orden: bancos, impuestos, papeles viejos. En sintonía, días atrás había aparecido Ile -su nickname entre rosas en el MSN, pero con promesa de espinas-: Nene, estuviste pagando mal el monotributo durante años decía el texto, casi tweeteriano. Lo recuerdo bien porque los mensajes que me detonan el alma son en cursiva. O son traducidos al cursivo, no lo sé.

Ile es amiga desde las épocas de la BBS; creo que la oscuridad de las pantallas de chat de Mainet nos persigue desde entonces. A tono con el fin de año, esperé a que todo sedimentara: la muerte de Sandro, los regalos, la promesa de vacaciones, y varios etcéteras sociales y laborales. En Enero voy y pago, me dije sintiéndome jinete de mi propia estatua moral y ecuestre.

Días después me enteré que el pago no es sencillo. El valor de la deuda muta día a día. Se debe imprimir unas 400 hojas, presentarlas y pagarlas una a una en alguna ventanilla adecuada, el día exacto para el cual la deuda ha sido calculada. Acertar el pago es un cálculo digno de la NASA. Decido poner a prueba nuestra amistad, y pido clemencia a la pitonisa de Ramos Mejía. "No entiendo nada" es mi mensaje. Ile me contesta, en su cursiva por default: No puedo nene, el jueves tengo Inspección. Vacilo entre llamarla nuevamente o perder la razón, pero advierto que Inspección figura en un mayúscula de gran solemnidad. Elijo perder la razón, y voy raudo a la Agencia 1, Cabildo 999, donde se me eyecta con celeridad astronómica al mostrador 8.

Quien me atiende es joven, lampiño, monocorde, venusino. Me fijo si mueve el meñique izquierdo, aunque sé que esta referencia es oscura. Está todo correcto, veo que Ud conoce el procedimiento. Me alarmo porque esta vez alguien me está hablando en cursiva. Le muestro la pantalla de la laptop y las centenas de filas con valores 0.01$. Me aliento a estar calmo, mis palabras surgen convincentes, persuasivas, terrestres, pero inútiles. Le digo que quiero pagar, que sólo pretendo un valor en un resumen en vez de esa resma de hojas que deberá cancelar una por una en una ventanilla donde no me querrán atender. Ya hecho un cometa de mí mismo, me proyecto en el futuro: "señor, mire la cola de gente" me dirán en la ventanilla, tras hora de espera. Cierro mi alegato mencionando que el PagomisCuentas no enlaza, que la página AFIP no carga, que el juez Griesa nos embargará todo, que la eclíptica de Andrómeda está en su apogeo.

El alienígena hace una pausa, me dice que es el procedimiento y revolea los ojos. A su derecha veo el cartel "Tudo bom, tudo legal" con que la AFIP nos alienta a pasarnos al nuevo orden. Orden y progreso, y también Portugués. Siamo fuori. La multitud se dispersa mansa hacia Cabildo, casi sin saber que está -que estamos- en el tercer planeta a partir del Sol.

Sunday, January 03, 2010

Nenas que sacan cincuenta

Para padres que en este año estarán -ellos también- haciendo el ingreso al colegio.

Ahí voy yo a las siete de la mañana, con escenografía invernal y en competencia sinuosa con los otros padres. La calle Paraguay es el camino acostumbrado: van los autos veloces, en muda caravana, salpicada a veces de bocinazos o guiños ocasionales en giros, y dando pequeños barquinazos al rodear el Hospital de Niños. Todos nosotros, arrogantes o no, añorando una conjunción fortuita de semáforos que nos permita llegar antes, o al menos indemnes. Todos nosotros, padres y promesas, tratando de llegar al aula del edificio que sea –por sorteo, por acomodo- al Normal 1, tal vez al Buenos Aires mismo, antes de la hora fatídica.

Es una legión de camionetas 4×4 o autos de buen porte, atrás y amarrados van los hijos, como delicadas víctimas propiciatorias; decido con grandeza que mi auto es el más pobre, en el recuento mínimo del medio minuto en un semáforo –ese instante en el que nos juzgamos-. Todos viviendo un plural amistoso e idiota, en el mismo momento sobre los distintos asientos flota la misma estúpida conversación sobre fechas, exámenes y notas. Afuera del séquito, algún adolescente que vuelve de fiestas; fuera de eso, el viento gris y la mañana espectral, y poco más que eso.

Me dice mi hija Luli, una voz que me llega de atrás y me despierta levemente –se puede manejar dormido- hoy nos dan las notas. Y me repite su letanía de parciales anteriores, de datos incomprobables y de sensaciones. Parece que hay que acumular un promedio de treinta y cinco por parcial para tener chances. Ya casi terminamos con matemáticas y lengua. La semana que viene tenemos el simulacro de examen. Simulacro tiene un regusto de guerra mundial, un fondo de lenta tortura medieval, una sujeción brutal a nuevas costumbres, otro cinturón de seguridad. Aprieto el volante frío entre mis manos y me concentro en el cruce en ve con Cabrera, tratando de ganarles de mano a los que vienen a mi derecha.

Texto completo en Kaputt.it

Monday, December 14, 2009

Tell me why I don´t like Christmas...

Más allá del cartoon, el título me hace imaginar a Bob Geldorf inclinado sobre el pianito, cantando el título de esta entrada con la misma intensidad con que lo hacía en los Boomtown Rats, pero cada tanto indicándole por lo bajo al auditorio que "en realidad él no tocaba en Pink Floyd". Todos somos espejismos de todos, incluso Bob. La Navidad también.

En vez de mi habitual alegato antisaludo navideño, esta vez elijo preguntarme por qué no me gustan para nada las Navidades. Será por sentirme a años luz de la felicidad zoológica de la espera del MotorBox90 de cuando era chico? Es acordarme en vano de la lucha contra el sueño escuchando la conversación de mayores en Bernardo de Irigoyen, desde el regazo de la madre? Nunca más, en letras graníticas. Y tampoco el mandato religioso. Ni siquiera la obligación de los regalos, aunque cada año hay mayores pretensiones en ese rubro. Apenas una wish list dejada en el estante de la biblioteca, para hacerle la vida más fácil al resto. Tampoco hay obligaciones cursi con invitados desconocidos -casi siempre somos los mismos- o intrincados rituales anglosajones, salvo el de una decente ebriedad.

Escarbando en capas interiores, llego a la real molestia: el plural de amistosa concordancia que nos hace gelatina contra el piso. El mero cúmulo de frases hechas y de conductas preformateadas puede aturdir hasta bien entrado el 2010. Mucha gente me saludará con mucha efusividad en los días que vienen, y yo simularé no asombrarme, y tal vez sea eso lo que de veras molesta: el ahuecarse, el presentar concavidad de alma cuando hay filo. Pero en fin, que lo pases muy feliz, y con salud... y un venturoso 2010... y pobre Bob, sigue agazapado en su piano, mientras yo activo los phasers para evitar salutaciones.

Friday, December 11, 2009

Mi próxima cruzada absurda

Gracias, Samsonite, por inaugurar ésta, mi nueva cruzada absurda.
Consumo, luego existo. Debo tener este Samsonite-Trolley.

Wednesday, December 09, 2009

Salto al vacío

Revisando viejos archivos de estos dos blogs propios en competencia, creo que en Snark escribo acerca de cuestiones universales, vinculadas con la comunicación y su impacto en las empresas (y cada vez menos Tecnología!) y en cambio Otredades es cada vez más el santuario de cuestiones muy pequeñas pero poderosas: lecturas, actitudes, o tal vez pequeños dramas cotidianos como el que sigue.

Hace dos días salí a tirar la basura y algo me sobresaltó. Un pichón de gorrión daba saltos en el umbral, como queriendo regresar al nido del que probablemente hubiera caído. En uno de esos saltos logró alcanzar el cantero de la entrada de casa. Allí habría quedado todo, sino hubiera advertido con el rabillo del ojo un movimiento furtivo dentro del cantero. Moviendo las ramas con cuidado advertí que, con muy escaso esfuerzo, un gato acababa de encontrar su cena.

Contemplé al gato, yo aún atónito por la falta de instinto, olfato o fortuna del gorrión. Cada vez que salí, en la semana, el gato seguía allí en el paroxismo de la espera. Un consultor poco original hubiera hablado de la "zona de confort" gatuna; yo más bien intuyo metáforas no benevolentes donde más veces soy gorrión que gato, y me pregunto cuál será mi próximo salto al vacío.

Wednesday, November 25, 2009

"American Pastoral", Philip Roth

OK, aquí vamos otra vez.

Philip Roth, en su "American Pastoral" detona alrededor de la página 35 el asunto de las otredades. "And yet what are we to do about this terribly significant business of other people... ? Is everyone to go off and lock the door and sit secluded like lonely writers do, in a soundproof cell, summoning people out of words and then proposing that these word people are closer to the real thing than the real people that we mangle with our ignorance every day? The fact remains that getting people right is not what living is all about anyway. It's getting them wrong that is living, getting them wrong and wrong and wrong and then, on careful reconsideration, getting them wrong again."

Nathan, el alter-ego de Roth, un varón nostalgioso de sesenta y pico de vuelta de una operación de próstata (hoy estamos pum para arriba) persevera en su búsqueda del personaje, Swede Lenov, un tipo carismático al que la vida le dió todo, y al que trata de capturar en su percepción varios años después. Pero no lo logra. Swede es una especie de Dios con una mácula: su propia hija se hartó de tanta perfección y se le dió por tirar bombas en los setenta. "When it comes to illuminating someone with the Swede's opacity, to understanding those regular guys everybody likes and who go about more or less incognito,it's up for grabs, it seems to me, as to whose guess is more rigorous than whose."

Me despego de Roth y soy yo otra vez, en esta sala VIP, pensando en lo que es entender al otro (en la pareja, en los negocios, en la paternidad) y siento que estamos a años luz y que sólo capturamos fantasmas. No nos llega la cosa real, sino su derivada tercera o cuarta, y por eso estamos condenados a la prisión de nuestra percepción y a vagar entre otredades. La cosa es así, tan sin piedad y desnuda, que este post no merece links aclaratorios, ni imágenes atractoras de lectores.

Thursday, November 12, 2009

Los clichés de fin de año

A medida que se acerca fin de año, la gente abre su válvula de clichés. En cualquier encuentro casual, deja caer su catarata de lugares comunes acerca de cómo pasó el año, motivos y lugares de encuentro, la sequía, la inseguridad, y que cómo está el país.

Sin embargo, algunos lectores de este blog fueron bien poco convencionales. Me dicen, muy sueltos de cuerpo, que no insista con que el Payaso es un académico, un pensador. Muy por el contrario, me enseñan fotos de Olé-fraguadas de mala manera- y documentos varios sobre la verdadera naturaleza del payaso: según ellos, un jugador de fútbol nacido en Estudiantes de la Plata, con fugaz paso por el Perú, y de actual desempeño en Racing. Los escucho, respiro y les contesto pacientemente.

No les hablo de universos paralelos, simplemente dejo que algunas ideas del Payaso derrame sobre ellos la luz del entendimiento. Y sin embargo, hay algo más. Mientras esgrimen la falsa evidencia, azuzando el aire con revistas y tabloides, sobrevuela una pequeña paranoia. No puedo dejar de admitir que en esas fotos el Payaso se parece a un viejo actor conocido como Gustavo Bermúdez, y creo entrever realidades aún peores, casi tanto como los clichés de fin de año.

Tuesday, November 10, 2009

Kurt Vonnegut

En Cat´s Cradle, una de sus mejores novelas, Kurt Vonnegut escribió esto: "Beware of the man who works hard to learn something, learns it, and finds himself no wiser than before... He is full of murderous resentment of people who are ignorant without having come by their ignorance the hard way".

Perspicaz a más no poder, Vonnegut es uno de esos escritores que no figurará en el Top Ten pero que no se puede dejar de leer. Su forma de escribir -pues no se puede ser ampuloso con él, no se puede hablar de su Obra- nos hace preguntarnos si se puede hacer tan buena Sci-Fi sin haber tenido una vida tan llena de avatares como la suya.

Por qué avatares? Intentó varias veces la vida universitaria (Bioquímica, Antropología, varios etcéteras) pero no era lo suyo. Fracasó con énfasis en varios trabajos. Combatió en la Segunda Guerra y como prisionero, sobrevivió al Bombardeo de Dresde. Tuvo que apilar cadáveres (esto luego inspiró "Matadero Cinco"). En su vida familiar tampoco le fue bien: su madre se suicidó. Su hermana murió de cáncer y su cuñado en un accidente, con diferencia de horas. Vonnegut decidió adoptar a sus tres hijos, y formar así una familia enorme, a pesar de las dificultades económicas que sobrellevó. Se enfrentó al establishment, y hasta se burló de sus condecoraciones de guerra. En fin, muchas veces fue tildado de mal escritor... pero a él no pareció importarle.

Vonnegut siguió adelante. Logró volcar la Ciencia para aportar caos e irracionalidad a su visión del mundo, no exenta de una idea artística que aún inspira a diseñadores de t-shirts. Cat´s Cradle, por ejemplo, incluye la idea del Hielo Nueve (terrible arma de guerra que solidifica los mares) con las republiquetas bananeras y la religión del Bokonismo.

En fin, están sus Sirenas de Titán, su Desayuno con Campeones y su Pájaro en Celda. Está el mencionado Matadero Cinco. Todo por leer, entonces. Y en el momento en que empezamos a caminar por él por esa senda angosta entre el argumento y el absurdo, él nos hace caer: "Those who believe in telekinetics, raise my hand".

Wednesday, October 28, 2009

Otredad de otra magnitud (aka LTA)

El Payaso Lugüercio tiene una teoría sobre escalas de otredad -o algo así, sus conceptos siempre son vagos- donde establece que hay "saltos cuánticos" entre grupos homogéneos de gente. Podemos intentar entender a cierta gente dentro de nuestro mismo grupo de otredad, más allá del cual todo intento es vano y comienza el raid de otredades a partir del cual uno enarca las cejas. Luego de eso, se vacila entre el asesinato o el olvido. Pero a veces ocurren escenarios intermedios.

El sábado pasado llevé a mi hijo a un examen de Inglés en el Instituto Bernasconi. Estuvimos un rato esperando cerca de la entrada de esa especie de monumento a la Argentina que no fue -arquitectura europea, eduación libre en un barrio pobre, todos los clichés que nos hacen desear el Túnel del Tiempo-. Hacía calor y le sugerí a Pedro que esperáramos a la sombra unos árboles centenarios que hay cerca de la entrada. Un movimiento me llamó la atención: había un nene de unos diez años retorciendo la rama de un árbol. Le hice un gesto, y con una sonrisa le pedí que no lo hiciera. El chico acudió a su padre -o algo así- que estaba a unos diez metros. El sujeto me dice, tras anteojos negros y sonrisa sólo de dientes: "el chico está conmigo". Y yo pregunté "y quién está del lado del árbol?".

Mala respuesta. Hubo un crescendo de amenazas. Lo miré, era más chico que yo pero su mandíbula inferior compensaba. La gente empezó a mirar. Le dije a Pedro "esperá" y le hablé al padre en privado -tanto como se puede, estando rodeado por doscientos padres y niños-. Le dije "sé que te molesta, pero pensá en qué pasaría si cada chico de aquí rompe una rama?" Luego le dije que si fuera por orgullo ya estaríamos peleando, pero esto no es orgullo. Me puteó de arriba abajo, e incluso me agarró del brazo -en metáforo del tratamiento que su hijo le había efectuado al árbol-. En un dado momento pensé que lo iba a matar, pero lo noté raro. Su odio tenía una magnitud superior al de mi odio. Recordé a Lugüercio y a su teoría. "Mirate, estás temblando de bronca, a vos te parece?" le dije, sabiendo que no iba a poder pasar de eso. Y me odié un poco por no poder hacer lo que quería.

Me fui a un bar mientras duraba el examen. La bronca me duró menos de lo que hubiera pensado. A la vuelta no encontré al Padre Probablemente Represor, sino a muchos padres en ese plural zoológico de espera de hijos, que iban saliendo a medida que terminaba el examen. Los árboles nos miraban desde arriba, y pensé en otra división mayor, más violenta que la de Lugüercio: hay gente a la que decididamente no le importa nada. Y que el mayor problema lo tiene ese chico.

Wednesday, October 14, 2009

El hombre que era opaco a las fotos

Los consultores gustan de encasillar las situaciones en diagramas convincentes: perfiles AVA de recursos humanos, lunitas McKinsey en cuarto creciente o perfiles radiales popularizados por el Winning Eleven. Ah, los consultores: inician su declinación hacia el éxito desde pequeños, portando laptops, juntando millas y resguardados -encasillados- en sepulcros laborales de marfil.

Pero quienes caminan por Florida y Córdoba, y prestan atención por encima del ruido del 132, descubirán un zumbido. Quienes lo hagan tiene un don inverso: extrema sensibilidad para las radiaciones y completa opacidad para las fotos, sin que esto los emparente con los vampiros ni con las malas nuevas novelas. En los casos más extremos, esta gente percibe el halo Wi-Fi de un hotspot como un manto índigo que recubre los enchufes, al precio de no poder reflejar la longitud de onda visible en las fotos. Una cuestión de angströms, me dice el Payaso como si entendiera, y agrega que todo esto se puede representar "en un gráfico de consultores". Asiento y me callo, es inútil discutir con Lugüercio, pero algunos hechos recientes le dan la razón.

Mi caso no llega a tanto. Evito Florida y Córdoba porque el zumbido me hiela la sangre, entiendo perfectamente cualquier diagrama de consultor, pero aunque frunza el ceño no logro ver halos Wi-Fi. Ni índigo, ni magenta, ni nada. Pero les aseguro algo. Hay miles de fotos de la Marathon de Buenos Aires, y sólo me encontré en una tomada en el km41, teñida del naranja de la marca de agua. Más: en la llegada se disparan fotos cada dos segundos, y no estoy allí. Parece imposible, pero en este caso -como en tantos otros en mi vida-, no estoy allí.

Monday, October 12, 2009

Maratón Buenos Aires 2009 - 42k

Una marathon está hecha de momentos. Para la gente del común es un caleidoscopio de sensaciones que dura entre tres y cinco horas. Por cuestiones químicas del cerebro, por llegar al límite mismo de la resistencia, desaparecen del recuerdo tramos completos. Este video condensa alguna de esas sensaciones, aunque no describe el clima cambiante, las circunstancias, el dolor en los tramos finales o la satisfacción de llegar.

En una vida en que hay tan poco tiempo para hacer tantas cosas (afectos, trabajo, amores, hobbies, azar) cada vez más creo que 42K es una especialización demasiado profunda en sólo un aspecto humano. Surge la pregunta, no será mucho?

Wednesday, September 23, 2009

Scattering mexicano

Si me preguntan por qué dejé de ver a tal persona o qué pasó en tal año, la respuesta es "no me acuerdo". A veces vuelve un atisbo -como un gato arañando el mármol- y me rebelo contra mi propia falta de sensibilidad, haber soslayado personas u oportunidades. Tanto peor: qué estaré haciendo hoy que me impide ver lo esencial, aquello sobre lo que me preguntaré mañana.

En Física de Partículas se habla de scattering, esto es, de la dispersión que una partícula provoca en la materia. Cualquier analogía con un partido de bowling es perfecta. Y creo que algo parecido sucede con la memoria. Con mi memoria. El cerebro es atravesado por impresiones fragmentarias, y lo que luego sucede no es lineal. Qué recordaré de este viaje a México, esta vez con más tiempo para estar en el DF con mi cámara? Cuáles imágenes quedarán en la memoria?

Va mi intento: un museo antropológico, lluvias dispersas, excelentes brunchs en El Péndulo, gente caminando eternamente por Reforma, la melancolía de decenas de lustrabotas, el sentirme alto, las mujeres con el pelo tirante para atrás, haber subido a la Torre Latina mientras se veían en El Zócalo los festejos de El Grito, las rotondas con monumentos, la continua oferta de vendedores?

Los hechos deportivos fijan recuerdos como estacas. Tal vez lo que más recuerde es haber entrado a un bar y pedido una Corona mientras veía el quinto set del triunfo de Del Potro en el US Open. Tan triviales somos.

Saturday, September 12, 2009

John K. Toole - La Conjura de los Necios

Las tres imágenes coinciden en mi mente, como tres hojas A4 una sobre otra en una mesa, apenas rotadas una respecto a otra. El personaje, el autor y el lector. John Kennedy Toole tuvo una corta vida: se suicidó a los 31 años. Su madre Thelma, quien lo hostigó en vida, fue igualmente persuasiva con el editor Walker Percy, para que el personaje Ignatius Reilly cobrara vida en las páginas de "La conjura de los necios". Yo mismo hojeo nuevamente las páginas de la novela y me detengo en que Ignatius era -es, lo es cada nueva vez que hojeo la novela- una otredad mayúscula y singular. Mi único obstáculo en el placer es que cada relectura significa deshojar las páginas y destruir la obra. Anagrama es a los libros lo que los vinilos a la música.

El editor aceptó muy a su pesar leer el manuscrito, e Ignatius comenzó a vomitar su odio contra la sociedad. Ignatius es gordo, torpe, incapaz de ningún esfuerzo e igualmente orgulloso. Dos frases ilustran al bueno de Ignatius:
  • "Yo había tenido poca relación con ellos, pues sólo me relaciono con mis iguales, y como no tengo iguales no me relaciono con nadie".
  • "He dado en llegar a la oficina una hora más tarde de lo que se me espera. En consecuencia, me encuentro mucho más reposado y fresco cuando llego, y evito esa primer hora lúgubre de la jornada laboral en la que los sentidos y el cuerpo (...) Considero que al llegar más tarde, mejora notablemente la calidad del trabajo que realizo.
Luisiana State University Press publicó el libro, y puede decirse que fue el primer best-seller de esta editorial. Thelma, la madre, se llenó de oro. Para cerrar el círculo, Walker Percy se aseguró de escribir un prefacio a la única obra de Toole. En New Orleans puede verse en Canal Street una estatua de Ignatius.

Tuesday, September 08, 2009

El gran Norte bolivariano

Estar en el Norte de América del Sur es casi un oximoron. Casi tanto como llegar a Caracas y que te rodee una cohorte de choferes de taxis, cambistas y buscavidas: un dólar puede valer 2, 5 ó 6 bolívares. Una hora después cambio mal y elijo peor el taxi, que luego de lentos rodeos "oiga maestrico, esto está chévere, hace un año hubo un derrumbe y tardábamos 4 horas" por caminos de sierras y túneles azulejados me arroja en un hotel ex Hilton de actual dominación chavista: el Alba Caracas, algo así como un hotel ideal para convenciones de masoquistas. Calor, lluvia, y aún así encuentro que media hora de running por el parque Los Caobos no es mala experiencia.

En el hotel no hay agua, no hay Wi-Fi, no hay desayuno incluído. Por supuesto, el dólar vale sólo dos bolívares. Pregunto qué pasa y la respuesta a lo que ocurre siempre lo tiene otro "yo recién llegué" me dicen. Tal vez la última respesta la tenga Chavez, cuya foto domina las discusiones en el lobby del hotel. Pero si hay dólares todo se aclara súbitamente. Y las empresas esperan en Parque del Este, como del otro lado de un muro, y camino al aeropuerto hay campos de golf que desmienten la propaganda, y entiendo que estoy a mitad de camino de Cuba. Se puede hacer negocio o hablar con gente inteligente? Se puede. Y entonces, cómo entender esas hordas de militares, y esas convenciones de deportistas y esa propaganda turística -pero no, en el aeropuerto ni un mapa de Caracas-. En el aeropuerto debo pagar 75 dólares de impuestos para abandonar el país. Pregunto qué es la "F" al lado del signo de bolívares. "Fuerte", me responden, sin sonreír. "Fabuloso", respondo.

Un rato y un Avianca después, Bogotá es distinto, quieto, fresco, menos estridente. La gente es más humilde, pronuncia distinto, elige bien las palabras. La ciudad es predecible, con su centro reticulado de calles y carreras mirando las montañas verdes. La zona T tiene muy buenos restaurantes, de todas las cocinas posibles. El taxista de regreso al aeropuerto de ElDorado entrega en preciso castellano el resumen: "que Chavez no se enoje demasiado con los yanquis, ni nosotros con los narcos: si pasa eso, quién se ocupará del Norte bolivariano?".

Sunday, August 23, 2009

Reafirmación del yo online

Danah Boyd se sorprende del exceso de ego hecho petabytes de fotos en Facebook en su propio estallido casi kolyikeano llamado "Obsesively recording and sharing our vacations". Cada uno lo apreciará en su propio playground de hojas muertas que es su propia home. En mi caso, una conocida se va de vacaciones, postea quinientas fotos, vocifera el buen momento y reafirma su yo arenado. Otra amiga no para de sacar fotos de placas de auto que le parecen graciosas. Finalmente, un tercer amigo hace suya una cruzada oscura, y sube videos de excelente calidad... pero todos la misma noche.

No nos molestan los excesos, hasta que nos molestan. Fuera el plural mayestático: de golpe noto que mi playground feisbuquero yace empetrolado por el exceso de necesidad de afirmar el yo ajeno. Y entonces? La necesidad de orinar el Home ajeno parece ser grande.

Todos los caminos conducen al filtrado de amistades. Habrá algún antídoto para la infoxicación del Facebook?

Friday, August 07, 2009

Las manos detrás

Me habla Juan Sanchez, mi taxista mexicano (tax-mex?) favorito. Me habla durante las últimas cinco horas mientras me lleva en un raid laboral-cultural que abarca último meeting, Museo de Antropología y aeropuerto. Me asegura que su servicio es barato, que conoce las mejores rutas y que será mi guia durante mi próximo viaje. Y que esta vez "ándele, elíjase un hotel bonito cerca de Polanco, para qué se fue a Santa Fe".

No entiendo México. No lo entendí la última vez que vine, ni lo haré la próxima vez. Tal vez porque en este viaje venía con la intolerancia al mango, pero no comprendo la mezcla de orgullo por el pasado y los "mande", las manitos atrás tan sumisas, los mozos corriendo a cambiarte el plato, y la urgente necesidad de tips. Dónde quedó el orgullo de los pueblos del pasado?

El museo es infernal. El paraguas gigante domina el patio como una nave extraterrestre tirando jugo de kriptonita sobre los paseantes. Cada sala es excesiva, opulenta, recargada. Algo dormido pienso en quetzalcoatls de piedra, en Xolotl y los gemelos, en inmensos ídolos de piedra transportados desde la selva. La foto con el calendario azteca no pudo ser. Una voz me saca del ensueño "ve mi cuate, ya estamos llegando eh". Suerte que mi chofer no lleva las manos detrás.