Monday, April 21, 2008

Ashes to ashes

Se ha hablado de gestos del pasado, y de objetos desaparecidos. El episodio del humo sobre Buenos Aires provocó el retorno de un olor olvidado, y es el de los viejos quemadores que la municipalidad obligó a retirar de los edificios hace más o menos un cuarto de siglo.

En cada piso de los edificios “modernos” del Buenos Aires setentista habia una falsa puerta que ocultaba un pequeño conducto a los avernos. Era un espacio pequeño –menos de un metro cuadrado- donde los propietarios arrojaban su basura tras abrir una tapa metálica vertical de unos veinte centimetros de lado. Tirando de una manija se abría esta puerta trampa, por la que apenas pasaban las bolsas de basura. Al hacerlo surgía un olor muy semejante al de estos días; las mentes infantiles y alarmadas confundían esto con sitios infernales. Recuerdo que al arrojar las bolsas de residuos a esos pozos, era posible escuchar el paff lejano unos cuantos segundos después, en función de la altura del piso. No había evidencia de Infiernos, sino más bien de que las leyes de la cinemática se cumplen a rajatabla.

De chico no lo sabía, pero miles de avernos semejantes estaban conectados al exterior por chimeneas que asomban en las terrazas. En la práctica, esto significaba un géiser perpetuo de hollín que ennegrecía la ropa de quienes se animaban a tenderla en la terraza. Era una época rara: la gente tomaba sol hasta carbonizarse, no existía la protección solar, y probablemente no había blanqueadores ni secarropas. Imagino que entonces, en la ciudad, habría un olor semejante al de estos días. Entonces era algo común; estos días, Crónica lo señaló como el Apocalipsis.

La cruzada absurda del gobierno sería simular más incendios, atribuirlos a la gente del Campo, y ponerse a cantar a lo David Bowie:

“Ashes to ashes, funk to funky /
We know Major Tom’s a junkie”.

Friday, April 11, 2008

Apariciones

Hace un tiempo me refería en este blog acerca de los gestos que se pierden en el tiempo, por cambios en las costumbres o en las condiciones de vida. Dos ejemplos son el gesto de acomodarse los anteojos y la forma en que se guarecía la llama de la vela de eventuales vientos. Podría decirse que hay una desaparición anterior, y es la de los objetos.

Ayer estaba terminando de leer un buen cuento de Kurt Vonnegut acerca de los problemas inmobiliarios y sociales de gente que vive eternamente. En medio del desenlace apareció la palabra de un objeto precioso y perdido: un yunque. La palabra era levemente distinta (“paperweight”) pero mi cabeza fue más susceptible a la imagen del yunque. Doy un rodeo: un paperweight puede ser una bola de cristal –algo bastante feo que medra en los escritorios-, pero el yunque (en estricto inglés, “anvil”) es un objeto hermosoy absolutamente perdido.

El yunque quedó como objeto decorativo en memoria de las viejas herrerías y las fraguas. Como todo parece haber mudado a acerías industriales de modelos replicables, sólo debe haber yunques y fraguas en alguna herreria artesanal.

Podría existir la antítesis, los objetos que surgen de la nada y que generan nuevos gestos a sus poseedores, a su vez susceptibles de ser repetidos por otras personas, seducidos a la vez por las maneras modernas de los dueños de estos objetos. Qué es, sino, la tendencia de los celulares tipo “clamshell” donde se pretende tener poder sobre la comunicación al concluirla con un “clap”. Hay discusión en los foros, hay fans de los clamshell de los otros. Pero los celulares son los objetos de poder de este tiempo, y cada tanto inauguran un gesto.

Pancarta para piquete: “En este blog se defienden los pisapapeles de tipo yunque, los celulares Sony Ericsson de formato tradicional, y la aparición de objetos que inauguren costumbres, sin que esto signifique afectación de sus dueños”.

Tuesday, April 08, 2008

Bioy, el personaje

La figura de Bioy Casares como escritor y personaje crece con los años y se impone por lejos al resto en esa categoría exquisita de “escritor casi sin quererlo, en los ratos libres”. Preguntémonos si hay en estos días un personaje tan ecléctico, y la respuesta es no. Bioy era un bon vivant y un excelente deportista. Se me dirá que siempre tuvo el beneficio de una familia acomodada; tal vez sí, pero hoy en la clase alta argentina medran los personajes fashion y ajenos al talento. Pues si hace un siglo la intelligenzia porteña miraba mesmerizada el ejemplo de Europa, hoy las nuevas elites alumbradas al calor del rugby, la figuración y la Play Station sólo garantizan cierta tosquedad intelectual.

Bioy fue distinto y supo aprovechar las ventajas de su condición. Además fue bendecido en otro sentido. Nunca tuvo la presión odiosa de la página en blanco pues su propia vida le proveía de escenas y de personajes. Los personajes de un cuento ejemplo como Nóumeno, que combina lo fantástico con los diálogos costumbristas, están en su círculo íntimo. Lo mismo con cada uno de los ejemplos de Historias Prodigiosas o Historias Desaforadas, pero dejo las recomendaciones para la abundante referencia en Internet. Es igualmente interesante advertir que las referencias sobre la obra rivalizan en cantidad con las anécdotas sobre el autor.

Prefiero rescatar al personaje. Regidos por la información, en esta década somos todos espectadores. Nuestra definición social de “hacer algo” en el tiempo libre es ir al cine o mirar "Fútbol de Primera". En el trabajo la mitad de la tarea es enviar mails. Si hace quinientos años había conflicto, había que sacar la espada: hoy nuestra migaja de violencia es asistir crispados sobre el monitor a un mail enojoso. En ese contexto es que sobresale aún más la figura del Bioy-hacedor: campeón de tenis, sobresaliente en otros deportes, aficionado a los círculos intelctuales más reservados, y –last but not least- mujeriego incansable. Un día más o menos interesante en la vida de Bioy Casares comenzaba con deporte, seguía con un romance y terminaba en una cena con Borges. Subyace la implicación de que para escribir bien se necesita una vida plena: en ese caso el porvenir de la literatura es francamente negro.

Monday, March 31, 2008

Lost in Trebuchet

Hay momentos en que mi mayor preocupación se refiere a que las planillas y documentos en l0s que estoy trabajando lleven el font Trebuchet. Claro, esta es mi cruzada absurda de Abril: convencer al resto acerca de la necesidad de este cambio de formatos, aunque esto deba avasallar ciertos bastiones corporativos.

Puede ser que cuando el contenido falla atravesemos una pasión repentina acerca de los formatos, y nos embarquemos en ciertas obsesiones estúpidas para preservar a nuestro yo de reales preocupaciones. Puede ser. Pero veamos: la misma palabra "caracter" se refiere tanto al tipo de letra como a la personalidad. Y más: la grafología establece idas y vueltas entre lo que ocurre en nuestra cabeza - nuestra necesidad de que nos entiendan, o no- y la escritura. Y no tanto, porque ahora manda el monitor y no tanto nuestra bonita letra. Y Trebuchet fue catalogado como uno de los diez fonts seguros de la web... porque tiene buena definición en cualquier browser de cualquier PC o Mac.

Todo se complica más si se considera que se llamaba trebuchet a un tipo de catapulta originada en Bizancio y adoptada más tarde por los franceses; y aún más cuando se descubre que el tipo de letra diseñado por Vincent Connare en 1996 responde a una jodita escuchada en los cuarteles de la Microsoft Corporation . La pregunta fue "can you make a trebuchet that could launch a person from main campus to the new consumer campus about a mile away? Mathematically is it possible and how?".

No quiero catapultarme. No aún. Pero cada vez Trebuchet me gusta más.

Friday, March 21, 2008

Cajas chinas

Hay ciertas regiones de mis hijos que me están vedadas, a las que nunca llegaré. Hay otras -como el juego o la lectura- donde aún soy bienvenido. Enumero: construir espirales con autos, o entregarles mis Matchbox, jugar al whist o al TEG, hacer las diez preguntas de La Nación, armar duplas de voley mientras mi espalda resista, son buenos ejemplos de esa frontera que existe entre pasarla bien con los hijos y ser Ned Flanders. El mejor indicador es la risa genuina.

Pero. Cuando mi entrada no está permitida, en cambio, detecto un común denominador. Lo que me enoja de ellos es reconocer precisamente mis defectos transplantados de generación en generación. Me enoja ver mis propias limitaciones en ellos, e intuyo lo que habrán de sufrir. Me sorprendo dándoles consejos de mis viejos, e intuyo cierta responsabilidad de las generaciones pasadas, como si el material genético no hubiese variado un ápice, distribuyendo cuotas partes de bipolaridad e intolerancia a lo largo de eones.

Y así estamos inmersos en las cajas chinas del material genético, que termina venciendo por goleada a todos los intentos de sociabilización. Los veo, me veo a mí y recuerdo a mis padres, todo en el mismo momento. Los cuarenta años tienen eso, la equidistancia. Y así somos tan modernos y tan medievales a la vez, a medias entre los portazos y los msg, unos necesitando correr treinta kilómetros para estar bien, y otros encerrándose en su cuarto.

Friday, March 14, 2008

El espejo y los gestos

En el fondo del reloj aguarda la muerte, decía Cortazar. Y en el fondo del vestuario del Club está el espejo rajado, que me hace pensar en el paso del tiempo. Porque tengo mi locker allí hace años, porque allí aprecio como va cambiando un grupo estable de gente a lo largo de los años, o por cuestiones de vana pertenencia.

Hay una idea muy buena de Kundera: ciertos gestos que se van perdiendo con los años. El gesto de proteger la llama de la vela del viento, algunas clases de saludos, o algo tan personal como mi gesto de acomodarme los anteojos –sin sentido al dejar los lentes tras la operación de la vista-. Qué hacen los que se mesaban los cabellos cuando se quedan calvos?

Sumo miembro a miembro ambos párrafos. Hace treinta años los hombres no se estrechaban la mano. Pasó el tiempo, y ahora el beso masculino es la norma, en todos lados -aún en ambiente de empresa, para escándalo de nuestros HLA-. Creo que el péndulo está empezando a ir para el otro lado. Esta semana vi a grupos de chico en rugby y en natación estrechándose la mano, con la misma pretendida seriedad que nosotros en los setenta. Y hoy, junto al espejo de la foto, vi una escena similar entre chicos de catorce. Los besos entre hombres son otro gesto que se está perdiendo, que se está yendo al otro lado del espejo.

Monday, March 10, 2008

Otoño

El sol ilumina la pileta olímpica de Newbery. El observador a lo Rock Taylor en la máquina del tiempo vería algunos cambios notorios cada seis meses: de Abril a Noviembre hay un gran techo inflable –los más entusiastas lo llaman Globo- que cubre con éxito los 50 metros y los seis andariveles. En los días de semana, salvo que entrene el Equipo, casi no hay gente. En la película rápida Rock apreciaría que el apogeo del club ya pasó y sólo quedan años de decadencia.

Durante los meses fríos hay un sistema complejo de calefacción que permite nadar con algo más de cero grados y contemplar desde el agua algo del mundo exterior. Imaginemos Palermo diez mil años antes de Cristo, con estalactitas, estalagmitas y algún mamuth rondando el Rosedal: eso es lo que se siente. Pero los viejos del Club son animales de sangre fría que se sobreponen, y dada la existencia del carnet de vitalicio, medran en el lugar. Se mueven con slips raídos como augustos camalotes por los andariveles del centro, supuestamente destinados para nadadores rápidos. Quedan inaugurados nuevos estilos de espalda con braceo doble –golpeando eventuales nadadores incautos, a ambos lados, que detienen su nado para contemplar el camalote agresor-. Desde fuera, los jóvenes miran con extrañeza el espectáculo. Esto, desde la galería que da a Paleta, munidos de convenientes cafés cortados.

En el resto del año los viejos subsisten, sí, hasta que mueren; pero si el andarivel está más o menos vacío queda el consuelo siguiente: nadar sin el Globo en atardeceres cálidos, la brisa rozando la cadencia del brazo que hiende las aguas, la mirada fija a través de las antiparras que busca el contorno rojo del disco que cae en el Oeste. Todo esto disuelve las penas. Y se sabe, el Otoño comienza cuando el sol golpea el andarivel Uno al mediodía y la pileta ya está casi en sombras, aguardando su destino. Entonces algo enciende el Otoño, y se queman las hojas esperando la Pascua, y afuera sigue el mundo, ya sin mamuths pero con estúpidos mails y stress.

Friday, March 07, 2008

Vincent

Desde hace unos doce años lo conozco. En mi cabeza él es Vincent, por su evidente parecido con Vincent Price. Su quintita laboral es desde entonces oscura, retorcida y tortuosa, en resonancia con la Casa Usher. Solía ausentarse de las reuniones sin motivo alguno, y lo imaginaba enterrado vivo, a lo “Tonel de Amontillado”. Sus vaticinios eran funestos, muy a lo “El Cuervo Negro”. No puedo decir que su voz fuera ominosa como la de aquel Valdemar de ultratumba, pero sí que al leer sus mails uno sentía escalofríos. Nada jamás llegaba a buen puerto con él.

Hace unos tres años traté de poner en caja un tema que él estaba llevando, en una típica cruzada absurda entre áreas opuestas por el vértice. En cada encuentro el tipo lograba contagiar su nerviosismo al resto, tal vez porque su arsenal de retiradas, bombas de humo y pases de magia se estaba agotando. En tres meses no logré nada de él; una vez fui a su oficina y me tocó temblar frente al desorden de biblioratos e impresoras en desuso. La acumulación de información inútil –lo que ahora se llama infoxicación- siempre ha sido mi fantasma.

Hoy volvía de almorzar bajo la garúa en Florida y lo vi. Venía caminando en sentido contrario, dando pequeños pasos veloces. Me di cuenta que no recuerdo su nombre: mi venganza fue el olvido, tal el consejo de Borges. Se lo veía algo más pequeño y con el pelo más canoso, lanzando miradas furtivas a ambos lados. Vincent debe estar ahora cerca del retiro, pero se aferra a su cargo como Valdemar a la vida. Debió ser la lluvia o el presagio del Otoño, pero sentí un escalofrío. Uno nunca sabe, tal vez me esté engripando.

Tuesday, March 04, 2008

Paranoia al revés

Si la paranoia es tomar conciencia de la estructura fina de la realidad, trackeando con mayor frecuencia lo que ocurre y reinyectándolo en el input de cada día, puede hablarse de lo contrario. Existe una paranoia al revés cuando, mayormente por error, el mundo toma conciencia de uno.

Es entonces cuando se habla de los quince minutos wharholianos, de los medios, y de la capacidad del networking en la atmósfera web2.0; yo más bien llamaría a este fenómeno “fama pedorra”, saludaría a las autoridades, y daría por clasurado el acto.

Me llamó Charlotte hace minutos. Los celus crepitaban angustiosamente –a estas alturas Movistar podría vender “Buena Audición” como un producto de alta gama que causaría furor en el mercado-. Le entendí a duras penas a la blonda que en un Diario de Lanata alguien escribió algo sobre nuestros blogs. Bajé al Torrente Florida, esquivé a la Muchedumbre Panfletera (cruza entre piqueteros y recicladores de celulosa) y compré el Crítica, una especie de derivada tercera del Página 12. Leí el artículo y casi todo era cuidadosamente inexacto. Todo lo cual me arroja en la cruzada absurda de dejar todo asentado en dodecasílabos.

“Hacen bardo en un diario de Lanata /
sobre blogs tuyos y míos; es sanata”.

Saturday, March 01, 2008

Una maldita cosa detrás de la otra.

"En 1971 Borges vino a Oxford, obviamente para recibir un título honorario. En ese momento yo tenía 25 años y escribí en mi diario en esa oportunidad que Borges tenía "la presencia más suave y agradable que alguna vez haya visto o sentido". Ahora tengo 50 años y el eco de esa presencia sigue sobreviviendo en mi interior. También leo que escribí "parece una veleta entrada en años que los vientos del tiempo hicieron adelgazar (...) Su obsesión calma, precisa y total con la identidad y el tiempo me hicieron sentir que ésta era la verdadera condición normal del hombre".

Hablaba en un inglés suave y agradable, y parecía nadar en nuestra literatura (...) Logró que la sala estallara en risas y en aplausos cuando citó la observación de Lord Chesterfield "Qué es la vida? Una maldita cosa detrás de la otra".
En un cierto momento hace 25 años Borges me mostró que el verdadero rol clerical del escritor es con la gravedad de las cosas, con la "verdadera condición normal del hombre" que tanto tiempo nos lleva a ocultar." Más tarde, durante la guerra de Malvinas, nos recordó que la obligación del escritor es decir la verdad, más allá de la popularidad".
(Textos de Julian Barnes haciendo referencia a JLB).

Thursday, February 21, 2008

Está seguro?

Siempre recuerdo esta escena de "Marathon de la Muerte" donde el Dr. Szell (un excelente Lawrence Olivier) le pregunta varias veces a Thomas (el mejor Dustin Hoffman; luego todo fue un fiasco) si "está seguro", usando un extraño sujeto tácito, antes de torturarlo.

Cuando se pierde algo valioso -o cuando se es robado- comienzan preguntas similares. "Está seguro"? No importa de qué se trata: personas, dinero, elementos de trabajo, cosas que merecen backup, etc. En particular en países lindantes con el Sowetho como los nuestros: LatAm es sinónimo de inseguridad.

Finalmente gastamos plata en rodearnos de un colchón de seguridades que jamás termina de ser completo. Nada jamás está del todo seguro, y sólo agregamos dígitos al 99.99...% a alto costo por cada nueve subsiguiente. Y esto nos hace sentir moderadamente tranquilos, con un nivel de sosiego semejante a tiempos pre-corralito.

No defiendo la postura contraria -nada disculpa los descuidos-, pero de todos modos la respuesta es no. Lawrence Olivier tiene razón, aunque al torturar a Hoffmann acaba de provocar su propia ruina. No, nada está seguro.

Thursday, February 14, 2008

Sensaciones mínimas

Gladys es repositora en una sucursal de Farmacias Ahumada, en Santiago. Aparenta unos cuarenta años aunque probablemente tenga menos. Es bajita, sonríe como repitiendo un dogma, y fue educada con una fuerte inclinación a diferenciar lo que está bien de lo que está mal. No admite matices, y cuando un cliente le pregunta algo inesperado, le responde con alguna obviedad que saca de quicio al cliente -si es que éste sí maneja matices-.

La raíz de este mal es fisiológico. Al ser educada en un ambiente autoritario, las neuronas de Gladys -en colaboración con iones de Calcio, claro está- dejaron de secretar neurotransmisores esenciales para percepciones sutiles de la realidad. En otras palabras, no se produce el umbral mínimo de electricidad -estamos hablando de microvoltios- para manifestar sorpresa, evitar peligros, reaccionar con humor, etc. En buen romance, las neuronas se aburren y escupen sustancias aburridas. En la pirámide de Maslow de las emociones, Gladys está abajo. Casi tan abajo como lo está Cristian, su actual pareja.

Y no es que Cristian tenga un phD de la Universidad de Boulder. Una de sus aspiraciones en la vida es emocionarse con un gol del Audax Italiano -su equipo favorito- pero eso no ocurre. Como la interacción con Gladys es cada vez más penosa, aún en detalles sobre los que no abundaré, Cristian miente para poder ir a la cancha, pero miente mal. Dice cada Domingo que se va a subir al cerro San Cristóbal, pero su abdomen habla más del pastel de choclo que venden a la salida de la cancha. Y el Audax sigue sin convertir goles, como si los arqueros contrarios se hubieran conjurado para ello. Pero Cristian no puede imaginar conjuras. Cabizbajo, regresa a su casa masticando una letanía: "ya, po, pero jugamos maaaal". Al llegar encuentra a Gladys leyendo con esfuerzo un libro de autoayuda.

Ni Cristian ni Gladys pueden tener hijos. De haberlos tenido, otra generación le hubiera pasado a la siguiente esa dificultad para manejar sensaciones mínimas. De la que nos hemos salvado.

Thursday, February 07, 2008

Barnes himself


Podría continuar siendo el que soy –que es básicamente lo que todos hacemos- y resumir en bullets de PowerPoint lo que fue la charla de ayer de Julian Barnes en el MALBA.

- Los presentadores (Quiroga, Vicente) hablaron demasiado, sobrevaloron a baja altura el vasto territorio del papelón, moderaron de un modo confuso y huyeron hacia las copas de vino.

- Barnes se mostró relajado, en el papel de bon vivant aquiesciente que renuncia a sus méritos. Esquivó la crítica a Sartre y la comparación poco feliz con Borges, y castigó tanto a los críticos literarios lejanos como a sus dos interlocutores presentes.

- Los momentos más celebrados fueron cuando declaró que un escritor es una persona “que se sienta del mismo lado de la mesa que el lector, y que va descubriéndole hechos, sin darle lecciones de moralidad”. Provocó murmullos de placer en el auditorio con frases escogidas (“me han dicho que la vida es esto; yo prefiero la lectura”) y con el recuento sutil de los pequeños azares que contribuyeron a la escritura de sus novelas.

Pero también puedo animarme a jugar un poco, y tratar de salir del PowerPoint. Allí trataría de describir la más sana de las envidias, la del lector que escucha fascinado al autor consagrado, que sabe secretamente que no será como él, y que sin embargo puede apreciar el momento en que avanza hacia el proscenio para lograr el autógrafo, coinnoseaur y cholulo a la vez. El lector habrá de luchar entonces contra la tentación estúpida de decir algo solemne o pretendidamente inteligente. Pero también puede ocurrir que en ese momento culminante, al autor consagrado le estén sirviendo su copa de vino. Y entonces el lector se rendirá a la alegría del momento, musitará “Cheers, Mr Barnes”, habrá logrado el autógrafo minúsculo y preciso, y caminará hacia la salida.

Thursday, January 31, 2008

Nuevos jeroglíficos

Cada quien elige su calvario comunicacional. Ahora, en el Messenger y en otros chats, mi hijo me tira nudges todo el tiempo y esos horribles monstruos cuyos implementos estallan en la pantalla. Me hacen gracia, me gustan, son cosas de chicos. Pero hay algo que no comprendo: que la gente grande y estable use emoticons. Lo siento del siguiente modo, como si su capacidad de expresión estuviera envuelta en pañales a punto de desbordar.

Dice Nabokov en una entrevista al New York Times: "How do you rank yourself among writers (living) and of the immediate past? Nabokov: "I often think there should exist a special typographical sign for a smile – some sort of concave mark, a supine round bracket, which I would now like to trace in reply to your question." Increíblemente, Nabokov hubiera usado emoticons.
Pero, por qué? Destruyen la línea de la página. Rompen el interlineado. Suponen empatía emocional del otro lado -y porqué habrían de gustarme tus caritas-. Le adjudican a quien los usa la incapacidad de describir sus emociones y esto da la pauta de otras carencias en otros ámbitos. Puede ser que hace una década o más, vistos en un mail denotarna cierto elitismo de recién llegado al hiperespacio. Ya no. Cualquiera los usa.

Son los nuevos jeroglíficos de gente apurada. Me, I´m just a lawn mower. Larga vida al buen texto.

Tuesday, January 22, 2008

Alfred Bester

Alfred Bester no es conocido, ni por asomo. Sus libros no fueron llevados al cine, sus cuentos no tuvieron gran fama, no hizo predicciones que se hayan cumplido.

Sin embargo es uno de los mejores escritores de sci-fi que yo haya leído. Uno cuya lectura no admite interrupciones. Rescato, en particular, "El hombre demolido" y "Tigre! Tigre!" en las viejas ediciones baratas de Minotauro de los setenta; tengo dos ejemplares que yacen casi deshechos en mi biblioteca. Ambos libros se basan en dos condiciones sobre la que se especuló mucho: la telepatía y la teletransportación. De ahí vienen los "esperts" y los "jaunteos" en la jerga de cada una de estas novelas. En ambos casos se requería imaginación; si no se visualiza New York... no se puede jauntear hasta New York.

Las citas de Bester parodian la política post guerra fría ("Millions for nonsense, but not one cent for entropy"). Sus personajes son nítidos, vitales, no vacilan. En "El Hombre demolido" el telépata Lincoln Powell es el antagonista del aristócrata Ben Reich ("Make your enemies by choice, not by accident"). En "Tigre! Tigre!" es Gully Foyle a quien el odio lo lleva de ser un mecánico espacial a poseer la capacidad de jauntear y de estructurar su venganza, a lo Conde de Montecristo.

Bester no posee el conocimiento científico de Clarke, ni la poesía exquisita de Bradbury, ni fue prolífico como Asimov. Más bien pertence a un Nacional B de la ciencia ficción, junto a Le Guin, Ballard, Dick, y no muchos más. En Bester, finalmente, conviven la imaginación de la mera transformación de la realidad, y a la vez, el anhelo de cierta justicia; algo que es precisamente el meollo de cincuenta años de sci-fi.

Thursday, January 17, 2008

Impostación

Paré de correr justo en la bajada del cerro San Cristóbal. En Santiago no había esta vez sismos, ni volcanes, ni incendios: sólo reuniones tranquilas y prometedoras. Casi ciencia ficción. Mirando hacia atrás no sé si paré la corrida por cansancio o porque siempre me provoca interés los espectáculos callejeros. Tal vez fue la voz de la actriz sacando títeres de la caja ante unas cincuenta personas, en el barrio de Bella Vista. Si uno está atento, siempre tiene la sensación de estar perdiéndose algo.

Los niños mostraban un entusiasmo moderado. La actriz avanzaba en la introducción de la obra, sacando muñecos convenientes de una caja: un lobo no, una rana sí. Sacó una capa roja y su voz se quebró, de un modo forzado. “No, claro que no” dijo. Sentí que de la caja había salido algo nuevo: la impostación exagerada del error, el tono de voz demasiado evidente, la transición fallida. Casi un vibrato –si hubiera sido una canción-. Lo sentí como un codazo mental que avisaba en exceso y desmerecía al público. Decidí seguir corriendo hasta el hotel.

Me quedé pensando en situaciones similares donde se exige versatilidad en la transición –en un trabajo, en una relación, en un deporte- y la respuesta no le suena genuina al espectador avezado: allí no hay vuelta atrás, y todo lo que uno diga suena a otredad.

Tuesday, January 15, 2008

Monday, January 14, 2008

Objetos pesados podrán caer de los portaequipajes

La frase es una mala traducción reiterada durante el carreteo del despegue del avión, y alude a valijas y objetos mal puestos en el portaequipajes. Es una horrible traducción, casi con promesa de hiperbaton -ah, esos sujetos sin artículo previo...-. Pero también es una buena metáfora.

Aerolíneas Argentinas es un objeto pesado que podrá caer. Por fallas técnicas, por inoperancia ante manejos sindicales, por desidia del gobierno, por el populismo de trabajar poco. Se debe leer entre líneas que por debajo subyace la intención de que se viaje mal en Argentina -tan sencillo como eso-. O al menos, se está proponiendo de todos los modos posibles que los argentos decidamos volar por cualquier otra aerolínea, menos la de bandera.

Mientras tanto, aquí en Buenos Aires, otra hora comienza. Y en cada mail de solicitud le advierto a mi operador: "not in Aerolineas, please".

Thursday, January 10, 2008

Julian Barnes - "Arthur & George"

Bajo el barniz de temas aparentemente vanos y trillados -el contrapunto entre dos personajes contemporáneos, el amor y el honor en la Inglaterra post victoriana, la lucha entre el positivismo de la ciencia y el naciente espiritismo, la justicia- noto que he subrayado con un querido lápiz 2B los temas que a mí me importan: la vida, la muerte, etc. Cada cual lee lo que quiere.

Arthur es ConanDoyle, creador de Sherlock Holmes ecléctico y prohombre inglés. George es un humilde descendiente de hindúes. Arthur se cree "inglés no oficial", se siente fuera de su época; George se intuye plenamente inglés, se sorprende de bromas, y niega discriminaciones. Tal como yo leo lo que quiero y rescato lo que quiere, George se niega a entender que lo ven como un hindú. Todos somos otredades.

Julian Barnes establece el contrapunto a lo largo de los años -una especie de Dos Tipos Audaces, con George haciendo de looser- y luego los reúne cuando Arthur juega a ser Sherlock y se debate por demostrar la inocencia de George en los crímenes de los que se lo acusa.

Quedan, entonces, las frases en 2B:
  • "Un niño, una habitación, una cama, cortinas corridas que filtraban la luz de la tarde. Para cuando llegó a describir esto en público habían transcurrido sesenta años. (...) La puerta, la habitación, la luz, la cama y lo que había en la cama: “una cosa blanca, cerosa”. (...) Era evidente que el alma de la abuela había volado al cielo y que sólo había dejado la cáscara en putrefacción del cuerpo. ¿Que el niño quiere ver? Pues dejadle que vea. Un encuentro en una habitación con cortinas. Un niño y un cadáver. Un nieto que, al adquirir memoria, ya había cesado de ser una cosa, y una abuela que, al perder los atributos que el niño estaba desarrollando, había vuelto a cosificarse. El niño miró; y más de medio siglo después el adulto seguía mirando. Qué significaba en verdad una “cosa” -o, para decirlo con más exactitud, qué había ocurrido cuando se produjo el cambio tremendo que transformó algo en “cosa”- habría de ser de capital importancia para Arthur."
  • "Empieza a tener una imagen geométrica de sí mismo, empieza a verse en el medio de un triángulo. Sus vértices son las tres mujeres de su vida, los lados los barrotes de hierro del deber."
  • "Y un día Touie muere. Hace trece años que cayó enferma, nueve que conoció a Jean. (...) Recuerda su sonrisa y su bondad, pero también recuerda que han transcurrido años desde que se puso la mano en el corazón y juró que la amaba. No sólo desde que apareció Jean, sino también antes. Ha amado a Touie cuanto ha podido, considerando que no la amaba".
  • "Y en aquel momento le asaltó la comprensión de que todo el mundo iba a morir (...) Aquella mujer con la sombrilla moriría, y su madre, a su lado, moriría antes, y aquellos niños morirían más tarde, aunque si había otra guerra quizás morirían antes (...) Pero cuando uno está en Hyde Park una tarde calurosa de verano entre miles de seres humanos, era menos fácil pensar que aquella cosa intensa y compleja llamada vida sólo fuese un azar acontecido en un oscuro planeta..."

Tuesday, January 08, 2008

Febrero de 2010 - La batalla de los Viejos (V)

-Los que quieren entrar, por acá. Y los que quieren salir, por acá.
El idiota de turno de la entrada pretendía que ambos bandos mantuvieran el orden en su encontrazo. Cualquiera sabe que las peleas no saben de orden: ocurren justamente cuando la gente se harta de ese mismo orden. Los dos grupos pasaron prestamente por encima del guardián de la entrada, como dos colores que se fusionan, desde afuera la turba celeste-macrista de los ex Guardias Urbanos -los ahora Gordos Cyan-, y por el otro los viejos tostados hasta el cáncer, con slips en furioso rojo, a lo Tim Burton. Se midieron por unos segundos, y aquellos que se sentían más observados -no necesariamente los más valientes- comenzaron la pelea. Los viejos arrojaban camastros y reposeras desde la improvisada trinchera de la caseta de los guardias; los Gordos Cyan cargaban con bastones. Los socios contemplaban, y de vez en cuando, sacaban fotos. Las viejas que jugando Burako intentaron filmar con una cámara VCR del '92 que había quedado sin batería. Alguna se volvían, desalentadas, hacia la clase de elongación que estaba por comenzar o hacia el juego de Scrabel en la pileta, pautado para las 17:30.
Las escaramuzas eran lentas, y espaciadas. Los colores no se fusionaban del todo. Para cuando llegaron la prensa y los Amigos del Lago -un poco para hacer bardo, otro poco para ganar unos metros del terreno ante futuros juicios- había heridos de ambas partes, y algunos viejos se acercaban con cerveza para calmar los ánimos. Los reporteros emitían en directo intentando la consonancia de efectos: gente con aspecto presentable ante las cámaras y viejos que no hicieran gestos obscenos por detrás. En el fondo, era imposible: los viejos se cagaban de risa y pedorreaban ante cualquier circunstancia. Los reporteros meneaban la cabeza, disgustados: -Con estos viejos no se puede laburar.