Tuesday, September 14, 2010

Lugüercio desencadenado

Apocado por la prensa y por el declive racinguista en la tabla de promedios, mi amigo el Payaso Lugüercio se propuso incursionar en el atletismo mientras alternaba sus esporádicos partidos en primera división. Fue una pasión otoñal, como la son todas. Por unos años su vida tuvo sentido al amparo de un Excel dictatorial, que le ordenaba kilómetros y ritmos. El Payaso obedecía y entrenaba, acatando con mansedumbre el rigor del entrenamiento. Creía en este Excel más que en sus directores técnicos; creía, en fin, que mejoraría con los años.

Pasó
minuciosamente por cada decepción posible en la vida del corredor. Pronto descubrió su falta de velocidad en los eventos de pista: con una convicción insana se dijo que lo suyo era lo opuesto, la resistencia, y se volcó a la distancia madre de 42 km. Fue más allá, averiguó sobre ultramaratones. Se anotó en el Espartatlón de 240km para abandonar meses antes. Se cocinó lentamente en el infierno de los atletas sobreentrenados, y comenzó a inventar distancias intermedias donde no tuviera registros a mejorar. Se confesó ante sus amistades: “soy recordman en los 12,5 km”. En fin, enchapiteció.

Lo que lo convertía en ejemplo de sus compañeros de Racing –y en motivo de escarnio por parte de sus amigos de Estudiantes- lo limitó aún más como jugador, si tal cosa era posible. Hizo con las críticas lo que sugeria Nabokov con sus libros: bostezar y olvidar. Cuando entraba en los segundos tiempos chocaba contra rivales y se cansaba rápido en los piques cortos, que corría a anotar prolijamente a su Excel como “pasadas de 50 metros con recuperación variable”. Fue separado del plantel y ofrecido en préstamo sin cargo a un oscuro club de Oruro, Bolivia. Le dijo a sus íntimos que “había aceptado este préstamo para poder entrenar en la altura”.


Algunos libros de texto de Fisiología del Deporte rescatan la curva del declive atlético que acompaña esta nota. Lacónicamente, tiempos obtenidos en eje Y, años en el eje X. Rápido apogeo, lenta declinación y feroz desencanto: todo en el Payaso es metáfora del decaimiento atlético del ser humano, y de la desangelada epopeya racinguista. Toda nuestra vida es, finalmente, bostezo y olvido.

Saturday, September 04, 2010

La madama literaria

Qué era lo que decía Julian Barnes? Que la vida era una maldita cosa detrás de la otra? Algo de eso le escuché decir en su charla hace dos años en el Malba. Hoy por caso fui a ver una charla de escritores, en el marco del Filba, y me encontré conjeturando acerca del violento final de la madama de pelo bordó que regentea el bar (librería?) "Clásica y Moderna".

(La mujer se mueve, inquieta. No le cierra el negocio. Esta gente amante de libros no va a consumir más que café. Se dice, amargamente, para qué cerró con Filba a tan bajo precio... y encima a esta hora juega Boca, y me cayeron las amigas. Y, les tengo que hablar, total estos escritores qué saben... pero las acomodo en las mesas de adelante y quedo como una reina.)

Ella se acomodará la melena, mientras departe con las chicas a viva voz. Pero seguían en lo suyo Olguín, Cross y Piñeiro, la de los countries. Porque la vida es un maldito country después de otro. Cross estuvo bien: por cinco minutos habló de ghost writers a lo largo de la historia. Un escritor que se olvida de sí mismo por un instante: una novedad. Yo no podría, sé que tengo pasta de escritor.

Apenas por sobre el volumen de la madama (por qué me sushea ese tipo?), en el estrado se seguía hablando sobre libros por encargo, como la prostitución, como el crimen. La analogía es feliz: podría matar a la madama, podría convertirme en la eterna promesa incumplida que se pudre en la cárcel, y encargarle a Olguín que escribiera el libro. El guión es fácil: él tipo no sabía qué era: si físico, si corría marathones, o si debía hacer marketing o negocios. Hasta quiso escribir, mirá. Tenía pasta. Pero no puede, porque terminó en la cárcel, porque la madama hablaba mucho, y porque la vida es una maldita cosa detrás de la otra.

Monday, August 23, 2010

Flandes espera

En la quietud de las aguas y en la piedra de sus calles centenarias, Flandes espera. Se agita inquieto en ese gran patio trasero entre Francia, Alemania e Inglaterra; sopesa tensiones que mudan a través de siglos. Produce milagros como Brujas, aunque el marketing de los canales se lo lleve Venecia; y el de los polders, los holandeses. Soporta batallas mundiales en el Somme, alberga tumbas de cientos de miles de soldados en sus playas, inaugura armas químicas en Ypres, y recuerda a sus vecinos derrotas inesperadas, como en Waterloo.

Soy testigo ocasional. En vez de quedarme en el laboratorio de Hasselt, me pasean en un Porsche Carrera por la llovizna en la noche de un extremo a otro: Antwerp, Gent, y finalmente Brujas. El conductor -el gurú techie que me debe explicar la vida- me habla de Carlos V y de la inquisición, de los pintores flamencos y la cámara obscura, y de por qué la Wallonia francesa es una carga indeseada. "They don´t work at all", me dice, y salta en la butaca cada vez que suena en los woofers ese nuevo berrido tech de "Panamericano". Bélgica es un sueño de muelles y resortes, una necesidad, una gema pequeña y molesta incrustada entre las coronas de Europa.

Llegamos a Brujas y tengo tiempo de salir a correr a través de un bosque y su bruma matinal, y de toparme con el Kastel van Tillegem, sin un testigo, sin una presencia. Ante mi pregunta, la gente del hotel preguntará "which castle?", extrañada, y mi contraparte belga los denostará: son todos inmigrantes incultos. Le cuento al belga la historia de "The night watch", la venerable canción flamenca de King Crimson inspirada en la pintura de Rembrandt, y la desconoce, pero me retrueca con el paso de Einstein por Ostende y Solvay, y con anécdotas desdeñosas sobre Carlos V. "He wouldn´t speak Spanish at all", mientras ahora casi todos los turistas son españoles, a pesar de la Crisis.

"So many years we suffered here
Our country racked with Spanish wars
Now comes a chance to find ourselves
And quiet reigns behind our doors
We think about posterity again".

Luego hay reuniones, hay un Excel que se agita, y hay cervezas en algún orden secreto, mientras el Porsche rueda por los adoquines y sigue sonando "Panamericano". La gente desaparece en el atardecer, aterrados por la posiblidad de quedarse sin cena. Casi parece escucharse el solo de guitarra de Fripp al final de la canción, resonando frente al Belfort. Los mercados de piedra, los puentes y las iglesias emergen de ese témpano de niebla que es el tiempo. Flandes, de algún modo, espera.

"And so the pride of little men
The burghers good and true
Still living through the painter's hand
Request you all to understand."

Wednesday, August 18, 2010

Kasteel van Tillegem


Y qué pasa si uno sale a correr por un bosque al sur de Brujas, espera completar 10K decentes por alguna carretera, encuentra un bosque con perfectos senderos y eucaliptos, y en medio de la niebla matinal, uno se encuentra con este castillo?

Tuesday, August 17, 2010

High Tech en Hasselt


Jamás puedo dormir en los aviones, no importa lo que haga. Esta vez no fue la excepción. La parada de cuatro horas en Barajas significó la vuelta a un primer mundo de señalética, gestos y costumbres distintas; pero la llegada a un destino imprevisto fue mucho más interesante.

Hasselt es un lugar de tecnología inusual en pleno Flandes. La gente habla flamenco tal como en Barcelona o en Quebec la resistencia pasa por el idioma. Bélgica es una país-buffer que separa Holanda de Francia y de Alemania, aunque más de un siglo después nadie se sienta belga, y en cambio se digan flamencos. La gente se queja del clima y de la lluvia, pero a los costados de la carretera los campos se ven de un verde eterno y cultivado.

Desde lo alto de un Radisson new-tech se advierte el techo de la catedral y un fervor religioso que hace demasiado fácil el chiste de Flanders y Flandes. En los alrededores florecen las industrias de IT y del Contenido. A cien kilómetros, en el Somme, todavía se encuentran ecos de ambas guerras. Bélgica siempre fue el patio de atrás donde se pelean los chicos. Tal vez pensando en esto, en guerras e identidades, la gente bebe cervezas con 10% de alcohol. Mientras me entrego al ritual, vislumbrando Argentinas fragmentadas, sin lugar para belleza ni para tecnología. Más allá del cristal sigue lloviendo.

Tuesday, July 20, 2010

Eterna cadencia de la ciencia ficción

Tomo todas las actividades relacionados con la lectura como mi perfecta cruzada absurda. Cada uno de estos eventos que acechan, torcidos, en los bordes de la agenda -casi demorados en horas cansinas o en lugares raros- hubieran sido tachados de "poco profesionales" por cualquier mentor de los Recursos Humanos, esos de los que supe desprenderme. Ese saboteo minucioso donde la maldita Blackberry es arrojada al foso del bolsillo, es la perfecta evasión.

Esta vez se trató de un debate sobre Ciencia y Literatura, en Eterna Cadencia, guiado por Diego Golombek y Martín Hadis, en la intimidad de un living con luna incluida a través del techo vidriado. Había no más de diez personas, si debo incluir a tres minitas que supieron llegar tarde. Enumero los temas: Oliver Sacks y su mujer-sombrero, Borges y la falsa verosimilitud, la memoria de Funes, las naves de los Ramanes de Clark, la ficción más infantil de Volpi y Ebly, los nexos entre ficción y ciencia, los papers bien escritos, la absurda necesidad de seres antropomorfos en Sci-Fi, y la base científica de los Memento y de los momentos de epifanía.

Me quedé pensando en mi necesidad del hilo conductor. Tal vez eso, mi búsqueda de significado (a lo Pamuk, a lo Saer) pudiera servir para resumir. Cuando estudiaba Física trataba de entender sin fricción, casi deseando que la Ciencia fuera fácil -y no se puede-. Suponía que entender todo en un parpadeo era una especie de magia que nos estaba vedada, y que debía existir un significado preciso. Ahora, cuando leo o escribo, veo que cada cual infiere lo que puede o lo que quiere. Y si tuviera que proponer un ejercicio de Sci-Fi, lo haría muy de entrecasa, agregando una chispa alineal a una situación banal en Burzaco. Mientras escribo me desanima un poco darme cuenta que esto lo hizo Bioy Casares, entre mujeres y partidos de tenis, casi a desgano.

Volví a casa y miré el estante donde se amontona el Nacional B de la sci-fi: los Le Guin, los Bester, los Farmer, los Dick tempraneros, los Gene Wolfe más recientes. En medio estante de arriba gobierna el triunvirato Clark, Asimov y Bradbury, junto a un pelotón intermedio e indisciplinado. Me pregunto si ellos habrán sentido esa necesidad de escaparse a los barrancos de la ficción, no necesariamente con marcianitos ululantes, y qué habrán hecho con su propia necesidad de sentido.

Thursday, July 15, 2010

Ventajas y desventajas de ir al teatro


Luego del agotador "Don Giovanni" de anteanoche -tres horas quince de las que aún no me repongo- van madurando sensaciones. Me encanta haber vuelto a visitar el Teatro Colón, que de alguna manera es jugar a ser turista en la propia ciudad. Pero no disfruté la obra, y mientras se iban turnando calambres en los pies -por la estrechez del recinto- y contracturas varias en nuca y espalda, me hundí en mí mismo para contemplar alrededor a algunos personajes cercanos, perfectamente dignos de estar en el escenario.

Detrás de nuestros asientos, una fila de hombres parados. En el piso inmediato superior, se repetía la fila, pero de mujeres. Un código preconciliar rige este orden para evitar tocamientos innecesarios, me contó la acomodadora luego. Durante el entreacto escapé escaleras abajo para estirar las piernas. La calle Tucumán estaba desierta y absolutamente fría, bajo la luz de la luna. Mirando hacia el palacio de Tribunales iluminado, la sensación era la de estar en el primer mundo, idea que fue rápidamente mitigada por la huída en tropel de un grupo de franceses, puteando en diversas lenguas. Al subir para el segundo acto me demoré en los cafés de los pisos sucesivos; al contrario que el descenso a los infiernos del Dante, a medida que subía iban desapareciendo los "tuxedos", y aparecía gente interesante -si vale el adjetivo-. Peldaño tras peldaño, el buen observador hubiera recolectado una buena síntesis de la sociedad argentina, desde una oligarquía inexpresiva hasta una inteligentzia kitsch, algo pendiente de la mirada ajena.

Vuelvo con mi recuerdo al escenario. Serán las actitudes previsibles de los actores, esa gestualidad evidente transportada del siglo XVII? Será la reiteración de frases musicales, esos diálogos a-lo-Pimpinela? O habrá sido la incomodidad de la butaca? Todo esto fue nivelado por el aria "Dalla sua pace" (final del primer acto) y por la increíble nota de Hugo Becaccece acerca de Lorenzo da Ponte, el escritor de Don Giovanni, que le termina dando sentido a este descenso a los avernos opertísticos. Querido lector, abandona este blog y concluye a tu vez tu aventura, yendo directamente a la lectura de esta nota.

Wednesday, July 07, 2010

El lento reflujo post mundialista

La luz pálida e invernal tras la lluvia se acompasa con el viento en despejar las calles y augura que los próximos días serán espectrales. Desde el bar veo unos viejos con pasos tambaleantes, que llevan maletines augustos, como portando sus últimos enseres hasta un destino muy próximo y definido: sólo unas cuadras, sólo unos meses. A mi alrededor, la actividad lentamente renace, sólo que en la peor estación posible.

El equipo queda afuera del mundial, y aún los que no estamos en esto, no quedamos inmunes. Nos han despojado de algo más que la pretensión al título: nos han quitado la excusa perfecta para nuestra inmovilidad. Como medusas aspiradas por un caudal de agua impensado, nos conducen al agite indeseado de un mar exterior. De un tirón navegamos hacia nuestro destino. Ya no nos estará dado el sereno milagro de la procastinación.

Enviamos mails, pedimos café, tenemos reuniones. Pero todo es artificial. No somos nosotros los que nos movemos, es el fluído que nos rodea. Si no significara un esfuezo, haría público que todas las teorías sobre el éter son, de algún modo, ciertas. Y al pulsar la tecla que enviará este post hacia ese otro fluído que es el de la Web, no será mi índice el actor, ni mi voluntad el autor detrás del cortinado. Será un mero tentáculo que se agita al amparo del vacío mundialista el que provoque esto, y luego el vacío, y la calle invernal, y la contemplación de los viejos.

Saturday, June 12, 2010

Sudáfrica 2010, Cordwainer Smith y Pedro Mairal

Los mundiales de fútbol son buenos clavadores de recuerdos. Pueden parecer escapismos, generadores de chauvinismo, o disparadores de consumo de LCDs. Pero sirven para atornillar sistemáticamente recuerdos aislados, ráfagas nostalgiosas de situaciones amontonadas de a cuatro años. Nadie podrá criticarlos en ese sentido, o al menos no más que a las píldoras de la memoria. Pero la vida sigue.

Probablemente yo recuerde este Mundial de Sudáfrica no tanto por mis diálogos con el Payaso Lugüercio -un defensor a ultranza de Verón- ni por mi animosidad contra la Religión Maradoniana, más defensora del talento que del esfuerzo. Más bien lo recordaré por mis lecturas entremezcladas de Cordwainer Smith y Pedro Mairal, quienes sólo se parecen en lo buenos que son sus libros.

En un rincón Smith, con un sci-fi berreta pero efectivo de los sesenta, hablando del espacio como el Arriba-Afuera, humanos que deciden ser máquinas para combatir el Dolor del Espacio, y un futuro remoto donde la Instrumentalidad controla todo. En el otro el increíble "Salvatierra" de Mairal, con sus paisajes oníricos y ribereños, la lectura que hace el hijo del padre a través de los años, descubriendo una pintura kilométrica, y el lento abandono en que trasncurre la obra. Cordwainer es positivista, imaginativo, cree en el futuro y hasta esboza medio siglo antes los SMS con que los Observadores escriben en sus pizarras: "Pr fvr qrd" se intuye como "por favor querida". Mairal en cambio fluye como su río hacia el pasado, se regodea en el abandono y la desidida del paisaje provinciano argentino, y esquiva los diálogos en el personaje principal, mudo, que apenas logra comunicarse a través de los trazos de su pintura.

Dice Cordwainer Smith: "Los ojos grises y compasivos miraban a Helen, y era él ahora y no ella quien dominaba la situación. Helen miró los ojos. Aquellos ojos habían estado abiertos cuarenta años en la oscuridad casi completa de la menuda cabina. Los débiles tableros habían llegado a brillar tanto como soles llameantes, lastimándole las cansadas retinas antes que él hubiera podido apartar los ojos (...) De vez en cuando él había mirado el vacío negro, y había visto allí las imágenes de los tableros, negro claro contra negro oscuro, mientras los kilómetros de velas absorbían el impulso de la luz y aceleraban la nave en un océano de insondable silencio".

Y responde Mairal: “Después Salvatierra empezó a pintar a mi hermana de un modo menos doloroso: ahogada, como dormida, purificada por el río, una Ofelia de aguas cálidas y turbias. Salvatierra había querido pintar la fuerza del río en su tela, y el río le había pedido a cambio a su hija de doce años. El río se la llevaba despacio pero implacable, sin que él pudiera detenerlo. Y así la pintó: Estela ahogada en el remanso de los sauces; Estela entre los peces monstruosos, su pelo enredado entre los juncos de la orilla, su vestido pesado, los párpados en la corriente calma; Estela apenas visible bajo la superficie, entre las nubes del reflejo del agua”.

En fin, somos espectadores. A menudo procastinamos, demoramos a sabiendas, evitamos decidir y nos refugiamos en partido de fútbol o en un libro, a veces suponiendo con vanidad que éste es mejor que aquél. Yo comparto este engaño, pero prefiero ir más allá, y tengo una visión. Imagino una secta de barrabravas cultos que ingresan al Ellis Park al grito de "Vean el Mundial / y lean a Mairal", ganando el acceso -sin entradas, claro-, buscando hooligans a su paso, y desagarrando copias de "El juego de la rata y del dragón", de Smith, con un estúpido nacionalismo, en medio del ulular de las vuvuzelas.

Tuesday, May 25, 2010

Mails, bicentenario y azar


Buceo en las profunidades del inbox de mi cuenta en Yahoo! a poco de volver de los festejos por el Bicentenario argentino, sobre los que me siento bastante ajeno. No puedo switchear a GMail del mismo modo en que me cuestan otros cambios, pero la nueva versión del viejo correo me permite scrollear rápido por años buenos y malos.

Ayer por la noche caminaba con mi familia por veredas rotas y mugrientas, pensando en cuánto dinero se había gastado por celebrar una imagen caleidoscópica -al cabo, qué es la Argentina- y buscaba el camino de retorno hacia un auto sitiado por hordas. La misma heterogeneidad provenía de los correos de hace añares. Pero reencontré un maravilloso hotelito en Preuzler Berg, tips para correr en Praga, una amiga hoy divorciada pontificando a su marido de entonces, los preparativos para una conferencia, y la vez que le preguntaba a Paula cómo era eso de tener un blog. Me reí al ver mails de dos chantas en un curso de complejidad, y en un amago de libro. A mi pesar, me gustó más el inbox de hace diez años que el de hoy.

Es bueno desconfiar del propio escepticismo, tanto para los eventos de la argentinidad como para juzgarse a partir de viejos mails. Ambos parten de que el pasado es lineal, reconstruible, explicable. Y finalmente, yo creo que casi todo es azar.

Thursday, May 13, 2010

Una tarde correcta

El centro médico en Colegiales es correcto, en un mundo donde ese adjetivo ya dice mucho. Al abrir al puerta dejo atrás una tarde otoñal perfecta con decorado de hojas rojizas, empedrado suave de Avenida de los Incas y cielo en composé. En cualquier momento chocaré contra la cúpula de Truman Show. Subo las escaleras.

Me voy durmiendo mientras espero que me llamen. A la vez siento una ligera incomodidad al comprobar que los cadáveres ambulanes me miran como si hubiera escapado del Jardín. La mejor medicina es no venir ni al chequeo médico, me digo, pero despierto de un sueño rápido. Me quedo mirando algo parecido a un bajorrelieve romano que trata de inspirar reverencia ante conocimientos arcanos. Es entonces cuando se abre la puerta y una médica correcta como la Clínica me llama por mi nombre.

Me derrumbo sobre el sillón y le doy tiempo para que ordene sus fichas sin hablarle. Transcurre un minuto de silencio. Pienso: si me dice "bueno, qué le anda pasando", me levanto y me voy. En todo este tiempo no se me ocurre nada revelador para decirle: quién no está cansado, quién no tiene problemas para dormir, quién no tiene stress. Miro fijamente las molduras del techo. Hay cajas de medicamentos esparcidas en la mesa, nombres de fármacos que terminan en "X", olor a enfermedad. Hace un año exacto estaba el asunto de la gripe mejicana, ahora ni eso. La doctora levanta la mirada y pregunta:

- Bueno, qué le anda pasando?

Me repliego en el sótano dieciocho de mí mismo y le digo alguna banalidad sobre cansancio, sobre el stress, sobre el dormir. Me miro a mí mismo; qué cretino, me digo. Me toma la presión: diez-cinco. Le digo, me estaba durmiendo. Me toma el pulso: cincuenta y cinco. Me adelanto, le hablo de bradicardia, es el deporte, que eso está bien. Me mira y hace una pausa. Me mira con especial atención. Me llena de papeles y prescripciones. Soy un paciente absolutamente en orden, y comienza así mi descenso al catafalco.

Afuera, la tarde es sólo un poco más luminosa, tal vez algo más fresca. La tarde es correcta.

Thursday, April 29, 2010

El falso balbuceador

El camino del infierno está lleno de falsos balbuceadores. Gente que pretende colocarse en un plano inexistente de vacilación y -como quien remonta un barrilete- hace judo moral con su interlocutor, ascendiendo al universo de los grises, pretendiendo arrimarse a una posición intermedia de la que secretamente desconfía. El falso balbuceador tremola para no tener que oponerse.

Hace poco descubrí a un amigo con ese nuevo tembleque vocal; quise detenerlo pero siguió provocando pequeños sismos en su papada. Sus ausencias ahora correlacionan con ese tremolar. Más tarde descubro que el inefable Víctor Hugo Morales, cuando quiere quedar bien con un entrevistado, usa admirablemente un prolijo balbuceo que da cuenta de la inversión de su signo político. Tal vez entregar al oponente la aparente debilidad de una mala dicción signifique tan sólo un peón, una pérdida pequeña en un ajedrez largo y muy complejo.

Mire a los ojos al falso balbuceador. Advierta si repetidamente usa el "a ver" en su alocución, o si achina los ojitos, como si le fuera imposible enfocarse o entrever al otro. Péguele, péguele repetidas veces. Habrá hecho justicia.

Sunday, April 18, 2010

Harrods

La foto publicada hoy por La Nación me hizo pensar en que la belleza no tiene color ideológico ni signo político; que merece ser preservada, pero que otras veces decide autopreservarse, haciendo casos omiso de lo que haga la gente a su alrededor.

Imaginemos esas décadas de salones en silencio. Habrá habido cuidadores, o estas sillas del salón de peluquería habrán esgrimido un escudo indescifrable -contra decretos, contra patoteros, contra especuladores inmobiliarios-.

Pienso, finalmente, que el resurgimiento de la belleza tiene que ver más con alguna mezcla de azares, o más bien con que los destructores de belleza no se hayan enterado. Tiemblo pensando en futuros piquetes.

Wednesday, April 14, 2010

Wednesday, April 07, 2010

S(card)dering

En lo profundo de la noche uno cree que acomodando el pasado se pueden avizorar mejores perspectivas futuras. Sin hacer ruido uno baja la escalera, abre el escritorio, y saca a relucir ese pequeño infierno rectangular de logos y nombres del pasado, que es el tarjetero.

"Carpet crawlers...", decía la canción de Génesis. Miro los logos: Terra, Patagon, Netscape... pequeñas ambiciones aquí y allá, en pugna por aparentar ser los mejores. La mitad de los cartones guarda viejas anotaciones mías: "buen tipo", "sabe mucho de tecnología", "terrible mina, sin cerebro", "conejo laboral". Las tarjetas se apretujan unas a otras en un espiral de desconsuelo, resistiéndose a perder su ligazón entre sí (por empresa, por país, por alfabeto) como si un LinkedIn perfectamente real e invisible guiara sus actos. Como si la canción continuara:

"Mild mannered supermen are held in kryptonite,
And the wise and foolish virgins giggle with their bodies glowing bright"

Pero hay figuritas que no brillan. De la mitad de las tarjetas nada recuerdo, y siento que el mandato de arrojar todo a la basura sólo es detenido por la brillantez de los logos. Todos esos fugaces momentos laborales que son casi cero, serán ahora de una nulidad absoluta.

Tras esa noche de arreglos, la propia identidad cobra vida con la luz de la mañana. De algún modo hay un backup vital que garantiza que al despertarnos seguimos, de algún modo, siendo nosotros. Dónde estarán las células, los axones, las pequeñas configuraciones cúanticas que en su spin up o spin down guardan la manera en que somos, más allá de lo laboral, bastante más allá de las tarjetas o de los logos.

Son preguntas sin respuesta. En otro universo, alguien se levanta sintiéndose extraño. Sin motivo aparente revisa su tarjetero, encuentra una vieja tarjeta mía, y la arroja justicieramente al canasto.

Tuesday, March 23, 2010

En el laberinto

Este es un periodo donde las cruzadas absurdas han tomado el poder. Enumero: pasaportes para toda la familia, normalización de cuestiones impositivas, hacer frente al colapso de CPU y modem wireless, asistir a la degradación de las paredes y del piso de la casa, contemplación en éxtasis de la duplicación del valor de la patente, y hondas sospechas sobre el valor exacto del ABL.

Entonces, idas a Rentas. Entonces, las sesiones de RPG esconden furtivos raids a la oficina AFIP de Cabildo y Lacroze. Entonces, éxodo de clientes. Entonces, gozo secreto en el llenado de planillas con font Trebuchet. Hay dos gemas en este periplo: la legalización de mi título universitario en los Ministerios de Educación y del Interior-se pronuncia de corrido y en italics- en paralelo con el absurdo pedido por parte de un empleador de que le suministre una falsa terna de interesados, entre las que debe sobresalir mi CV. Todo por duplicado, por favor.

De mis idas a Rentas (Viamonte al 900) debo una foto de empleados jugando juegos en su PC mientras atienden al público en estado de apnea. La AFIP, por su parte, ha merecido un post aparte; basta decir que uno de los círculos del averno es ser un mal pagador impositivo. Cualquier atraso significa imprimir unas 500 hojas A4 para lograr pagar individualmente conceptos de 0.01$, si es que alguna oficina o canal de pago admite tal parafernalia. El pago electrónico en esas condiciones, no existe, y se debe recalcular la deuda al día exacto de la transacción, aquella que rechazan en los Pago Fácil por ser "muy complicada". Tudo bom, tudo legal.

Tuesday, March 09, 2010

El óvalo infernal y Ernesto Sábato

Ayer estaba haciendo pasadas de 800 metros en el Óvalo Infernal de Figueroa Alcorta y Dorrego, a esa hora en que la luz oblicua proyecta un verde tipo Tommyknockers en los árboles. La concurrencia de hechos absurdos -semáforos de gran bondad que impedían el tráfico, dos jinetes jugando un polo berreta al otro lado de Alcorta, la certeza de que el género humano no existía durante mi corrida- devinieron en dos sensaciones. Una, que ese óvalo tiene más de 800 metros. La otra, que tenía ganas de escribir algo sobre Sábato.

Y por qué Sábato? Ayer, revisando mi arcón -nota al pie, una serie de "n" arcones en paralelo que jamás ordenaré- encontré una esquelita muy bondadosa que me mandó Sábato en respuesta a una ingenua carta mía, escrita a los dieciocho años, planteando si el conocimiento necesariamente genera tristeza. Adelantándome veinticinco años a Ricky Fort, lo que pretendía preguntar en la carta era para qué estudiar Física o intentar escribir si es más sana una vida pasatista. Debería escanear y postear la cartita, donde Sábato, palabras más, palabras menos, me sugería que me dejara de joder. Vamos al punto: me gustó más esa esquela que sus libros.

Sucede que era mi héroe literario de entonces yace ahora taggeado como "escritor ladri" en este blog. En un raid de subte B al centro estuve releyendo "El túnel" y lo encuentro pésimamente escrito. Lo mismo ocurre con parte de "Sobre héroes y tumbas" (a pesar de un buen comienzo, casi cortazariano, en Parque Lezama) y sobre todo con "Abaddon". Sobresale en la obra de Sábato su aflicción por el mundo, algo que no es entretenido, y que debería dejar de producir perplejidad más o menos a la edad en que recibí la Esquela Sabatiana.

Ante la duda, es bueno recordar que Borges y Bioy Casares solían ironizar acerca de los esfuerzos literarios de Sábato. Se lee en el Descanso de Caminantes de Bioy: "Un día (Sábato) me trajo el manuscrito de "El Túnel" para que se lo corrigiera (...) lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito, y según mi costumbre (...) lo corregí todas las veces que fue necesario. Cuando Sábato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolvía un librito, plagado de errores de composición, que no podía corregirse (...) y con las páginas plagadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etc. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, comenzó a deteriorarse".

Tuesday, February 23, 2010

Fútbol cuántico

Se quejaba el Payaso Lugüercio, y no me dejaba ver el partido. "Los jugadores se quejan, los presidentes se quejan, los propios árbitros se quejan". En el aparato de TV del bar los futbolistas se le iban encima al referi, como atraídos por un imán lustroso. "El error parte de suponer que en los deportes de alta fricción las faltas existen".

Estudiantes acababa de meter el segundo gol y la vida me parecía más justa. Aún así desvié mi mirada del monitor: Lugüercio empezaba a teorizar. "Es como en la física cuántica. Hay determinada probabilidad de que sucedan las cosas. No se trata de un sí o de un no, de un foul, de un penal. Puede ser que la partícula aparezca, con tal probabilidad". Y me contó el caso de la vida real. Una persona puede hacer difracción en una puerta, aparecer arriba o abajo, pues cuánticamente es posible pero el Universo aún no se tomó el tiempo necesario para que esto ocurra. Mientras revolvía su aperitivo, musitó ensimismado "diez a la treinta y cinco segundos".

"Payaso, y vos cómo aplicarías esto al fútbol?" Se iluminó. "Acumularía probabilidad de fouls en faltas sucesivas. Varios empujones en el área que son casi penales se transformarían inevitablemente en penal. Sacaría por 5 minutos al que hace cada falta, sin expulsiones. Un tiro en los palos valdría una fracción de gol. Concedería mínimos beneficios de la duda, resueltos con piques ligeramente oblicuos. Admitiría ganadores morales"

Notó que estaba exagerando, y se concedió una pausa. Me gusta pincharlo, pero a la vez quería ver el partido. Pensé que llevándolo al extremo del fútbol o del rugby le demostraría por el absurdo que eso era muy complicado, y que lo haría callar. "No hay nada complicado; lo que falta es plata para administrar justicia". Pensé en el Estado, me imaginé un país cuántico con Resoluciones 125 o embargos al Banco Central dirimidas por métodos cuánticos, vislumbré en Lugüercio en la Corte Suprema, temí lo peor.

Pero entonces Huracán metió un tiro en el travesaño, y volvimos a lo nuestro.

Tuesday, January 26, 2010

Facebook es el nuevo horrorcrux


"Grandes calamidades nos acechan" me dijo el Payaso Lugüercio, una vez que nos vimos en un bar de Canelones luego de su malhadado pase a Racing. El pensador -que algunos aún sospechan futbolista- estaba más desorientado que de costumbre, o "crispado", palabra absolutamente en boga en la inteligentzia porteña.

Mientras apuraba su cerveza Pilsen, el pensador se puso a hablar sobre el horror que le produjo Facebook. "Es el nuevo Horrorcrux!", comenzó a musitar. Febrilmente comenzó a enumerar los problemas actuales del Facebook:

  • Los que se van de vacaciones y postean absolutamente todas las fotos.
  • Los que tratan de exhibir a cada momento lo trendy o viajados que son.
  • Los que no corren riesgos, dan sólo opiniones medianas, o apenas postean pulgarcitos para arriba de “like”.
  • Los contactos demasiados fieles que contestan seriamente a cualquier burrada, como si fuese una tesis doctoral.
  • Los profesores que son “amigos” de alumnos, y caen en excesos de intimidad o de franqueza.
  • Los que abruman con la continua exhibición de sus hijos.
  • Los que te taggean en una foto con la que no te sentís identificado.
  • Los que creen que la letra de una canción los identifica a cada momento, y convierten eso en su status.
  • Los que se unen a miles de grupos acerca de “lo que está bien” (ortografía, política, ecología), dejándote a vos desbarrancado en el lado oscuro de la fuerza.
Terminó el soliloquio, suspirando, y se puso a hacer rotar un cenicero. Me sentí en la obligación de calmarlo, y señalar un par de aspectos positivos: compartir (algunas) fotos, recibir consejos de buenos recomendadores de música o libros, mantenerse en contacto con amistades lejanas, etc. Comencé a desconfiar de mi propia defensa.

Lugüercio no admitió réplica, y pidió una pamplona. Se refirió a la "banalización de los contactos" y me explicó lo que era un Horrorcrux en la épica Potteriana. Voldemort necesitaba destruir su esencia mediante crímenes para lograr la inmortalidad, materializándola en objetos. "Lo mismo hace el usuario de FB al proyectar personalidades disímiles" gritó. Y luego susurró que son vanos, que son tontos, que se reparten en distintas personalidades, "casi como horrocruxes comunicacionales".

Lugüerció tambaleó. Lo llevé mansamente a la puerta del bar. Una pareja con sendas laptops se escribía mutuamente en su Wall-to-Wall, casi como dándole razón. Recordé una amiga que hace un tiempo escribió "a partir de hoy no recibo más florcitas, besitos, abracitos de Facebook. Sólo las acepto personalmente". Me fui convencido de que se la voy a presentar a Lugüercio.

Tuesday, January 12, 2010

Tudo bom, tudo legal


Aprovecho el pequeño sabático para poner las cuentas en orden: bancos, impuestos, papeles viejos. En sintonía, días atrás había aparecido Ile -su nickname entre rosas en el MSN, pero con promesa de espinas-: Nene, estuviste pagando mal el monotributo durante años decía el texto, casi tweeteriano. Lo recuerdo bien porque los mensajes que me detonan el alma son en cursiva. O son traducidos al cursivo, no lo sé.

Ile es amiga desde las épocas de la BBS; creo que la oscuridad de las pantallas de chat de Mainet nos persigue desde entonces. A tono con el fin de año, esperé a que todo sedimentara: la muerte de Sandro, los regalos, la promesa de vacaciones, y varios etcéteras sociales y laborales. En Enero voy y pago, me dije sintiéndome jinete de mi propia estatua moral y ecuestre.

Días después me enteré que el pago no es sencillo. El valor de la deuda muta día a día. Se debe imprimir unas 400 hojas, presentarlas y pagarlas una a una en alguna ventanilla adecuada, el día exacto para el cual la deuda ha sido calculada. Acertar el pago es un cálculo digno de la NASA. Decido poner a prueba nuestra amistad, y pido clemencia a la pitonisa de Ramos Mejía. "No entiendo nada" es mi mensaje. Ile me contesta, en su cursiva por default: No puedo nene, el jueves tengo Inspección. Vacilo entre llamarla nuevamente o perder la razón, pero advierto que Inspección figura en un mayúscula de gran solemnidad. Elijo perder la razón, y voy raudo a la Agencia 1, Cabildo 999, donde se me eyecta con celeridad astronómica al mostrador 8.

Quien me atiende es joven, lampiño, monocorde, venusino. Me fijo si mueve el meñique izquierdo, aunque sé que esta referencia es oscura. Está todo correcto, veo que Ud conoce el procedimiento. Me alarmo porque esta vez alguien me está hablando en cursiva. Le muestro la pantalla de la laptop y las centenas de filas con valores 0.01$. Me aliento a estar calmo, mis palabras surgen convincentes, persuasivas, terrestres, pero inútiles. Le digo que quiero pagar, que sólo pretendo un valor en un resumen en vez de esa resma de hojas que deberá cancelar una por una en una ventanilla donde no me querrán atender. Ya hecho un cometa de mí mismo, me proyecto en el futuro: "señor, mire la cola de gente" me dirán en la ventanilla, tras hora de espera. Cierro mi alegato mencionando que el PagomisCuentas no enlaza, que la página AFIP no carga, que el juez Griesa nos embargará todo, que la eclíptica de Andrómeda está en su apogeo.

El alienígena hace una pausa, me dice que es el procedimiento y revolea los ojos. A su derecha veo el cartel "Tudo bom, tudo legal" con que la AFIP nos alienta a pasarnos al nuevo orden. Orden y progreso, y también Portugués. Siamo fuori. La multitud se dispersa mansa hacia Cabildo, casi sin saber que está -que estamos- en el tercer planeta a partir del Sol.